CAPITULO 6. — CAMINOS
Alois observó a la Luna, le gustaba su color y forma; siempre le agrado, pero ahora tenía un encanto especial. Él había cambiado y también su concepción de ella, desafortunadamente no sólo su manera de ver la luna, el mundo entero se había transformado frente a sus ojos.
—¡Claude!—corrió hasta el adulto y sujetándolo del cuello le obligó a tomarlo en brazos—. La noche es la cosa más hermosa que hay, ¿verdad?
—Por supuesto.
—No puedo creer que continúes con esa actitud. ¡Eres un inútil!—se bajó de su brazos y observó a la ciudad por el balcón—. Algo fallo—agregó con seriedad y melancolía—puedo recordar quién soy, pero siento como si estuviera viendo una película…dentro de mi mente no tengo más de trece años. Dime, ¿En qué te equivocaste?
Claude se le acercó por detrás y le abrazó, sus amplios brazos le cubrieron por completo, envolviéndolo en su fragancia.
—Nada fallo, todo estaba provisto de esta manera…le transferí sus memorias, pero la experiencia acumulada no se puede guardar. Lo sintió por un segundo, durante la transformación…luego se desvaneció…
Alois sonrió y rió dulcemente.
—Si Ciel supiera de esto se molestaría mucho contigo, no descansaría hasta matarme—rompió el contacto y tomó el rostro de Claude entre sus manos—. Los quiero a ambos, no puedo permitir que ninguno se marche de mi lado…—acarició sus mejillas y deposito un beso sobre los labios del adulto—. Debes traérmelo. Sebastián no debe devolverle sus memorias; si lo hace terminará odiándome.
—¿Me está pidiendo que me deshaga de Sebastián?—y el adulto sonrió extasiado con la idea, Alois expresó su molestia con una mueca, si en la antigüedad había tenido problemas para controlarlo, en esas circunstancias y siendo tan débil no podía más que fiarse de las palabras de su Guardián, el mismo que alguna vez le traicionó.
—Si, deshazte de Sebastián…si él muere las memorias de Ciel desaparecerán consigo. Yo le moldearé…y me aseguraré de que nunca más me abandoné...Jamás.
El teléfono sonó, Alois se dirigió hasta él y contestó.
—Ash… ¡Que sorpresa! Hace cuanto tiempo que no nos veíamos—escuchó los reclamos y quejas del otro sin prestar atención en sus palabras, jugaba con el cable del teléfono—. Descuida, Claude y yo nos reportaremos lo antes posible. Me tengo que ir, sólo me faltan tres niveles de mi nuevo videojuego para ganar… ¡Adiós!
Dejo al teléfono descolgado.
—Parece que el juego se acabo, Claude—dijo Alois acostándose sobre la cama—. Es hora de empezar a moverse en serio…
—Lo tengo todo listo.
—Me alegra escuchar eso…—Y Alois se envolvió entre las sábanas, nunca le había gustado dormir por las noches, aunque con el tiempo término por acostumbrarse, ahora no tenía la necesidad ni obligación de serlo. Percibió al colchón hundirse con el peso de Claude, el adulto se acostó a su lado y jugo con sus cabellos.
—¿Ya no estás interesado más en Ciel?—preguntó Alois en voz baja sin voltear a verle.
—Todos estos años sin usted me han ayudado a ajustar mis prioridades—respondió Claude arrancándole un mechón al muchacho, dorado como el oro…hubo un tiempo en que le había amado, luego despreciado y ahora…—yo lo necesito—agregó en un tono menos formal—igual que usted necesita a Ciel. ¿Ha olvidado el día en que nos conocimos?
—No…jamás, pero… ¿Por qué? ¿Por qué lo preferiste a él?—y Alois comenzó a llorar, primero pausado, en silencio…—. Yo no fui suficiente para ti, te di todo… ¿En que me equivoqué?
—Usted no cometió ningún error, yo no le aprecié lo suficiente.
—¡No me vuelvas a dejar nunca más! ¡Es una orden!—y toda la indiferencia y presión contenida durante días se volcó en tales palabras, había intentado mostrarse indiferente ante Claude, decirle de alguna u otra manera que jamás podría perdonarlo, pero estaba equivocado, simplemente no podía continuar más con esa mentira, lo necesitaba—. Promételo…promételo…promételo…—susurró enterrando su cabeza sobre el pecho del adulto, sus labios temblaban y la mayor parte de las palabras se le atoraban en la garganta—por favor…promételo...—pidió al borde de la histeria apretando entre sus manos la camisa de Claude.
—Lo prometo, yo siempre estaré a su lado…—respondió Claude complacido con la reacción del pequeño, había trabajado durante demasiado tiempo, años en realidad y al fin veía los resultados. El muchacho sobre aquella cama bien podía tratarse de una "copia" barata de su amado Señor, sin embargo cumplía con sus expectativas: temeroso, débil, inocente…A diferencia del anterior a esté podría manipularlo y moldearlo a su gusto, los recuerdos sólo serían un aperitivo en su plan y cuando todo terminará no sólo tendría a Alois Trancy a sus pies, sino también a Ciel Phanthomhive...y lo mejor, ambos le acompañarían hasta que el fin de los tiempos llegará.
Ciel esquivó a la rata que le paso por los pies, contuvo el asco y fingió indiferencia; Sebastián se burló de él con una sonrisa, el menor le ignoró, detestaba que ni siquiera lo hiciera con palabras, de esta manera al menos podría responderle.
—El Sepulturero, parece que su hogar le hace honor a su nombre—. Leyó el letrero de la funeraria, si fuera un cadáver no le gustaría ir a parar ahí.
—Es un tipo bastante interesante, no los juzgues por su apariencia, sabe más de lo que crees.
—Si tú lo dices.
Sebastián tocó a la puerta, segundos después la puerta se abrió acompañada de un molesto chirrido, la oscuridad dentro de la habitación era tan densa que si no fuera por su aguda mirada no habrían alcanzado a ver nada. Una sombra se levantó de un ataúd.
—¿Es él, verdad?—preguntó Ciel, seguro de que los fantasmas no existían y conteniendo el impulso de ocultarse tras su Guardián. Sebastián tenía razón, no podía subestimarlo, podía sentir su presencia, era demasiado peligroso.
El adulto asintió y extendiendo el brazo encendió el foco.
—¿Qué significa esto?
Y la decepción no podía ser mayor. La poderosa presencia pertenecía a un hombre de estatura promedio y aspecto desgarbado, incluso caminaba encorvado. Sus ojos quedaban ocultos entre el amplio y espeso flequillo que le cubría casi media cara, su indumentaria era propia de cualquier película de serie B.
—Sebastián… ¿Qué te trae por aquí? Espero que tengas con que pagar.
Y Ciel no resistió el impulso de acercársele y examinarlo de cerca, su voz tenía cierto aire macabro y grave acorde con el aura que le rodeaba, más la manera en que hablaba rompía con el esquema, alargaba demasiado las palabras y soltaba una que otra risita perversa de vez en cuando.
—¿Y quién es este pequeñín?—. Atrapó a Ciel del brazo y lo rodeó por la cintura, colocó una mano sobre su cabeza, raspando con sus uñas el cráneo del menor.
—Esto es tan molesto…—se quejó Ciel deseando alejarse de ese extraño sujeto, pero no podía, algo se lo impedía.
—¡Ese rostro, esa voz, ese cabello!—Undertaker tomó su rostro sujetándolo por la barbilla y lo observó fijamente—. No hay duda…—agregó con cierta seriedad—usted es…
En ese momento Sebastián tomó a Ciel del hombro y atrajo hasta él.
—Se supone que soy tu guardaespaldas—comentó recomponiendo la ropa del menor.
—Pues estás haciendo un pésimo trabajo…—recriminó Ciel alejándose de ambos lo más posible y recordó las últimas palabras de ese extraño hombre—. Sepulturero—llamó—¿Qué es lo que ibas a decirme? ¿Quién soy?
—Lo siento—y juntó sus manos ocultándola entre sus amplias prendas—. Para saberlo tendrás que pagar.
—¿Quieres dinero? Te daré todo lo que quieras si…
—Esa no es mi forma de trabajar…—y se volvió hasta una mesa donde yacía un cadáver con evidencias de quemadura.
Ciel miró a Sebastián exigiendo una explicación.
—Debes hacerlo reír, si lo logras contestará lo que quieras—respondió el adulto con una seriedad fuera de lo habitual.
—¿Qué tan difícil puede ser hacerlo reír?—preguntó Ciel dirigiéndose hasta el Sepulturero, él jamás perdía y menos ante…lo haría reír tanto que le dolería el estomago, sólo debía de esperar un par de minutos y…—. Esto no es posible—comentó Ciel recargándose sobre un ataúd, llevaba más de una hora y media intentando hacerlo reír literalmente con maroma, pirueta y teatro…hasta había hecho un poco de mímica y la expresión del Sepulturero no había cambiado ni un poco, ahora mismo dormía y podía escuchar su ronquido—. Ya es suficiente… ¡Vámonos, Sebastián!
—Lo siento, querido pero ha llegado mi turno.
—¿Tu turno? Eso explica porque no me ayudas.
Sebastián comenzó a remangarse las mangas de su traje.
—Me temo que tendré que pedirle salga un momento y bajo ninguna circunstancia espíe. ¿Lo comprende?
Y Sebastián le dedicó una letal mirada, Ciel sólo las había visto una vez y en aquella única ocasión esta basto para que Alois dejara de jugar con la comida; sin deseos de ver que se escondía detrás de esta sutil advertencia obedeció sin replicar.
—Como quieras, iré afuera.
—Se lo agradezco mucho—y Sebastián retornó a su habitual rostro, afable e inocente.
Tan pronto la puerta se cerró detrás del pequeño, Sebastián se encaminó hasta él Sepulturero quién abrió los ojos al instante, lo sospechaba, sólo fingía dormir.
Ciel cerró la puerta sin importarle si hacía ruido, Sebastián y ese tipo podrían irse al demonio. Echó un vistazo a su alrededor, estaba en medio de una intercesión de callejones, detestaba tales lugares: estaban sucios y olían mal. Se sentó sobre una caja a esperar, estaba a punto de espiar a Sebastián cuando el grito de una mujer llamó su atención, se dirigió hasta el lugar donde creía provenía y se encontró con una interesante escena. Un grupo de hombres rodeaba a una mujer, era joven, apenas y alcanzaba los quince años. Estaba muerta, prefirió no entrar en detalles, pero por su rostro desfigurado concluyo que habías sido objeto de una terrible muerte, acaecida apenas minutos atrás, quizás si hubiera llegado antes...
—Los humanos son despreciables—dijo en voz baja caminando hasta donde la chica, tomó su rostro y lamió su sangre, dulce…la sangre de los niños y adolescentes siempre lo era, tenía hambre, demasiada y ahora se encontraba con una deliciosa fuente de alimento, podía tomar un poco y tal vez no hubiera un intercambio de recuerdos. Cerró los ojos y negó con la cabeza, no quería…debía resistir un poco más, controlaría sus impulsos.
—Pero que niño más bonito tenemos aquí—comentó uno de los hombres acercándosele por detrás.
La inesperada presencia del niño los había tomado por sorpresa, tras el impacto inicial comenzaron a rodearlo.
Ciel los estudió, eran jóvenes, la mayoría no pasaban de los veinte años, quizás una pandilla. Devolvió el cadáver al suelo y se puso de pie, esbozó una cínica sonrisa, estaba en problemas, no se alimentaba de sangre regularmente desde hacía meses, ahora mismo su fuerza no era superior a la de un chico humano de trece años, no moriría a consecuencia de lo que le fueran a hacerle, pero tampoco tendría posibilidades de vencer. Alois siempre se ocupaba del trabajo sucio, si antes no había tenido razones para extrañarlo, ahora las tenía y con creces.
Uno de los hombres lo tomó del cuello y estampó su cabeza contra la pared, enviando a su cerebro una ola de puro dolor, los otros le rodearon y comenzaron a patearlo, apenas y alcanzó a cubrirse con los brazos. No estaba acostumbrado al dolor físico, si tan sólo tuviera un poco más de fuerza tal vez podría…lanzó un quejido ahogado en el momento en que sintió introducirse dentro de su piel un metal frío, le habían apuñalado, la sangre fluyo…dolía mucho, tal vez se equivocó y si podía morir, nunca antes había estado tan cerca de la muerte, incluso tenía frío…tanto frío.
—Sebastián…—y no entendió el porque decía el nombre de ese hombre, Alois debería ser quién ocupará sus pensamientos, pero…
Igual que mantequilla sobre pan se deslizo el cuchillo en el instante en que lo sustrajeron de su interior, lo observó brillar a la luz de la luna, bañado en un hermoso líquido carmesí, su sangre, lo apuñalarían nuevamente, no podría resistir algo igual, lo sabía, cerró los ojos en espera de lo inminente y...de pronto todos los hombros cayeron, similares a moscas.
Abrió los ojos y se encontró con aquel conocido rostro, ojos rojos, cabello negro y sonrisa…no, Sebastián no sonreía, en realidad parecía molesto, seguramente estaba enfadado por haber fallado en su trabajo.
—Usted es tan problemático—exclamó el adulto tomándolo en brazos y haciendo presión sobre la herida, Ciel se quejó, le dolía—. Si no fuera tan imprudente no tendría que soportar este dolor.
—Calla…te—susurró a punto de perder el conocimiento, todo se veía borroso y apenas podía escuchar su voz.
Sebastián lanzó un largo suspiro, ese niño le estaba dando demasiados problemas, es cierto que los de su especie no podían morir, pero si caer en un estado de hibernación, dormiría durante años y un día despertaría sin saber siquiera su verdadero nombre. No lo permitiría, había elegido a ese niño como su juguete, dejarlo ir no representaba una opción.
Acercó su cuello a los labios de Ciel, debía de beber.
—Bebe—le dijo al oído.
Ciel negó con la cabeza y apretó los labios, no sabía lo que pasaría a continuación, mas estaba seguro de que sería lo más cercano a la muerte que podría conocer; las sorpresas siempre llegaban en el momento menos esperado.
Ese niño era demasiado testarudo, Sebastián debía alimentarlo, no importaba la forma.
Sus colmillos ocultos la mayor parte del tiempo salieron a relucir, con estos se mordió la lengua y raspó en el interior de su boca, la sangre le escurrió por la comisura de los labios, manchó su camisa y la de Ciel. Se acercó a la boca del menor y lo besó, podía resistirse tanto como quisiera, pero teniendo tan cerca su sangre tendría qué sucumbir ante sus instintos.
Ciel olió la sangre, y saboreó un poco...sólo una gota fue suficiente para que se abalanzará sobre Sebastián, le mordió tanto como pudo, sentía la sangre manar y la tomó, bebió con desesperación, sin importarle las consecuencias ni el daño que pudiera provocarle. Y no hubo recuerdos dolorosos, tampoco agradables…sólo un lienzo en blanco, igual que su mente.
Sebastián mantuvo el beso un par de minutos, los dientes y colmillos de Ciel le desgarraban la boca y garganta, raspaban y dolía, pero no le importaba, incluso él mismo lo estimulaba, jugaba con su lengua y acariciaba sus labios.
Finalmente lo apartó de sí, la respiración agitada del menor y su mirada ansiosa le hicieron saber que no era suficiente, Ciel no estaba satisfecho, quería más. A su alrededor había muchos cadáveres, podía alimentarse del que quisiera, la sangre estaba fresca y no tendría recuerdos, pero no lo permitió; si Ciel se hallará en completo control de si mismo jamás habría caído tan bajo. Así que se sentó sobre el suelo y extendió su mano hasta Ciel y le permitió alimentarse un largo tiempo, terminaría débil y vulnerable tras esto, pero valía la pena.
Ciel tomó la muñeca de Sebastián y clavó sus colmillos, Alois le había hablado de esta sensación, la necesidad de continuar bebiendo sin posibilidad de contenerse, un hambre irrefrenable, similar a verse a través de un espejo, oías, veías y sentías pero nada podías hacer para parar. Intentó regular su respiración, se llevó las manos a la cabeza y lanzó un grito, no podía soportarlo más, aquella era su verdadera naturaleza, pero no la aceptaba ni estaba dispuesto a hacerlo. Comenzó a temblar y se abrazó a si mismo, quería parar, realmente deseaba detenerse, pero no podía, lo había intentado muchas veces antes…
El adulto observó el cuerpo tembloroso del niño, el menor apretaba los puños y cerraba los ojos, terminaría por hacerse daño si continuaba de esa manera; lo tomó del brazo y atrajo hacia su cuerpo, recostó sobre su pecho…
—Pronto todo pasará, resista—le dijo al oído.
En cualquier otra circunstancia Ciel jamás habría permitido contacto alguno, pero Sebastián lo sabía, Ciel podía poseer un carácter propio de un adulto y cualidades extraordinarias, pero continuaba siendo un niño de trece años.
—¿No es la Luna hermosa?—le preguntó Sebastián sujetando las manos de Ciel con violencia, intentaría hacerse daño si se lo permitía—. Sólo obsérvela y verá lo bella que es…—lo tomó de la barbilla y obligó a ver hacia el firmamento, Ciel lo observó…poco a poco su respiración comenzó a regularizarse, ya no dolía más—. Cuando haya caído víctima de la desesperación, véala…
Ciel respondió, poco a poco comenzaba a recuperar el control sobre si mismo; no había absorbido los recuerdos de Sebastián, pero si sus emociones, la amargura y desprecio por la vida se habían unido a los suyos, su mente simplemente no lo soportó más. El pecho del adulto era cálido, reconfortante…no recordaba haber sentido nunca antes tal sensación, ni siquiera con Alois, él nunca tuvo alguien en quién apoyarse.
—Vea la Luna—agregó Sebastián—y encontrará el consuelo necesario
—Nosotros no necesitamos consuelo…—contestó por último, antes de perder el conocimiento por completo.
Sebastián contempló la lentitud con que sus ojos se cerraban, las pestañas gruesas y largas se unían…todo un espectáculo. Acarició las mejillas inconscientes del menor, sólo era su juguete, nada mas, entonces ¿Por qué sentía esa necesidad de protegerlo? No se trataba de un simple amor fraternal o siquiera amistoso, no lo consideraba su hijo, ni siquiera su amigo, sino…era tan delgado y pequeño, igual a una copa de cristal, indefenso e incapaz de defenderse, su deber era…
—¿Protegerlo?—pronunció la palabra interrogándose a si mismo. No debía verse afectado por emociones banales, tenía una eternidad por delante, desperdiciarla en un simple semi—mortal sería…arrojó lejos de si al cuerpo de Ciel sin importarle si se hacía daño al caer.
Las respuestas estaban en su pasado, las encontraría y descubriría el lazo que le unía con Ciel. Sintió esa irrefrenable atracción desde el primer momento, lo había negado durante meses, pero no podía continuar oponiéndose a la verdad, porque eso significaba rechazar también las respuestas. El porte orgulloso, la mirada altiva y las palabras repletas de desprecio le atrajeron de la misma manera que la luz, forma y brillo de la Luna, ambos marcaron un antes y después.
Se puso de pie, lamió su propia sangre y estudio el cuerpo inerte del menor tirado cual flor marchita; sonrió con la escena y se burló de sus propios sentimientos, no tenía nada por lo que preocuparse, si las respuestas no le satisfacían podía simplemente deshacerse de Ciel. Recogió el cuerpo del menor y se marchó. Contempló la Luna, el pequeño tenía razón…criaturas tan despreciables como ellos no necesitaban de consuelo alguno, porque ni siquiera podían considerarse dignos de piedad.
Sebastián colocó con delicadeza el cuerpo de Ciel dentro del ataúd, sonrió al pensar en la ironía del momento, probablemente nunca tuviera la oportunidad de conocer otro. Tomó asiento sobre una silla y respiró profundamente, todo le daba vueltas, le tomó un par de segundos asentar sus ideas…vomitó sobre el suelo, la saliva le escurrió por los labios. Había cometido un error y ahora pagaba las consecuencias, jamás debió permitir a ese chiquillo beber de tal manera, al menos un lindo color rosado sustituía la palidez habitual del rostro de Ciel, podría defenderse por sus propios medios durante algún tiempo.
La molesta risilla de El Sepulturero le irritó.
—No terminamos de hablar—dijo Sebastián recuperando con esfuerzo la postura.
—¿Qué necesitas saber?—preguntó el otro picando con el dedo el estómago de Ciel.
—Dime todo lo que sepas sobre Claude.
—Y si Claude viniera y pidiera lo mismo, ¿Qué crees que haría?
—Eso significa que…
—Le he prometido a alguien que nunca interferiría—el extraño hombre lanzó una risita estrepitosa.
—Comprendo—aceptó Sebastián—. Necesito un par de minutos, me quedaré un momento—. Conocía las reglas del Sepulturero, podía ser una fuente valiosa de información ya que tenía poderosos contactos, pero sólo si él lo deseaba, él que no pudiera responderle algo tan simple significaba que Claude perseguía algo grande, algunas partes del rompecabezas continuaban sin embonar, si tal era el caso, construiría el suyo.
—Parece un tierno y madurito tomate—comentó Él Sepulturero piñizcando las mejillas de Ciel—ese ataúd le queda un poco grande, tal vez algo más pequeño y de mejor calidad, madera de cedro o tal vez caoba, acabados en…
—¿Sabes quién soy?—había preguntado lo mismo muchas otras veces antes, nunca obtenía una respuesta medianamente satisfactoria.
—Tú nombre es Sebastián Michaelis—respondió Él Sepulturero sin despegar la vista de Ciel—. Es todo lo que puedo decirte.
—¿Por qué?
—Porque así se ha decidido.
—¿Quién lo decidió?
—Aquel qué menos imaginas.
Y un silencio denso y profundo se apoderó de la habitación, seguramente si se hubiera tratado de cualquier otra persona Sebastián no habría tenido reparos en utilizar medio alguno con tal de conseguir respuestas, no obstante sabía qué sin importar lo mucho qué lo intentará no tendría oportunidad contra Él Sepulturero, la advertencia dada a Ciel tenía una razón.
Y El Sepulturero recordó la noche en que se encontró con Sebastián, un vampiro torpe e inútil qué únicamente obedecía a sus impulsos, tuvo suerte de que le reconociera y no le matará. Había caído en un letargo, los de su especie lo denominaban "hibernación", dormían durante un largo tiempo, cansados de la inmortalidad y aburridos de los humanos, cuando intentaban regresar no podían y si acaso lo conseguían no eran lo mismos, carecían de recuerdos, guiados por sus instintos animales se convertían en criaturas nocturnas sedientas de sangre, una sed qué jamás cesaba. No pasaba mucho tiempo, si acaso un día, antes de qué uno de los clanes mandará a matarlos, a nadie le convenía qué su raza quedará expuesta ante los ojos del mundo, los humanos deberían seguir pensando en ellos como seres de ficción, poblando sus libros y pantallas.
Pero él le encontró y reconoció, le alimentó y enseñó a controlarse. Se guardó todas sus palabras y cumplió la promesa. De lo único qué Sebastián Michaelis podía estar seguro era de su nombre, nada más. Tomó la mano de Ciel y estudió sus uñas, impecables y perfectas…podrían pasar cien años o un milenio, las características propias de aquel singular cuarteto jamás cambiarían. Por ahora estaban divididos, aunque pronto llegaría el día en que sus destinos se vieran unidos nuevamente, todos y todo se encontrarían en el punto de reunión correcto en el momento adecuado y él sería un simple espectador, nada más.
Alois jugaba con el cochecito de juguete sobre escritorio, lo lanzaba de un extremo a otro y después lo recogía, terminó por romperlo. Lo cogió y estudió un momento, cuando las cosas perdían su utilidad debían ser desechadas, aquella era la filosofía de Claude.
Él adulto se lo quitó de las manos y arrojó al bote de basura. Alois no dijo nada. Se sentó sobre la silla, aburrido por la espera. Se puso de pie y sentó sobre las piernas de Claude, fingió morderle la oreja mientras preguntaba:
—¿Crees que funcione?
Claude asintió con la cabeza, Alois volvió a su asiento y espero, tal vez esa espera sería la última.
Ash entró a la habitación sin molestarse en tocar, estaba molesto.
Sujetó a Alois del cuello de la camisa y comenzó a reprenderlo.
—¿Dónde diablos te habías metido?
—Si tuvieras un servicio de inteligencia pasable podrías haberme encontrado. Es grosero culparme de tus errores.
Y no volvió a responder, escuchó en silencio, ni siquiera se molesto en fingir interés.
—Ash…—llamó sonriendo dulcemente—. Quiero mostrarte algo, puedo apagar los micrófonos y cámaras de seguridad—sabía la desconfianza qué Ash profesaba hacia su persona, pero también era ambicioso y esto sería su perdición—. No confías en mi…eso es cruel, no importa, Claude esta aquí, sabes que él es más fuerte que yo. ¿Puedo?
—No confío en ti—lo soltó, Alois reacomodó su camisa, continuaba sonriendo.
—Prometo que será algo interesante. A menos que desees que todo tú personal de seguridad se enteré.
Él rostro de Ash se suavizó, pasó las manos por su cabello y adoptó su usual postura, apacible y controlada. Le ordenó a Claude desconectar cualquier medio de vigilancia o comunicación, incluyendo los celulares.
El adulto obedeció. Alois recogió el coche de juguete de la basura, incluso aquellas cosas inútiles podían valer algo si sabías darles el uso correcto.
Claude desconectó cada cámara y micrófono de seguridad dentro de la habitación, aislándolos del resto del mundo, se dirigió hasta Ash y tomando su rostro entre sus manos exclamó severamente.
—Duerme.
El hombre cayó y pegó contra el suelo, Alois presencio la escena con desdén, se puso de pie y aplaudió.
—¡Perfecto, Claude! Él no nos estorbará más…Sigues siendo tan bueno como cuando te creé. No es justo—se quejó con un puchero—tú y ese inútil de Sebastián pueden hacer cosas como esas y yo no…Si mi creador no hubiera sido un sujeto tan débil no tendría que necesitarte para esto, ahora tengo tu sangre, con el tiempo podré hacerlo, ¿verdad?
La técnica era demasiado simple en realidad, sometía a la víctima a una especie de hipnosis, el sujeto perdía toda voluntad y se convertía en un títere sin voluntad propia. Él único gran inconveniente, Claude no lo controlaba al mismo nivel que Sebastián, si lo deseaba esté último podía devolverle la conciencia a su víctima sin que recordará nada, mientras qué Claude se veía obligado a mantener el dominio todo el tiempo, si se descuidaba o perdía el control él humano moría, lo mismo sucedía cuando finalizaba el dominio. Ninguna técnica especial qué poseyera un vampiro podía ser usada contra otro, Alois y Ciel lo habían comprobado en más de una ocasión al intentarlo con sus Guardianes, había un par de reglas a la que todos estaban atados.
—Lo usaremos un tiempo, después lo obligaremos a suicidarse—comentó Alois seguro de que nadie lo escuchaba—ahora prepara todo para mi presentación en Sociedad, deseo jugar con Ciel un poco. ¿De acuerdo, Claude?
—Como prefieras.
Ciel olió a yerbabuena, el dulce aromatizante natural de la planta le provocó nostalgia, la tristeza de haber perdido los sentimientos de un momento importante al cual ni siquiera podía fijar fecha.
Abrió los ojos de súbito: la mujer gritando, los hombres, los golpes y…
—La sangre de Sebastián—pensó en voz alta estudiando a su alrededor. Estaba en su recamara, dentro de la mansión de los Collingwood, llevaba puesta la pijama propia de la noche anterior y se sentía increíblemente bien. El dolor de cabeza y las nauseas se había vuelto la constante de cada mañana, siempre tenía hambre y soñaba con beber la sangre de alguien hasta saciarse, esa mañana era diferente. Saltó de la cama en búsqueda de Sebastián, le encontraría y le reclamaría… ¿Cómo se atrevía a alimentarlo sin su consentimiento?
Abrió la puerta y se encontró con Rachel, su "madre", la saludó…
"El heredero del Imperio Trancy ha mostrado su cara ante el mundo"
Al escuchar ese apellido cualquier otro asunto careció de importancia, localizó el origen del mismo: provenían de una televisión en el despacho de su padre, primera planta, zona este, tercera habitación…se dirigió de inmediato hasta ese lugar. Entró precipitadamente, leyó las letras pequeñas que aparecían en el extremo inferior de la pantalla.
"Heredero de los Trancy se declara listo para tomar las riendas del Imperio"
En la pantalla mostraban a Alois vestido de luto, profundamente afligido por la muerte de su Padre. Sino lo conociera incluso él le habría creído.
La noticia terminó y reemplazaron la imagen con una nota referente a la Bolsa de Valores. No necesitaba de más, con aquello comprobaba sus sospechas, Alois también entraría al mundo "real", sin embargo no dejaba de ser desconcertante y hasta cierto punto extraño. Sin lugar a dudas Alois podía ser considerado un chico inteligente, con actitudes extraordinarias y un talento natural para manipular a las personas sin necesidad de usar ningún "don" sobrenatural, pero también poseía un carácter voluble, frágil e incontrolable la mayor parte del tiempo, siempre creyó que pasaría un poco más de tiempo antes de qué lo integrarán a la Sociedad, probablemente la muerte de su padre influyó en el hecho.
—¿Tan temprano ya estás despierto?
Ciel dirigió su atención hacia la puerta, Vincent le sonreía.
—¿Qué hora es?
—Son las siete de la mañana, tu madre aún no se levanta, deberías volver a la cama. Hoy tendrás un día muy pesado.
—Lizzy…
Casi lo había olvidado, el día anterior su madre le había avisado de la visita de su "prima", debía de pasar todo él día con ella, la idea le irritaba en más de un sentido; ya tenías más que suficiente con sus "padres" como para ahora soportar a una niña rica, tenía suerte de conocer su nombre.
—Perdone la intromisión—se disculpó y salió del despacho.
La verdadera razón continuaba siendo una incógnita, pero Vincent no le agradaba en los más mínimo, a Rachel podía tolerarla, pero ese otro hombre era…Debía encontrar a Sebastián.
—Por cierto, Alexis. Sebastián se ha reportado enfermo, no podrá vigilarte hoy. Procura no salir de la Mansión, puedes jugar con tu prima donde quieras, pero no salgas del marco de seguridad.
—Si.
¿Sebastián indispuesto? Por favor, lo harían reír. Había bebido demasiada de su sangre, apenas y recordaba algo, a excepción del dulce sabor y la adrenalina corriendo por sus venas. Sebastián estaba así por su culpa, debió haberse controlado, pero…el remordimiento no era un sentimiento propio de su personalidad. Más tarde iría a verlo, ahora debía prepararse para el día próximo a comenzar.
Una niña entró a toda prisa y lo abrazó del cuello.
—¡Alexis! ¡Te extrañe tanto!—gritó la chica a punto de romperle los tímpanos.
Él día recién comenzaba.
Ciel se dejo literalmente arrastrar por los terrenos de la Mansión, Lizzy no le dejaba descansar ni un momento.
—Mira lo que hice para ti—la niña le mostró una flor en forma de anillo—. ¿No es acaso bonito? Dicen que mientras lo lleves puesto tus deseos se harán realidad.
Ciel se lo colocó en el dedo anular para complacerla, la chica le agradaba dentro de lo admisible, por supuesto qué no imaginaba una vida entera a su lado, pero le transmitía una familiaridad similar a la de Rachel.
—Si, es bonito.
—Oye Alexis—llamó la chica recargándose sobre el tronco de un árbol—. ¿De verdad no recuerdas nada sobre nosotros, la tía Ann y tus padres?
Ciel negó con la cabeza, se percató del dolor en las palabras de la joven.
—Cuando éramos niños solíamos jugar todo el tiempo—Lizzy sujetó las manos de Ciel y esbozó una triste sonrisa—tú reías todo el tiempo—agregó, contenía sus lágrimas—siempre estabas feliz.
—Ahora soy diferente—y escondió sus muñecas—. ¿Te molesta?—preguntó con cierta agresividad.
—En lo absoluto, es sólo que…—Lizzy se acercó hasta Ciel y tomó su rostro entre ambas manos, lo observó con amor—. Alexis, debes volver a sonreír, ese es mi deseo.
Ciel no contestó, había sinceridad en sus palabras. Él jamás sería el Alexis de esa chica, aunque podía intentarlo. Se quitó el anillo del dedo y se lo colocó a ella, esbozó una débil sonrisa. Las lágrimas de la joven escurrieron por sus mejillas, Ciel permaneció en silencio.
—¿Qué es eso?—preguntó señalando un granero, técnicamente estaba fuera de los límites de la propiedad.
—Es un granero, lleva muchos años ahí, desde que tengo memoria lo recuerdo.
—¡Vamos!—pidió caminando hasta esté. Se sentía atraído por el lugar, debía verlo por dentro.
—¡Espera! ¡No debes ir!—Lizzy lo sujetó de la muñeca, impidiéndole avanzar.
—Pero…
La chica negó con la cabeza.
—Tenemos estrictamente prohibido entrar ahí, puede derrumbarse en cualquier momento. ¡No debes entrar!—Ciel la observó, decía la verdad.
—¿Quién nos lo ha prohibido?—preguntó.
—El tío Vincent—respondió.
Se desprendió de la mano de su prima. Ya iba siendo hora de que Vincent experimentará los sinsabores de ser padre, le desobedecería por primera vez.
Se encaminó hasta el lugar, los gritos de Lizzy no le harían cambiar de opinión, debía ir hasta ese lugar, encontraría algo importante, lo sentía.
—¿No les dije qué no se alejarán de los límites seguros?
Vincent había aparecido de la nada, Ciel ahora estaba seguro de que existía una razón por la que ese hombre le desagradaba; nadie podía ocultar su presencia de aquella manera siendo humano.
—Sólo quería ver el granero.
—Lizzy, querida, tú madre vendrá pronto a buscarte. ¿Por qué no regresas a la Mansión mientras le explicó a Ciel los peligros de venir aquí?
—Pero tío…—Vincent le fulminó con la mirada haciéndola callar al instante—. Claro, te veré más tarde Alexis.
Vincent sujetó con fuerza la mano de Ciel y dirigió hasta el granero. La aversión y antipatía mutua qué se profesaban, ambos podían ignorarla.
—Sabías que hace muchos años estos terrenos le pertenecieron a la familia Phanthomhive. En una noche todos los miembros fueron asesinados, incluso él único heredero, no debía tener más de trece años. Justo tú edad. ¿Interesante, no?
—Si, mucho en realidad.
Ambos sonrieron, fingir una escena conmovedora de padre a hijo, digna de cualquier portada de revista constituía una inteligente manera de ocultar sus verdaderos pensamientos.
—Nosotros somos descendientes lejanos de aquella familia. Ese granero existe desde aquella época, hace más de trescientos años.
Llegaron hasta él granero, Vincent le dio un par de golpecitos a la madera, la estructura crujió de una manera horrible. Ciel no necesitaba entrar para comprobar la delicadeza de la misma, de un momento a otro caería.
—¿Por qué no lo han derrumbado?
—Es un edificio histórico, el tiempo se encargará de esto, dejémoslo—. El Sol pronto se metería—. Tu madre debe estar preocupada.
—Claro.
Retornaron a la mansión en el más completo silencio, sin embargo la apremiante necesidad de conocer lo que dentro había persistía. Desechó tales pensamientos de corte infantil y se concentró en continuar ofreciendo una actuación digna de cualquier película.
Su madre les recibió en la mansión, extasiada corrió para comunicarles la noticia: dentro de una semana ofrecerían una fiesta para presentar a Ciel frente a la Sociedad.
—Este es tu mundo, hijo—le dijo abrazándolo con suavidad—. Cuanto antes vuelvas a él, más feliz serás.
Claude abrió la puerta del automóvil y Alois bajo del vehículo. Sonreía y el traje sastre de color rojo elegido especialmente para la ocasión lucía esplendido bajo la luz de las estrellas.
—Él campo es precioso, ¿verdad, Claude? Sólo aquí se pueden ver las estrellas en todo su esplendor—comentó con entusiasmo—. Recuerda, Ciel debe ser mío esta noche, antes de qué Sebastián recobre sus recuerdos. No podemos permitirlo. ¡Vamos, adentro!
Y mezclándose entre los invitados entró a la mansión de los Collingwood, las personas murmuraban a sus espaldas, no le sorprendió. A diferencia de Ciel, legalmente su padre le había reconocido como un Trancy en vida, jamás aparecía ante las cámaras escudado tras el pretexto de que estaba terriblemente enfermo y debía guardar cama el máximo tiempo posible, pero él existía, no era un chico salido de la nada qué reclamaba el apellido de un día para otro.
Se detuvo en una esquina y espero, Ciel no había llegado, debía de presentarse en algún momento, ya que era el invitado de honor y tal y como lo esperaba bajó las escaleras, en silencio, siendo casi invisible.
Se dirigió hasta él y extendiéndole la mano, le saludó.
—Buenas noches, Alexis, soy Alois Trancy, un placer conocerte.
Ciel respondió a su saludo con la propiedad e indiferencia de un desconocido, no esperaba menos de su pequeño amigo.
—Un placer Señor Trancy—y estrechó su mano, el simple roce le quemó la palma, empezó a regenerarse por si misma en segundos. Divisó en Alois un cambio, no era él mismo, había cambiado, ahora era mucho más fuerte y…
—¿Te convirtieron?
Alois asintió y dando media vuelta se marchó.
Ciel divisó el como se alejaba. Algo no marchaba bien ahí. Ash y Ángela jamás habrían permitido que le convirtieran a tan corta edad, además del increíble poder qué adquirías, permanecías atrapado dentro de ese cuerpo. Alois jamás tendría más de trece años, ¿Por qué le habían presentado como el heredero de los Trancy ante el mundo? Debía consultarlo lo antes posible con Sebastián, corrió en su búsqueda.
Sebastián piso un par de flores del jardín sin que le importase, Claude le esperaba ahí.
—¿Terminaste por hacerlo?—preguntó Sebastián dirigiéndose hasta Claude. La presencia actual de Alois no podía compararse con la anterior, pudo sentirlo desde el primer momento en qué él niño puso un pie dentro de la casa.
—¿Y qué si lo hice?
—¿Qué quieres Claude?
Y Sebastián sabía lo que tanto anhelaba, pero no la razón. Ciel era un muchacho interesante, pero no valía la pena tomarse tantas molestias.
—Él será mi Amo, tal y como debió ser y para eso tú debes de desaparecer.
—Interesante, ¿alguna creativa manera de lograrlo?
—Traicionado por aquel en qué confía—Claude rió y ajustó sus lentes—tomará cualquier cosa qué se le ofrezca.
Alois se unió a la escena, Sebastián observó la dulzura de su rostro, un demonio oculto en un traje de ángel.
El muchacho se dirigió hasta Sebastián, le observó con desprecio y rencor.
—El baile está a punto de comenzar. Volvamos—y regresando hasta donde Claude le obligó a volver dentro de la Mansión, Sebastián los siguió.
Llegaron a las palabras de apertura. Vincent tenía a su derecha a su hermosa esposa "Rachel" y a la izquierda a su encantador hijo "Alexis", con ellos declaraba la fiesta inaugurada.
—Sean todos bienvenidos—dijo—esperamos que su estancia sea grata y se convierta en una noche qué jamás olvidarán.
Alois sonrió, él jamás lo olvidaría. Tras más de cien años de separación Ciel volvería a ser suyo y junto al resto de los invitados se unió al entusiasta aplauso.
CONTINUARÁ…
Hola, hola…de nuevo ando retrasada, ¿qué puedo decir a mi favor? Nada, falta de tiempo y problemas para enlazar ideas, además de la escuela y X cantidad de situaciones que no vienen al caso.
Una fiesta en el fic…si, pero esta será mi fiesta.
Mantuve el nombre de Undertaker, como el Sepulturero porque esa es la traducción al español y no me gusta combinar idiomas, a menos que sean nombres y sea estrictamente necesario, manía mía. Si les molesta, háganmelo saber para que lo modifique.
Ahorraré mis comentarios en esta ocasión porque corro el riesgo de dormirme sobre el teclado, ha sido un día "pesado".
Como siempre permítanme agradecer sus comentarios a hikariuzumakipotter , beabraginsky , Lolita Lolera Locuaz Loquera, kaoryciel94, hikikomori-chan , Lambo-san , KShieru , IzuruMichaelis, poquixiquititita y izhyoh. Muchísimas gracias a todos, aunque por cuestiones de tiempo no pueda contestarlos personalmente sepan que les agradezco y significan mucho para mí.
Agradecimiento especial a Kasumarüü por apoyarme en el capi, gracias, niña…besos.
Cualquier duda, comentario, queja, sugerencia, etc., será bien recibida.
Gracias por leer.
