Capítulo 3

¿Por qué?

- ¡Serena! ¡Levántate! ¡Baja rápido que ya sabemos quién te va a tratar como reina!

Tengo que buscar la forma de que esto no se repita. Ya van dos veces. En la primera morí yo. En la segunda, Diamante se suicidó. Algo está pasando de lo que no me estoy dando cuenta.

- ¡Traigo conmigo el desayuno! – grita Lita desde el asiento de atrás de la camioneta de Mina.

Inmediatamente me levanto de la cama, me visto y salgo corriendo disparada a la camioneta. Me subo en el asiento del copiloto y trato de hablar lo menos posible.

- ¿Y ahora tú porque tan callada? – pregunta Mina.

Tuve una mala noche es todo.

Llegamos por Rei y acepto el condón que me regala. No le pongo mucha atención a Amy hasta que por obra de los dioses comienza a hablar de otro tema mientras bajamos en el estacionamiento de la escuela.

- Ayer en lo que veía un tutorial, vi un video del efecto mariposa.

- Sabes que si no es de maquillaje no nos interesa… - le dice Mina en todo de enfado.

- Espera… yo sí quiero saber.

- Bueno… ¿sabías que el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede provocar una tormenta en Nueva York?

- Esas son tonterías… - dice Lita mientras se acomoda la mochila.

- ¡Es en serio!

- Será lo que sea, pero yo sólo creo en el destino. – opina Rei. – No en el destino per se, pero creo que tarde que temprano, nuestras decisiones nos llevan a un punto en específico que tiene que cumplirse. Si estás destinada a estar con alguien, lo estarás. Es como el hilo rojo.

- ¿Qué hilo rojo? – Mina de pronto se interesa en la conversación.

- ¿Eres japonesa y no sabes del hilo rojo? Tu dedo meñique está atado al meñique de tu alma gemela. Tarde o temprano, ese hilo rojo se hará más pequeño hasta que te encuentres con él. Y se amarán como siempre estuvo destinado.

- Pues el mío está enredado entonces… - Lita suspiró.

- Y el de Serena está enfrente de ella o tal vez…

- ¿Tal vez qué?

- ¿De verdad crees que Diamante es quien te esperaba al final de tu hilo rojo? – pregunta Rei con cierta suficiencia pero el timbre suena y es hora de ir a clase. Cada una toma su rumbo y me quedo pensando en la teoría del caos de Amy y en el hilo rojo de Rei.

S&S

En la azotea del colegio Mugen, se encontraban tres siluetas.

- ¡Es viernes por favor! Hagamos algo en el antro de la mansión. Invitemos a los que nos caen bien. Ya hemos trabajado demasiado… - se quejó Yaten Kou.

- La verdad yo tengo ganas de hablar con una chica que me agrada… -dijo Taiki. - ¿Qué opinas Seiya?

Seiya se asomó peligrosamente y vio el coche de Diamante Black estacionarse al lado del suyo.

- Con una condición. No quiero que Diamante Black se presente.

- ¡Pero si su padre es casi el dueño de la escuela!

- ¡Y nosotros dueños del mundo!

Yaten y Taiki asintieron pero no oyeron cuando Seiya vio a Diamante besar a Serena en los labios: pero no de ti…

S&S

- Así que aquí están las cinco maravillosas… - dijo Diamante cuando se unió al resto de la pandilla en la cafetería.

- Unidas hasta la muerte… - dijo Rei pero de pronto Serena se dio cuenta que Diamante traía cinco rosas en su mano.

- ¿Oye, son para mí?

- No amor, son de tus rivales… pero si quieres te las doy.

- Serena no tiene rivales… - la mirada de Serena se ensombreció pero en ese momento, los Three Lights habían aparecido y repartían notas de invitación para esa noche. Diamante no se había dado cuenta que Seiya había visto lo de las rosas.

- Ok, ok, les estamos dando a algunos una invitación para esta noche en el antro de nuestra mansión. Si no tienen invitación, no pueden entrar y si la tienen la van a gozar… - Yaten se acercó a Mina y le dio la suya. - ¿Irás, verdad?

- Claro…

Serena entonces toma a Diamante por las manos y se aleja antes de que Seiya pueda siquiera extenderle su invitación. Casi corre con Diamante a la biblioteca y después de esquivar a algunas personas, lo lleva a donde no hay gente, lo besa y le pregunta.

- Diamante… ¿me quieres?

- ¡Pero por supuesto que te quiero! ¿Cuánto llevamos de novios?

- ¡No es eso lo que te pregunté! ¿Me amas lo suficiente?

- Serena… ¿qué te pasa hoy? Te quiero, te adoro, te amo… desde que te vi supe que tú eras la mujer que yo quería para mí. Siento haberte dicho que las flores eran de tus rivales, en realidad no lo son… pero…

- ¿Entonces de quién eran? – preguntó Serena ávidamente.

- Son para ti pero no quería verme cursi. – Diamante se sonrojó. – Hoy vamos a ser uno pero no me siento a gusto de verme ridículo cuando estás con tus amigas. – El platinado abrazó a Serena y la besó tiernamente. - ¿Me disculpas princesa? Es que me preocupa tanto que un día llegues y me digas que ya no me amas… Siento que… no sé… me mataría por el dolor…

- ¡No se te ocurra decir eso! – Serena recordó a Diamante con el cristal en la yugular.

- Es que de verdad te amo… y desde que el grupo ese, los Three Lights entraron a la escuela, me he vuelto demasiado…

- ¿Qué?

- Inseguro amor… Podría apostar mi vida a que Seiya Kou ha fijado la mirada en ti.

Serena suspiró y sintió que un dolor de cabeza comenzaba. Así que ella no era la única que se había dado cuenta. Seiya Kou sí estaba interesado en ella.

- ¿Tú me dejarías?

- ¿Por qué preguntas eso?

- Cuando nos fuimos de la cafetería, estaban invitando a una fiesta y estoy casi seguro que te iban a invitar… bueno "nos" iban a invitar porque como soy el hijo del director, no se atreverían a enfadarme… ¿Quieres ir?

- ¡No! – Serena casi gritó. – Hoy es nuestra noche.

- Te amo… - Diamante la abrazó y la llenó de besos en la frente y en los rubios cabellos. - ¿A qué hora paso por ti?

- Ven por mí a casa de Amy… a eso de las 8. Estoy segura que las demás irán a la mansión de los Three Lights.

- ¿Me amas? – pregunto Diamante dándole las 5 rosas a Serena.

- Sí. – pero la rubia estaba pensando en otros ojos y otra boca.

S&S

- ¿Segura que no van a venir a la fiesta? – preguntó Mina mientras terminaba de arreglar a Amy.

- Segura. Es mi noche.

- Pobrecito de Seiya. Se quedó con el brazo extendido. Se me hace que te ama en secreto.

- Pero soy novia de Diamante…

- ¿Y eso qué?

- Yo lo consolaré por ti… - se ofreció Rei y de pronto Serena sintió una punzada de celos.

Al fin, todas se fueron y Amy le dio la llave de su dormitorio a Serena.

- Mis padres no están. Sabes que se fueron a esquiar. Quédate aquí, así mañana nos cuentas como te fue.

- Gracias Amy…

- ¡Valor amiga!

Serena estaba temblorosa y vacilante cuando tocaron la puerta y era Diamante.

- Te ves muy guapo.

- Tú también.

Serena y él entraron al cuarto de Amy y la rubia no sabía como empezar. Estaba nerviosa pero sabía que nada podía pasar si ella ni Diamante estaban en la fiesta de los Three Lights por lo que se relajó. No tenía ni debía pasar nada malo. De pronto, Diamante la acorraló en una esquina y optó por besarla despacio, primero en la boca y luego en el cuello mientras le deshacía su típico peinado. Serena empezó a sentir cosquillas pero no de las buenas, sino de aquellas que luchaban con sus manos para no rechazarlo mientras Diamante le susurraba lo linda que era, lo mucho que había deseado esa noche. Serena no podía emitir palabra alguna y sólo gimió, confundiendo a Diamante con placer en lugar de amargura y desesperación.

El platinado la levantó en vilo y la depositó en la cama. Le acarició el rostro y el se quitó la camisa. Serena sabía que tenía un cuerpo de ensueño porque iba al gimnasio muy seguido pero había algo que le impedía tocarlo. No quería rozar aquellos músculos cincelados ni abdomen marcado y duro. No quería que el la levantara en vilo para saborear su boca y tocarla con su lengua.

- Serena… me vuelves loco… tócame… por favor tócame…

Serena se forzó a hacerlo pero cuando lo hacía era como si Diamante la quemara y tuviera que quitar las manos. Cuando él la despojó de su prenda interior para besarle los senos, ella mordió los hombros de Diamante quien se excitó pero ella lo hizo porque se sentía ultrajada. Nada estaba saliendo como ella había previsto. Se estaba dando cuenta que no lo quería, que no lo amaba en lo absoluto. Cuando Diamante se quitó los pantalones y le quitó las pantis a ella para hacerle un oral, ella empezó a llorar. El platinado pensó que era por placer erótico.

- No te preocupes amor – dijo mientras limpiaba sus lágrimas. – Te voy a llevar al límite del placer...

Se bajó y Serena se retorcía y cuando podía se limpiaba el rostro. No podía con el asco que le daba que él estuviera precisamente allí. Ella se había guardado para el amor y ahora se estaba entregando con asco a alguien que sí, efectivamente la quería, pero que ella sabía, ahora, con toda certeza, que no amaba. Era un gran hombre, guapo, elegante, muy varonil pero no para ella. Cuando Diamante comenzó a besarla en la boca, preparándola para penetrarla, Serena pensó en aquellos ojos azules… Seiya. El no haría eso. Si ella llorara, pararía, estaba segura. Pero cuando estaba pensando en Seiya Kou, Diamante la penetró gritando su nombre.

- Serena… ¡Serena!

- ¡No! ¡No por favor!

- ¡Te amo! ¡Te amo!

- ¡No!

Serena gritó "no" demasiado tarde. Diamante ya se había venido y descansaba sobre su pecho. Ella se sentía usada y no había sentido nada. Todavía él estaba dentro de ella y entonces ella lo rechazó y Diamante cuestionó.

- ¿No?

- ¡No! ¿Por qué? ¿Por qué lo hice contigo? ¡Yo no te amo! ¡Lo acabo de confirmar!

Diamante se sentó en la cama con una cara de decepción que no podía con ella.

- ¿Qué?

- ¡Que no te amo! ¿Por qué lo tuve que hacer contigo? ¿Por qué?

- ¿No me amas?

- ¡No!

S&S

- ¡Serena! ¡Levántate! ¡Baja rápido que ya sabemos quién te va a tratar como reina!

Me despierto y asqueada me limpio con mi colcha la piel. Me entregué a Diamante. Hoy es sábado. Nadie murió y yo aprendí de mi error. No amo a Diamante. No lo amo.

- ¡Traigo conmigo el desayuno! – grita Lita desde el asiento de atrás de la camioneta de Mina.

- ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡Aprendí de mi error! ¡Nadie murió! ¿Qué maldita cosa más tengo que hacer para que este día no se repita? Y entonces recuerdo unos ojos azules. Seiya. Tengo que confesarle a Seiya que lo amo y librarme de Diamante y decirle la verdad. Pero ¿bastará con eso para detener este maldito día? Sólo hoy puedo saberlo.