In a different clothing style/ En un estilo diferente, en un tiempo diferente
(Looney Tunes Clasicos)
He estado con una idea incrustada en mi cabeza por bastante tiempo, así que pensé que sería bueno que me tomara la libertad de escribirlo. Es un AU de esta pareja… solo porque me gusta mucho la idea de que Bugs y Daffy hayan formado parte de una caricatura referente a Robín Hood, pero en papeles diferentes. Entonces aquí va, espero que les guste…
Por cierto, he leído varias cosas acerca de Robín Hood gracias a esto y Bugs va a representar a una revoltura entre el Rey John y el Rey Richard.
Perdón si es algo confuso..
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Estaba mal y lo sabía… esa cercanía entre ellos no podia ser coincidencia, el destino de ambos se había entrelazado de la forma menos adecuada posible.
Levanto su mirada clavándola en la figura que estaba frente a él, descansando en ese precioso y extremadamente costoso trono, rumores decían que cada centímetro era de oro y que las joyas que se podían ver en el eran las más grandes encontradas por el hombre.
Vio aquella figura moverse con lentitud, solo podia ver el color del suave manto que usaba en su cuerpo, era tan largo que abarcaba parte del piso.
Un movimiento más y la figura salió de la sombras poniéndose de pie en un movimiento ágil.
Sabía que nos volveríamos a ver- voz suave pero autoritaria, propia de su posición, propia de la corona que llevaba sobre su cabeza. – Robín Hood.-
Su ceño se frunció de inmediato.
Estaba una vez más frente a "su alteza", aquel rey tirano que gobernaba con mano dura y se enriquecía a costa de todo ser que ocupara un espacio en sus tierras.
Lo vio caminar hacia él hasta quedar justamente en frente.
"Su alteza"- podia saborear la amargura en aquellas palabras. – Sabe que me deje atrapar y puedo salir de aquí cuando lo desee.-
No iba a permitir que ese tonto rey creyera que sus inútiles caballeros habían sido lo suficientemente buenos como apresarlo por onceaba vez y llevarlo hasta al rey con el (ahora usual) afán de que lo degollaran, aun cuando resultaba ser la verdad.
Ser Robín Hood, ayudar a los pobres, robar a los ricos, meterse en peleas por su vida y por las de los demás a diario era algo por demás de agotador, era normal que fallara de vez en cuando… o de vez en casi siempre.
Entonces no deseas salir de aquí, eso es halagador.- se inclinó hasta acercar su rostro al del pato que yacía de rodillas y con sus manos y tobillos encadenados.
¿Qué?- Replico sintiendo el calor llegar a sus mejillas mientras observaba esa sonrisa burlona en el rostro del conejo. - ¡Por supuesto que no… digo si…!- sacudió su cabeza. – Voy a cortar su cabeza un día y me llevare todo lo que tiene hasta la más pequeña joya-
Podría ofrecerte un lugar en mi corte, posiblemente un Bufón…- menciono haciendo caso omiso a la amenaza del pato. – eres prácticamente uno ya, solo haría falto hacerlo oficial. O puede que…-
Voy a matarlo! Voy a quitarle su corona y voy a deshacerme de todos sus caballeros… y… y…- continúo diciendo mientras que el Rey no dejaba de hablar mencionando sus planes para el pato. - ¿Me está escuchando?! No voy a ser su tonto Bufón, yo voy a…-
Tal vez uno de mis caballeros…-
Estaba por replicar pero el Rey acabo por tomar su rostro en sus manos, obligándolo a alargar su cuello todo lo posible, hasta que sus rostros quedaron lo suficientemente cerca como para que pudiera escucharlo murmurar.
O mi reina… todo buen rey necesita una reina-
¡¿Reina?! ¡Por que habría de ser su reina! ¡Yo debería de ser el rey, yo…yo soy Robín Hood y voy a…!-
El conejo miro hacia el atuendo de su enemigo. Era el mismo traje que usaba todas las veces que lo capturaba, esa típica playera verde con sus pantaloncillos holgados que le quedaban evidentemente grandes, esos botines color rojo oscuro que hacían juego con el chaleco que llevaba y ese sombrero, ese absurdo sombrero tan verde como el la playera y los pantalones.
Al menos te vestirías mejor que esto- señalo hacia sus ropajes.
¡Suficiente!- grito perdiendo su paciencia.
Un rápido movimiento y en segundos sus manos lograron deshacerse de las cadenas sobre sus muñecas, al menos podia presumir de su habilidad para zafarse de esas cosas.
Tan rápido como se puso de pie en un salto los guardias se abalanzaron contra él y agradeció el hecho de que siempre llevaba consigo esa pequeña navaja que el Fraile Porky le había regalado.
El rey volvió a su trono con una expresión aburrida en su rostro y desde ahí observo al pato hacerse cargo de los guardias. Tenía que aceptarlo… hasta cierto punto el pato tenia talento, podia ser torpe pero era ágil y bueno con las armas cuando se lo disponía, principalmente con el arco, el mismo había sido testigo de dichas habilidades.
Vio al pato caer al suelo, sus tobillos seguían encadenados y aún quedaban tres guardias de pie. Logro deshacerse su encadenamiento tras varios forcejeos de sus patas, pero apenas hizo esto cuando los guardas empezaron a atacarlo intentando matarlo o noquearlo con sus lanzas y espadas.
Un golpe en la cabeza por parte de uno de los guardias y un chichón creció rápido en el lugar del golpe, logrando atontar al pato.
Yo… soy… yo… gee…- sacudió su cabeza. - ¡Esa es injusticia!- replico haciendo que los guardas contuvieran sus ataques. – Tres hombres armados contra… (miro hacia su navaja y la lanzando lejos de él) contra un pato desarmado ¿Y así se hacen llamar los hombre del rey? Vergüenza debería de darles! Ya no hay honor en esta época ¿Dónde han quedado sus principio?-
Arrebato la lanza de uno de los guardias y el escudo de otro.
Hagamos esto de la forma correcta caballeros, así como lo ha mandado el rey- los guardias solo asentían con la cabeza y Robín sonrió para sus adentros. – ahora estamos todos iguales…- dijo esto sonriendo ampliamente para después golpear a los hombres con la lanza, lo suficientemente fuerte como para que cayeran aturdidos al piso. – ha sido todo un honor caballeros!-
Los golpeo una vez más para asegurar su huida, pero antes de que pudiera llegar a la puerta manos fuertes detuvieron su huida tomándolo por los hombros y jalándolo hacia atrás con tanta fuerza que acabo tirado en el suelo.
Te deshaces de mis caballeros, robas mi dinero y el de los demás nobles y huyes de mi castillo cada vez que te atrapamos…- menciono el Rey reacomodándose el manto y la corona tras hacer sus largas orejas hacia atrás. – Creo que he comenzado a hartarme de esto, Hood- dijo sacando su espada y colocándola justo en el pecho del pato que seguía en el suelo.
Robín trago saliva con dificultad mirando la punta de la espada presionar en pecho logrando cortar un poco de su ropa.
Podría matarte aquí mismo- continuo el conejo. – Pero como habéis dicho, ¿Dónde estarían mis principios… mi honor…? Dejare que te defiendas. Preparar un duelo publico sería más correcto, pero ante la falta de tiempo con uno aquí bastara-
Se puso de pie tan rápido como pudo y tomo con fuerza su lanza. En todos los encuentros que habían tenido, el Rey permanecía ajeno a enfrentarlo, como si supiera que tarde o temprano tendría la oportunidad de atraparlo de nuevo. Pero esta vez no, esta vez quería que peleara por su libertar.
Miro hacia el Rey viendo como dejaba caer su manto y corona para mostrarse en una armadura ligera. Esa sonrisa confiada seguía curvando los rincones de sus labios, sabía que era hábil con la espada, después de todo era el Rey de quien hablaban y no era conocido por ser tonto o inútil en absoluto, era un guerrero de muchas batallas.
¿Qué se suponía que debía de hacer? ¿Luchar hasta la muerte con el Rey? ¿Matarlo? Lo despreciaba con cada parte de su ser y aun así una parte de él le impedía el aceptar la idea de dejarlo sin vida.
¿Qué pasa Robín Hood? ¿has perdido tu valentía tan rápido?- se acercó manteniendo su espada lista, dispuesto a defenderse.
Robín retrocedió un poco al verlo acercarse, por como llevaba su espada está seguro de que devolvería el ataque sin dudar si es que a él se le ocurría empezar con el duelo. Lo vio acercarse aún más y más hasta que esta frente a él, ahora con su espada viendo hacia abajo.
"Robín Hood" ¿Por qué no te pareces ni un poco a cómo te describe la gente? Dicen que eres un héroe, hablan sobre batallas imposibles contra mis hombres y yo no he visto más que representaciones mediocres del tal Robín Hood que adoran- murmuro dejando sus mejillas rozaran.
Usted no es tan temible como lo pintan tampoco- logro decir mientras intentaba descifrar la razón por la que le era imposible moverse.
Sintió la mano enguantada tomar su antebrazo y recorrerlo hasta llegar a su mano. No era la primera vez que pasaba, no era la primera vez que el Rey se acercaba de esa forma, sus coqueteos habían empezado desde el instante de conocerse y con sus continuas capturas había comenzado a aceptar parte de esa inadecuada cercanía… Inadecuada e imposible.
Él era el Rey tirano y el, el "delincuente" que huía de sus leyes y robaba a los poderosos para darle a los que menos tenían, esa cercanía estaba mal y era imposible… uno de los dos acabaría muriendo en manos del otro tarde o temprano.
Robín cerró sus ojos con fuerza por un instante, quería disfrutar la sensación que le otorgaba el escuchar esa respiración golpear contra su cuello aunque fuera por un segundo antes de que tuviera que recordarse lo fuera de su alcance que se hallaba ese rey que lucía tan solitario en su trono tan costoso.
Los volvió a abrir para entonces dejar caer su lanza y apartarlo de si en un solo movimiento. Lo empujo con todas sus fuerzas y lo vio tambalearse para caer de sentón en el suelo y sin pensarlo mucho corrió hacia la ventana que había visto desde lejos muchas veces, esa ventana que daba hacia el rio que rodeaba el castillo y sin más ni más se lanzó por esta.
Acabo cayendo en el agua y nadando por su vida, huyendo de los cocodrilos que apenas y lo vieron caer dentro lo tomaron como si se tratara de su cena.
Largo!- grito una vez en la orilla y con la mitad de su cuerpo fuerza del agua. - ¡suéltame he dicho!- volvió a gritar pateando la cabeza del cocodrilo, logrando la liberación de su pata.
El Rey se quedó sentando en el suelo por un tiempo, sus actos lo habían llevado a un punto sin retorno no podia remediar las cosas que había hecho y la oscuridad en el evitaba que lo intentara.
Y no le importaría si "el" no se hubiera cruzado en su camino, entrometiéndose con su enorme pico, su torpeza y sus actos heroicos. No, no le importaría el que todos lo odiaran y lo quisieran muerto, sino fuera por el… ese tonto pato que se hacía llamar Robín Hood, y que había capturado su atención en el mismo instante de conocerse.
