El lobo vuelve a casa
-Sé que eres un genio y todo eso pero... al menos deberías aparentar que prestas atención, ¿no?- Seiji apenas mueve los labios para hablar, pero su hermana le entiende perfectamente. El profesor está de espaldas a la clase y ni se da cuenta de lo que sucede en la última fila.
-Tengo mejores cosas que hacer que escuchar cómo un tío frustrado con la vida, intenta sacarle provecho a su existencia autoengañándose para creer que realmente aporta algo a los cabezas huecas a los que da clase.- Junko siempre ha sido bastante brusca, y terriblemente acertada, con sus opiniones. Ella no se esfuerza tanto en disimular pero el profesor no le hace ni caso. O realmente no ve ni oye sus murmullos, o simplemente la da por perdida como estudiante.
-Uno de esos cabezas huecas podría ofenderse si te oyera... Y te recuerdo que no está Mukuro para defenderte.- Seiji trata de que su hermana sea un poco más discreta, hablando aún más bajo que antes y despegando los labios mínimamente. Mukuro, la mayor de los tres, nació apenas dos minutos antes que Junko, pero le lleva un año a Seiji, que es el menor. Sin embargo, es la más fuerte de los tres con diferencia, pero lleva desaparecida desde hace tres años.
-¿Y no podrías defenderme tú, hermanito?- Junko finge un tono pasteloso, y mira a su hermano menor con un brillo de indefensión en sus ojos. Pura fachada.
-Pero qué cara tienes... Debería ser yo el que te pidiera que me defendieras.- Seiji aguanta una risotada y su hermana sonríe ante su afirmación. El profesor empieza a caminar entre las mesas sin que ninguno de los dos se dé cuenta.
-Podrías entrar en Fenrir tú también, ¿sabes? No eres como Mukuro, pero tu talento les sería muy útil... Yo te lo cambiaría sin dudar.- Junko echa un vistazo rápido alrededor y abre inmediatamente su libro de química por la página noventa y ocho, para ponerse a leer un texto sobre las reacciones entre ácidos y bases.
Viendo lo que ha hecho Junko, Seiji la imita en un abrir y cerrar de ojos, a tiempo para que el profesor pueda ver cómo ambos se han enfrascado en un texto que a Seiji le parece completamente irrelevante. En cuanto el profesor pasa de largo, Junko vuelve a levantar la vista del libro.
-De hecho, me molesta mucho que no le des un uso práctico... te vas a echar a perder a este paso.- La chica sigue el hilo de la conversación como si no se hubiese producido interrupción alguna. Durante unos segundos, Seiji se queda mirándola, encandilado por la capacidad de su hermana.
-¿Pero es seguro que está en Fenrir?- Después del ensimismamiento inicial, el chico muestra su interés en el tema que acaba de abordar su hermana mayor. Aunque una parte de él está deseando que su pregunta sea suficiente como para desviar el tema de la conversación.
-Que sí, hombre, te lo digo yo. ¿No ves que últimamente se habla mucho de los niños soldado de Fenrir? ¿Y no ves que hay uno que destaca por encima de los demás?- Junko empieza a exponer una teoría que tiene bien trillada en su mente. Las noticias no dejan de hablar del papel de Fenrir en Europa del Este y varias veces han salido imágenes de un soldado infantil, de género desconocido para cualquiera que no sepa fijarse en los detalles como sólo Junko sabe. -Pues ése soldado es una chica, de una estatura igualita que la mía... Es morena, pecosa y físicamente parece un tío. Mucha coincidencia sería que nuestra hermana tuviese un clon haciendo la guerra en Europa del Este.- Seiji tuerce los labios ante la descripción que hace Junko de su hermana mayor.
-Vale que no es una despampanante modelo juvenil, pero de ahí a decir que parece un tío... A mí no me parece que Mukuro sea fea...- Seiji ignora completamente el resto de datos que da su hermana y se centra en defender a Mukuro.
-Jajajaja, ¿Mukuro te parece guapa? ¿No será que bateas hacia el otro lado, hermanito?- Junko empieza a desternillarse en silencio y Seiji se pone rojo como un tomate.
-Cállate...- Al muchacho no se le ocurre qué contestar. Su hermana le ha dejado totalmente cortado. Así que decide volver a enfrascarse en el texto sobre ácidos y bases, tratando de hacer caso omiso a las risitas de Junko y a las bolitas de papel que no dejan de caer sobre su mesa.
Así, los dos pasan el resto de la clase sin volver a hablar entre ellos. Uno haciendo todo lo posible por estudiar mientras la otra hace todo lo posible por impedírselo.
···
-Te hace falta ligar, hermanito. Cualquier día podríamos estar todos muertos. ¿No querrás irte virgen a la tumba, eh?- Junko habla con una ligereza que consigue incomodar y violentar a Seiji a partes iguales.
-No sé qué parte de lo que acabas de decir me parece peor...- El chico no deja de mirar a todas partes, como si temiese que alguien hubiese oído a su hermana. -Sólo tengo quince años. No creo que me vaya a morir en breves.- Seiji decide pasar del otro tema y centrarse en la muerte. Su hermana siempre ha sido un poco laxa en todo lo referente a tabúes. Y eso nunca le ha molestado realmente, pero a veces consigue hacerle sentir incómodo.
-Oye, lo de que bateas para el otro lado era coña, eh... Bueno, y si es cierto no pasa nada, cada uno mete su bate donde quiere...- Junko no sonríe esta vez y Seiji la mira con una ceja levantada y la boca entreabierta, como si las palabras se le hubiesen atascado en la garganta. -O donde puede...- Ahora sí, Junko sonríe malignamente, consciente de que está pisando la línea imaginaria que separa la gracia de la ofensa.
-Por Dios, ¿puedes dejar de hablar de eso? Le cogeré odio al béisbol.- Seiji sigue sorteando el tema al tiempo que intenta que su hermana lo deje aparcado.
Sin embargo, ella, viendo que su hermano está muy incómodo, decide forzar un poco más, a ver hasta dónde llega. Siempre le ha gustado explorar los límites de la gente y el límite de la paciencia de Seiji es el que más le gustaría rebasar.
-Oh vamos, si quieres cambio de deporte... A ver...- Junko se detiene a pensar durante algo más de medio segundo, antes de dar con una metáfora adecuada. -Mira, si quieres podría darte un buen pase... eso sí, el gol correría de tu cuenta.- La chica escoge el fútbol como nuevo escenario para sus metáforas y Seiji emite un gruñido poco aclaratorio como toda respuesta.
Interpretando el gruñido de su hermano como un gesto de conformidad, Junko se para en medio del pasillo, echa un vistazo alrededor y detiene su mirada en una chica que lleva el modelito estrella del otoño. Por supuesto, Junko fue la modelo elegida para lucirlo.
-Eh, tú... Nagata... ¿verdad?- Junko se dirige a la chica y ésta se gira, con el ceño fruncido, hasta que ve quién le ha dirigido la palabra.
-Junko-chaaaan, dime, ¿qué quieres?- La chica habla con un tono demasiado agudo para el gusto de Seiji, que está contemplando la escena con los ojos como platos.
-Que no me vuelvas a llamar Junko-chan, para empezar.- Junko se mantiene seria y Seiji se pregunta cómo puede haber cambiado de humor tan rápido.
-Sí, señora... eh... señorita... ¿Enoshima?- La pobre chica no puede evitar que le tiemblen un poco los labios y Seiji está convencido de que tiene miedo. Aunque también parece que esté ante su diva favorita. O es muy rara o su hermana tiene un poder sobrenatural para incomodar a la gente.
-Mejor...- Junko sonríe manteniendo su mirada impasible. -Verás, mi hermano...- La muchacha señala en dirección a Seiji y éste arquea las cejas y abre mucho los ojos. -No estaba atendiendo en clase de química y me preguntaba si tú, que eres una de las mejores estudiantes del curso, podrías...-
-¡Darle una clase particular! ¡Claro que sí!- La chica vuelve a recuperar el entusiasmo y Junko rechina los dientes en lugar de terminar su frase.
-Eso es...- La hermana de Seiji habla sin separar los dientes y forzando una sonrisa tensa.
-¿Qué?- Seiji mira primero a la chica que tantas ganas tiene de darle clases particulares, y después a su hermana mayor. -¿En serio?- Ante la pregunta de Seiji, Junko se limita a asentir y la chica se acerca a él y le coge de la mano para, acto seguido, llevárselo prácticamente a rastras.
-Vamos, vamos. Tenemos que empezar cuanto antes.- La chica parece impaciente, aunque Seiji duda que sea por darle clase.
Junko les acompaña por el pasillo del instituto hasta el exterior, donde no hay absolutamente nadie.
-No mires hacia atrás, no grites, suelta a mi hermano.- Seiji oye el mismo susurro que Nagata, con la diferencia de que él no tiene que sentir cómo la hoja de un cuchillo le acaricia la pierna derecha hasta llegar al vientre.
La fuente de la voz no es otra que Mukuro, de quien Seiji y Junko estuvieron hablando durante la última clase del día.
-¡Socorro!- En el instante en que Nagata chilla y suelta a Seiji para echar a correr, Mukuro le desliza el cuchillo dentro de la mochila y se queda mirando a su hermano con gesto serio.
Por su parte, Seiji está con la boca entreabierta, incapaz de articular palabra y visiblemente sorprendido.
-¿Pero qué haces?- Junko aparece por las puertas del instituto y mira a Mukuro con el ceño fruncido. -Nuestro hermano iba a tener una cita con esa chica.- Junko se acerca a su hermana y le da una colleja, a modo de regañina. La recién llegada no dice ni pío y se queda como si nada. Si acaso, tuerce un poco la boca, como si intentase sonreír.
-Ésa sólo quería caerte bien. Y no íbamos a tener ninguna cita.- Seiji se encara con Junko y ella se sorprende un poco. -No vuelvas a hacer algo así...- Después de la sorpresa inicial, Junko endurece su mirada ante el ímpetu de su hermano. -¿Por favor?- Un ímpetu que parece esfumarse enseguida.
-¿Qué está pasando aquí? ¿Quién ha gritado?- Un profesor aparece por la misma puerta por la que Junko había salido hace unos minutos y pasea su mirada entre la chica y el chico que parecen a punto de tener una pelea.
-Yo, señor.- Sin embargo, abandonando la dureza de su mirada y con un tono de voz más agudo y tierno, Junko se da la vuelta y mira al profesor. -Una chica amenazó con apuñalar a mi... amigo, y me entró el pánico.- Aunque no le importó jugar la baza del hermano con Nagata, Junko prefiere que no se sepa que tiene un hermano. Ya ha aguantado bastante con explicar por qué ella y Mukuro tienen apellidos diferentes, como para tener que explicar por qué Seiji va a la misma clase que ella, siendo él un año menor.
-–¿Qué chica?- El profesor busca a la posible agresora y su atención es captada por Mukuro casi de inmediato.
-Ella no ha sido, señor. Creo que la chica era Nagata... Va a nuestro curso pero a otra clase.- Junko sigue con su voz de inocencia sin que ninguno de sus hermanos haga nada para desmentirla. Para rematar la jugada, la modelo juvenil decide morderse un poco el labio inferior y girar un poco la cabeza para que el sol se le refleje levemente en los ojos.
-Bueno... parece que dices la verdad, Enoshima... Pero será mejor que vaya a casa de Nagata a corroborar lo que me has contado.- El profesor vuelve dentro y Junko les hace un gesto a sus hermanos para que se queden quietos.
Al poco rato, el profesor vuelve a salir, con un abrigo y un maletín, y se detiene frente a Seiji.
-¿Estás bien, Minamoto?- Seiji vacila un instante antes de asentir y el profesor le mira fijamente durante un instante, antes de marcharse.
-¿Qué tal, Seiji?- Tras un buen rato en el que los tres se mantienen callados, a la espera de que alguno de los otros hable, Mukuro da el primer paso y le tiende la mano a su hermano, mientras mantiene su rostro inmutable. Por su parte, Seiji se queda de piedra, una vez más, al mirar a los ojos de su hermana mayor. Pero la parálisis le dura un instante.
-¡Has vuelto!- Haciendo caso omiso de la mano tendida de Mukuro, Seiji la abraza y ella le devuelve el abrazo con una sonrisa fulgurante en sus labios. Una sonrisa que la hace parecer otra persona completamente diferente.
-Claro que he vuelto...- La chica le lanza una mirada a su hermana, que ni se molesta en fingir lo poco que le gusta la escenita. Y, ante la expresión de Junko, la muchacha decide apartar a su hermano, con una ternura que difícilmente se asociaría a ella, y posa su mano sobre la cabeza de Seiji. -Sigues tan enano como cuando me fui...- La sonrisa de Mukuro ya ha desaparecido pero Seiji no se enfada.
-Eso es porque tú has crecido en estos tres años.- Seiji, cuya coronilla le llega a Mukuro y a Junko por la nariz, más o menos, responde con tono monótono. Junko, por su parte, decide que ya ha esperado suficiente.
-Bueno, ya he dejado que disfrutéis del rencuentro y os deis un abracito. ¿Qué demonios haces aquí?- Junko no es alguien que se ande por las ramas cuando algo consigue despertar su interés y, aunque suele disfrutar de los escasos momentos en los que esto sucede, ahora no parece muy contenta.
-¿No habéis tenido noticias de un tal Jin Kirigiri?- Mukuro saca una carta de su mochila y se la tiende a su hermana, que la coge con un tirón rápido.
-Estimada señorita Ikusaba, todos los años, nuestra academia selecciona a los más sobresalientes alumnos del último año de Secundaria, para educarlos y guiarlos de forma que puedan sacar el máximo rendimiento de sus grandes dotes. Por ello, me complace comunicarle que ha sido usted admitida en nuestra institución, la Academia Pico Esperanza, y se le ha concedido el título de "Súper Soldado de Preparatoria". Le ruego asista a una entrevista de bienvenida el próximo día 20 de Marzo. Le adjunto la ubicación exacta de nuestro centro, para que le resulte fácil encontrarnos. El director, Jin Kirigiri.- Junko termina de leer pero no aparta la vista del papel. Las fosas nasales se le ensanchan más de lo normal al respirar y sus labios están tan tensados que apenas se ven. -Estarás de puta broma...- Junko estalla tras unos segundos y Mukuro suelta un suspiro al ver a su hermana tan enfadada. Seiji, por su parte, no entiende por qué su hermana no se alegra de que Mukuro haya sido seleccionada para la academia más prestigiosa de Japón, aquella que te asegura un futuro brillante si logras graduarte. -¿Cómo es que a ti también te han invitado? ¡Para qué diantres va nadie a necesitar a una "Súper Soldado de Preparatoria"!- Junko pronuncia el título de su hermana con desprecio y haciendo un exagerado gesto de comillas con las dos manos.
-¿Cómo que también? ¡No me habías dicho que hubieras recibido una carta!- Seiji, que se entera ahora de que Junko había recibido la invitación, mira fijamente a su hermana mientras Mukuro se debate entre la excitación y la culpa. Excitación porque siempre se ha sentido así cuando Junko se pone de mal humor, y culpa... no sabe muy bien por qué.
-¡Súper Modelo de Preparatoria!- Junko se apresura en contestar a su hermano antes de volver su atención, de nuevo, a Mukuro. -¡Te has saltado un trimestre entero y la mitad del segundo! ¿Cómo es que te van a admitir en la academia más prestigiosa del país?- La chica está que se sube por las paredes y, al mismo tiempo, se siente rebosante de vida.
-Lo siento, Junko... yo no pedí que... me admitiesen en ningún sitio... Pero parece... que esta invitación es como una carta blanca... para el resto del curso.- Mukuro habla entre jadeos y Seiji empieza a sentirse realmente incómodo. El rencuentro, que para él ha sido una agradable sorpresa, parece haber vuelto locas a sus hermanas. Una está desquiciada y la otra parece a punto de tener un orgasmo debido a la bronca que le está cayendo.
-¿Qué te pasa?- Sin embargo, el estado de Mukuro parece haber hecho que la curiosidad derrote a la ira en la guerra interna de emociones que está viviendo Junko.
-Na... nada...- Mukuro se sonroja y una sonrisa tonta se le dibuja en los labios. Seiji apenas la reconoce en estos momentos. Sin embargo, Junko se ha dado perfecta cuenta de lo que está pasando.
-Así que nada, eh...- Con una sonrisa diabólica, Junko le suelta una bofetada a su hermana y ésta grita ante la agresión de su hermana. Sin embargo, ni a Junko ni a Seiji les ha parecido un grito de dolor.
-Dios mío, hermanita...- La sonrisa de Junko se acentúa tras darse cuenta de que su hermana se está excitando más y más, y todo debido a los insultos y el maltrato... Una auténtica maravilla, en su opinión.
-¿Podéis parar ya?- Seiji ni grita ni habla en tono amenazador. Su voz es calmada y tiene un deje suplicante. Sus hermanas le miran fijamente. -No sé qué mierda os pasa a las dos pero... dejadlo de una vez, por favor.- La petición de Seiji no cae en saco roto y, tan pronto éste termina de hablar, las dos sonríen, una de forma más forzada que la otra, y dejan la discusión sobre la academia y los extraños gustos de Mukuro.
Tras un breve pero incómodo silencio, Junko echa a andar en dirección al apartamento que comparte con su hermano y que, a parir de ahora, tendrá que compartir también con su hermana. Tanto Seiji como Mukuro la siguen sin pensar.
-Bueno... ¿Y qué has estado haciendo todo este tiempo?- Seiji se decide a romper el silencio y lo hace con una pregunta a Mukuro, que le mira fijamente.
-Pues últimamente...- Mukuro entrecierra los ojos y murmura algo para sí misma. -Matar ucranianos. ¿Eran ucranianos? Sí, casi seguro que sí.- Con un tono de voz completamente serio, Mukuro suelta una contestación que arranca una risotada incontrolable de los labios de Junko. Por su parte, Seiji no sabe si su hermana mayor está de guasa, pero le parece terrible lo que acaba de decir.
-¿Ma... matar ucranianos? ¿Estás bromeando, no? No sabía que te gustase bromear. Porque es broma, ¿verdad?- Seiji está pálido como la ceniza y Mukuro le mira fijamente, sin inmutarse. Pero no es ella la que le contesta.
-Te dije que estaba en Fenrir, idiota. ¿Qué querías que hiciese en una organización paramilitar? ¿Repartir caramelos?- Junko se queda en silencio un segundo antes de sonreír malignamente. -Bueno, caramelos de plomo sí que repartías, supongo...- Le da un codazo a su hermana, fuerte y a la altura de las costillas, pero Mukuro lo aguanta perfectamente e incluso se sonroja un poco.
-¿Entonces es cierto que estabas en Fenrir?- Seiji aún no da crédito a la teoría de Junko. Y por toda respuesta, Mukuro le enseña el dorso de su mano derecha, donde se puede ver perfectamente el tatuaje que exhiben todos los miembros de Fenrir y que es el logotipo de la organización.
-¡Punto para Junko! Te dije que no había otra tía en el mundo tan masculina como nuestra hermana.- Junko no deja de reír y celebrar su victoria. Entretanto, Mukuro la mira impasible. Seiji quiere pensar que su hermana mayor está indignada pero no está muy seguro de ello.
-Y eso me recuerda, hermanito, lo que me dijiste de que Mukuro estaba como un tren...- Ahora la mirada de Mukuro se desvía hacia Seiji, que está seguro de detectar un ligero sonrojo en sus mejillas. -¿O era que te ponía como una moto? No sé, de vehículos iba la cosa, creo.-
-¡No dije nada de eso!- Seiji reacciona rápidamente, rojo como un tomate. -¡Deja de decir chorradas!- Nada más hablar, el chico se da cuenta de que Mukuro se podría tomar sus palabras como un insulto. Y se apresura a corregirse. -Dije que no me parecías fea... Y no quiero hablar más del tema.- Zanjando el asunto con toda la rotundidad que le permite su nerviosismo, Seiji acelera el paso y deja atrás a sus dos hermanas, que no se molestan en seguirle el ritmo.
-Oye, hermana...- De repente, Junko adopta un tono serio y Mukuro siente que podría cortar el aire con un cuchillo. -Tengo que hablar contigo sobre algo. No ahora, pues estamos a punto de llegar a casa, pero pronto hablaremos tú y yo a solas sobre nuestro futuro... en la Academia Pico Esperanza.- Junko sonríe, manteniendo una mirada apagada, y Mukuro se da cuenta, inmediatamente, de que trama algo muy gordo.
