La dama y el vagabundo
-¡Seiji!- Junko entra en casa con aire altivo. Mukuro la sigue impasible, como siempre. Seiji ha llegado un poco antes que ellas después de adelantarse, un poco harto de las bromas de su hermana. La casa es bastante pequeña. La sala de estar y la cocina ocupan una misma habitación, en la que apenas caben los electrodomésticos básicos y un par de sillas para una mesita alta pero diminuta. Además, es a esta sala a la que se entra inmediatamente, sin un recibidor o pasillo antes. En una de las esquinas hay dos puertas, una lleva al único cuarto de la casa y la otra al baño.
-¿Qué quieres?- La voz del chico llega desde el cuarto y, acto seguido, la puerta se abre y Seiji se asoma y mira alternativamente a sus dos hermanas.
-Haz algo para comer, anda.- Junko empieza a quitarse la ropa sin ningún pudor y Seiji ni se inmuta. A Mukuro la situación le recuerda a sus días en los barracones.
-Ya voy, ya voy.- Seiji sale de la habitación y arrastra los pies hasta la cocina. Tras dejar una olla calentando en el fuego, con agua, Seiji se gira para mirar a Mukuro, que no deja de alucinar con su hermana. Entretanto, Junko, en ropa interior, no para de rebuscar entre un montón de ropa tirada por el suelo, un pijama. -Es siempre así, nadie diría que esta es la casa de la "Súper Modelo de Preparatoria".- Seiji hace un exagerado gesto de comillas en el aire y Junko se gira lo justo para dirigirle un corte de manga.
-Suponía que estaríais podridos de dinero... Pero esto... es casi tan austero como un campamento de guerra.- Mukuro mira a todas partes, aún alucinando con el modo de vida de sus hermanos.
-No te confundas, estoy podrida de dinero.- Junko pone un énfasis especial en la primera persona del singular. –-Pero necesito ahorrar para futuros proyectos. Tengo grandes planes para ese dinero.- La chica por fin encuentra algo que ponerse y empieza a vestirse con un pijama bastante feo.
-Ése es mío, Junko-chan.- Seiji mira a su hermana con una media sonrisa y un brillo extraño en sus ojos. -Y ya me ha quedado claro que aquí soy poco más que tu chacha... Gracias.- La sonrisa de su rostro, en lugar de apagarse, se acentúa, y Mukuro, que es la única que la ve, no sabría decir si es una sonrisa triste o sarcástica.
-Ya decía yo que era un pijama muy feo...- Junko parece no haber oído nada más aparte de la puntualización sobre el pijama. De todas formas, no se molesta en buscar otro y termina de ponerse ese.
-Si tan poco te gusta, puedes ponerte uno tuyo, por ejemplo.- Seiji le lanza una puya a su hermana, a lo que ella contesta gesticulando exageradamente, como si le estuviese dando una lección a alguien. El chico ni siquiera le presta atención.
···
-¿No crees que te pasas demasiado con Seiji?- El chico ha salido a hacer la compra y sus dos hermanas han preferido quedarse en casa charlando. Aunque más bien Junko decidió que Mukuro se quedara con ella, para hablar de un tema importante. Sin embargo, Mukuro se le ha adelantado.
-No sé a qué te refieres... le trato bastante bien.- Junko sonríe de forma casi inocente aunque a Mukuro no le da muy buena espina.
-Le tratas como si fuese una especie de mezcla entre tu criado, tu bufón y tu mascota.- Mukuro no se deja engañar por su hermana y sigue con su argumento. Normalmente sería más suave con ella pero Seiji necesita que sea una buena hermana mayor.
De pronto, Junko suelta un puñetazo en dirección a la cara de su hermana mayor, que ésta esquiva como si nada, sin inmutarse.
-Sigues tan rápida como siempre...- La más joven de las dos sonríe malignamene y Mukuro sigue sin mostrar emociones. -La verdad es que a Seiji nunca le he tratado como a ti, me he encargado de protegerle en la medida de mis posibilidades y hasta le permito discrepar y llevarme la contraria. Si me hace caso en todo lo que le pido es porque quiere, no porque yo vaya a tomar represalias...- Por extraño que parezca, a Mukuro le parece que su hermana está siendo sincera. Y aunque su idea de tratar bien a alguien es un poco retorcida, está claro que no se puede esperar nada mejor de Junko Enoshima.
-No tienes ni pizca de consideración.- Mukuro se siente tan extraña hablándole así a Junko... La actitud de su hermana no solo le ha gustado siempre. No, se podría decir que incluso la encuentra excitante. Tan excitante como el campo de batalla, o puede que más. Después de todo, permanecer cerca de Junko es, para ella, como una guerra fría. Nunca se sabe cuando pueden llegar los ataques.
-Oye, me tratas como si fuese una desagradecida. Lo cuál está bien, en serio, me gusta que en Fenrir te hayan enseñado a tener un par de huevos. Pero no soy una desagradecida. Soy consciente de que le debo mucho a nuestro hermano, y por eso no le trato como a ti, ¿vale?- Junko no suele hablar mucho del tema, pero el hecho de ver que recuerda que le debe la vida a Seiji, hace que Mukuro se convenza de que realmente su hermana hace un esfuerzo por tratar bien al chico.
-Bueno. ¿De qué querías hablarme antes?- Mukuro decide dar por zanjada la cuestión y pasa a otro tema que la tiene en vilo. Después de lo sucedido a la salida del instituto, Junko le había dicho que quería contarle algo muy importante. Y ya es hora de que lo haga.
-De la Desesperación, hermana. Quiero hablarte de la Desesperación.-
···
Seiji llega a casa tras hacer la compra. Sube las escaleras del bloque de apartamentos hasta que llega al que comparte con Junko y, desde hoy, con Mukuro. Justo cuando va a abrir la puerta, se da cuenta de algo. La ventana está abierta, lo cual no es tan raro considerando el calor residual del verano. Lo que sí es extraño, es que apenas se oiga un murmullo ininteligible que procede del interior. Sus hermanas no están calladas, pero definitivamente no esán usando un tono normal para hablar. Con cuidado, Seiji posa las bolsas al lado de la puerta y se acerca, agachado, a la ventana, para intentar escuchar lo que se cuece en el interior de su apartamento.
-Me vas a hablar de algo que conozco muy bien, ¿no? ¿Sabes dónde he estado? ¿La de barbaridades que he presenciado? ¿Las atrocidades que he tenido que cometer?- La voz que susurra ahora es la de Mukuro. Parece entre indignada y sorprendida, pero a Seiji le cuesta distinguir emociones en su hermana.
-Por eso precisamente tenemos que hacerlo.- Junko aprovecha el hilo que ha abierto su hermana y sigue por ahí. -¿Acaso no te has sentido más viva en estos últimos años que en cualquier otro momento de tu vida? ¿Acaso no sería lo mejor que todo el mundo experimentase eso? ¿Hay algo más puro y genuino que la Desesperación?- Al contrario que Mukuro, Junko no es que parezca emocionada. Es casi como si estuviera a punto de alcanzar el clímax. -Desesperación, Desesperación, Desesperación. Es todo lo que realmente mueve el mundo. Mientras los pusilánimes acomodados disfrutan de una Esperanza vacía y aburrida, el resto del mundo vive la Desesperación día tras día. La Desesperación es lo que realmente le da sentido a una vida de mierda, que se vuelve más dolorosa y frustrante cuanto más larga y cómoda es.- Definitivamente, Junko está fuera de sí. Seiji duda seriamente si debería entrar ya o esperar a que su hermana se calme. -Tú misma lo dijiste, ¿no? Le debo la vida a Seiji...- Definitivamente, el chico decide esperar. –-Pero si Seiji hizo lo que hizo, fue solo porque estaba Desesperado, porque yo estaba Desesperada, porque tú estabas Desesperada. La Desesperación sacó lo mejor de nuestro hermano. No, la Desesperación sacó lo mejor de los tres. Ahora, mientras se limita a ver pasar la vida, con la Esperanza de hacer algo de provecho en un futuro, no hace más que echarse a perder.- Junko se detiene y, a juzgar por lo larga que es la pausa, está esperando a que Mukuro diga algo.
-¿Acaso no tienes tú intención de hacer algo de provecho con tu vida? ¿Acaso no tienes anhelos, deseos o inquietudes? ¿Qué hay de Matsuda? ¿No esperas poder pasar el resto de tu vida con él? ¿Tanto han cambiado las cosas en los últimos tres años que mi hermana ha perdido toda ambición de futuro?- Mukuro se resiste a ceder a los deseos de Junko. Realmente, antes de su paso por Fenrir no habría tenido valor para hacer algo así. Pero algo ha cambiado. Seiji no puede ser el único que use la cabeza en esta familia de locos.
-¿Futuro? El futuro es una sucesión de hechos previsibles para el más idiota de los mortales. Yo aspiro a mucho más. Crearé un mundo nuevo. Me convertiré en la Desesperada Diosa de la Desesperación. La Reina del Caos y la Destrucción. El mundo comerá de la palma de mi mano.- Seiji se tapa la boca. Parece qe su hermana por fin ha revelado a qué se refería con todo ese rollo de la Desesperación. Y no le gusta.
-Y pretendes poder hacer todo eso con mi ayuda. ¿Cómo? ¿Cómo diantres van una súper modelo adolescente y una mercenaria a subyugar al mundo?- Ante la pregunta de Mukuro, Junko se levanta y camina hacia su bolso, que está colgado de una silla.
-En realidad no tenemos que hacer gran cosa. Sólo debemos destruir el Futuro...- Junko coge un papel del bolso y vuelve hacia Mukuro. -El mundo tiene todas sus Esperanzas puestas en una sola cesta.- Junko se detiene, de pie, frente a su hermana. Una sonrisa brilla en sus labios y un resplandor aterrador reluce en sus ojos. -Solo tenemos que...- Junko arruga el papel y hace una bola con él. -Prenderle fuego a la cesta.- Y lo lanza, con gran precisión, por la ventana.
El papel cae al lado de Seiji y éste lo coge, preguntándose qué puede ser y por qué su hermana puede haberlo tirado. Al deshacer la pelota y alisar el papel, Seiji puede ver un texto que contesta a las dos preguntas que se estaba haciendo.
"Estimada señorita Enoshima, todos los años, nuestra academia selecciona a los más sobresalientes alumnos del último año de Secundaria, para educarlos y guiarlos de forma que puedan sacar el máximo rendimiento de sus grandes dotes. Por ello, me complace comunicarle que ha sido usted admitida en nuestra institución, la Academia Pico Esperanza, y se le ha concedido el título de "Súper Modelo de Preparatoria". Le ruego asista a una entrevista de bienvenida el próximo día 20 de Marzo. Le adjunto la ubicación exacta de nuestro centro, para que le resulte fácil encontrarnos. El director, Jin Kirigiri."
···
-Ya estoy en casa.- Seiji ha esperado unos minutos después de que el silencio se apoderase de sus dos hermanas. Además, él mismo necesitaba calmarse después de oír lo que acaba de oír. No quiere que Junko sepa que ha escuchado algo que, obviamente, ella no quería que escuchase.
-Genial, ¿has traído la cena?- Junko se dirige a su hermano para ayudarle con las bolsas y él se lo agradece con una sonrisa algo forzada. -¿Te pasa algo?- La chica le mira con suspicacia pero él niega con la cabeza rápidamente. No se siente capaz de hablar directamente con su hermana. -Vamos hermaniiiito, no te hagas el remolón y dime qué te pasa.- Junko agarra a su hermano por los hombros, pero no en actidud amenazadora. Más bien como una auténica hermana mayor que estuviera en sus cabales.
-En serio, hermana, no me pasa nada.- Seiji le lanza una mirada furtiva a Mukuro, que malinterpreta completamente la silenciosa súplica de su hermano.
-¿Qué tal si me dejáis preparar la cena?- Mukuro se interpone entre sus dos hermanos, solo para apartar a Seiji de la cocina.
-¿Eh?- Seiji choca con Junko, pero a ninguno de los dos parece importarle. A ella le parece estupendo y a él le parece una auténtica faena.
-Claro, hombre, así podréis charlar tranquilamente.- Mukuro le lanza un guiño a Seiji, sin sonreír ni nada. Al chico le parece que su hermana es más siniestra de lo que recordaba.
-Jajaja, ¡estupendo!- Junko se lleva a Seiji lejos de la cocina, aunque no mucho, debido al poco espacio que tienen. -Venga, cuéntame qué te pasa, soy toda oídos.-
-Está bien, te lo contaré.- Seiji suspira antes de comenzar a hablar. -Hoy me he dado cuenta de que alguien a quien creía conocer muy bien, en realidad me es completamente desconocida.-
-Así que se trata de una chica, eh...- Junko entrecierra los ojos y esboza una ligera sonrisa en sus labios.
-Bueno, sí...- Seiji se rasca la nuca, y cambia de postura. Está bastante incómodo diciéndole esto precisamente a la persona a la que ya no conoce tan bien como el creía.
-No te preocupes, hermanito. Seguro que esa chica sigue siendo la misma de siempre. Incluso puede que seas tú el que ha cambiado y por eso ya no la reconoces...- Junko se muestra alegre y cordial, algo a lo que Seiji está acostumbrado, junto con sus constantes bromas y salidas de tono.
-Puede que sea eso, no te digo yo que no.-
···
-Tic, tac, el tiempo pasa...- Junko canturrea despreocupadamente, mientras camina por la calle, bajo el sol poniente. Hace ya una semana que su hermana Mukuro regresó después de tres años formando parte de Fenrir.
-Tic, tac, el sol se escapa...- Aún no le ha contado nada a Seiji, pese a la insistencia de Mukuro de hacer partícipe a su hermano del gran plan que se tienen entre manos.
-Tic, tac, no te demores...- El mundo entero se rendiría a sus pies... Lo llenaría de desesperación.
-Tic, tac, o sufrirás...- Junko se detiene, el sol finalmente se ha puesto. A su izquierda hay un callejón oscuro y sucio. –-... el mayor...- Al fondo del callejón, Junko distingue una figura tirada en el suelo, un vagabundo, probablemente. –-... de los...- Tras mirar a uno y otro lado, Junko se interna en el callejón, echando mano del bisturí que tomó prestado de su... amigo especial. –-... horrores.- Una sonrisa malévola se dibuja en sus labios. Su cuerpo se llena de excitación. La Desesperación es tan esimulante...
···
-Por favor...- El hombre se aferra a los pies de Junko. Está completamente destrozado, abatido... -Por favor... es lo único que tengo...-
-Señor, no hace falta que se ponga así... Jamás le haría daño a un cachorrito tan mono y desvalido como éste.- La voz de Junko suena infantil y en su cara se aprecia el gesto triste de una niña que se siente indefensa.
-Gracias, gracias, gracias...- El hombre alarga sus manos al tiempo que Junko le tiende el cachorro con sumo cuidado. Uno de los ojos del hombre está cerrado, surcado por un tajo algo amoratado y rezumante de sangre.
-Sin embargo...- La chica cambia completamente su tono, que se vuelve más duro y más adulto. -Sería completamente irresponsable, por mi parte, dejar a ese cachorro aquí abandonado, sin nadie que cuide de él.- El hombre vacila. Junko no ha alejado el cachorro de él en ningún momento, pero acaba de entender algo. -Y seguramente acabaría sacrificado o algún gamberro lo torturaría por pura diversión..- Conforme habla, Junko sigue cambiando su tono de voz, hasta que casi parece una risa juguetona. -Así que...- Sin decir nada más, Junko alza el brazo con el bisturí. En un abrir y cerrar de ojos, el vagabundo nota un líquido caliente en la cara. Parece sangre, pero no es la suya.
-No... no... ¿Qué has hecho? No... ¡Nooo!- El hombre retrocede hasta estar contra la pared y la utiliza para ponerse en pie. -¡Nooo!-
-¿Verdad que te sientes más vivo que hace unos instantes?- El hombre se acerca lentamente a la asesina que ha matado a su único amigo. -¿Sabes cómo se llama eso que sientes?- Junko, por su parte, sostiene el cuerpo del cachorro como si fuese una bolsa de basura. -Se llama Desesperación... ¿Acaso has experimentado algo más maravilloso en tu despreciable vida?- El hombre termina por abalanzarse contra Junko, pero ella se aparta, y le clava el tacón de su pie derecho en el talón. El hombre cae y ya no se vuelve a levantar.
-Upupupupu...-
