Novena razón
Misión HR:
Una cita
Sakura sabía lo difícil que era la relación de sus padres adoptivos de todas las dificultades que vivían día a día, así como también conocía que la gran parte de aquellas dichosas dificultades debían agradecérselas a Rin, a quien le gustaba llamar "mamá" con el único fin de molestarle. Y es que... ¡el muy jodido era un modelo!
Debía admitir que él era uno de aquellos tantos que amaban el tan aclamado "HaruRin" a tal punto que la mitad de sus libros electrónicos eran novelas escritas por los fans del siempre bello modelo Rin Matsuoka y el posesivo ex-camarógrafo Haruka Nanase. Sabía que Haru las leía también, aunque con motivos diferentes.
No era idiota. Sakura tenía doce años cuando se dio cuenta de lo mal que iba la relación de sus padres. Y catorce cuando se enteró que no mejoraban. Rin tenía mucho trabajo, el tiempo debía dividirlo en varias partes y Haru había quedado fuera de él. Si Rin no estaba modelando, estaba en el centro acuático con su reclutador, luego pasaba tiempo con Sakura o iba de visita con Gou. Después llegaba tan cansado que Haru debía limitarse a verlo dormir. Y eso ya se había llevado algunas discusiones. Y vaya que eran apasionados cuando discutían.
Así que Sakura debía actuar rápido, pues debía conservar ambos padres. Haru estaba en la sala, echado en el sofá, mientras leía algo en el teléfono cuando el menor de los Nanase se lanzó encima.
—Papá —saludó. Haru asintió levemente y lo empujó fuera de su regazo.
— ¿Necesitas dinero? —cuestionó, provocando que Sakura rodase los ojos. Que la mayor parte del tiempo en la que se le lanzaba encima fuese por dinero no significaba que siempre sería así.
—No... ¿Dónde está mamá? —el pelinegro se encogió de hombros.
—Quizá durmiendo, no lo sé —era una mala señal. Cuando Haru estaba bien con Rin, siempre lo defendía, diciéndole a su hijo que el pelirrojo no era "mamá". Y esa falta de interés dio inicio a miles de situaciones en su cabeza.
—Ah... Ahora vuelvo.
Como siempre, Haru era tan seco que le quitaba a Sakura las ganas de convencerle sobre algo, no le sorprendía que hubiese renunciado a ser camarógrafo de Rin tres años atrás. Subió las escaleras y, sin pensárselo, abrió la puerta de la habitación de sus padres. Rin no estaba dormido.
Si había algo que odiaba, era ver a su padre llorar.
Rodeó el cuerpo de Rin con ambos brazos y le obligó a abrazarle durante algunos momentos, hasta que las sacudidas del mayor se detuvieron.
—Papá... —susurró. El pelirrojo se separó de él y sonrió, como si nada pasase.
— ¿Ya almorzaron?
— ¿Por qué estás llorando? —Rin frunció el ceño.
— ¿Quién está llorando? —acarició la mejilla de su hijo y musitó— Ahora bajo, Sakura.
—Papá... ¿Es por él? ¿Por qué no me dicen que pasa? —Rin suspiró.
—Solo sé que le molesta que trabaje y le molesta que quiera renunciar, todo le molesta y nunca dice nada —admitió. Sakura sonrió de lado.
—Es tensión sexual... He leído sobre situaciones así —y vaya que lo había hecho, en una historia de ficción escrita por fans llamada "Dear Haru", que trataba de la vida de sus padres—. Estrés, trabajo y poco tiempo para él. Es un problema, papá... Y la solución es una cita.
Rin ya estaba listo cuando Haru salió de la ducha, utilizando la ropa que Sakura había elegido para él. Salieron.
Las calles de Iwatobi les parecieron eternas mientras, tomados de la mano, intentaban salvar su relación.
Perfecta para Haru y Rin.
El ISC returns estaba a su disposición por ese día gracias a Makoto, quien se había hecho cargo del lugar tras el retiro del entrenador Sasabe. Pero, aún si ambos amaban nadar, en esa ocasión nadie quiso hacerlo. Se sentaron en la orilla de la piscina y observaron distintos puntos. El silencio rayaba lo incómodo y eso no solo lastimaba a Rin, sino también a Haru.
—Escucha... —musitó el pelirrojo, removiendo los pies en el agua. Nunca había sentido tanta tensión al estar con su amado— Si tú ya no quieres seguir —los ojos de Haru se clavaron en Rin. Interrumpió.
—Me siento culpable por muchas cosas, Rin. Sé que tú comenzaste a modelar porque querías comprar una casa, y yo terminé convenciéndote de vivir en la mía. Tú vuelas y yo no puedo hacerlo. Me gusta que las cosas no cambien, aún si deben cambiar —el pelinegro tomó la mano del menor y le acarició el dorso—. No quiero seguir atándote, y lo he pensado mucho tiempo. Te he escuchado llorar y no he hecho nada para detenerlo. Creo que lo mejor sería...
— ¡No te atrevas a decir que vas a dejarme por mi bien! No me uses así —las lágrimas se agolpaban en sus ojos mientras su mano apretaba la contraria— Si vas a dejarme...
—Jamás haría eso... Rin, eres lo mejor que ha pasado en mi vida y te he amado desde que tengo consciencia. Iba a proponerte ir a Australia, con nuestro hijo... Dime, ¿por qué dejaría a la persona que complementa todo lo que soy?
—Idiota... —Haru sonrió y acarició su mejilla.
—No llores.
—No estoy llorando...
La noche caería como cualquier otro día, pero, en esa ocasión, Rin no tenía tiempo para alguien que no fuera Haru. La cita siguió su curso, cenaron en el restaurante favorito de Haruka y, después, se vieron incapaces de volver a casa.
Sakura les perdió el paso cuando ingresaron al Love Motel del centro. Haru sonrió mientras observaba en la ventana a su hijo marcharse. Se sacó la ropa y entró a la ducha con Rin.
Él no era perfecto, claramente. Pero su familia sí lo era. Y eso era todo lo que necesitaba.
