Onceava razón
Playa
El ruido de las olas golpeando suavemente contra la costa llenaba sus oídos mientras, con la vista clavada en el mar, Haru abrazaba sus piernas. Tenía tantas ganas de ir y nadar un poco…
Claramente, podía hacerlo. Podía levantarse y acabar con esos pasos que le separaban del agua salada, dejarse llevar por la marea y nadar un rato en el mar. Nadie se lo impedía. Nadie salvo él mismo.
Rin, sentado a su lado, ya le había dicho que fuera y se relajara. Él podía hacerse cargo de cuidar las cosas -que en realidad no necesitaban ser cuidadas-. El pelirrojo también quería nadar, Haru lo sabía, pero no le importaba que solo el azabache pudiera hacerlo. De hecho, Rin insistía en ello. "Mueve el culo y métete al mar, idiota".
Pero Haru no podía, porque su vista se negaba a apartarse de la escena que acontecía a su lado. Rin estaba sentado en posición de "indio" y, sobre sus piernas, Sakura balbuceaba y le jalaba la camisa, ambos disfrutando de la protección de la sombrilla sobre ellos.
—Él podría entrar también… —murmuró, estirando el brazo y acariciando el cabello de su bebé.
—El sol está bastante fuerte… No quiero que se enferme —le sonrió al bebé y continuó arrullándolo, moviendo sus piernas suavemente.
—Rin, no va a dormirse… Durmió todo el camino… Vamos a nadar. Sakura amará el agua.
—Míralo, tiene sueño.
—Rin, solo está sonriendo. Vamos.
—Ve tú… —alzó al bebé y le besó la nariz con cariño— Nosotros vamos a ver a papá desde aquí, ¿verdad, Sakura?
—Rin, no va a pasarle nada… —El pelirrojo chistó y asintió, rendido. Haru sonrió levemente y se levantó, extendiendo los brazos hacia abajo para tomar a Sakura. Rin negó, sacando un botecito de la maleta.
—Déjame ponerle bloqueador…
—Rin, por favor. Ya se lo pusiste hace media hora…
—Pero… Haru, tenemos una semana con Sakura, no podemos dejar que se enferme tan rápido. Nos tacharan de malos padres…
—No va a enfermarse. Lo estamos haciendo bien… Mira, allá hay una mujer con su bebé en el agua —señaló con la cabeza hacia la derecha, unos metros más allá—. Las madres saben qué hacer, naturalmente. ¿Crees que ella hiciera eso si su bebé corriera peligro?
—No…
Rin entregó a Sakura. Haru tomó a su bebé y le besó la sien mientras comenzaba a caminar hacia el mar, seguido por el pelirrojo, quien se adelantó y metió los pies al agua. Hizo una mueca. Estaba fría, pero… ¿qué esperaba? Era el mar, no una piscina climatizada. Haru vio la preocupación en su rostro y bufó.
—Podemos sentarnos aquí, si no quieres entrar más al mar.
—Me parece bien…
Haru suspiró y tomó el brazo de Rin, haciendo que se girase. Lo jaló lejos del mar y dejando la sombrilla atrás, dirigiéndose a la cabaña que habían rentado gracias a sus ahorros. Cerró la puerta en cuanto los tres estuvieron dentro y le encaró.
—Has estado actuando extraño desde que nos entregaron a Sakura. No, desde antes que eso. Intentas parecer algo que no eres.
— ¿Un buen padre?
—No. Un buen padre no significa dejar de lado todo lo que te gusta. Aún si tu prioridad es Sakura, no puedes dejar de lado quien realmente eres. El Rin con quien yo me casé hubiera entrado al mar con su hijo sin chistarlo, porque así eres tú.
—Pues ya ves que no…
— ¿Qué estás tratando de hacer?
— ¿Desde cuándo hablas tanto?
—Rin…
—Está bien —masculló y suspiró, recargándose en la pared. Se pasó la mano por el cabello—. Escucha… Llevamos un año y medio intentando adoptar un niño… Somos… Ambos somos dos hombres y tú sabes, te consta y me consta, lo difícil que fue encontrar a una madre que estuviera dispuesta a dar a su hijo en adopción a una pareja homosexual… Sabes lo difícil que fue que siquiera nos aceptaran como una pareja capaz de criar a un niño. Es como si todo estuviera a la punta del precipicio. Cualquier error podría hacer que… podría hacer que nos descalificaran y que se llevaran a nuestro bebé lejos de nosotros. Yo no quiero eso, no quiero que me quiten a Sakura solo porque ellos no entienden que esto puede ser normal.
—Rin… No llores…
— ¡No estoy llorando, idiota! Solo no quiero despedirme de mi bebé.
Haru se acercó a su pareja y besó sus labios con suavidad, abrazándole la cintura con un brazo mientras con el otro cargaba a Sakura, quien seguía balbuceando cosas sin sentido.
—Rin, eres un buen padre, sin importar quién pueda decir qué. No van a quitarnos a Sakura, porque somos capaces de cuidarlo como cualquier otra pareja cuidaría a su hijo. O incluso más, sabiendo lo posesivo que puedes llegar a ser… No todas las enfermedades son predecibles o inevitables, ¿vale? Sería una tontería que nos preocupáramos por un tal vez. ¿Sí? Pero, si te preocupa tanto… Podemos regresar a casa e ir a un parque acuático, ¿te parece eso más seguro?
—Sí… Pero… No, está bien. Tienes razón… Quedémonos aquí…
Haru sonrió y asintió con suavidad, volviendo a besar al pelirrojo. Sus labios se movieron con suavidad contra los otros, entonces Sakura soltó una risa y jaló el cabello de Rin, separándolos.
Quizá no todos podían entender la capacidad que ambos tenían para criar a un niño. Y de todas formas no lo necesitaban. Ese día, en la playa, sería inolvidable para la pareja. Porque, a partir de ahí, no había a nadie a quién intentar agradar. Solo un par de padres que cuidarían a su bebé de la manera que ellos creyeran mejor.
Hola:'v Escribí cursilería –u–
