Treceava razón


Un sonido parecido a un clic se escuchó mientras Haru se desperezaba. Sakura yacía sentado sobre él, sosteniendo una cámara fotográfica y sonriendo enormemente. Rin, a su lado, mantenía también una sonrisa burlona.

El pelinegro bostezó, enderezándose con Sakura en su regazo y se talló la cara. Rin soltó una risa, seguido del menor. Haru frunció el ceño mientras un flash iluminaba su rostro, cegándolo por algunos instantes. Rin tomó la cámara.

— ¿Pero qué...?

— ¡Sonríe, papá! —gritó Sakura, rodeando el cuello del mayor con los brazos y plantándole un beso en los labios. Rin se apresuró y tomó otra foto.

— ¡¿Mmh?!

—En diez años, cuando tengas trece, esto va a avergonzarte demasiado. Lo imprimiré, lo enmarcaré y pegaré posters en tu habitación... —Sakura se separó del pelinegro y mostró la lengua a Rin, que tomó una foto más.

—Rin, ¿qué están haciendo?

—Mami y yo estamos haciendo un álbum de recuerdos.

— ¿Otro? —Rin acercó la mirilla de la cámara a su ojo y tomó otra foto— Rin, apenas tiene tres años y ya harás un cuarto álbum.

—Cumplo cinco la otra semana —murmuró Sakura, quitando la cámara de las manos del pelirrojo.

—Cumples cuatro. Y, Haru... Sakura es fotogénico, ¿qué se le va a hacer? —Volvió a tomar la cámara, obteniendo un puchero de parte de Sakura.

—Lo dice el modelo de revista...

—Pero deberías aprovechar. En el futuro, no sabemos lo que puede suceder. Debemos capturar cada momento especial y... —Haru puso una mano sobre la cámara, haciendo que Rin la bajara un poco.

—Momento especial, Rin. Fiestas y esas cosa —el gesto del aludido se frunció. Sakura lo miró atentamente, intentando seguir el hilo de la conversación.

—Cada momento con ustedes es especial para mí. Si tú no quieres los álbumes, está bien. Pero yo sí los quiero.

El mayor observó a su esposo fijamente, algo enternecido con lo que había dicho. Sin embargo, conocía a Rin. Ese chico siempre se complicaba la vida de una u otra forma.

No era que Haru no quisiera las fotos. Él sí las quería. Pero Rin estaba tomando demasiadas. De seguro tomaba, en promedio, una foto al día durante el año. Y eso estaba mal (económicamente y ambientalmente), porque a Rin le gustaban los recuerdos de forma física, no digital.

—Tú tienes un álbum de fotos mías —recalcó el pelirrojo, intentando ganar la discusión. Sakura bostezó y prendió la TV.

—Sí, uno.

—No veo el problema en el que yo quiera álbumes de mi hijo.

—No es un problema, Rin. Pero... Está bien, escucha. No podemos imprimir todas las fotos, ¿vale? Solo las más importantes, como cuando le falte un diente.

—O cuando te bese.

—Rin...

—Haru, no puedes decir qué es o no importante. ¿Cuál es el problema?

—Rin...

—Solo son cuatro álbumes, Haru.

—Pero le falta mucho más por vivir. Y si te obsesionas con esto, estarás los momentos más importantes de su vida detrás de una cámara. Sakura necesita jugar, estar con nosotros. Y las fotos ocasionales están bien, pero...

Rin observó la cámara y desvió la mirada hacia su hijo, que veía una caricatura en la televisión. Suspiró y asintió.

—Pero imprimiré todas las que tome —sentenció, dejando el aparato en la mesita de café antes de acomodarse junto a Haru en el sofá. El pelinegro suspiró y le atrajo hacia sí.

—Las imprimiremos, sí —murmuró, sintiéndose, de cierta forma, derrotado. Rin sonrió y le besó la nariz.

—Gané.

—No ganaste —respondió. Lo tomó por las mejillas y le mordió los labios antes de besarlos con suavidad. Rin soltó una especie de gruñido. Entonces un flash iluminó su rostro.

— ¡Yo voy a hacer mi álbum sobre ustedes! —declaró Sakura.

Y quizá ese fue el comienzo de su extraña obsesión con la relación de sus padres.


El reto de este fic ya acabó, pero igual lo voy a continuar x3.