Capítulo 2: Lo que se evidencia tras tus palabras


Saint seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Segunda y última parte.


La sinceridad no era algo a lo que Radamanthys estuviera del todo acostumbrado. Pero con Kanon las cosas eran sin filtro, la criatura mágica no se guardaba nada para sí, y cuando algo le desagradaba simplemente lo soltaba como se le pasaba por la mente. Aquella noche el encuentro entre ambos había sido algo extraordinario en la vida del inglés, casi salido de un sueño, y es por eso que volvió a la mañana siguiente, cuando todo el sopor de la fiesta y de la noche desapareció de su sistema. Kanon, que se había escondido desde que Radamanthys era un pequeño, ya no veía necesidad de camuflarse de la presencia del adolescente, no cuando este ya conocía de su existencia, estaría negando su propio ser escondiéndose.

Los cabellos desordenados de Radamanthys se enredaron con las largas lianas de hojas que caían del sauce, sus ojos cansados apenas visualizaban el estanque, pero la presencia tras él logró sacarle un susto de muerte cuando una voz susurro de manera fuerte.

—Vaya, el señorito idiota ha vuelto, más cuerdo y sobrio.

Radamanthys se volteó de inmediato con los ojos bien abiertos, tratando de buscar las palabras adecuadas a la sorpresa que estaba embargándolo.

—Si eres real…

—Y volvemos a los mismo, ¿en serio tienes cerebro? Podemos ver dentro si alguna neurona está funcional.

El inglés ofendido quiso tirarle una roca que estaba a su lado, pero una de las largas ramas detuvo la mano de Radamanthys envolviéndose en su muñeca, mientras un torrente de agua lo tiraba de vuelta al lago, justo como la noche anterior.

—Tu simplemente no aprendes humano, podría hundirte hasta el fondo sin que te dieras cuenta, y todavía te faltaría cerebro para percatarte de que soy algo más una simple criatura que habita en este lago.

—No eres más un maldito abusivo —rezongó Radamanthys saliendo del agua, estrujando el líquido de su ropa al estar entre las raíces del sauce.

Kanon tomó una nueva forma mucho más corpórea y sólida que la del ser brillante y de agua, pero siempre moviéndose fundido con las aguas, y la curiosidad de Radamanthys le hacía preguntarse qué había más allá del límite de la superficie.

Y aquello fue su confirmación.

La relación entre ambos se forjó de tal forma que las palabras soeces de Radamanthys llegaron a sonarles habituales a Kanon, y aquel verano en el cual se conocieron sería algo que no olvidarían con facilidad.

Los padres de Radamanthys partieron dos semanas después de la presentación del rubio la sociedad aristocrática inglesa. Sin embargo, el único heredero de la familia Wyvern se quedó en la campiña disfrutando de la tranquilidad y el aire puro del campo, o al menos esa fue la excusa que había dado.

La curiosidad del inglés era grande, aunque no lo dijera a viva voz, la sed de conocer heredada de su abuela no se había esfumado como sus deseos infantiles. Y ese pequeño resquicio en su interior era lo que lo impulsaba a cuestionar a la criatura elemental cada vez que lo visitaba por las mañanas y las tardes. Y de a poco esa fue su rutina durante el mes que quedaba del verano. Su vida desde ese momento fue un poco más diferente. Con los misterios de un mundo de fantasía que poco y nada conocía y que no combinaba para nada con el mundo moderno, simplemente fascinante para todos sus sentidos.

Y el patrón llegó a repetirse hasta que cumplió sus veintiún años, las visitas a la campiña cada verano no se retrasaban por ningún motivo, y el ser élfico siempre estaba ahí en el lago, observándolo, luego de que le susurraba sus vivencias al sauce centenario, y aunque Kanon no lo dijera, conocía Radamanthys, mucho antes de que este siquiera notara su presencia, el pequeño niño triste durante aquella ocasión, durante la muerte de su abuela y que se fue a refugiar bajo la sombra de un viejo árbol para mermar su dolor le causó intriga, acercándose por detrás y afirmándose en la corteza al escuchar el llanto entrecortado de un niño chillón, que solo parecía berrear, pero los días siguientes le enseñarían que las primeras impresiones no siempre son las correctas, y que el arrogante niño, poco a poco se fue transformando en su distracción en su monótono día a día en el estanque.

El primer encuentro físico entre ambos se dio cuando la curiosidad de Radamanthys ganó a su sentido común; la piel acuosa y brillante de Kanon, lo llamaba como un foco a un mosquito. De forma silenciosa, mientras el elfo acuático tomaba sol espalda abajo, apenas cubierto con lo que parecía una túnica fabricada con hilos de plata sobre sus piernas. La mano ajena se coló hacia el abdomen de Kanon , rozando con suavidad cada trozo de esa área bien formada. La piel sedosa cautivó a Radamanthys, quien apenas notó los ojos abiertos de Kanon, mucho menos el firme agarre que este colocó sobre sus muñecas, sometiéndolo bajo su cuerpo. Radamanthys con solo quince años no tenía la suficiente masa muscular para quitarse el peso de Kanon sobre él. El cuerpo ajeno rozando su pelvis y su cintura fue un fuego en el interior de Radamanthys, y la larga melena cobalto enredada con sus ropas fue una extraña y erotica imagen. El ser acuático miró con descaro a Radamanthys, quien era presa de sus hormonas adolescentes.

—Eres un verdadero atrevido niño, acaso tanta es la curiosidad para querer acostarte conmigo.

Radamanthys prestó atención a las desvergonzadas palabras de Kanon, enredó sus piernas en la cintura ajena con atrevimiento y desafío. No dejándose avasallar por Kanon.

—Quizás…, pero es más la curiosidad que el deseo, no te creas tan especial bicho raro, eres atractivo, pero no tanto.

Kanon rio por la frase poco convincente del menor, y en un impulso acercó su rostro al del menor, y pasó su lengua por los labios del inglés, Radamanthys dio un respingo por la sorpresa, sus mejillas se ruborizaron y esa fue la señal para el ser acuático tomara de forma lasciva los labios ajenos, envolviendo de deseo a Radamanthys, mientras su estómago cosquilleaba con una corriente eléctrica que no le encontraba mucho sentido. Sin embargo, ese beso le pesaría por mucho tiempo al inglés.

Kanon tenía la incertidumbre del muchacho en el que se había convertido Radamanthys, el inglés siempre estaba predispuesto a encontrar nuevos detalles acerca del ser elemental, y esa sed...solía causarle una extraña sensación de querer conocerlo un poco más, y esa era la razón por la que seguía viniendo a su llamado, y sentía que su soledad se llenaba un poco con esos ojos ámbar tan brillantes. Radamanthys era un humano, y a pesar de eso a Kanon le fascinaba, con todas sus manías, con sus modales algo bruscos y su ímpetu rebelde. Y al ir creciendo el deseo que en un inicio fue una simple curiosidad y quizás un intento por provocar al menor se convirtió en un algo más, en una posibilidad de atracción que Kanon no quería explorar, pues entregar sus deseos y corazón a un humano era una jugada muy peligrosa, una donde los seres como él solían salir perdiendo. Su naturaleza mágica lo condicionaba en el mundo de los cuestionamientos donde la humanidad vivía en esos momentos, y a salir de su hogar su propia esencia se iría perdiendo, y finalmente desaparecería en el aire como destellos, a menos que sus sentimientos fueran recíproco y su corazón pudiera unirse a la naturaleza humana del ser en el que estaba interesándose, unir frecuencias de latidos, para adaptarse a un mundo que no era suyo, una apuesta que podría costarle la vida. Y aun así algo dentro de él le pedía simplemente hablar, hablar y hablar. Radamanthys ya no era ese niño quejumbroso, sino era un hombre en todo aspecto, más alto que él, con un semblante serio que su ser buscaba poder deshacerse con sus malas bromas y sus burlas a su persona.

El sauce y el lago eran su hogar, el sauce guardaba las fuerzas de la tierra y los secretos que susurraban bajo su madera, y el lo alimentaba de la vitalidad del agua, como pago por el refugio que le brindaba. Eran seres que se ayudaban el uno al otro, y ese mismo sauce le había traído a Radamanthys, ya fuera para un mal mayor, o un amor que quizás pudiera matarlo, pero lo había hecho, y no se arrepentía de ese movimiento del destino.

Para el año que Radamanthys cumplía veintiún años, el invierno se tardó mucho más en desaparecer, trayendo consigo una primavera tardía, y un verano algo más frío y húmedo. Kanon como cada año , el primer día de la época estival, esperaba a Radamanthys sobre las raíces del sauce escondiéndose de cualquier otro humano. Sin embargo, no apareció, y tampoco lo hizo durante las primeras dos semanas, hecho que incomodó y preocupó a Kanon, quien esperaba con ansiedad su presencia. Kanon solo conocía de Radamanthys los hechos que este le contaba con tanta confianza, a pesar del trato algo hosco que ostentaban, pero… su vida cotidiana, para el ser de agua era todo un misterio, uno que lo tenía en el limbo de si salir de su hogar y averiguar porque este no había aparecido como todos los años anteriores. Y cuando la luna estuvo lo suficientemente cerca del estanque y sus poderes más fuertes que en otros días del mes, Kanon colocó un pie fuera del lago y el sauce que lo había albergado por siglos. Sus pies algo torpes al inicio tocaron la hierba desnuda y la textura musgosa le hizo sonreír al sentir la textura suave entre sus dedos desnudos. Su cuerpo brilloso tomó la calidez y color humano mostrándose un torso bien formado, y piernas musculosas y gruesas. Sin embargo, el caminar para Kanon, era como levantarse por primera vez… dio dos paso y cayó, trató de levantarse, pero fue una tarea inútil. Suspiró de frustración, hasta que sintió una mano posándose sobre su hombro, alertándolo, y temiendo por saberse vulnerable fuera del lago, una rafaga de agua azotó a quien le tocó el hombro y lo estampó contra el tronco del árbol.

—¡Mierda! ¡¿Qué mierda te pasa, Kanon?! Vengo a verte y me quieres matar —mencionó el inglés con voz rasposa.

Aquella, grave y conocida tonalidad de voz hizo que el ser acuático levantara la mirada y observara con desconcierto al visitante. Hasta que el enojo lo invadió, sustituyendo cualquier preocupación que pudiera haber tenido.

—¡Eres un imbécil! —vociferó Kanon, mientras a duras penas se levantaba en sus piernas, mostrando todo su cuerpo desnudo a Radamanthys. El dolor en la espalda del inglés punzaba con fuerza, pero el ver a Kanon en cuerpo completo, y desnudo, hizo que las neuronas en su cerebro no pudieran conectar efectivamente sus sentidos y raciocinio. Se paró y ayudó al elfo a levantarse, aunque esté en un primer instante azotara su mano, negando su ayuda. Y justo como en su primer encuentro, Radamanthys sometió a Kanon bajo su peso, esta vez con mucha más fuerza y músculos que la criatura. El beso con el que Radamanthys arremetió fue una verdadera ola de destrucción para Kanon, quien se dejó llevar por sus instintos primarios, sin considerar los peligros de su actual condición más "humana". Las piernas del inglés se enredaron en el cuerpo ajeno, mientras sus manos recorrían con lascivia los muslos internos de Kanon. El elfo se arqueaba ante los toques, que hacían que su estómago diera un vuelco, por el deseo que comenzaba a quemarlo, y es que no se estaba cuestionando el porqué Radamanthys estaba ahí, cuando no había llegado en las últimas dos semanas, y ahora estaba allí, besandose y tocandose como si la necesidad de sentirse fuera su único sustento vital, y hasta cierto punto lo era. Pues para ambos, el tiempo de espera entre cada año se estaba volviendo una tortura. Radamanthys se desvistió del traje elegante de fiesta que andaba trayendo, Kanon, con su poder envió lejos las prendas y se aferró al cuerpo ajeno, buscando fundir sus pieles, en un calor poco común para él, acostumbrado al sentir la fluidez y las bajas temperaturas del agua. Los besos que el inglés repartía por el cuerpo ajeno, hacía que el placer inundara las fibras nerviosas del cuerpo de la criatura élfica, haciéndola suspirar y gemir. Radamanthys estaba dispuesto a llegar a mucho más con Kanon, y no dejaría escapar la oportunidad cuando se le había presentado como tal regalo. Extrañaba al ser mágico, y se había retrasado por inconvenientes que lo tenía hastiado y molesto, pero ahora… solo sentía una enorme calidez y deseo por poseer de forma completa a ese ser de mágicas leyendas que siempre lo intrigó. Sus manos perversas se colaron hasta la entrepierna de Kanon, haciéndolo estremecer, mientra su propio miembro comenzaba a excitarse, aquello ya no era un juego, sino una entrega entre ambos, donde deseos escondidos y sentimientos pocos expresados se mostraban a través del sexo y el placer. Un rio de besos surgió entre ambos, tocándose y descubriéndose hasta que Radamanthys cedió a sus impulsos animales, y cogió las piernas ajenas casi sin mucho cuidado dejándose llevar por el placer, Kanon se sintió a merced del menor, y la curiosidad por la forma de apareamiento humano y el seguir sintiendo el delicioso cosquilleo eran más fuertes. De forma inconsciente se aferró al cuerpo ajeno, eso Radamanthys lo vio como una aprobación para perderse al interior de Kanon, quien dió un fuerte grito al sentirse invadido con tal brusquedad. Kanon arremetió contra la espalda ajena, vengándose con pequeñas agujas de aguas que arañaban y hacían sangrar la espalda del inglés. Radamanthys dió un grueso quejido de dolor, pero devolvió el golpe dando fuertes y rítmicas estocadas. El baile furioso entre ambos hombres se convirtió en una lucha de poder y de convencimiento mutuo.

La satisfacción mutua se vio nublada con gemido de ambos al clímax, uno después del otro. Radamanthys al interior de Kanon, y este último sobre la tierra húmeda que nunca había tocado.

Esa noche fueron el uno del otro, la luna y el sauce como únicos testigos.


Radamanthys estuvo tentado a abandonar el lugar mientras Kanon permanecía dormido y el sol apenas comenzaba a aparecer, pero que clase de ser seria si abandonaba a Kanon después de la fogosa noche que pasaron y el no haber aparecido las semanas anteriores como era su costumbre, aunque no era un trato hablado, eran una tradición entre ambos. Radamanthys al sentir el sol entre sus pestañas parpadeó evitando el destello, Kanon despertó de inmediato y a tientas buscó a Radamanthys, dio un suspiro de alivio al saberse todavía acompañado. La noche juntos conllevaba muchos riesgos para su persona y que el inglés no se marchara significaba mucho para él.

Radamanthys acarició el cabello sedoso de Kanon, mientras sus ojos demostraba una tristeza que Kanon no comprendía, compartieron el lecho. ¿Acaso se arrepentida?

—Kanon —murmuró—, voy a casarme.

El aludido parpadeo confundido ante la declaración, y un flash de la primera vez que se vieron cara a cara vino a su mente. Radamanthys había estado escapando de la fiesta tortuosa y un matrimonio que no deseaba. Conocía de sobra las costumbres humanas para saber que eso implicaba que Radamanthys se unirá de por vida quizás con una mortal que él no conocía. Una parte de la vida del inglés que siempre estuvo oculta para su persona.

—¿Por qué mierda viniste entonces?

—No era mi intención retozar contigo Kanon —dijo Radamanthys—, simplemente pasó por un deseo que no pude controlar, y por unos sentimientos de cariño que siempre han estado aquí —mencionó indicando a su corazón.

—Entonces… no te cases, quédate conmigo.

Radamanthys negó.

—Nunca fue posible nada, lo sabes, nuestros mundos se cruzan, pero no están hechos para unirse. Además mis padres ya prepararon la fecha de la boda.

Kanon estaba furioso, no habían confesado de forma cursi lo que sentían, pero se entregaron el uno al otro con pasión y totalidad, y aún así…

—Sigues siendo el movido cobarde que conocí, tu abuela es mucho más valiente que tú.

Radamanthys quiso alcanzar a Kanon, pero este se desvaneció en el lago con el fulgor del sol volviéndose una neblina espesa. Radamanthys desde entonces no volvió al lago en ese verano.


Los días se volvieron desesperados para Radamanthys, su compromiso con Pandora Heinstein desde que tenía quince años estaba a portas de concretarse. Y eso le escocía en el estómago por la culpa y las ganas de volver a ver a Kanon.

Su habitación en la mansión Wyvern era un completo desastre, estaba a una semana de casarse y todo lo que quería escapar.

Un golpe en la puerta de su habitación, hizo que se levantara con enojo. Un gruñido fue la llamada que la persona de afuera tomó como la señal para entrar. Radamanthys miró a la mujer que estaba de pie frente a la puerta, con su elegante vestido negro, su larga cabellera sedosa del mismo color y la pálida piel, Pandora, su prometida.

—Radamanthys —acotó la mujer. El inglés negó, no se llevaba mal con la mujer, pero o deseaba estar con ella.

—No quiero hablar contigo, Pandora —dijo de forma brusca.

—Tan educado como siempre cariño —pronunció la mujer con sarcasmo.

Radamanthys gruñó como el animal que era en esos momentos.

—No nos vamos a casar Radamanthys.

El aludido miró a la mujer escéptico. Pandrosy río con una risa suave.

—¿Crees que no lo he notado? Tienes a alguien más en tu corazón. Y yo… quiero a otra persona también, mis padres querrán matarme cuando sepan que me escape el día de la boda, pero no quiero hacerte daño, por eso quise decírtelo. Me iré con Ikki y no pienso volver.

—¿El chico de la motocicleta que conociste en Japón?

Pandora asintió ruborizada. El inglés no podía creer en lo que había mutado un compromiso de seis años, pero lejos de sentirse ofendido, sentía que un peso se esfumaba de su corazón.

Pandora salió de su habitación, dándole una última sonrisa y una salida a su desconsuelo.


El inicio del otoño fue cuando pudo ir a buscar a Kanon, sin embargo el elfo no contestó a ninguna de sus llamados mientras visitaba el lago. Al décimo día ya no pudo con su agobio y como los días cuando era pequeño, lloró frente al sauce, afirmando su rostro en la corteza, mientras las lágrimas cubrían la madera y caían al lago. Por debajo del agua Kanon observaba toda la interacción sin saber si intervenir o no, había cerrado su corazón el día que Radamanthys se marchó, todo para evitar hacerse aire por un amor no correspondido, pero eso implicaría mantener su corazón escondido y vivir una existencia de soledad. Las ramas del sauce envolvieron la cintura de Kanon bajo el agua, obligando al elfo a tomar una figura corpórea. Levantó el elfo y lo llevó hasta donde estaba Radamanthys, quien se vio sorprendido por el chapoteo en el agua.

—Kanon —murmuró Radamanthys.

—Idiota —saludó el elfo sin muchas ganas.

Como si el mismo sauce distinguiera la vacilación, empujó a Radamanthys con sus ramas al agua, directo hacia Kanon. El ser acuático sostuvo a Radamanthys para que este no se ahogara. Kanon sabía que el sauce tenía su propia consciencia, pero jamás había intervenido en su día a día, pero ahora…

El inglés no detuvo a pensar en razones, besó a Kanon estando en el agua, y se dejó envolver por los brazos acuosos de Kanon. El elfo estaba enfadado, pero extrañaba el calor del humano que se había enamorado.

Kanon acercó a Radamanthys a las raíces del sauce luego del beso, y lo vio con desconfianza.

—¿Qué haces aquí, Radamanthys?

—¿En serio me estás preguntando eso? Diez días estuve llamándote y no aparecías. Yo… Kanon no voy a casarme, te amo y no pude, quiero estar contigo.

—Me dijiste que nuestros mundos no eran compatibles. ¿Acaso no lo recuerdas?

—Fui un imbécil, ¿eso querías escuchar?, no me iré, quiero estar contigo hasta el últimos de mis días.

Kanon negó, no estaba del todo seguro, observó los ojos ambares de Radamanthys, y ahí lo supo, no podría esconder su corazón, ese maldito humano había robado su vida y su amor y ahora era su esclavo.

Kanon se acercó a Radamanthys, y lo besó con ansias y premura. El cuerpo de Kanon empezó a brillar con fuerza materializandose justo como la noche que compartieron sus cuerpos. Radamanthys sintió su corazón acelerarse y unirse a la misma frecuencia de los latidos del corazón de Kanon. Envolvió sus brazos en el cuerpo del elfo, devolviendo el contacto y aceptando gustoso aquella extraña unión de la que estaba formando parte.

—Ya no podrás deshacerte de mí, estás unido a mi corazón y yo al tuyo, viviré tanto como tú vivas, y podré compartir la tierra que tú tocas cada día, ahora mi vida te pertenece inglés estirado.

Radamanthys se sorprendió por la declaración, pero… el sentimiento de amor y calidez habló por él. Beso y acarició a Kanon como si se tratara de su mayor tesoro.

—No te dejaré jamás, eres lo más valioso para mí, y te amo, mi corazón es tuyo, no lo olvides.

Radamanthys apoyó su frente sobre la ajena. Pasó su mano por el cuerpo desnudo de Kanon y lo alzó hasta tenerlo por completo junto a él. Ya no había forma de que separaran, sus corazones latian al mismo ritmo, en una vida compartida, su amor siendo cuidado por los susurros que cada día compartirían bajo la protección del sauce que los había unido.

~FIN~