Yuuri tenía 12 años la primera vez que vio a Viktor Nikiforov patinar y desde momento quedó cautivado.

Aún recordaba con claridad la tarde de invierno en que lo vio presentar su programa libre en la final Junior del Gran Prix. Recordaba a todo detalle la bella imagen que había presenciado a través de una pequeña televisión que Yuuko solía tener en el Ice Castle.

Viktor tenía 17 años y se deslizaba sobre el hielo como una hermosa visión, usando un entallado atuendo negro y dejando que su largo y plateado cabello bailara tras él haciendo que todo pareciera aun más irreal. Yuuri no podía creer lo fuerte que su joven corazón había bombeado al ver al patinador ruso y lo mucho que se había obsesionado con él tras verlo llevarse su última medalla de oro como Junior.

Su obsesión y admiración por el ruso habían crecido día con día después de esa tarde. Cada día se esmeraba entrenando arduamente sobre el hielo, luchaba por convertirse en el mejor patinador de Japón y así llegar al nivel de Viktor. Yuuri sabía que no podía aspirar a derrotar a su ídolo, pero al menos podía luchar por compartir el podio con él y hacer que Viktor lo notara.

Esa había sido su meta por mucho tiempo.

Conocer a Viktor Nikiforov en el podio después de una actuación espectacular en el final del Grand Prix y cautivarlo justo como el ruso lo había cautivado a él tantos años atrás.

Lamentablemente, la realidad había sido totalmente diferente.

─ ¡¿YUURI?! ¡¿ESTAS BIEN?! ─Phichit se encontraba preocupado del otro lado de la puerta, tocando con tanta intensidad y fuerza que parecía querer derrumbarla.

─ ¡YUURI, ABRE LA PUERTA! ─ ante los gritos del tailandés el japonés entro en pánico. Viktor por otro lado, lo miraba curioso aun desnudo y mojado en medio de la sala con ninguna intención de arroparse.

Yuuri a punto de tener un ataque, comenzó a correr de un lado a otro, buscando algo con que cubrir la desnudez del ruso, en medio de su desesperación y los gritos de Phichit, le lanzó un pequeño trapo de cocina que encontró por ahí, Viktor lo atrapó y pareció inspeccionarlo confundido.

Yuuri corrió a abrir la puerta y en cuanto giró el pestillo esta se abrió estrepitosamente.

Phichit entró corriendo con una expresión de pánico reflejada en sus facciones. El tailandés iba en un pijama beige con bolitas verdes, totalmente despeinado y agitaba amenazadoramente un gran peluche de hámster que llevaba en la mano.

─ ¿QUÉ ESTÁ PASANDO? ─ preguntó asustado mientras inspeccionaba la salita buscando rufianes, Yuuri notó que el ruso había desaparecido y que la puerta de su habitación estaba cerrada.

─ Nada es solo que…─ comenzó Yuuri, ¿Cómo comenzaría a explicar que acababa de ver a Viktor Nikiforov totalmente desnudo y que este le había asegurado que sería su compañero de cuarto a partir de ahora?

─ No me di cuenta de que mi nuevo compañero llegó, lo encontré aquí y me asusté, no te preocupes ─ explicó con una sonrisa apenada, no sabía que tan buena idea era decirle a Phichit quien era su nuevo roommate.

─ ¡Ah! ─ el tailandés se relajó y soltó un suspiro aliviado, ─ Pensé que había entrado un ladrón y qué te estaba torturando o algo así, tenía que venir a salvarte ─ dijo tomando una pose victoriosa que hizo que Yuuri soltara una nerviosa carcajada.

─ ¿Y con un hámster de peluche me ibas a salvar? ─ preguntó Yuuri burlón, alzando una ceja y señalando el muñeco que Phichit llevaba bajo el brazo.

─ ¡Era lo único que tenía al alcance! ─ se quejó Phichit abrazando fuertemente al hámster de felpa, ─ ¡Tu gritaste y yo vine a salvarte, deberías de agradecerme! ─ dijo haciendo un puchero mirando acusadoramente a su mejor amigo.

Yuuri rio un poco más y le murmuró un "gracias" a Phichit mientras le palmeaba amistosamente la espalda.

─ Entonces ya llegó tu compañero, ¿Cómo es? ¿Es alguien famoso? ¿Lo conocemos? ─ cómo era de esperarse Phichit comenzó a bombardearlo de preguntas y ahí fue donde Yuuri se dio cuenta del porque no era él quien ocupaba el pequeño departamento de enfrente.

Si Phichit se enteraba que Viktor Nikiforov estaba ahí no tardaría ni medio segundo en publicarlo en todas y cada una de las redes sociales existentes. Seguramente si él se hubiera quedado con Viktor haría un streaming diario documentando la vida de Viktor en Detroit. Las palabras del consejero tomaron un nuevo significado.

Antes de que Yuuri pensara que decirle a Phichit la puerta de la habitación de Viktor se abrió llamando la atención de ambos. El ruso emergió con la vista fija en su celular y completamente vestido, enfundado en unos viejos pantalones deportivos negros a juego con una sencilla camiseta gris, el cabello aun húmedo y unas adorables pantuflas de caniche. Yuuri no pudo evitar que su corazón se acelerara ante la imagen, aún no podía creer que Viktor realmente estaba ahí.

Phichit por su parte, soltó un jadeo al verlo, acto seguido sostuvo fuertemente uno de los brazos de Yuuri causándole un poco de dolor al japonés.

─ E-es Vi-viktor ¡NIKIFOROV! ─ gritó el tailandés, acto seguido comenzar a buscar frenéticamente su celular entre su pijama de bolitas.

─ Hola ─ Saludo Viktor con una cegadora sonrisa y agitando una mano de un lado a otro.

─ ¡¿DÓNDE ESTÁ MI CELULAR?! ─ gritó Phichit de nuevo buscando el aparato desesperado. Yuuri lo tomó por los hombros tratando de llamar su atención.

─ Shhh Phichit, seguramente no lo traes, tranquilo… ─ el tailandés lo observó tan sorprendido que Yuuri pensó que le había crecido un cuerno por la forma en que lo miraba.

─ ¡YUURI! PERO SI ES VIKTOR NIKIFOROV, PATINADOR ARTÍSTICO, CAMPEÓN DEL MUNDO, EL TIPO DEL QUE ESTAS…─ antes de que Phichit pudiera terminar lo que decía Yuuri cubrió sus labios rápidamente, Viktor aún de pie frente a su habitación los miraba divertido tratando de comprender que era lo que estaba pasando.

─ Nadie puede saber que está aquí ─ dijo Yuuri, quitando la mano de sobre los labios de Phichit rápidamente, pues el tailandés molesto por ser silenciado comenzó a lamer la mano de su amigo.

─ ¿Pero por qué? ─ ante la pregunta ambos se giraron a ver a Viktor quién en algún momento había caminado hacía la cocina y revisaba el refrigerador buscando algo para comer. Al sentir la mirada de ambos jóvenes sobre él dejo lo que estaba haciendo y los miró confundido.

─ ¿Qué pasa ahora? ─ preguntó cerrando el refrigerador y sentándose en la pequeña mesita de la sala - comedor, un poco frustrado al no encontrar nada apetecible.

─ ¿Por qué nadie puede saber que estas aquí? ─ Le preguntó Phichit sin rodeos, deshaciéndose del agarre de Yuuri y sentándose frente a él listo para interrogarlo. El japonés por su parte sin perderse ni un detalle del intercambio, caminó hacia la cocina dispuesto a calentar la comida que había hecho en la tarde.

─ Realmente a mí no me importa que sepan que estoy aquí ─ dijo Viktor encogiéndose de hombros ─ Simplemente mi entrenador quiere discreción ─

─ ¿Qué haces aquí? ─ preguntó de nuevo Phichit, al tiempo que Yuuri ponía un plato de pollo asado y verduras y un vaso de agua frente a Viktor. El ruso le agradeció al tiempo que le dedicaba una gran sonrisa al japonés y Yuuri sintió como su cara se ponía completamente roja. Evitando mirar al ruso directamente, Yuuri se sentó al lado de su amigo tailandés esperando que Viktor respondiera a la pregunta.

─ Quería experimentar la vida universitaria ─ dijo despreocupado llevándose un gran bocado de pollo a la boca, al hacerlo abrió los ojos imposiblemente y Yuuri se tensó. Seguramente la comida sabía horrible, o tal vez Viktor era alérgico a algo de lo que le había servido. Yuuri sintió como el pánico comenzaba a invadirlo, sin embargo, el ruso tragó el bocado luciendo que sumamente feliz.

─ вкусно! ─ soltó alegre llevándose más pollo a la boca. Yuuri dejo salir el aire que tenía contenido y se relajó al ver lo mucho que Viktor parecía disfrutar la comida

Yuuri y Phichit lo observaron comer sin decir palabra, el tailandés con el ceño fruncido por no obtener respuesta a su pregunta y Yuuri con un gran sonrojo todavía no pudiendo creer que su ídolo estaba sentado frente a él devorando felizmente lo que él había preparado.

Cuando Viktor dejó el plato limpio, agradeció de nuevo a Yuuri y bostezó estirándose perezosamente, luciendo sumamente satisfecho.

─ Creo que iré a dormir ─ anunció levantándose de la mesita ─ Muchas gracias otra vez por la comida Yuuri estuvo deliciosa, gusto en conocerte Phichit ─ sin decir más Viktor entró a su habitación dejando al par de amigo congelados en la mesa del comedor.

─ ¿Estamos teniendo una alucinación colectiva? ─ preguntó Phichit mirando seriamente a su amigo.

─ Creo que si ─ respondió Yuuri soltando un suspiro y levantándose de su asiento dispuesto a llevar los platos sucios al fregadero.

─ No, en serio. Ese no puede ser Viktor Nikiforov, ¿Por qué estaría aquí? ─ cuestionó el tailandés luciendo alterado, Yuuri por su parte, negó con la cabeza no sabiendo como responder a esa pregunta.

A decir verdad, el japonés tampoco encontraba mucho sentido al hecho de que Viktor Nikiforov de 22 años hubiera dejado su seguramente lujosísima vida en San Petersburgo para mudarse al otro lado del mundo a un departamento miniatura en Detroit solo para "experimentar la vida universitaria".

─ Yo tampoco entiendo muy bien que está pasando, aunque creo que es mejor ir a dormir y que lidiemos con esto mañana en la mañana ─ sentencio Yuuri sintiendo como sus parpados comenzaba a pesarle después un día tan cargado de emociones. Al escucharlo Phichit se levantó como un rayo de su asiento y caminó hacía él rápidamente.

─ ¡No necesito dormir, necesito respuestas! ─ dijo dramáticamente el tailandés tomando a su amigo de los hombros, ─ Hablaré ahora mismo con Ciao Ciao para ver si él sabe algo al respecto ─

─ Phichit son las dos de la mañana, te colgara de los tobillos si lo despiertas, además el decano dijo que nadie debe saber que Viktor está aquí ─ Phichit estaba más que alterado. Yuuri sabía que tal vez el también tenía que sentirse así, pero ante lo ridículo de la situación comenzaba a pensar que tal vez todo era un muy confuso sueño.

─ Pero Yuuri, ¡Ciao Ciao seguro sabe que él está aquí! ¿Si no es en su pista, en donde crees que entrenará? A menos que… ¿Crees que se haya retirado? ─ Yuuri sintió como su estómago se hundía al imaginar el retiro de Viktor.

─ N-no… creo ─ murmuró no sabiendo como argumentar su respuesta, el ruso simplemente no podía retirarse así, no cuando Yuuri todavía no había patinado en el mismo hielo que él, no cuando Yuuri apenas había podido colarse en las clasificatorias para el Grand Prix Final. No cuando Yuuri aún no lograba nada.

─ ¡Yuuri! ¿Me estás escuchando? ─ la pregunta de Phichit lo sacó de sus deprimentes pensamientos, el tailandés lo miraba preocupado y Yuuri repentinamente se sintió muy cansado.

─ Realmente no se que pensar de todo esto, ni tampoco sé qué hace aquí. Hablemos de esto por la mañana ¿sí? ─ rogó el japonés muriendo por ir a su cama y enterrarse bajo las cobijas, en ese momento nada tenía sentido para él y estaba seguro de que su confusión se debía principalmente al cansancio que lo embargaba.

─ Está bien, pero no creas que lo dejare pasar. Averiguare que es lo que hace Viktor Nikiforov aquí así sea lo último que haga ─ sentenció Phichit, tomando su peluche de hámster y dejando que su amigo lo empujara hacía la puerta de entrada.

─ Solo no te metas en problemas por favor ─ dijo finalmente Yuuri listo para despedirse de Phichit e ir a descasar. Sin embargo, antes de cruzar el umbral, el tailandés puso algo de resistencia confundiendo un poco al japonés.

─ Oye Yuuri… ¿Podemos dormir aquí? ─ preguntó con cara de perrito pateado abrazando tiernamente su gran hámster de felpa.

Yuuri resopló ante lo que veía, sabía perfectamente las intenciones de su amigo. Ahora que Phichit sabía que Viktor Nikiforov estaba ahí, seguramente se la pasaría metido en el departamento todo el día buscando alguna "exclusiva" para publicar en sus redes sociales. Sin mucho tacto y sin caer en la falsa expresión de ternura, Yuuri lo empujó hacia el pasillo.

─ ¡NO! ─ sentenció dando un portazo a la puerta y dejando a un muy indignado tailandés en el pasillo. Era seguro que, al día siguiente los vecinos exigirían sacarlo del edificio debido al escándalo de aquella noche.