Perspectiva de Lidia
Nos dirigimos al Ministerio de Magia a través de unas criaturas que no podíamos ver, aunque Luna y Harry decían que ellos sí las veían, los nargels. Volamos a través de la ciudad de Londres, era hermoso el paisaje de la movida ciudad, nunca había ido. Estaba nerviosa porque yo no estaba acostumbrada a pelear contra mortífagos ni había tenido ninguna experiencia como Ron y Hermione en sus aventuras a través de los años, solo esperaba ayudar lo más que podía y no equivocarme pero tenía un mal presentimiento sobre esto y recuerdo lo que sucedió la última vez que tuve uno de esos.
Llegamos al Ministerio de Magia, caminamos lo más cauteloso que pudimos para no hacer ningún tipo de ruido, mi corazón estaba acelerado y apenas podía sostener mi varita. Harry nos guiaba según las visiones que había tenido, confiamos en él. Entramos a un salón que estaba abarrotado en estantes con millones y millones de bolitas de cristal de diferentes tamaños y con etiquetas. ¡Esto nos tomaría milenios! Me dije a mi misma.
Continuamos caminando, buscando una que bola de cristal en específico hasta que Harry la encontró. Tenía su nombre impreso en ella.
"¡Esa tiene tu nombre, Harry!"- dijo Luna apuntando la pequeña bola de cristal.
"¿Es la que contiene la profecía?"- pregunte con curiosidad acercándome a la rubia.
"Sí, es esta"- confirmo Harry mientras la sostenía con su mano examinándola.
"Potter, gracias por hacerme el trabajo más fácil"- dijo una voz masculina que arrastraba las palabras, se me hizo familiar.
Todos saltamos del susto y miramos a ver quién era… Lucious Malfoy. ¡No podía creerlo! El padre de Draco estaba ahí, todavía era un mortifago. Lucious miro hacia mí haciendo contacto con mis ojos y se sorprendió al verme, me miro con desaprobación.
"Veo que escogiste el bando equivocado, Lidia"- dijo dirigiéndose a mi-"Supongo que mi hijo inepto no supo realizar bien su trabajo"
"¡Ella está en el bando correcto!"- le desafió Hermione
"Ah, señorita Granger ¿cómo están sus padres?"- le pregunto sarcásticamente el padre de Draco, la mirada de Hermione cambio a una de preocupación.
Intentamos escapar desarmando a Lucious y comenzamos a correr lo más rápido que podíamos para buscar la salida. De repente, comenzaron a aparecer figuras encapuchadas a nuestro alrededor, era imposible salir de ahí. No podíamos verles los rostros por las máscaras pero sabíamos que eran los mortifagos.
"¡Expelliarmus!"- exclame salvando a Neville de uno de los mortifagos que había intentado atacarlo.
Lanzábamos miles de maleficios que habíamos aprendido durante nuestras sesiones en la Sala de Menesteres. Harry era el mejor profesor que hayamos tenido.
Caímos en un salón diferente, era extraño. Ni Harry lo conocía, no había nada alrededor más que un arco vacío.
"¿Los escuchas?"- dijo Luna mirando al arco con un rostro soñador.
"Sí, los escucho"- contesto Harry
"¿Qué escuchan?"- pregunto Ron confundido
"A los muertos"- le respondió Luna esbozando una sonrisa, Ron se estremeció.
"No sé por qué pregunte"- dijo Ron con miedo.
Justo en ese momento aparecieron todos los mortifagos, sentí unos brazos aprisionando mi cuerpo evitando moverme. Intente zafarme pero era imposible. Lucious y Bellatrix eran los únicos sin máscaras.
"Vamos, Potter"-dijo Lucious extendiendo una mano a Harry-"Dame la profecía y prometo que no le haremos daño a tus amigos"
Harry dudo.
"¡No!"- Grito Hermione-"¡No se la des!"
"Ella será la primera si no me lo das"- amenazo Lucious con su mirada fría, era igual que Draco.
De repente comenzaron a aparecer más figuras pero eran conocidas. ¡Era la Orden de Fénix! Harry me había hablado de ellos, sentí un gran alivio al verlos. Vi por primera vez al padrino de Harry. Comenzó la batalla. Harry y Sirius peleaban contra Lucious, Hermione y yo contra Bellatrix, Neville y Ron contra otro mortifago, Tonks peleaba contra otro y Lupin también tenía otros. Me sentía nerviosa, nunca había peleado.
En una esquina vi a un mortifago parado como piedra, no se movía pero miraba fijamente hacia mí. Me causo intriga, no se por qué no nos atacaba ni se movía, no ayudo a ningún mortifago ni nada.
De repente una luz verde atravesó el salón, todos nos detuvimos y volvimos a ver qué había pasado. El cuerpo inerte de Sirius yacía frente a Harry, oí la carcajada malévola de Bellatrix quién se escondía, ella lo había matado. Lupin intento detener a Harry quién se abalanzo contra Bellatrix pero fue imposible, Harry era escurridizo y fue tras ella. Podíamos escuchar su horrible voz gritar "Yo mate a Sirius Black". Se me formo un nudo en la garganta.
Teníamos controlados a los otros mortífagos cuando escuche una voz de uno de ellos.
"¡Retirémonos!"- grito uno que desapareció. Otros lo siguieron pero el que me miraba petrificado sin pelear no lo hacía.
"¡Vamos! ¡Bartolomeu!"- exclamo uno de los mortifagos sacudiendo al que me seguía mirando.
¿Bartolomeu?
"Mi padre"- susurre con dolor, Hermione me escucho y me tomo de la mano mirándome preocupada.
Todos escaparon incluyendo al que pienso que es mi padre, excepto Lucious. Sentí un nudo en la garganta, una punzada en el estómago. ¿Mi padre uno de ellos? De repente comencé a caer en cuenta, la actuación sospechosa de mis padres, los comentarios de elegir el bando correcto, todo tenía sentido.
"¡El ministerio llego!"- exclamo Neville. Corrimos a la parte principal del local y vimos a Voldemort desaparecer, muchos fotógrafos de El Profeta, todos exclamando "Regreso". Dumbledore estaba a un lado de Harry consolándolo.
Regresamos al colegio, abatidos, moreteados, llenos de cortadas y exhaustos. La señora Pompfrey nos curo a todos con sus pociones y hechizos. Al día siguiente en el comedor todos los estudiantes leían El Profeta, comentaban entre ellos, algunos nos miraban con curiosidad y recelo, los de Slytherin con desaprobación y burla.
"¿Estás bien?"- era Seamus dirigiéndose a mi preocupado- "¡Me tenías preocupado! ¡No sabía que hacer!"- dijo acercándose a mi y abrazándome.
"Estoy bien"- le respondí esbozando una sonrisa nerviosa.
"Harry, quiero disculparme contigo… es solo que no me gusta contradecir a mi madre y quiero que sepas que estoy dispuesto a ayudarte en todo. Quiero ser parte del Ejército de Dumbledore"- dijo Seamus dirigiéndose a Harry.
"Gracias, no te preocupes Seamus yo te entiendo"- respondió Harry esbozando una sonrisa- "Todos los que quieran ser parte son bienvenidos"-Seamus le sonrió.
Nos sentamos a comer, Seamus a mi lado por supuesto. En una de las páginas de El Profeta que sostenía Luna, aparecía la detención de Lucious Malfoy. Mire a la mesa de Slytherin y vi a Draco abatido, me miro con dolor y le esbocé una sonrisa de esperanza y él me la contesto.
