Perspectiva de Draco

Al día siguiente desperté con los rayos del sol, mire a mi lado y vi los cabellos largos de Lidia junto a mi. Me acerque a su cuello y lo bese, sentí su aroma a vainilla que siempre tenía, ese perfume que me mata y que le sienta tan bien. La abrace para sentir su piel desnuda con la mía, no quería que esto acabara.

"¡Draco!"- se abrió la puerta de golpe, era mi madre. Nos miro en la cama y me miro con cara de dolor- "Levántate… nos tenemos que ir"-dijo cerrando la puerta.

¿Hay algo más vergonzoso que tu madre te pille en la cama con una chica? Lo dudo. Por suerte Lidia dormía profundamente, sonreí al recordar lo sucedido anoche y es obvio que este cansada. Me levante, me puse la ropa lo más rápido que pude y le bese los labios pero ella seguía sin despertar, sonreí para mi mismo. Se veía tan inocente.

Salí del cuarto y vi a mi madre esperándome en la que se suponía era mi habitación pero que no ocupe. Entre a la recamara detrás de ella que se veía que estaba enojada, cerré la puerta detrás de mí y giré para encontrarme con el rostro muy molesto de mi madre.

"¿Podrías ser más irresponsable?"- me reclamo en voz baja- "¿Y si Bartolomeu te ve? Nos dejo quedarnos aquí y tú te aprovechas de su hija"

"¡Por Merlín, madre. Ya es suficiente con que me hayas visto para que me reclames eso ahora!"- le exclame en voz baja.

"¡No seas estúpido, Draco!"- me regaño casi susurrando para no despertar a nadie- "¡Ellas están fuera de esto! ¡Estás jugando con fuego! A su padre le costó mucho que el Señor Oscuro no metiera a Lidia ni a Emmanuelle en esto y tu vienes y haces lo que haces… si alguien se entera… ¡Eres un egoísta!"

"¿De qué demonios hablas?"- le pregunte. No entiendo qué quería decirme.

"¡Nada! Cámbiate que tenemos reunión. El señor Oscuro pidió tu presencia"- respondió mi madre con tristeza.

¿Mi presencia?

Regresamos a nuestro hogar con el padre de Lidia, podía ver que tanto él como mi madre estaban nerviosos. El señor Barcasnegras no dejaba de examinarme y de mirarme con lástima, mi madre jugaba con sus guantes nerviosa. Algo no anda bien.

Llegamos a nuestra casa, estaba más oscura de lo normal. Al entrar nos encontramos con todos los mortifagos, quienes nos acompañaron a nuestro antiguo comedor. Ahí estaba el asqueroso mestizo ese, me causa repugnancia de sólo verlo, a un lado de él se encontraba mi esquizofrénica tía Bellatrix.

"Ah, Draco… mi querido muchacho"- dijo el asqueroso ese- "Acércate a tu amo".

Me madre me hizo un ademan para que me acercara a la repugnancia esa, no tuve opción. Camine de forma dudosa pero obedecí a la cosa esa, me puse de pie frente a él pero no lo mire a los hoyos que tiene por ojos, deje mi vista clavada en el suelo.

"Draco, ahora tú eres el único representante de la casa Malfoy… como tal tendrás el honor y el deber de serle fiel a tu amo y a las creencias de tu familia"- dijo Voldemort mientras caminaba rodeándome, permanecí quieto con la mirada fija en el suelo- "Tengo una pequeña misión para ti en la cual me demostrarás lealtad, pero para esto debo hacer algo primero"

Me estremecí, me puse nervioso. Mire a mi madre y al padre de Lidia quienes me miraban con dolor, podía notar en sus rostros que esto no era bueno.

De repente, Voldemort me toco con su mano la frente y se adentro en mis pensamientos. No tuve tiempo de reaccionar, miles y miles de recuerdos vívidos comenzaron a saltar. Entre ellos cuando conocí a Potter, cuando Granger me pego, cuando tuve mi primera vez con Pansy, los besos con otras chicas y mis comentarios de indiferencia ante ellas, cuando las chicas me rogaban y las despreciaba, cuando vi a Lidia por primera vez, cuando la bese, la noche del baile, la primera vez que la hice mía, cuando la traicione con Pansy, la Navidad que pase con Lidia, cuando se dio cuenta de mi infidelidad, las noches de insomnio porque todo había acabado y ayer en la noche.

Voldemort se separo de mí y las imágenes pararon, volví a ver a las personas a mí alrededor.

"Veo que has hecho una fuerte amistad con la señorita, Lidia"-dijo Voldemort en tono amenazador.

"¡Ella está fuera de esto!"- exclame preocupado, cerré los puños con rabia, pude ver que mi madre se iba a acercar para protegerme pero el padre de Lidia la detuvo.

"Ignorare que me has gritado, sólo esta vez porque eres inmaduro aun"- dijo Voldemort mirándome fijamente.

"¡Prometió que ella estaría fuera de esto!"- le volví a reclamar, mi cuerpo temblaba de la impotencia.

"Sí, así es querido hijo"- respondió Voldemort poniéndose de pie frente a mí- "Pero eso no te lo prometí a ti, sino a su padre"- sonrió una vez más de forma malévola y aguardo unos segundos para disfrutar de mi dolor- "Tu misión es matar a Dumbledore"

"¡No puedo! ¡Me mataría a mi primero! ¡No estoy listo!"-exclame desesperado.

"¡No seas tan cobarde como tu padre! ¡Sé que estas preparado! Si pensara que no, no te dejaría hacerlo... y si fallas es porque me das la espalda"- me dijo amenazadoramente, me tomo por la camisa- "Si no lo haces, tanto Narcissa como la señorita Lidia morirán"

Mi madre soltó un grito ahogado, la mire asustado, el padre de Lidia sostenía a mi madre por el brazo evitando que cayera de la impresión. Vi el semblante del señor Barcasnegras, estaba pálido, como enfermo y tenía miedo. Por mi culpa algo podría pasarle a Lidia, por mi culpa ella no está a salvo. Mi mundo se vino abajo, ni siquiera me dolió cuando Voldemort incrusto una varita en mi antebrazo para dibujarme la marca tenebrosa, solo pensaba en Lidia y en mi madre. Yo tenía la culpa por andar distraído, era bueno en oclumancia pero no sé que sucedió.

Los días pasaron, faltaban semanas para regresar a Hogwarts y no pude escribirle ninguna carta a Lidia, pero su padre, quien tenia que venir a las reuniones constantemente, le daba uno que otro recado para que sepa que estoy bien y que pienso en ella.

Mi madre está decidida a ayudarme lo más que puede y salvar nuestras vidas, ella sabe que no podré hacerlo solo. Sé que le pidió ayuda a Snape pero él es un traidor, no confío en él. Me la pase todo el verano asistiendo a Borgin and Burkes a construir el Armario Evanescente que me serviría para que los mortifagos entren a Hogwarts cuando sea necesario.

Moría por ver a Lidia aunque fuera una vez más, necesitaba verla, ella es la única persona que me entiende. No dormí en tres días, no podía comer, me estaba enfermando. Una noche estaba en mi cama, dando vueltas sin poder dormir, mire el reloj y era media noche... necesito verla. Me levante de la cama, me vestí y desaparecí para ir a verla.

Aparecí en su habitación, Lidia estaba dormida con un libro en su pecho abierto, lo tome y leí el título "Orgullo y Prejuicio" el escritor es una tal Jane Austen. Supongo que debe ser una muggle porque nunca lo había oído. Leí más abajo y vi una dedicación, espero que no sea del tonto de Finnigan, decía:

Para mi gran amiga Lidia,

Gracias por tus consejos, cariño y apoyo. No sé cómo sobreviviría Hogwarts sin una chica con quién hablar. Esto es para que te enamores y sé que el Sr. Bingley será tu favorito.

Besos,

Hermione Granger

Yo tampoco sé qué haría sin Lidia, me volvería loco o mi vida no tendría sentido, por primera vez entiendo a la sangre sucia de Granger. Deje el libro en la mesita a lado de Lidia, me senté en el borde de su cama y retire uno de sus mechones de su rostro. Se despertó, abrió esos ojos miel que me condenaron y me sonrió, aparecieron mis amigos sus hoyuelos.

"Hola, hermosa"- la salude sonriéndole y acariciando su terso rostro.

"¡Draco!"- exclamo con una sonrisa amplia, me abrazo con fuerza y yo se lo respondí- "Te extrañe tanto… te necesitaba. ¿Por qué no has venido?"

"Lo siento, preciosa. Hice todo lo posible por cuidarte pero como están las cosas no podía venir…de hecho me escape"- le respondí mientras nos separábamos para vernos.

"¿Pero qué tienes? ¿Estás bien? Te veo muy… muy demacrado"- me dijo preocupada mientras examinaba mi rostro,

"¿Cómo podre estar bien si no estas conmigo?"- le dije intentando ocultarle la verdad.- "¿Perdí mi guapura arrebatadora?"

"Oh, no cambias"- dijo burlonamente- "Sigues siendo el mismo arrogante de siempre"

"Sí, y eso te encanta de mi y lo sabes"- le dije riendo y ella me miro ofendida- "Oh, vamos, Lidia… sabes que te amo… ¡Te amo!"

"Y yo a ti, pero tu vienes a mi cuarto y no me das ni un solo beso… ¿dónde quedo el encanto del señor Malfoy?"- me dijo burlonamente

Esboce una sonrisa y alce una ceja, la bese con pasión. Unimos nuestros labios, sus suaves y dulces labios que tanto extrañe, me hundí en su dulzura. Recorrió sus manos por mi espalda y yo acaricie su cabello lacio y negro, quería perderme en sus labios. Acaricie su suave lengua con la mía, no podía resistirme a ella, me mordió el labio inferior y se separo para recuperar el aliento.

"Te amo"- me dijo agitada rozando sus labios con los míos.

La volví a besar en los labios, se apartó de mi para besarme el cuello y luego el lóbulo de mi oreja, eso fue mi perdición. Se subió encima de mí, me seguía besándome los labios, otra vez se dirigió a mi oreja que le dio leves mordiscos y la volvió a besar, ella es mi perdición.

"Lidia, no pares"- le pedí excitado.

"No lo hare"- me respondió volviendo a besar mis labios.

La abrace con fuerza mientras me besaba, aprisione su rostro entre mis manos y la bese con desesperación. La necesito, la necesito demasiado, la amo. Una leve lágrima se escapó de mis ojos, y se poso en la mejilla de ella, se sobresalto y se alejó. ¡Ridículo!

"¿Estas bien? ¿Por qué… lloras?"- me pregunto preocupada, que imbécil soy, que ridículo. Me incorpore en la cama y ella me examinaba mi rostro preocupada.

"Nada"- le respondí desviando la mirada al suelo.

"Draco… estas llorando"- me dijo, tomo mi rostro con sus manos y la mire- "por favor, dime lo que te pasa"

"No entenderías"- le conteste

"Entonces explícamelo… no lo sabrás si no me lo dices"- me respondió

"Amenazo a las personas que más amo"- le conteste sin rodeos, ella soltó un grito ahogado y me miro con tristeza- "pero no permitiré que te toque…eso te lo juro por mi vida. Sólo te pido una cosa y debes respetarla"- le dije apretando los dientes.

"Lo que sea"- me respondió con la voz quebrada.

"Prométeme que te mantendrás al margen y me harás caso en todo lo que te pida… ¿está claro?"- le pedí con todas mis fuerzas, ella dudo- "Promételo, Lidia… júramelo por nuestro amor"

"Te…te lo juro"- me respondió con un hilo de voz.

"Confío en ti"- le dije intentando sonreír pero no pude.

"Duerme conmigo… mañana tenemos un largo día"- me dijo haciéndome lugar en su cama retirando la sábana. - "te conseguiré algo de comer"

"No, estoy bien"- intente detenerla

"No, no lo estas… ven sígueme"- se levanto de la cama y no tuve opción más que acompañarla.

La acompañe hasta su cocina, tenían dos elfos domésticos que le hicieron una reverencia.

"Pueden retirarse a descansar… yo lo hago sola. Gracias"- les indico a los elfos. ¿Otra miembro activa de la P.E.D.D.O.? Los elfos se retiraron a regañadientes.

Saco una sartén, unos huevos, mantequilla, harina, manzana, canela, leche y esencia de vainilla.

"¿Quieres desayunar?"- me pregunto sonriendo.

"Es temprano asique sí"- le dije mirando al reloj de su cocina y ver que eran las 2:00 A.M.

Comenzó a cocinar a la manera muggle, dice ella que le encanta hacerlo así porque se siente que ella misma lo hace, de la manera normal se siente que hace trampa. Me sirvió dos enormes pancakes en mi plato y ella se sirvió solo uno. Nos sentamos en el desayunador de su cocina y comimos.

"¿Quién es el señor Bingley?"- le pregunte con curiosidad.

"Veo que andabas revisando lo que no te incumbe, señor Malfoy"-dijo riendo- "Es una historia muggle de hace siglos… es la más romántica y hermosa que haya leído jamás. Creo que la leí como 3 veces este verano".

"Oh, bueno pero cuéntamela"- le dije mientras mordía un pedazo de pancake.

"Bueno es de una familia muggle de 5 hijas y sus padres, no tienen mucho recursos económicos y por eso la madre está obsesionada con casarlas para deshacerse de ellas… la mayor es la más hermosa de todas y ella conoce al rico señor Bingley que es lo más romántico que existe…"- me comenzó a contar Lidia. Reímos de la historia, era bonita pero tenía final abierto.

"Me identifico más con el señor Darcy"- le comente una vez termino su historia mientras llevábamos los platos al grifo.

"Créeme que lo sé"- me respondió bromeando.

Subimos nuevamente a su habitación, me puse más cómodo y nos acostamos abrazados en su cama. Por primera vez en meses me sentía tranquilo, dormí toda la noche sin pesadillas, ni temor ni nada que me atormentara. La amo.