Capítulo 9
-Mako, ven aquí que aún no término de cepillarte el cabello -perseguía Aphrodi a su hijo.
-Déjame, papi, me avergüenzas -susurró Makoto Kurosaki a quien le engendró. Afuro Terumi, mejor conocido por todos como Aphrodi, le ignoró y le terminó de cepillar el cabello ante los ojos burlones de Teiya Tadashi.
Tanto Makoto como Afuro, Teiya y Hera Tadashi estaban en el campamento antes que los demás porque Hera y Afuro trabajaban en este como monitores y por tanto llevaban consigo a sus hijos. Tanto Hera como Afuro eran viudos. El padre de Makoto, el señor Kurosaki, había muerto cuando Makoto tenía seis años. Desde entonces eran él y Afuro solos. Mientras que padre gestante de Teiya, había muerto dándolo a luz, por lo que Teiya y Hera también eran ellos dos solos contra el mundo.
-Eres un niño de papi -se burló Teiya, en cuanto Afuro se fue luego de besar la mejilla de un apenado Makoto.
-Entonces esperó convertirme en un niño de padre también y pronto -le molestó Makoto. Desde la llegada al campamento de los monitores y encargados con sus familias era más que obvio que Hera Tadashi se le iban los ojos por Afuro. Al parecer el señor Hera estaba muy interesado en ser el nuevo padre de Makoto y quería que Afuro fuera el nuevo papá de Teiya, cosa que a Teiya no le hacía gracia. Había resultado ser un hijo muy celoso con su padre.
-Mantén a ese afeminado lejos de mi padre -le advirtió Teiya frunciendo el entrecejo.
-Vuelve a llamar a mi papi afeminado y te rompo la cara -le advirtió Makoto frunciendo el entrecejo-. Ya quisiera tu padre que mi precioso papi le diera la hora, imbécil -le dijo molesto.
-Chicos -la voz de Kita Ichiban sobresaltó a los dos contendientes que se fulminaban con la mirada–. Dejen de pelearse, si los adultos los ven los van a regañar. Además no sean chiquillos, dejen de pensar en ustedes y piensen en sus papás. Si algo se da entre el señor Terumi y el señor Tadashi por decisión de ellos. Deberían alegrarse, vuestros papás llevan mucho tiempo solos –les dijo seriamente.
-Mi padre/papi, me tiene a mí -dijeron a la vez.
-Ustedes no les pueden dar sexo, ni pueden darles el amor de una pareja -les dijo Kita directa y crudamente con las manos en sus caderas.
-Cállate, adoptado, tú no sabes nada -le dijo Teiya. Nada más decirlo el portero de ojos azules se arrepintió-. Yo… lo siento, Kita-kun -susurró.
-Sí, soy adoptado, es cierto ¿Y qué? Teres Tolue y Edgar Valtinas son mis padres por que eligieron serlo, eso vale más que nada en el mundo -les dijo serio sin inmutarse- y al menos yo soy más maduro que ustedes, par de chiquillos malcriados -les dijo dándose la vuelta y alejándose antes de que esos dos le hicieran perder la paciencia.
Kita Ichiban, había perdido a sus padres cuando sólo tenía meses de nacido y había estado en un orfanato hasta los 6 años. A esa tierna edad no esperaba que nadie lo adoptara, las parejas que iban preferían a los bebés chiquititos, hasta el día en que ellos llegaron. Una pareja mestiza tan diferentes entre sí como cabría imaginar. Edgar Valtinas, alto, de piel blanca, de belleza delicada, ojos de dos tonos azules y cabello largo azul, un perfecto caballero inglés y Teres Tolue, moreno, alto, con una belleza masculina y tosca, los ojos rojos y el cabello negro, un latino de sangre caliente.
Ellos llevaban 6 años de matrimonio, Edgar había perdido dos embarazos en esos cuatro años, ya no quería intentar tener más, su corazón no soportaría perder otro bebé. Entonces habían hablado de adoptar, Edgar no estaba convencido temía no poder amar a un niño adoptado como a uno propio, pero Teres le había convencido de ir al orfanato aunque fuera sólo a mirar. No perdían nada así que Edgar había aceptado.
-Relájate, Ed -le dijo Teres apretando la mano más pequeña dentro de la suya con suavidad-, sólo vamos a jugar un poco de fútbol con los niños y volveremos a casa, no haremos nada que no quieras -le juró el moreno. Edgar se relajó un poco y asintió mirando a los niños que se acercaban con varias de las monjas queriendo conocer a las dos estrellas de fútbol que estaban ahí para jugar con ellos.
Los niños eran adorables, sobre todo los más chiquitos y pronto estuvieron chuteando el balón bajo las instrucciones de Teres, mientras Edgar los miraba con una sonrisa, Teres había nacido para estar rodeado de niños. Se le daban muy bien al argentino.
Fue entonces cuando lo notó, un pequeño niño de pantaloncitos negros y camisita blanca, el cabello naranja chillón suelto y unos preciosos y tristes ojitos verdes, sentado en un columpio meciéndose solo. Edgar se había separado del grupo y se había acercado al niño inclinándose a su altura, Kita lo había sentido y había alzado sus ojitos mirando al mayor. Se habían mirado por largo rato y el corazón de Edgar latió con fuerza. Los ojitos de Kita se llenaron de lágrimas, los de Edgar también, Edgar le abrió los brazos y Kita se arrojó a ellos sintiéndose abrasado por el mayor que lo abrasó con fuerza. Una sombra más alta se posó sobre ellos. Era Teres. El alto y grande moreno veía a Edgar con el pequeño de seis añitos en sus brazos con el corazón enternecido. Entonces Edgar lo miró sin soltar al niño.
-Es él, Teres. Es él, no puede ser nadie más que él -aseguró Edgar con sus ojos llenos de lágrimas de emoción. Teres sonrió y se arrodilló junto a ambos para estar a tu altura.
-¿Cómo te llamas? -le pasó una de sus enormes manos al pelinaranjo por la cabecita.
-Kita Ichiban -le respondió el de ojitos verdes mirándolo tímidamente desde los brazos de Edgar.
-¿Te gustaría ser nuestro hijo, Kita? -le preguntó el moreno directamente Kita abrió sus ojotes grande sin poderlo creer.
-¿Yo? -preguntó el pequeño retorciendo un paso y mirando a los dos adultos que asintieron a la vez, entonces se arrojó sobre ambos abrazándolos con sus pequeñas manitas- ¡Sí! ¡Sí quiero! -gritó sintiéndose abrasado por los dos adultos. Kita Ichiban había encontrado un hogar.
Desde ese día Kita había tenido los mejores padres del mundo y se esforzaba por ser un buen hijo para corresponder todo el amor de su padre y su papá.
-¡Eh! ¿A dónde vas tan molesto, hijo?
La mano grande y morena de Teres detuvo las zancadas de Kita que al fin notó a su padre.
-Ah, padre, lo siento -sonrió-. Es que Teiya y Makoto se están peleando de nuevo, son tan infantiles que acaban con mi paciencia -suspiró. Teres sonrió despeinando la pulcra coleta de su hijo… pulcra coleta que le había hecho Edgar y que su hijo se apresuró a arreglarse quejándose- ¡Papá no me despeines!
-Eres tan serio como tu papi -rio Teres-. No les hagas caso, los hermanos siempre se pelean -aseguró Teres que del tema sabía mucho, tenía cuatro hermanos.
-Pero ellos no son hermanos -le recordó Kita.
-¿Apostamos a que terminaran siéndolo políticamente después de este campamento? -le preguntó el moreno divertido. Kita se lo pensó.
-Paso. Perdería la apuesta -dijo sabiamente.
-Correcto y en el fondo ellos lo saben así que ya empiezan a tratarse como dos buenos hermanos, peleando todo el tiempo. No les hagas caso -le ánimo.
-Papá… -le llamó Kita, Teres le miro con curiosidad.
-¿Sí?
-Nunca quiero un hermano -suplicó alguien como Teiya o como Makoto y se tiraba de la ventana más alta de su mansión en Inglaterra o de su apartamento en Buenos Aires.
Teres rio a carcajadas por la ocurrencia de su hijo.
-No por ahora, hijo, tú eres todo lo que Edgar y yo necesitamos y podemos manejar -le aseguró palmeándole la espalda a su hijo. Kita también sonrió.
-Te quiero, viejo -le dijo en español sacándole la lengua.
-Y yo a ti, pero no estoy viejo -le respondió también en español. Teres no era tonto sabía que su hijo estaba en la edad en la que le daba pena que sus amigos le escucharan diciéndole te quiero a sus padres así que su hijo siempre se los decía en español desde que estaban en el campamento sabiendo que tanto Edgar como Teres entendían el idioma, pero sus amigos no lo hacían… a Teres le resultaba divertido y tierno.
-o-o-o-
-Deberías de dejar de entrenar -Sangoku Taichi se distrajo al escuchar la voz de su padre, Rococo Urupa, el director del campamento, mas esa distracción le costó que la llanta lo mandara a volar.
Se quejó el alto chico levantándose con la ayuda de su moreno padre. En realidad Rococo era su tío, Sangoku era hijo de la hermana mayor de Rococo, pero su padre lo había abandonado después de la muerte de su madre cuando tenía dos años, para irse con su segunda esposa, una rica heredera que no tenía espacio en su vida para un pequeño de dos años del matrimonio anterior de su esposo.
-¿Estás bien? -le revisó Rococo, pero todo estaba en su lugar así que nada le había pasado al fuerte y actual portero de los pequeños gigantes.
-Sí, pero no me distraigas así -se quejó Taichi frotándose la cara. Taichi adoraba a su tío y para él era su padre, que nadie dijera lo contrario, Rococo se había hecho cargo de él desde que tenía pañales, sin tener ninguna obligación y había sido el mejor padre que podía existir. No había nadie a quien Taichi admirara más que a su padre Rococo. En cuanto a su padre biológico, en realidad nunca la veía, sí, este le mandaba una tarjeta en su cumpleaños y en navidades junto que con dinero, pero Taichi sospechaba que era en realidad Rococo el que las enviaba.
-Ya es casi la hora del almuerzo, aprovechemos recuerda que el campamento abre sus puertas a las tres de la tarde y entonces empezaran a llegar padres e hijos y no tendremos tiempo para descansar -le dijo Rococo–. Necesitaré tu ayuda con los más jóvenes.
-Ya es medio día -miró Taichi su reloj sobresaltado, se le había ido el tiempo. Rococo sonrió asintiendo Taichi le recordaba mucho a sí mismo a esa edad–. Estoy cerca padre, puedo sentirlo. Estoy cerca de lograr mi nueva súper técnica.
-Estoy seguro de que lo harás, vamos luego practicamos un poco juntos -le prometió Rococo y Taichi asintió sonriente, quitándose sus guantes de portero para lavarse las manos e ir a almorzar.
-o-o-o-
-Yoichi Kruger, si te separas un solo paso de mi lado, nos volvemos a Norte América en el primer avión que salga de vuelta -le advirtió Mark Kruger seriamente a su rubio hijo de preciosos ojos azules que tenía el mal gusto de tapar sus hermosos ojos con lentes como su papá, Dylan Keith.
-¿Pero, padre, porque no le dices nada a papi? -se quejó Yoichi.
-Deja de copiar todo lo malo que hace tu papá -le ordenó Mark, dado que, como un niño pequeño, su esposo se le había perdido. ¡Demonios! es que tenía que comprar una de esas correas de bebés y ponérsela a Dylan y a Yoichi, cuando no era uno era el otro. Al fin logró divisar a una cabellera rubia clara, que buscaba frenética por todos lados corriendo.
-¡Yo-chan, Mark! -gritaba Dylan, sin duda alguna. Mark suspiró.
-¡Aquí papi, aquí! -gritó Yoichi saltando y Dylan corrió hacia ellos abrasándolos.
-Creí que me había perdido en este lugar -se quejó Dylan–. Creí que nunca los volvería a ver.
-Dylan Keith de Kruger… ¿Cómo demonios te perdiste?
-Es que había una señora con un perrito muy lindo, fui a verlo y cuando voltee ya no los vi a ti y a Yoichi -se quejó el de lentes oscuros. Mark suspiró.
-Dale la mano a Yoichi y no se suelten, a ver si logramos salir de este aeropuerto y tomar un taxi sin más incidentes -suplicó Mark mientras su hijo y su esposo asentían dándose una sonrisa cómplice.
Mark se masajeó las sienes, ya se veía venir un buen dolor de cabeza. ¿Por qué Yoichi no pudo salir a él, tranquilo y calmado? No, que va, salió completamente a Dylan en carácter, pero la pura y santa verdad es que no los cambiaría por nada del mundo, no se imaginaba su vida sin su revoltoso hijo que al menos era medio-campista como él y su amado esposo. Dylan y él siempre habían estado juntos desde niños y siempre estarían juntos hasta que fueran viejitos y Yoichi los llenara de nietos.
Continuará….
19'Mika-chan'91-Ahhh ya empesaron asi que esperemos que no acabe en un manicomio XD
Azmine Junet-Si todos an metido la pata bien metida algunos mas que otros, por eso el fic se llama Una segunda oportunidad mi intencion es que tenga un final felis ^^
