Perspectiva de Lidia

Al ver la escena de Draco con Astoria besándose en medio de la multitud, él salvándola de una muerte y ella expresando su amor, fue una llamada de atención para mí. Los vendajes de mis ojos habían caído al suelo, aterricé sobre la tierra y lo entendí… un hombre nunca cambiara por alguien. Mi madre siempre me lo dijo pero algunas veces se equivocaba sobre las cosas asique nunca le creí, pero hoy veo que tiene razón. Un hombre infiel seguirá siéndolo hasta que él decida dejar de serlo, pero yo lo obligué y al obligarlo él se resistió y cayó en los brazos de otra.

Draco y Astoria se separaron, él le dedicó una sonrisa y ella se fue segura de que su amor perduraría. Decidí irme, ya no tenía sentido seguir aquí.

"¡¿Lidia, qué haces?!"- me preguntó Ginny extrañada mientras ella ayudaba a evacuar a los estudiantes pero la ignoré.

Caminé para salir desesperada, chocaba con los estudiantes que caminaban apresurados para salir. Mis ojos llenos de lágrimas, mi cabeza mareada, sentía que quería vomitar o desaparecer y nunca regresar. Sentí como si una gran daga punzara y desgarrara mi corazón y todo mi mundo se viniera abajo con sólo ver esa horrible escena.

No lo podía creer, Draco me fallaba una vez más. Había puesto toda mi confianza y todo mi amor en una sola persona varias veces seguidas y me traicionaba de la peor manera, especialmente ahora que espero un hijo de él. ¿Cómo podría pasarme tal desgracia?

Tropecé con algunos estudiantes y algunos me reclamaron, pasé a un lado de Draco, me miró y sus ojos se abrieron como platos al ver mi rostro inundado en lágrimas, sabía que lo vi con ella. Negué con la cabeza mientras él intentó acercarse hacia mí pero no me alcanzó porque me alejé rápido.

"¡Lidia! ¡Espera!"- me intentó detener gritando entre las voces de la multitud y estirando su brazo para detenerme pero me zafe- "¡Lidia! ¡No! ¡Lidia!"

Salí corriendo del salón en contra de la marea de estudiantes que salían de Hogwarts apresurados sin mirar atrás, no me detuve en toda la distancia. No me di cuenta hacia dónde me dirigía pero ya nada me importaba, ya no me importaba seguir con esto. Me cansé de tanto correr y me detuve en seco poniendo mi espalda contra la pared del castillo y me puse a llorar como nunca. Toque mi vientre que apenas sobresalía un poco y lo acaricie pensando en que la vida nos había abandonado a los dos.

"Mi pequeño"- le dije entre sollozos mientras acariciaba mi vientre- "te prometo que yo no te daré la espalda".

Luego pensé en mi bebé, tengo que asegurarme de que tenga un buen futuro y viva en un mundo de paz y para eso debo pelear hasta mi último aliento por él. Ya no me importaba el amor que Draco me juró una vez, ahora era por mi pequeño bebé. Su futuro es más importante que cualquier estúpida promesa hecha por su padre.

Me levanté del suelo con fuerza y rabia, me sequé las espesas lágrimas de mis mejillas con mis manos y me juré a mi misma que iba a luchar contra todo aquel que atente contra mis amigos y mi hijo. Tomé mi varita con determinación y me dirigí a buscar a Harry.

Corrí con rapidez y esquive algunos hechizos que los mortífagos echaban a todo aquel que estuviera por el pasillo. Estudiantes y cuerpos muertos yacían a los lados, algunos estaban heridos.

Salí al jardín frontal de Hogwarts que estaba abarrotado en personas de la orden, algunos del E.D., profesores, mortífagos, bestias malignas y otras de nuestra parte. Miré a un lado y vi a Seamus peleando junto a Dean con un mortífago, otro mortifago se estaba acercando a ellos para atacarlos por la espalda pero no iba a permitir tal movida tan sucia.

"¡Stupefy!"- exclamé dándole directamente al mortifago, éste cayó al suelo. Dean y Seamus terminaron con el otro mortifago y nos unimos a la batalla.

Vimos a Cho que la atacaban los dementores.

"¡Rápido! ¡Saben qué hacer!"- les dije a Dean y Seamus, ellos asintieron

"¡Expecto Patronum!"- exclamamos a coro.

De nuestras varitas salieron diferentes formas de animales, el zorro de Seamus, el beagle de Dean y mi collie. Corrieron a través de los dementores que atacaban a Cho, ella estaba arrodillándose e iba a caer al suelo hasta que vino Aberford y la sostuvo entre sus enormes brazos. Todos nos miramos, se había unido. Detrás de él venían Luna y Lavender.

"¡Tenemos que ponerla en un sitio seguro!"- alzó la voz Aberford.

"¡Nosotros la llevamos con la señora Pompfrey!"- respondió Dean- "¡Ustedes quédense a ayudar!"

Dean y Seamus la tomaron y la cargaron, corrieron con el cuerpo en sus brazos y entraron al castillo. Nosotros continuamos defendiendo y luchando contra los mortifagos y bestias posibles, detuvimos algunos dementores de quitarles el alma a muchos estudiantes. Todo era un caos, tenia que esquivar miles y miles de chorrros de hechizos fallidos o dirigidos hacia mí.

Al rato llegó Seamus con la cara sucia y algunas cortadas en su piel.

"¡Necesitamos refuerzos en la torre de astronomía!"- nos dijo agitado

"¡Yo iré!"- respondí

"¡Y yo!"- exclamo Lavender decidida.

Fuimos corriendo atravesando y esquivando hechizos y cuerpos de muchas personas, piedras que caían del castillo.

"¡Protego!"- exclame formando un escudo sobre nuestras cabezas al ver que varias rocas de diferentes tamaños iban a caer sobre nosotros.

Entramos al castillo que no era tan diferente del caos que había afuera, miles de estudiantes corrían sin rumbo asustados. Subimos las escaleras lo más rápido que pudimos intentando no quedar sin aliento.

"¡Stupefy!"- exclamó Lavender a un mortifago que venía hacia nosotros.

Seguimos subiendo las escaleras y una de las ventanas reventó a un lado de nosotros, nos agachamos cubriendo nuestros cuerpos con nuestros brazos. Algunos vidrios lograron cortar nuestras manos expuestas y muchos otros cayeron sobre nosotros.

"¿Están bien?"-pregunté adolorida

"Sí"- respondieron Lavender y Seamus a coro con pesadez.

Continuamos subiendo y tropezando con estudiantes que corrían despavoridos por las escaleras unos bajando y otros subiendo.

Llegamos a la Torre de Astronomía con mucho esfuerzo, casi no podía ni respirar del cansancio de subir y protegernos y luchar contra los mortifagos que aparecían de la nada por ahí. La torre estaba abarrotada de estudiantes de diferentes casas y miembros de la orden que luchaban contra mortifagos. Mis ojos se cruzaron con unos de color rojo, lo reconocí inmediatamente… Greyback. Lo mire con miedo y él esbozo una gran sonrisa malévola, estaba transformado.

Kingsley junto con Lupin y Tonks luchaban a muerte contra mortifagos, había muchos carroñeros y el horrible de Greyback quien estaba prácticamente comiéndose a un estudiante, mis ojos se abrieron como platos. Lavender se acercó temerosa a Greyback y lo comenzó a atacar pero Greyback reía. Corrí para ayudarla.

"¡Impedimenta!"-exclame pero Greyback logró esquivar mi hechizo, me sonrió y se abalanzó contra Lavender.

Cayeron ambos al vacío y yo corrí tras ellos pero me detuve al borde del balcón de la Torre de Astronomía

"¡No! ¡No!"- grité desesperada y con impotencia.

Pensé lo peor. Luego un resplandor verde ilumino la torre, el mortifago responsable huyo. Kingsley soltó un grito desgarrador al ver a la pareja yaciendo muerta, Lupin y Tonks habían sido expuestos a la maldición imperdonable. Corrí hacia ellos y los mire, Seamus me abrazó y lloré por ellos, pensé en el pobre de Ted su hijito recién nacido que ahora es huerfano.

"Lo-lo-lo siento"- dijo Kingsley casi sin voz- "Intente detenerlos"

"¿Quién lo hizo?"- pregunto Dean devastado.

"Dolohov y Bellatrix"- respondió Kingsley.

"¿Dónde está Lavender?"- pregunto Seamus, alce la mirada y él me miro, negué con la cabeza y su rostro se crispo.

"Greyback"- susurré y señale con el dedo hacia el balcón de la torre.

"Tenemos que seguir"- dijo Dean decisivo- "¡Vamos!"

Asentimos y bajamos por la Torre de Astronomía, mientras bajábamos nos chocamos con Harry, Ron y Hermione.

"¡La destruimos!"- exclamó Harry agitado.

"¡Perfecto!"- exclamé.

Ellos nos siguieron mientras bajábamos y un ruido como de una explosión escuchamos. Nos acercamos y vimos a Percy sollozando con el cuerpo de Fred.

"Oh, no"- dijo Hermione llevándose la mano a la boca, ambas nos miramos con tristeza.

"¿Qué sucedió?"- pregunto Harry horrorizado.

Ron cayo sobre sus rodillas junto a su hermano Percy, quien lloraba desconsolado al ver el cuerpo inerte de Fred.

"¡No puedo moverlo!"- dijo Percy con su rostro inundado en lágrimas.

Harry, Ron y Percy tomaron el cuerpo de Fred y los seguimos llorando hacia el Gran Comedor que ahora servía como enfermería.

"Tenemos que ir a la Casa de los Gritos"- dijo Harry

"Vamos contigo"-respondió Hermione.

"Yo les abriré paso y les cuidaré la espalda"- les propuse- "le pediré ayuda a los demás"

"Gracias"- respondió Harry.

Salimos del Gran Comedor apresurados hacia el gran caos formado afuera de Hogwarts. Esquivamos a un troll que estaba destruyendo todo a su paso con su garrote, vimos arañas enormes que venían hacia nosotros, lance un hechizo contra ellas y se fueron. Luego, diferentes dementores comenzaron a atacarnos.

"¡Expecto Patronum!"- exclame una vez más y mi perro collie salió corriendo, a él se le unieron un cisne, el zorro, el conejo, un caballo, un cerdo salvaje y una cabra.

Mire y los reconocí inmediatamente, eran los miembros del E.D. y Aberforth Dumbledore. Los dementores salieron despepitados de ahí.

"¡Vayan!"- grite a Harry, Ron y Hermione. Ellos asintieron y se fueron.

Gire y me sumé a la pelea.

Continuamos con la pelea, me encontré con Dolohov y de la rabia me dirigí hacia él dispuesta a darlo todo pero una horrible voz en mi interior no me lo permitió, me detuve en seco. Esa horrible voz que escuché en el Gran Comedor, la de Voldemort. Todos lo que peleaban, mortifagos o los que estamos de parte de Harry, quedamos petrificados al escucharla y dejamos de pelear inmediatamente. Cubrí mis oídos con ambas manos mientras sostenía mi varita con la mano derecha, miré a Seamus quien tenía la misma expresión de horror que yo.

"Si continúan resistiéndose, van a morir, uno por uno. No quiero que esto pase. Cada gota de sangre mágica derramada es una pérdida y desperdicio…Mando a mis fuerzas a retirarse inmediatamente. Ustedes tienen una hora… Me dirijo ahora a Harry Potter… Voy a esperar durante una hora en el Bosque Prohibido. Si al finalizar, no has venido a mi, no te has dado por vencido, entonces se reanudará la batalla. Esta vez entraré a la refriega yo mismo, Harry Potter, y te encontraré, y voy a castigar hasta el último hombre, mujer y niño que intente ocultarte de mí. Una hora"- dijo la voz de Voldemort resonante en nuestros oídos.

Seamus y yo nos miramos horrorizados, los mortifagos desaparecieron en sus nubes negras de humo y todas las bestias como gigantes y trolls se fueron inmediatamente de la batalla. Miré a mí alrededor y lo único que vi fue desesperanza y muerte, muchos cuerpos de estudiantes conocidos yacían en el suelo con marcas de dar la vida y mucho más por la libertad.

"Tenemos que juntar los cuerpos y llevarlos al Gran Comedor"- dijo la profesora Mconaghall con una expresión de tristeza profunda.

Todos los estudiantes hombres que quedaron vivos, profesores y demás miembros de la Orden del Fénix se dispusieron a recoger los cuerpos de todos aquellos que estaban muertos o heridos. Las mujeres nos dirigimos a ayudar a la señora Pompfrey y su séquito de enfermeras a curarlos, algunas con semblante fuerte se dispusieron a buscar heridos o muertos y avisar a los hombres.

Me encontraba curando una horrible herida que tenía un estudiante de Hufflepuff quien se encontraba inconsciente. Tenía el brazo desgarrado y algunas cortadas en su rostro, era un chico pero no lo conocía ni sabía su nombre. Le vertí la poción que me dio una de las enfermeras y le limpie su herida, al instante la herida comenzó a cerrarse pero el chico de cabello negro y pecas seguía inconsciente.

Escuché sollozos de personas, alcé la mirada y vi a la familia Weasley reunida alrededor del cuerpo inerte de Fred. Me levanté al ver que el chico de Hufflepuff sólo necesitaba descansar y me uní a los Weasley, Ron aún no llegaba con los demás.

La mamá de Ron abrazaba a su marido desconsolada, George se encontraba sosteniendo la cabeza de su difunto hermano gemelo, Ginny me miró y nos abrazamos llorando juntas, Percy lloraba a los pies de su hermano. Los padres de Percy lo miraron y él a ellos.

"Mamá, papá…"- intentó decir entre sollozos- "Lo-lo siento"

Su madre soltó un sollozo, ella y su marido abrazaron a su hijo Percy.

"No importa. No hay nada que lamentar"- dijo su padre confortándolo.

Miré a un lado de Fred y vi a la pareja que acababa de tener un hijo. Lupin y Tonks con las manos entrelazadas, yacían muertos en unas camillas con los ojos cerrados, una espesa lágrima corrió por mi mejilla. Así me siento yo, muerta por dentro pero a diferencia de Tonks, me siento muerta y sola.

"Fred"- dijo Ron acercándose a su familia y uniéndose al dolor. Abrazo el cuerpo inerte de su hermano y George abrazó a Ron.

Decidí darles privacidad y quedarme con Hermione y Harry, quien se encontraba impactado al ver a Lupin y Tonks muertos.

"Lo siento, Harry"- le respondí- "Hicimos lo que pudimos pero Dolohov y Bellatrix se adelantaron"

Hermione lloraba a mi lado.

"Tengo que hacer algo"- nos dijo serio- "tengo que ir al Bosque y encontrarme con él"

"Harry no"- dijo Hermione preocupada

"No, Hermione. Mucha gente a muerto por mi culpa"- respondió Harry severamente- "es hora de que esto termine"

Harry se fue a trompicones del Gran Comedor sin mirar atrás, nosotros lo miramos desaparecer a lo lejos.

"Tenemos que ayudar a la señora Pompfrey"- le dije a Hermione, ella asintió.

Seguimos curando a los heridos uno por uno, revisando que estuvieran bien y algunas les dabamos un poco de beber para que se recuperen.

"Lidia, no hay vendas"- me dijo la señora Pompfrey- "Ve a la enfermería con cuidado y trae algunas por favor"

"Sí, señora Pompfrey"- le respondí.

Saqué mi varita con precaución al salir del Gran Comedor, no vaya a ser que me encuentre con algún enemigo indeseable y yo sola por aquí. Caminé con cuidado pero a paso rápido asegurándome de mirar a todos lados y que no me encuentre en peligro.

Llegué a la enfermería, abrí la puerta con cuidado y vi que no había nadie, entre y cerré la puerta a mis espaldas haciendo un leve ruido al cerrarla. Camine y pise algunos vidrios rotos, habían mesas tiradas, sillas y camas desacomodadas. Vi la estantería de vendas, me acerqué a ella y la abrí con cuidado de no cortarme porque el vidrio estaba roto. Saque una bandeja y coloque las vendas en ella amontonándolas, cerré la estantería y gire sobre mi misma y de repente vi un cuerpo frente a mi.

"¡OH!"- exclamé asustada tirando la bandeja sobre mis pies al ver el cuerpo de un hombre alto frente a mi.

El hombre que tenía frente a mi se agacho, amontonó las vendas en la bandeja y yo seguía petrificada sin moverme. No podía creer que estuviera aquí.

"Lo siento, no quise asustarte"- dijo disculpándose, se levantó y me dio la bandeja, le vi el rostro cuando la luz de una de las ventanas rotas le dio en la cara y su cabello rubio platinado y tu tez blanca brillaron.

"Draco"- murmure su nombre, mi rostro se crispo inmediatamente.

Tome la bandeja que él sostenía y me fui escapando de él. No quería hablar con él y menos ahora.

"Lidia, no te vayas"- me pidió, tomó mi brazo e hizo que girara y me encontrara con su rostro lleno de dolor- "Tengo que explicarte, no fue mi intención"

"¿Qué viera lo que vi?"- le respondí intentando mostrar rabia en vez de dolor, pero fue imposible. Inmediatamente comencé a llorar por todo lo que estoy pasando y él disfrutando de otras en mis narices.

"No, no es así"- me intentó decir

"Se acabó"- le respondí mirando al suelo, Draco me soltó del brazo. Lo miré directamente a los ojos y vi su rostro como si hubiera visto un fantasma, pálido y de asombro.

"¿Qué?"- me pregunto sin poder creerlo.

"Dije que se acabó"- le respondí, sentía horribles punzadas en mi estómago- "Vi tu rostro, disfrutaste su beso y la besaste de vuelta. ¡Lo vi todo! ¿Crees que soy una tonta? ¿Crees que soy ciega? ¡Pues sí! ¡Sí fue una ciega y una tonta! ¡Nunca debí creer en ti!"- dije sollozando con cada frase que salía de mi boca, Draco seguía sin poder creer lo que escuchaba.

"No, Lidia, por favor… no me hagas esto"- me pidió abrazándome.

Solté la bandeja y cayo sobre nuestros pies, me zafe de sus brazos prisioneros y lo mire con rabia. Las lágrimas espesas brotaban de mis ojos y corrían por mis mejillas, su rostro era de asombro.

"¡Tú me hiciste esto a mi! ¡Tú! ¡Yo no te hice nada!"- le grité- "¡No quiero saber nada de ti! ¡Nunca debí confiar en ti!"

"Sí, si debiste"- me dijo llorando, intentó besarme pero me resistí y le di una cachetada. Le deje su mejilla roja y su melena se despeino, me miró con lágrimas en los ojos y yo lloraba desconsolada.

"Te libraré de todo lo que tenga que ver conmigo"- le dije llorando sin mirarlo a los ojos- "de ahora en adelante no me verás nunca jamás, no sabrás nada de mi. Sea como sea que termine esta guerra cada quien irá por su lado y hará su vida por separado…"

"No… no"- empezó a negar Draco

"Tú te irás con Astoria y yo desapareceré de tu vida por siempre"- le dije- "Se terminó"

Tome la bandeja mientras Draco se quedó ahí parado asombrado, estaba petrificado. Salí corriendo de la enfermería sin mirar atrás para ir al Gran Comedor, no podía ver muy bien por dónde iba por las espesas lágrimas que se posaban en mis ojos.

Era lo mejor para los dos, él sería feliz y yo me iría de su vida para darle la felicidad que tanto quiere. Me duele todo esto pero no tengo opción. No me pareció buena idea decirle lo de nuestro hijo.