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Moments
Historia III: Tal vez
El paso del tiempo se ha convertido para él en algo tan trascendental como el vuelo de una mariposa en mera primavera: simplemente trivial. La humedad y el frío de la celda a su alrededor ya no lo estremecen, la oscuridad se le ciñe a la par que aquella camisa de fuerza y el sello en sus ojos para reprimir sus poderes oculares. La monotonía se ha hecho lugar en su vida.
No puede ver. Pero sí oír, oler y sentir.
Un pequeño ruido le alerta de la llegada de alguien ajeno a la celda, las comisuras de sus labios se extienden un poco, preparado para la rutina de siempre. Las manos delicadas acostumbran a quitarle la camisa y deslizarse por la herida de su brazo, con tal ternura que se siente bajo el cuidado de su ya fallecida madre, Mikoto. Aquella presencia no habla, no da indicios de personalidad; el sonido de su respiración es lo único que le delata.
Una parte de su cabeza da por sentado el nombre de la persona que lo trata con humanidad, sin embargo, se permite ser escéptico. De todos modos, no puede ver con su propia mirada los orbes verdes y sedoso cabello rosa, es una fantasía que no sabe si quisiera verla realidad.
A decir verdad, no distingue entre realidad y la inconsciencia en la mayoría de veces. Lo único que lo deja con los pies en la tierra son las voces contiguas a su celda y la seriedad de la de Ibiki Morino: "Uchiha, come", "Ha terminado tu revisión médica". Sus demonios continúan a su lado y la venda que cubre a sus ojos termina empapada cada noche.
Cuanto desearía que el ayer se borrara de su piel.
El chakra que emana en su ya cortado brazo, le llena de calidez y sentimientos encontrados, sintiendo cada roce de aquellas manos como brasas de fuego.
Después de un rato la calidez de la palma recuperadora desaparece y la ansiedad se abre paso en su estómago, siempre le pesa el momento en que aquella presencia se retira de su celda, aunque nunca lo ha admitido. La camisa de fuerza le es colocada nuevamente y un nudo en la garganta también lo ataca.
A lo largo de su vida, las personas que realmente ha querido se pueden contar con los dedos de las manos, sobrándole algunos. El equipo siete ha sido su segunda familia y sólo por ellos habría de sentir tal desolación como la que siente ahora.
Kakashi ha sido como un padre, Naruto un hermano y Sakura… Si es sincero consigo mismo, nunca ha podido definirla. Podría decirle amante, pero jamás han compartido un contacto romántico, podría llamarla hermana, pero los sentimientos que ha albergado por ella no caben en aquella clasificación.
Suspira largamente para después murmurar:
—Sakura.
Ha reconocido después de tanto tiempo la sensación única de su chakra al sanarlo.
—Sasuke-kun. —La escucha al transcurrir largos segundos. Su voz suena temblorosa pero aun así, le parece un canto celestial.
Él ha tenido razón, ella ha sido el ángel que ha venido a sanarlo durante tanto tiempo.
Sus manos le levantan el rostro con suavidad y él imagina que puede extender la suya para tantear el de ella. Se mantienen en silencio durante un buen rato, escuchando sus pausadas respiraciones. En el fondo de sí mismo, se cuestiona el por qué ha explotado tanto anhelo por aquella mujer con quien tantas cosas buenas y malas ha vivido.
A sus piernas llega una sensación húmeda, de a poco, en pequeñas gotas. El sonido de unas pisadas fuertes e imponentes los hace reaccionar y sus mejillas dejan de sentirse cálidas, ella se está alejando.
—Sasuke-kun, me voy. —La sensación de sus labios sobre su frente le hace sobresaltarse. —No dejes que los recuerdos maten tu fe.
La idea de viajar por el mundo y redimir sus pecados le ronda por la cabeza en respuesta a Sakura. Quiere hablar, ver, estar y ser; esperando que el tiempo le dé el tiempo de ver la luz de un sentimiento y el sueño que aún puede nacer.
—Sakura, ya habíamos hablado de que tu profesionalismo como shinobi debe estar sobre todo.
Con la presencia de Ibiki, Sakura se aleja de una vez por todas. Antes de que escuche la celda cerrarse, la gruesa voz de Morino le llega a los oídos:
—Eres un hombre de suerte muchacho.
.
Han pasado las horas desde que Ibiki y Sakura se retiraron. Su mente pide descanso, sin importar si es de día o de noche, simplemente lo desconoce. Se acurruca contra la pared y recuerda lo dicho por ellos, susurrando antes de quedarse dormido:
—Los recuerdos no matan mi fe, Sakura.
A su mente ha llegado, después de tantos años, la resolución de que si pudiera volver a nacer, sería en los brazos de ella; tal vez aquél siempre ha sido su lugar.
N/A: ¡Hola! Sé que me dirán "repoio" o algo así, pero yo la verdad ya tenía planes de anexar este drabble al conjunto porque aquí quedaba mejor. La imagen que inspiró este drabble hacía ya un año no la he hallado, pero en el álbum pondre la imagen "lo mismo pero más barato" y el link de la canción en la que me basé para reeditar la historia.
Ya estoy acabando ciclo escolar, así que prepárense que habrá continuación de "La noche caótica". Saludos
