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Roulette
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Escena V
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El auto rojo aparcó algunos metros antes de llegar a la residencia Heartfilia. Ambos ocupantes se quedaron mirando al horizonte oscurecido con algunas pringas doradas de los faroles callejeros. Nada se escuchaba dentro o fuera, ningún otro auto pasaba por la calle. El conductor se acercó a la mejilla de su acompañante para besarla pero ella giró de sorpresa dejando caer el beso sobre sus labios. Él posó la mano sobre la pierna de la chica y jugó con los pliegues de su falda mientras sus labios se abrían e intentaba abrir los labios de su amante con su lengua. Ella cedió a la par que la mano de su chico subía por debajo de su falda. La chica colocó la mano sobre el hombro de él para apoyarse y bajarla entre caricias poco a poco a su entrepierna. Cuando él sintió el roce de sus dedos, su miembro palpitó, la tomó por la cintura, la montó sobre él y apretó con las manos su trasero.
— Natsu, no, alguien... alguien...—entre jadeos Lucy pudo deshacerse del beso a pesar de que Natsu permanecía ahogado en su cuello— ¡Natsu, basta!
Lo empujó con la suficiente fuerza para alejarlo y poder regresar de vuelta a su sitio.
Natsu tenía la bragueta abierta, Lucy iba con los tirantes de la blusa caídos.
— ¿No crees que hemos esperado demasiado?
— Estamos en exámenes, deberíamos estar estudiando en lugar de ir de compras.
— Bonita, debes repetirte eso antes de pedirme ir al centro comercial a comprar regalos para tú fiesta.
La rubia hizo un mohín a Natsu en lo que él se arreglaba la ropa.
— ¿Y cuántos son los invitados de este año?
— Los mismos del anterior más algunos pocos, el profesor Redfox y su hermana, la chica que me arregla las uñas... Pocos.
— ¿Redfox? Si son los Redfox que yo conozco es una verdadera sorpresa que vuelvan a Magnolia.
Lucy se encogió de hombros.
— Supongo que son ellos, no los he tratado pero digamos que el profesor es alguien especial para Levy —se estiró para tomar las bolsas de compra del asiento trasero—. Nos vemos mañana, cariño. Sueña conmigo.
— Y no te imaginas lo que sueño.
Ella dejó de caer un manotazo a broma sobre el hombro de Natsu. Le besó en los labios, dejó el auto y caminó hasta su casa.
El tiempo que compartían y la práctica de Levy por separado habían provocado en ella un destacable avance que sorprendía a Gajeel. La observaba colocar la barra metálica en el mecanismo para realizar el ensayo de tracción. Por más que ella ajustaba la barra seguía quedando flojo con lo que la prueba saldría más. Solo hacía falta eso para que Levy se declarara oficialmente al nivel de sus compañeros más ese cuerpo tan frágil y carente de fuerza bruta la frenaba de su despegue. Gajeel se acercó por detrás, tomó sus manos y le guió para implementar el ajuste perfecto.
Ella olía a duraznos frescos.
Estando tan cerca de ella recordó la noche que durmió envuelto en el aroma que emitía la banda que ocupó como venda meses antes, su habitación se vio invadida del color azul de su cabello gracias a ese aroma.
Sus manos estaban tensas durante el tiempo que él las guió.
— Debe alejarse un poco, McGarden. Es peligroso que se permanezca muy cerca del equipo.
Asintió con la cabeza y dio un par de pasos hacia atrás. Para sus oídos, la máquina creaba un ruido infernal, apenas soportable durante el tiempo de la prueba. Cuando el metal cedió a la presión, Levy gritó, se giró de un salto y se refugió en el pecho de su profesor.
No supo cómo paso pero ella respiraba en su pecho, temblando de la impresión. Reaccionó pasando con torpeza la mano en la espalda de Levy a forma de consuelo.
— Tranquila, McGarden. Debo apagar el equipo.
Para el momento en que respingó por sentir su mano en la espalda, él ya se encontraba colocando todo en su lugar. Levy se quedó congelada con las manos cubriéndole la boca por un instante, no se sentía capaz de tomar responsabilidad por la manera tan débil de reaccionar. Tragó en seco antes de girarse para observar lo que había sucedido y la forma en que Gajeel tomó toda aquella situación. Él estaba observándola con las manos en los bolsillos y una sonrisa irónica.
— Si reacciona de esa manera tendrá que usar tapones para los oídos. Debió haber mencionado su audio tan sensible.
Los labios le temblaban y el ritmo se acrecentó al percibir las lágrimas escurriendo por sus mejillas. Gajeel caminó tranquilo hasta su escritorio para volver llevándole pañuelos desechables para limpiar el rostro de su alumna, trataba de mostrarse lo más tranquilo posible y no abrazarla de la manera incorrecta a pesar de que algo dentro de él lo impulsaba a hacerlo.
— Lo lamento profesor, yo…
— Olvídelo McGarden, seguiremos con la clase el lunes, ya nos hace falta muy poco para las vacaciones y quiero avanzar lo más posible para sus exámenes de inicio de año —tomó su maletín y avanzó hasta la puerta—. Hasta pronto, McGarden.
Dejó a Levy sola en el aula, de nuevo estaba esa sensación de ansiedad al estar muy cerca de elle. Se avergonzaba tanto de sentirse ahora como un adolescente, con esas dudas albergándolo por una estúpida jovencita.
Juvia había insinuado maliciosamente por qué no tenía una novia. Lo cierto es que él no se sentía preparado para una relación que, a su edad, ya no sería de esconderse tras las gradas del gimnasio para verse. También estaba consciente que necesitaba de algo más que ofrecerle a una chica, una casa, un trabajo más estable y mejor remunerado.
No se arrepentía de sus acciones pero deseaba tener una mejor trabajo, algunas veces llegó a pensar qué sería de su vida si nunca hubiera abandonado el ejército, seguramente no habría abandonado su casa, ya sería coronel o General de brigada y hubiera acompañado a sus padres en aquél viaje.
De permanecer en el ejército, a estas alturas estaría muerto.
Antes de abordar el auto le envió un texto a Juvia para avisar que iría a comer fuera y que llegaría tarde a casa. Se recargó en el asiento del conductor pensando a dónde ir, Magnolia no era una ciudad muy grande y lo último que quería era andar vagando por ahí con el tiempo suficiente para contemplar sus pensamientos. Encendió el auto antes de ver a Levy saliendo hacia el estacionamiento para acortar el camino a su casa, si bien podía hacerlo no sentía ánimo alguno de llevarla a su casa.
Las calles de Magnolia al atardecer solían estar más concurridas que de día, los faroles iluminaban las calles acompañados de los anuncios luminosos de los restaurantes, tiendas y pubs. Pocas veces iba al centro, ni siendo adolescente, mucho menos ahora que se concentraba en estar en casa. Ahora que se decidió a darse un tiempo, estacionó frente a un anuncio no tan luminoso como los demás, algo más íntimo. Bajó del auto, miró a ambos lados de la acera para asegurarse de no ver ningún conocido cerca y entró.
El ambiente no era otro que el esperado para un sitio de su tipo, mesas pequeñas, taburetes cerca de la barra, hombres sentados jugando cartas o billar en una mesa al fondo. Olor a cigarrillos, licor; tarros de cerveza y vasos de licor chocando y sonando al son de un brindis o del simple manejo del mesero.
Sentado en la barra, pidió un whisky. Miraba al frente con las manos cruzadas por sobre la mesa repasando qué diablos lo hacía sentirse impaciente cuando McGarden estaba cerca. Es cierto, era bonita, agradable y su voz muy dulce, pero no dejaba de ser una chiquilla menor de edad y aún más importante, su alumna.
Llevaba 3 tragos de whisky antes de que pidiera la botella completa. El alcohol fue haciendo que se le olvidara la tensión que le causaba estar en esa maldita escuela. Pero no era lo único que olvidaba por el alcohol.
Lo siguiente imagen en su mente fue una marea roja con olor a cerezas y cigarrillos.
Lo siguiente que sintió fueron sus pechos rebosantes rozar contra su torso desnudo.
Lo siguiente que escuchó fueron los crujidos de su cama, los jadeos propios y los gemidos de ella.
— Más...
Un mordisco en su oreja
— Más...
Su lengua hundiendose en la boca ajena, el sabor intenso del alcohol se adhería a sus papilas.
Cuando abrió los ojos, la luz de la calle atenuaba la oscuridad en el cuarto a través de las cortinas celestes. Apenas distinguió unos mechones rojos cayendo sobre su pecho.
Cuando Juvia abrió la puerta, apenas una vez después de que sonara el timbre, el hombre pelirrosa se le echó a los brazos. Ella simplemente abrió los brazos Para dejarlo mientras miraba sorprendida a la rubia que estaba en el portal.
— ¡Juvia, que felicidad volver a verte! ¡Y mírate, más bella que nunca!
Un par de años mayor, más alto y fornido, Natsu no era más la persona que ella recordaba haber visto en el funeral de su padre.
— Hola, Natsu. No esperaba verte por aquí, menos en domingo.
— Es mi culpa, señorita Redfox —le extendió la mano A la peliazul—, soy Lucy Heartfilia, novia de Natsu. Perdone que le importunemos hoy pero le traemos una invitación.
—¿Y Gajeel?
Fijó la mirada en Natsu mientras recibía de mano de Lucy la invitación.
—Gajeel tuvo que hacer unas compras ahora pero claro que iremos a su fiesta —guardó la invitación en su delantal— Muchas gracias.
Se despidió amablemente de ellos al tiempo que cerraba la puerta. La pareja caminó hacia un auto donde pudo observar, en el asiento trasero, a una chica de cabellos garzos y lentes rojos.
Juvia pasó a la cocina, se asomó al horno y verificó el tiempo que le quedaba de cocción a su pastel, tomó una pera y fue al patio trasero para observar a Gajeel lijar los niveles de un librero.
— ¿Quién era?
— Hmmm, nadie importante. Por cierto, espero que la próxima semana podamos ir de compras, necesito ropa que me quede— dio un mordisco a su pera—, ya casi viene navidad y podríamos ir a algún lado, una fiesta o algo...
Gajeel pareció no escucharla, continuó su labor. Su mente se concentraba en dilucidar si lo imaginó o en ese auto Iba Levy McGarden...
Gracias por leer. Espero sus amable comentarios.
