.
Roulette
.
.
.
Escena VII
.
.
.
Tal vez nadie más en esa fiesta notó aquel beso. Ello, sin embargo, causó que empezara a apretar los puños.
La distrajo un peso extra en sus hombros.
— ¡Qué lindura! Al parecer tu maestro ya tiene novia. Nada tonto, una entrenadora de porristas—ambas sabían que Cana, recargada sobre Levy, era lo suficiente maliciosa para realizar el comentario.
— Sí, ella es bonita
— ¿Bonita? ¿Ya viste el trasero de esa mujer?
Levy se sonrojó. Cana le acercó la copa de mimosa que tenía en la mano.
— Ya, ya, no quiero verte celosa. Toma un poco de esto, te va a gustar.
Estuvo tentada a rechazarla y continuar bebiendo jugo de manzana hasta que la mezcla entre curiosidad y celos objetaron a su razón. Bebió el cóctel hasta la última gota de un trago, al tiempo que hacía una mueca de desagrado conforme el sabor del alcohol llenaba su garganta.
— No tienes que beberlo si no quieres, Levy —retiró de sus manos la copa vacía—, aún debemos continuar repartiendo regalos.
Lucy estaba ahora sentada sobre las piernas de Natsu, la fila de niños se había agotado y ahora estaban todos disfrutando de una larga mesa de bocadillos y postres. Levy nunca antes probó alcohol, así que lo poco que tomó comenzaba a acalorarla. Se quitó el gorro.
— Quiero otro de esos por favor, Cana. Después de todo no saben tan mal.
—Al parecer el embarazo te va sentando mejor.
Casi toda Magnolia estaba en esa fiesta, así que era sencillo suponer que él también lo estaría. Recogió un mechón de pelo detrás de su oreja mientras lo miró acercarse a ella con una sonrisa clavada en el rostro.
—Es fácil decirlo cuando no eres tú quien lucha cada mañana por entrar en la ropa, Gray.
— Hola Gajeel —Gray le ofreció la mano a Gajeel mientras dirigía la mirada a Flare—, hola Flare.
— Es bueno verte, Gray. Bien, habiendo saludado todos ¿Podríamos hablar afuera un momento, Gajeel? Si es que tu hermana no tiene algún inconveniente.
— A mí ni me metan, ya tiene edad para decidir a dónde va.
Su hermano solo le contestó con una mirada afilada. Puso las manos dentro de la chaqueta, caminando rumbo a la salida detrás de Flare.
— Entonces —Juvia aún seguía a su hermano con la vista, hasta que Gray reanudó la conversación—, ¿cómo han estado?
—Bien, gracias por preguntar. El tiempo pasa bastante rápido y dentro de un par de meses podré ver su carita al fin.
Ambos sonrieron.
— ¿Conoces el sexo?
— Es algo que prefiero saber al final, aunque Gajeel sí lo sabe, alguien debe estar por completo al tanto de esos datos.
— ¿Qué hay del padre?
Las mejillas de Juvia fueron teñidas de un leve carmín que coronaba la incómoda mueca que trataba de ser una sonrisa, su incomodidad era tal que difícilmente Gray no lo notaría.
— Demasiada información, ¿no es cierto? Lo lamento.
— Son cosas con las que debo lidiar, ¿te molesta que sea madre soltera?
— De ningún modo —Gray sacudía las manos frente a él a forma de disculpa—, no hay forma de que me disguste que estés soltera.
Ella volvió a sonrojarse, esta vez de una manera distinta.
— Se ve que tu hermana es una ternurita.
— Lo es, solo que no se conocieron en las circunstancias adecuadas.
Afuera no había nadie, el patio estaba cubierto de una fina capa de nieve. Hacía frío, era obvio que ningún asistente a la fiesta abandonaría la calidez y el bullicio dentro de la mansión.
Ellos eran los locos.
— No la culpo, verme desnuda y en menos de 5 minutos salir de su casa resulta poco confiable.
Rieron.
— Fue agradable pasar la noche contigo. Además del sexo, claro. Eres una persona agradable.
— "Además del sexo"— Gajeel posó de nuevo la mano sobre el escote de Flare, esta vez intencional, y frotó su espalda que estaba ya bastante fría—, No pareces cohibirte al respecto.
— ¿Por qué hacerlo? Disfruto de ello, aunque procuro no hacer mucho alarde. Mis alumnas no son precisamente misericordiosas con situaciones de este tipo.
Estaban ya lejos de las farolas que iluminaban el patio de la mansión, internándose en una especie de bosque personal que los Heartfilia mantenían.
— También lo pasé bien. Fue bueno relajarse un rato, volver aquí me ha hecho...
Suspiró
— Esa noche estabas mal, Gajeel. Ebrio no alcanza a describir todo el alcohol que ingeriste.
— No es algo de lo que me enorgullezca.
De nuevo rieron.
— Pero Gajeel —detuvo el caminar y lo tomó de la mano—, sé que no fue la mejor forma de conocernos pero en verdad quisiera que podamos continuar viéndonos. Como amigos, claro.
Él suspiró. Una ligera nube blanca escapó de su boca.
— ¿Por qué no? Supongo que así podrías tratar a Juvia.
—Espero agradarle más —se cubrió los hombros con las manos y se frotó con fuerza. Estaba helada—. Vaya que hace frío aquí, debo volver dentro o moriré congelada.
Antes de emprender el camino de vuelta, se colgó de su cuello y lo besó en los labios. Gajeel no tuvo tiempo de responder.
— Si necesitas algo sabes dónde buscarme —aun cubriendo sus hombros comenzó a caminar hacia la mansión—. Y como recomendación: tus alumnos aún son menores de edad, evítate un problema y aléjate de la chica McGarden.
— ¿Qué tiene que ver ella en eso?
— Nada, espero. Solo me inquieta que mencionaras su nombre mientras tuvimos sexo.
No era el frío. Solo se congeló.
Inhaló. Exhaló.
Contó hasta 3.
Inhaló. Exhaló.
Cana estaba a su lado. Vio a Rogue acercarse.
— ¿Viste a dónde fue Levy? Me quiero despedir, debo irme.
— ¿Y eso es culpa mía?
— Solo te estoy preguntando algo, Cana.
— Ya. Creo que fue al baño. Nos quedaremos a dormir aquí.
Suspiró.
— ¿Tú la has visto, Natsu?
— No lo desconcentres, Rogue. Está a nada de suicidarse.
Rogue giró los ojos.
— La veré mañana entonces. Feliz navidad, chicos.
Ambos lo ignoraron.
El moreno se alejaba. Natsu inhaló y exhaló una vez más. Caminó rumbo a la banda de música y tomó un micrófono. Lo golpeó un par de veces y lo demás calló.
— Buenas noches —risa nerviosa, se aclaró la garganta—, espero que disfruten de la fiesta yo solo... bueno, como saben llevo ya un tiempo saliendo con Lucy, la veo ya como la mujer de mi vida y...
Lucy empezó a caminar entre la gente hasta llegar casi frente a Natsu
— Te amo, ¿debo decir más?
Él sacó del bolsillo un estuche forrado en terciopelo rojo. Un hermoso anillo salió de el estuche.
Lucy se cubrió la cara con las manos mientras meneaba la cabeza en forma afirmativa.
Todos los presentes aplaudieron y ella corrió a abrazar y besar a Natsu.
La banda comenzó a tocar, la pareja se separó del abrazo y Lucy fue donde estaba Cana.
— ¡Es tan bello! —al tiempo que levantaba la mano con el anillo puesto. Miró alrededor, buscando—. ¿Y Levy?
Ella conocía la casa. Sabía cómo andar por ahí sin que la vieran.
Pero estaba ebria.
Un cóctel se unió al anterior, luego otro más y otro más. Cuando Cana se percató, solo había más de una docena de copas vacías y nada de Levy McGarden.
No, no eran celos; pero no podía soportarlos juntos, como ella lo miraba y como él la tocaba. Lo que más le enfadaba era escuchar que él dijera su nombre de pila.
Estaba escondida tras un arbusto con el trasero mojado por la nieve, observando como Gajeel y Flare platicaban. Por ratos se mareaba, se sostenía del arbusto para no caer, ya que su posición en cuclillas no resultaba amistosa con su alcoholizado cuerpo. Estaba cansada mas no podía dejar de mirarlos.
Además del sexo la oyó decir mientras su estómago burbujeaba rabia.
¡No, no, no! ¿Por qué ella estaba tan angustiada por las relaciones de Gajeel?
¿Por qué?
Entonces, lo besó. Levy sintió finas lágrimas escurrir por sus mejillas. Se dejó caer sobre la nieve y abrazó con fuerza sus propias piernas, absorta en el recuerdo que había creado su mente al ver aquél beso. No eran celos, no eran celos y por más que lo repetía mentalmente sabía que no era así.
Lo quería.
Y sin notarlo, sus sollozos subieron de volumen.
— ¿McGarden? ¿Qué hace afuera y toda mojada?
No podía confundir su voz, era él, mirándola hacia donde ella estaba posada. Respingó, sin pesar siquiera en la vergüenza que le daba estar mojada, llena de tierra y pasto, con la nariz congestionada, rojiza y ese ridículo traje; se puso de pie, miró a Gajeel lo más directo que su estatura e permitió y señaló con el índice hacia su pecho.
— ¡Tú! —gritó como si la vida se le fuera en ello—, ¡Tú eres el único responsable de que yo esté en estas condiciones!
Se tambaleó al comenzar a rodear el arbusto para quedar frente a Gajeel, tratando de que sus ya húmedas medias no lo estuvieran más.
— ¿Acaso está eb…
— ¿Ebria? ¡Sí! ¡Sí lo estoy! ¡Y también de eso tienes la culpa! Porque no puedo creer que andes por ahí paseándote con ella.
— ¿Con Flare? ¿Le molesta que vea a Flare?
— ¿Por qué con ella? ¿Por qué te acostaste con ella, por qué la besaste? ¿Por…
El cuerpo de Levy era tan delgado que la levantó por la cintura, ella luchó un poco.
Hasta que Gajeel la besó.
Gracias por leer.
