5 años después…
Una soleada mañana de sábado se encontraba Lidia dormida en su amplia recamara, envuelta entre sus sábanas. Ella tenía 23 años y un hermoso hijo de 5 años al cual amaba con toda su alma, vivieron los años más difíciles que hayan podido vivir pero él siempre le dio ese empujoncito para seguir adelante.
Aún conservaba sus riquezas, tenía inversiones en la Bolsa de Galeones Mágica y había invertido en muchos negocios que se vieron afectados durante la guerra, entre ellos el de Sortilegios Weasley. No asistió a Hogwarts pero logró estudiar por correspondencia obteniendo su título, fue difícil pero logró todo lo que se propuso.
"¡Mami! ¡Mami!"- exclamó la vocecita de su hermoso hijo de 5 años, quien venía corriendo, saltó en su cama y le abrazo
"¡Oh, cariño!"- exclamo Lidia despertando de golpe. Scorpius le comenzó a dar besos en todo su rostro- "¡Cuanta energía!"
"¡Mami es la más hermosa del universo!"- exclamaba su hijo y comenzó a saltar en la cama, ella reía al verle tan contento.
"Y tú eres el niño más hermoso del universo entonces"- le dijo Lidia- "Ya, deja de saltar o caerás y no quieres ir a San Mungo, ¿verdad?"- le pregunto alzando una ceja.
"Oh, no, no quiero"- le respondió su hijo dejando de saltar y se sentó frente a ella.
"Bueno, deja que mami vaya al baño y desayunamos. ¿Te parece?"- le pregunto
"¡Sí! Y luego al callejón Dialon"- le dijo su hijo feliz
"Diagón, bebé, Diagón"- le dijo Lidia corrigiéndole- "¿Pero quién te dijo que iremos al Callejón Diagón?"- le pregunto mientras se levantaba de la cama.
"Oh, por favor mami, por favor"- le pidió Scorpius poniendo sus manitas juntas
"Pero mami hoy está muy ocupada, mi amor"- le respondió. Scorpius tenía una expresión algo triste- "Oh, bebé, no te pongas así. Podemos ir mañana y te llevaré a todos lados"- le volvió a decir tomándolo en sus brazos y le dio un beso en la frente.
"¿Me lo prometes?"- le pregunto su hijo con la voz triste.
"¡Por supuesto!"- le respondió estrechándolo en sus brazos- "Ahora, quita esa carita triste que mami te comprará lo que quieras mañana"
Lidia puso a su hijo en el suelo y se fue al baño para tener un poco de privacidad, asearse un poco antes de darle de comer. Cuando termino de asearse, fue al cuarto de su hijo quien se encontraba jugando con unos carritos de madera encantados. Ella lo contemplo por unos momentos recordando a su antiguo amor, el amor de su vida con el que tuvo ese hermoso regalo.
Regreso a la realidad al ver que su hijo le miro con sus ojos marrones y penetrantes, él le sonrió. Esos hermosos rizos rubio platinados, su perfil afilado y su sonrisa típica de un Malfoy, pero los ojos no… Los ojos eran de Lidia, marrón oscuro y en forma de almendras, enormes y muy expresivos.
"Ven, vamos a desayunar y después un baño"- le dijo Lidia.
Scorpius dejo sus carritos a un lado y fue donde su madre, la tomo de la mano y bajaron las escaleras. Se sentaron en el suntuoso comedor, ella a la cabeza y su hijo a un lado de ella. En la mesa ya estaban sus platos con su desayuno, eran panqueques con sirope y un poco de frutas silvestres. Scorpius tomo su tenedor y su cuchillo, comenzó a cortar su panqueque con dificultad y se lo metió a la boca, masticaba un poco ruidoso.
"Bebé, boca cerrada"- le corrigió Lidia, él le hizo caso y cerró su boquita de inmediato y comenzó a masticar así para complacer a su madre, ella le sonrió complacida.
"Mami, cuéntame sobre mi tío Harry"- le pidió su hijo sonriente.
"Has escuchado muchas veces esa historia, incluso ellos mismos te la han contado"-le dijo su madre dulcemente.
"Pedo me gusta como lo haces tú"- le respondió su hijo
"Bueno, está bien"- accedió su madre bajando sus cubiertos y dejándolos en su plato-"Eran tiempos oscuros, todo era muy diferente. Nadie se atrevía a salir de sus casas…"- comenzó a contar su madre.
Al medio día, Scorpius se fue a su habitación de juegos a distraerse mientras que Lidia estaba en el estudio sentada detrás de su escritorio firmando algunos contratos de proveedores para los materiales de artículos de broma. Tocaron a la puerta, ella alzó la vista.
"Pase"-dijo. La puerta se abrió y un rostro familiar salió a la luz- "¡Ron! ¡Que alegría!"- exclamó Lidia dejando a un lado los contratos, se puso de pie mientras que Ron se acercaba a ella.
"Hola, ¿cómo has estado?"- le saludo su amigo con un abrazo. Ella le mostro asiento y él se sentó en la silla frente al escritorio de Lidia, luego, ella tomo asiento en su silla detrás del escritorio.
"Bien, ¿y ustedes? ¿Cómo sigue Hermione de su enfermedad?"- le pregunto Lidia
"Pues, te tengo una sorpresa… ¡Está embarazada!"- exclamo Ron al final
"¡¿Embarazada?! ¡Oh, por Merlín! ¡Pero que hermosa noticia!"- exclamo Lidia.
"Sí, estamos muy emocionados. Ella empezó a comprar libros sobre maternidad, crianza y toda esa tontería de cuidar a los bebes"- comenzó a decir Ron
"Entonces será una gran madre porque se está preparando. Oh, no la culpes, ya sabes cómo es ella de estudiosa y preparada"- le respondió Lidia riendo.
"¡Tío Ron!"- exclamo una vocecita detrás de Ron. Era Scorpius que venía corriendo hacia él.
"¡Hey, hola!"- saludo Ron poniéndose de pie e inclinándose un poco para atrapar al pequeño y cargarlo- "¿Cómo está mi cómplice de aventuras?"
"Tiste"-le respondió Scorpius
"¿Pero por qué?"- le pregunto Ron.
"Es que le prometí que iríamos al callejón Diagon pero no pude"- respondió Lidia- "Pero bebé, te prometí que iremos mañana"- volvió a decir esta vez refiriéndose a su hijo.
"Oh, si quieres yo lo llevo y tenemos un tiempo… ya sabes, tarde de chicos"- dijo Ron
"¡Sí! ¡Tarde de chicos!"- exclamo el pequeño Scorpius.
Lidia dudó.
"Oh, vamos, Lidia. Soy bueno con los niños"- le pidió Ron, ella alzó una ceja con incredulidad- "¡Oye! Al menos es para practicar eso de ser papá"
"Mami, por favor"- le pidió su hijo.
"Está bien"- respondió al fin Lidia algo dudosa
"¡Yupi!"-exclamo su hijo
"¡Pero! Se portan bien… ¡Ambos!"- les advirtió Lidia
"¡Vamos, tío! ¡Vamos!"- exclamo Scorpius.
Ron y Scorpius salieron del estudio, se dirigieron hacia la chimenea de la sala de estar. Ron tomo a Scorpius de la mano y se pararon en la chimenea para utilizar la red flu,
"¡Callejón Diagón!"- exclamo Ron.
Llegaron al callejón Diagón, Scorpius iba tomado de la mano de su tío Ron. Al pasar por la multitud, muchos magos se quitaban el sombrero ante Ron y las brujas le sonreían y saludaban. Scorpius no había ido al callejón Diagón en su vida, para él era una experiencia maravillosa, miraba a todos lados, sus ojitos casi se salían de su órbita por mirar tantas curiosidades que lo rodeaban.
"Mira, Scorpius"- dijo Ron señalando un pequeño local- "Ese es Ollivander's. Ahí comprarás tu primera varita, igual que tu madre y yo"
"¿Podemos comprar una ya?"- le pregunto Scorpius
"No, aún no, pero cuando tengas 11 podrás comprarla"- le explicó Ron- "Y entrarás en Hogwarts, serás todo un Gryffindor, pero no te metas en problemas o volverás loca a tu madre."
"Tío Ron, quiero un helado"- le pidió Scorpius cuando vio una niña de unos 8 años de la mano de su madre comiendo un helado color verde neón.
"Oh, el mejor lugar es la Heladería Florean Fortescue. Venden el mejor helado de menta y chocolate del universo"- le dijo Ron.
Comenzaron a caminar pero Ron se detuvo en seco.
"¡Casi lo olvido!"- exclamo
"¿Qué, tío? ¿Qué?"- pregunto Scorpius con curiosidad
"Es que tu tía Hermy quiere que le compre un libro y si lo olvido me aniquila"- le respondió Ron con una voz de miedo recordando la cara de Hermione enojada.
"Entonces vamos"- le respondió Scorpius tirándolo de la mano.
Caminaron hacia Flourish and Blott's. Cuando abrieron la puerta, sonó la campana cuando entra un cliente. Scorpius miraba los enormes estantes abarrotados en libros que había en la tiendita.
Ron se metió a un pasillo que decía "Maternidad", comenzó a buscar entre los títulos de los libros pero parecía no encontrar nada. Vio a uno de los que trabajan en la tienda y le pregunto sobre el libro. Le soltó la mano a Scorpius y él aprovecho para escabullirse de su tío.
Scorpius camino entre las personas y revisando los diferentes estantes llenos de libros, tocaba los libros con su dedito para sentir la portada de algunos. Sonó la campana de la puerta una vez más anunciando otro cliente, Scorpius se asomó para mirar la puerta y le llamo la atención ese ruido. Se acercó a la puerta y vio a otra bruja entrar, volvió a sonar la campana, miro hacia su tío quien seguía ocupado, miró hacia fuera y decidió salir. La puerta era pesada pero un mago que iba saliendo la abrió, aprovecho para escabullirse de la tienda sin ser visto.
Camino entre la multitud, no sabía dónde ir, estaba perdido. Las personas no miraban hacia abajo, lo que hacía difícil esquivarlos. Se sentía perdido y desorientado, corrió hacia una esquina y se chocó contra alguien. Miró hacia arriba y vio un rostro pálido, ojos grises y cabello rubio platinado, lo miraba fríamente.
Draco sintió una rara sensación en su pecho al ver a ese pequeño niño rubio y pálido de ojos marrones. Esos ojos almendrados y penetrantes. ¿Dónde los había visto?
"¿Estas perdido?"- le pregunto Draco a Scorpius, se agachó para intentar estar a su altura. Él sólo asintió.- "¿Buscas a tu mamá?"
"N-n-no"- balbuceó Scorpius- "Bus-busco a mi- a mi tío"
"¿Cómo te llamas?"- le pregunto Draco
"S-scorpius"- respondió con la voz apagada.
"¿Y tu tío como se llama? ¿Dónde estaban?"- le pregunto Draco mirando a todos lados a ver si alguien se les acercaba.
"R-ron y, y, y estábamos comprando un- un libro para mi tía Hermy"- respondió Scorpius balbuceando.
¿Ron? ¿Hermy? Draco sólo conoce un Ron y una posible Hermy que debe ser el abreviado de Hermione. Este niño no debe ser hijo de Potter porque su esposa Weasley es pelirroja y el pelinegro. Esos ojos almendrados y color marrón, cabello rubio platinado.
"¡Scorpius! ¡Scorpius!"- gritaba Ron desesperado.
Draco alzo la mirada y vio a Ron Weasley desesperado buscando al pequeño que estaba perdido. Se levanto y alzo su brazo haciendo aspavientos para que Weasley le viera.
"¡Hey! ¡Weasley! ¡Aquí!"- le llamo Draco.
Ron le miro y vio a Draco Malfoy junto a Scorpius. Sintió como la sangre le bajaba de la cabeza, se puso pálido y nervioso. Eran igualitos, idénticos. Se acercó a ellos con cautela mirando a Draco nervioso.
"Ho- hola, Malfoy"- le saludo temeroso. Draco alzo una ceja con incredulidad.
"Debes tener más cuidado. No se debe quitarle los ojos de encima a un niño"- le recomendó Draco arrastrando las palabras.
Ron casi no quería responder. Normalmente lo mandaría a la porra por haberle hablado así, pero tenía una mayor preocupación en este momento. Padre e hijo estaban tomados de la mano y ninguno lo sabía.
"¿Qué pasa Weasley? Estas raro"- le pregunto Draco con curiosidad
"N-n-no nada, no pasa nada"- le respondió balbuceando.
"Scorpius, dile a tu madre que no te deje salir con él"- le dijo Draco a Scorpius sarcásticamente.
"Mi mami no quería que fuera con él pero es que ella me prometió que me traería aquí hoy"- comenzó a decir Scorpius, Ron estaba paralizado- "Está ocupada trabajando pero mañana ella me dijo que íbamos a regresar"
"Y tu padre tampoco va a querer que salgas con tu tío"- le dijo Draco riendo. Asique mañana él y su madre regresan, Draco tiene que ver eso.
"Yo no tengo papi"- respondió Scorpius. Ron palideció- "Sólo somos mi mami y yo para siempre"
Draco escucho otra vez en su mente "Mi mami y yo para siempre". Recordó las palabras de Lidia cuando le susurraba al oído "Somos tú y yo para siempre".
"Bueno, creo que debemos regresar con tu mami"- dijo Ron nervioso, la voz le temblaba. Draco no le quitaba la mirada de encima.
"¿Quién es su madre, Weasley?"- le pregunto molesto Draco. Ron no respondió.
"Yo creo que no soy el mejor para responder a eso, Malfoy"- le respondió finalmente Ron nervioso.
Ron tomó a Scorpius de la mano para retirarse.
"Gracias por encontrarlo, me salvaste la vida pero no soy el que deba responder a tus preguntas"- le volvió a decir Ron.
Draco se quedo parado con un montón de preguntas en su cabeza. Vio a Scorpius girar su cabecita y mirar a Draco mientras se alejaban.
Ese día en la tarde después de haber dejado al pequeño Scorpius en casa de Lidia, Ron no le mencionó haber visto a Draco Malfoy ni que Scorpius se perdió y lo encontró con él. Decidió regresar a casa junto con su esposa Hermione, quien tenía 3 meses de embarazo. Ella estaba tejiendo un hermoso zapatito color amarillo para su bebé mientras tarareaba una canción. Ron entró a la sala de estar y miró a su hermosa esposa nervioso.
"Hola, cariño"- le saludo Hermione feliz mientras tejía, alzo la mirada y le vio como si hubiera visto un fantasma- "¿Qué tienes?"
"Emmm, no, no pasa nada… todo bien"- le mintió Ron sentándose en el otro sillón a un costado del de ella.
"¿Ahora qué hiciste, Ronald Weasley?"- le pregunto Hermione molesta dejando a un lado su tejido y mirándolo de modo amenazador.
"¿Por qué siempre piensas que hice algo?"- le pregunto Ron con una expresión de ofendido. Hermione no cedió y le miró más amenazadoramente, él cambio su rostro- "Oh, está bien, está bien. Pero júrame que no te enojaras ni te ofuscaras por el bien del bebé… y bueno, del mío"
"¡Sólo dilo!"- le exigió Hermione.
"¡Está bien! Es que fui al callejón Diagón y pues fui con Scorpius para practicar eso de ser papá. Lidia me dio permiso. Fuimos a buscar helado pero recodé que tenía que comprar un libro para ti, estaba hablando con el encargado porque no lo encontré y pues, me descuide un poco…"- comenzó a explicar Ron tratando se sonar inocente pero Hermione le miro enojada.
"¡Perdiste a Scorpius!"- le grito Hermione poniéndose de pie de un salto, Ron abrió los ojos como platos asustado- "¡Lo sabía! ¡Lo perdiste! ¡Eres un irresponsable, Ronald Weasley! ¡Oh, pero es que Lidia es una tonta al haberte dado permiso! ¡Ni yo te hubiera dejado ir con nuestro hijo solos!"- gritaba Hermione.
"Eso no es todo"- le dijo Ron casi murmurando pero ella le escucho y le miro enojada.
"¿Qué otra cosa hiciste? ¿Está en el hospital?"- le pregunto Hermione enojada.
"¡No! Pero es que… pues… se encontró con Malfoy, o más bien Malfoy es el que lo encontró"- le confesó Ron. Hermione cubrió su boca con ambas manos y tenía una expresión de preocupación- "No le dije nada a Lidia y le pedí a Scorpius que fuera nuestro pequeño secreto. ¿Hice bien?"
"Sí, hiciste bien"- le respondió Hermione de manera atropellada. Ella camino de un lado para otro buscando una respuesta, luego se detuvo en seco y le miró- "Es lo mejor. No digas nada, no le menciones nada a nadie. Ni siquiera a Harry"
Ron asintió.
Al día siguiente, Lidia se encontraba preparando el desayuno del domingo. Ese día Blinky lo tenía libre para hacer lo que quisiera.
"¡Mami! ¡Mami!"- exclamo Scorpius entrando a la cocina como rayo- "¡Hoy es el gran día!"
"Hola, cariño. ¿Gran día?"- le pregunto su madre dejando a un lado el cucharón.
"¡Sí! ¡Hoy vamos al callejón Diagón!"- exclamo su hijo saltando de emoción. Ella cayó en cuenta y no supo qué decir. No tenía opción, no podía negárselo. Lo había olvidado.
"Oh, sí. El gran día"- le respondió Lidia- "Primero desayuna y luego vamos. ¿Te parece?"
"¡Sí!"-exclamó su hijo.
Scorpius se sentó en el suntuoso comedor a esperar que su mami llegara con su desayuno. Lidia entro al comedor con ambos platos de avena sabor a banana y canela, le puso el plato frente a Scorpius y luego se sentó junto a él.
"Si te lo comes todo, te llevo a Sortilegios Weasley"- le prometió su madre.
Scorpius le sonrió y comenzó a comer apresuradamente para terminar lo antes posible.
"No tan rápido. Puede darte indigestión. Come despacio que el callejón Diagón no se va a ningún lado"- le ordenó Lidia dulcemente.
Al finalizar el desayuno, Lidia y su pequeño hijo se vistieron para ir al callejón Diagón. Era la primera aparición de ambos frente a toda la sociedad mágica como madre e hijo. Ella tenía años de no ir al callejón Diagón a pesar de haber invertido en Sortilegios Weasley, usualmente usaba el método de aparición para ir al local y asegurarse que todo estuviera en orden. Usaron la red flu por la corta edad de Scorpius y porque ella no cree que sea seguro la aparición.
Llegaron al callejón Diagón, al igual que a Ron, Lidia recibía muchos saludos de brujas y magos de la comunidad, algunos se quitaban sus sombreros y otros les hacía una reverencia con elegancia, ella les respondía con una amplia sonrisa. Scorpius notó que su madre debía ser alguien importante, tan importante como su tío Ron.
"Mami, quiero helado. Tío Ron se olvido de comprarme uno"- le dijo su hijo.
"Oh, ese tío tonto. Está bien, vayamos por unos"- le respondió Lidia.
Tomados de las manos entraron al local. El encargado era el mismo dueño del local, les saludo con una gran reverencia.
"¡Señorita, Barcasnegras!"- exclamo el señor Florean- "Es un honor atenderle"
"Buenas tardes, señor Florean"- le saludo Lidia de manera dulce y educada.
"¿Es ese su hijito? Es muy guapo"- le dijo el señor Florean dulcemente- "Heredaste los ojos de tu madre"- le dijo a Scorpius quien le respondió con una sonrisa tímida.
"Sólo eso heredo de mi"- le respondido Lidia con la voz apagada.
"¿Qué les puedo servir?"- le pregunto el señor Florean.
"A mi me da un helado de malvas y melocotón envinado"- le pidió Lidia- "Y a él uno de vainilla francesa y caramelo en vasito ambos, por favor"
"En seguida"- le respondió el señor.
Sacó unos vasitos dorados y sirvió en ambos dos bolas enormes de helado, se los entregó con una cuchara.
"Invita la casa"- le dijo el señor Florean guiñándole un ojo a Scorpius, quien tomo su helado con timidez.
"Oh, no señor Florean. No puedo aceptarlo"- le dijo Lidia negándose dulcemente pero el señor Florean se rehusó a recibir su dinero.
Lidia tomó a su hijo de la mano y se sentaron en la parte frontal cerca a la ventana de la heladería. Comían su helado alegremente y riendo.
Draco Malfoy había decidido ir al callejón Diagón en busca de la madre de ese niño tan familiar. Miro en todos los establecimientos, le dio la vuelta dos veces al callejón hasta que de repente la vio. Era ella, sentada en la heladería junto al pequeño Scorpius compartiendo un helado, estaba más hermosa que antes. Su corazón dio un vuelco, las manos le comenzaron a sudar, sentía mariposas en el estómago.
Los analizó por un momento, el pequeño Scorpius con su piel pálida y su cabello rubio platinado, las facciones tan finas y elegantes como las de un Malfoy y esos ojos marrones almendrados iguales a los de su madre.
Decidió entrar al local sin más ni más. Tenía que enfrentarla y saber la verdad, ella tenía que responderle muchas preguntas. Se abrió paso entre la multitud, se paro justo frente a la puerta de la heladería y la abrió. Giró hacia dirección de Lidia y su hijo, se paró frente a ellos y se aclaró la garganta.
Al ver una figura alta masculina vestido en negro de manera elegante, ella alzó la mirada y su sonrisa se borró de su rostro. Él la miro con esos ojos grises penetrantes, tenía la mirada dura y ella no sabía qué hacer. Su rostro se crispó al instante, sabía que esos ojos fríos como témpanos habían descifrado la verdad.
"Draco"- dijo Lidia casi sin voz.
"Hola, Lidia"- le saludo nervioso pero intento mantener su semblante frío- "Años de no saber de ti"
Ella solo asintió nerviosa. Él podía ver el miedo en sus ojos, podía sentir el miedo que despedía de su cuerpo, pero esos hermosos ojos marrones lo mataban, eran su debilidad.
"Supe que él es tu hijo"- le dijo arrastrando las palabras. Scorpius los miró confundido- "¿Cuántos años tiene?"
Lidia no respondió.
"Tengo 5 años y voy para 6"- respondió Scorpius de forma natural. Draco miro a Lidia con una ceja alzada, ella le quito la mirada.
"¿Cuándo naciste?"- le pregunto Draco a Scorpius. Lidia lo miro y le fulminó con la mirada.
"Mi mami dice que me tenía en su pancita cuando peleo por todos en la guerra"- volvió a responder Scorpius con naturalidad mientras se llevaba una cucharada de helado a su boquita.
Draco sintió como si una venda gruesa atada en sus ojos se cayera. Le miro con dolor a Lidia, no podía creerlo. Todas sus preguntas fueron respondidas, todo quedo claro. Él era suyo.
A Lidia se le llenaron los ojos de lágrimas y comenzaron a salir espesamente. Este secreto al fin había salido a la luz. Ella no podía mirarle. Se llevo una mano a su boca para ahogar un sollozo. Draco tragó saliva y le tomo por la quijada para alzarle su vista.
"¿Es mío, verdad?"- le pregunto con dolor. Pero Draco no podía ocultar lo que sentía por ella, sus ojos despedían amor. Incluso pudo sentir un rayito de esperanza en su corazón.
"S-s-s-sí"- le respondió Lidia mientras sus lágrimas salían de sus ojos- "Draco, aquí no debemos hablar"
"Entonces vayamos a mi casa"- le respondió Draco de manera fría.
