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Roulette

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Escena VIII

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Todo era completo silencio.

La boca le sabía agria, sus labios estaban resecos. Estaba acostada sobre su mano derecha, la notó adormecida, al intentar moverse todo su mundo se sacudió. Agradeció infinitamente el silencio.

— ¡Buenos días, princesa!

Como retumbos sobre sus tímpanos, los pasos de Cana se fueron acercando a la ventana, donde corrió las cortinas al tiempo que gritaba su saludo, que azotó en las entrañas a Levy cuando los rayos de sol reflejados en los techos nevados de Magnolia le perforaron los párpados y fueron directamente a su cerebro.

Por impulso, se puso una de las almohadas delante del rostro.

— De acuerdo, los presento: Levy, resaca; resaca, Levy —Cana se sentó junto a Levy en la cama, levantó una esquina de la almohada para poder mirarle el rostro—. Toma, te traje jugo y un analgésico, debes bañarte y bajar a desayunar.

Levy, aún con los ojos entrecerrados, retiró la almohada por completo de su cara y se sentó a la orilla de la cama, aceptando lo que Cana le ofrecía.

— ¿Recuerdas algo de anoche? — Levy negó con la cabeza—. Vale, tu perrito faldero se fue antes del gran anuncio de Natsu, el que por cierto Lucy tomó de muy buena gana. Luego, bailamos un rato, conocí a uno de los primos de Natsu que está de muy buen ver, íbamos al almacén de la piscina para… bueno, eso no importa, cuando vi que tu apuesto caballero venía contigo en brazos.

Abrió los ojos como platos. El alcohol le dio mucho valor.

— Mi… ¿apuesto caballero?

— Es broma. Redfox te trajo en brazos, dijo que te encontró dormida en el pasto.

Lo recordó.

Besó a Gajeel Redfox.


Estaba en postura de triángulo extendido a media sala. Llevaba las calzas pos debajo de la barriga, cubriendo esta última con un blusón de algodón rosa. Se esforzaba mucho en ejercitarse a diario, no quería que tener un hijo le arrebatara la posibilidad de regresar a los escenarios.

Según sus cuentas, estaba terminando el sexto mes.

— Estaba pensando que, ya que nosotros somos solo dos, podríamos invitar a Gray Fullbuster y a su hermana a la cena de año nuevo.

Gajeel estaba a pocos metros de ella, concentrado en la laptop revisando calificaciones y exámenes de sus alumnos. Pareció no escucharla.

— Ajá.

Juvia volvió a la postura de la montaña y exhaló.

— ¿Ajá es sí o no?

Tomó la calculadora y verificó un resultado más de dos veces, encerró la respuesta en el examen y lo apartó a un lado.

— Sí.

Ella suspiró, deshizo la coleta de su cabello y se sentó en el tapete.

— ¿Qué rayos te pasa? Llevas absorto en esos exámenes toda la tarde.

— Es mi trabajo.

Juvia refunfuñó. Volvió a suspirar.

— No me cuentes tus cosas si no quieres, solo dime si puedo invitar a alguien para año nuevo.

Él dejó la última de las pruebas a un lado, girándose para ver a Juvia, que sonreía inocentemente. Se veía raro en ella el embarazo con aquella mueca tan infantil, que la hacía más imposible saber cómo es que un hombre la despreció.

— Si tú invitas a alguien, yo invitaré a alguien, así la casa estará llena de gente y serás feliz

— ¿Puedo saber quién es? ¿Es una chica? ¿Es bonita?

— Juvia, pienso invitar a Flare y marquemos la línea, ¿sí? Yo no preguntó nada de Fullbuster y tú no cuestionas sobre Flare.

Quedó boquiabierta, tardó un minuto en reaccionar y retomar la conversación con su hermano menor.

Él no tenía humos para hablar de ello. Se giró nuevamente para estar frente a la laptop, abrió su correo electrónico, buscó el nombre de Flare y le envió un mensaje invitándole para la cena de Año nuevo. No habían pasado ni 10 minutos cuando ella contestó con un simple "OK" un corazón y un emoticón de guiño.


—Hola, pequeña.

Rogue.

Empezó a teclear para contestarle, una imagen verde parpadeó en la esquina inferior de la pantalla. Gajeel acababa de iniciar sesión.

—Hola, Rogue, ¿qué tal los días con tu abuela?

— Bien, vuelvo mañana. Mi mamá pregunta si es que vas a pasar las fiestas con nosotros.

— Ya sabes que son mi única opción.

Rogue envió una imagen con una carita burlona.

— Entonces, ¿paso por ti a las 8?

— ¡No es necesario! Vivimos uno a lado del otro.

— Me gusta pensar que es oficial.

Ella envió un emoticón sonriente.

— Te quiero, Rog.

Cerró todo en la laptop para ir a acostarse a la cama. Quería gritar, golpear todo, esperar que la tierra se abriera en dos, que se tragara todo y a todos, que la mantuviera sola, abrazando su almohada y que brotara del suelo un manantial infinito de jugo de fresas.

¿Habían escuchado de alguien que fuera tan estúpido como para besar a su profesor? ¡Dios! Ella no era como todas la chicas, ella no sucumbía a una vida de cuento de hadas, ¡ella era la maldita escritora de esos cuentos!

— Yo soy…

La mejor de su clase, un año menor, ella claramente aventajaba a sus compañeros. Promedio perfecto, hija ejemplar, buena amiga, buena hermana.

Para este instante de su vida, resultaba obvio que tenía miedo de aceptar sus sentimientos; de asegurar que en ella vivía una Levy capaz de desear lo que seguía luego de un beso a Gajeel Redfox. Por mucho que le costara admitirlo, estaba dispuesta a decir sí a esos deseos para darse el gusto de gritar lo que estrujaba sus entrañas.

— … Levy Mcgarden.

Y estaba enamorada de su profesor.


El reloj parecía apresurado en llegar a la media noche, cuando ella le miró apenas iba para las 5 y ya eran las 8 más un cuarto. Se frotó la barriga para aliviar un poco la comezón que causaba su piel estirándose día tras día mientras un pequeño ser se formaba dentro. Resopló antes de abrir la puerta, el inicio de la velada se marcaba ahí.

— Hola, Gray.

— Juvia —hizo una pausa corta, discreto la miró de arriba abajo—, luces muy linda. Ella es mi hermana, Ultear, hemos traído un pay.

Un pay. Ella tenía tres en la cocina.

Un poco detrás de Gray estaba su hermana, una chica seria de cabello oscuro y vestido azul. Le extendió la mano para saludar.

— Hola, soy Juvia Redfox.

— Hola, Juvia. Esperamos que les guste el pay, Gray lo preparó con mucho esmero.

Juvia les indicó dónde estaba la sala, mientras a lo lejos miró cómo baja de un auto una silueta femenina estilizada, vestida en rojo brillante.

Llamativa.

— ¡Gajeel!

Ya iba escaleras abajo, mientras iba abrochándose el puño de la camisa. Juvia se limitó a hacerle una seña con la mano hacia la puerta, indicándole la llegada de su invitada, la que a su parecer, era inmune al frío. Siguió a Gray a la sala mientras Gajeel la reemplazaba en la puerta.

— Te ves muy bien, Flare.

— Tú también —besó a Gajeel en la comisura de los labios—, traje vino.

Levantó una botella que llevaba en la mano.

— Bueno, al menos habrá alcohol.


Usaba un vestido color mandarina. Le gustaba mucho, ya había olvidado hace cuánto tiempo lo había comprado. La cena que preparó la madre de Rogue era deliciosa como siempre, había mucha gente en la casa, niños corriendo en el recibidor, vino y sombreritos festivos.

Faltaban 10 minutos para las 12.

Sus manos nerviosas giraban el teléfono. Rogue mantenía una charla incómoda con uno de sus tíos respecto a la carrera que estudiaría, ella se limitó a sentarse en un sillín, esperando que pasara la media noche para despedirse amablemente de todos y poder hacerse un capullo en sus cobijas.

7,4,0… Los últimos días había memorizado el número que Gajeel le había dado para comunicarse con él si tenía dudas. Ahora mismo las tenía, aunque para nada se trataban de la escuela. Quería disculparse con él por su comportamiento errático en la fiesta Heartfilia, no se creía capaz de hacerlo de frente, una vez volvieran a clase.

Escuchó a la familia de de Rogue empezar la cuenta regresiva para el año nuevo e inmediatamente los fuegos artificiales se hicieron presentes en el oscuro cielo de Fiore. Rogue la atrajo a él, la envolvió en un cálido abrazo.

Mientras él no miraba, ella envió el mensaje.


La cena transcurrió de lo más tranquila. Gajeel y Juvia cruzaban de vez en cuando miradas, tratando de saber cómo diablos llegaron a tener esa cena en su casa, donde Juvia jugaba a coquetearle a Gray sin ser obvia y Gajeel finjía que no existía tensión sexual entre él y Flare.

El cambio de año les tomó mientras se hallaban sentados en la sala. Intercambiaron abrazos, antes de volver a sus asientos continuando la plática. Gajeel percibió la vibración de su celular en el bolsillo, por lo que lo sacó para revisar.

No pudo evitar sentir una punzada en la espalda baja.

— ¿Qué pasa? —Flare leyó rápidamente el mensaje antes de que él pudiera quitar el teléfono—. No es de mi incumbencia, lo lamento.

Gajeel releyó el mensaje:

"Estoy muy apenada por mi actitud anterior. Lo lamento. Feliz año nuevo. L. McGarden"

— No importa, somos amigos.

Flare sonrió.

— ¡Entonces tomémonos una foto!

Se apresuró a sacar el móvil, se pegó a Gajeel, lo miró sonriente.

— ¡Di Whiskey!

Lo besó en la mejilla y tomó la foto.

— ¿Quieres quedarte a dormir?

Bajó la mirada, acomodándose el pelo detrás de la oreja. Ambos sabían de antemano la respuesta.


Cana, con gafas oscuras en un interior, estaba apenas sentada en el loveseat junto a Levy, que hojeaba una revista de las tendencias de novias para el nuevo año. Solo a Lucy Heartfilia se le ocurría ir a medirse todos los vestidos de las tiendas de novias el 2 de enero.

Salía del vestidor a mostrar el décimo modelo.

— Espero que no bailen la conga, que tus melones amenizarán algo más que la noche de bodas.

— ¡Cana!—Levy le dejó ir un golpe con la revista en las piernas—. Te ves linda, Lucy, aunque el escote es poco favorecedor a tu cuerpo.

— Yo creo que a Natsu le gustaría —Lucy sostenía sus pechos levantándolos al tiempo que se observaba en el espejo.

— A Natsu le gusta lo que no uses, querida —Cana se levantó las gafas y sacó su teléfono para revisarlo.

Levy bufó

— Lo que ella quiere decir es que Natsu te verá hermosa con lo que uses. Pruébate el siguiente.

La rubia volvió al vestidor y Levy a la revista. Ya era cerca de la hora del almuerzo y estaba muy cansada.

— ¡Por todos los cielos! Levy, tienes que ver esto.

Le giró el teléfono. Ahí, en el Instagram de Flare, aparecía una foto de ella besando a Gajeel en la mejilla y él sonriente. El título se limitaba a: Nuestra primera foto #newyear #ily.

— No sabía que lo de tu maestro y Flare era en serio.

Levy tampoco lo sabía. Pero dolía.


Gracias por leer. Espero sus amables comentarios