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Roulette
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Escena XI
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— ¿Te gritó que le gustabas?
Asintió con la cabeza.
— Lo gritó. Entre llanto y temblores.
Yacían ambos en la cama, desnudos, mirando al techo. Apenas llegó a su casa, luego de comprobar que Juvia estaba dormida, llevó a Flare a su habitación para despojarse de la ropa y las ganas. Quería olvidar su tarde con Levy.
Flare se rodó hacia la derecha, para mirar el perfil de Gajeel. Él únicamente la miró de soslayo.
— ¿Qué vas a hacer?
— No lo sé. ¿Sugerencias?
Dos de sus dedos caminaron a través del torso desnudo de su amante, dirigidos a su rostro. Tarareaba una canción que Gajeel supo era el himno de la universidad de Magnolia. En cuanto sus dedos llegaron a sus labios, tamborilearon un par de veces.
— ¿Le harías a ella lo que acabas de hacerme a mí?
Bufó en lo que trató de ser una carcajada.
— Todo lo que hacemos quiero repetirlo con ella.
— Pero, ¿puedes imaginarte con ella una cita sin un atisbo sexual?
Pareció profundizar sus sentimientos en la blancura del techo. Paulatinamente una sonrisa se marcó en sus labios. Flare bostezó.
— Estoy segura de que tienes la respuesta a mi pregunta —se giró una vez más en la cama, salió de entre las sábanas. Su cabello cubría por completo sus glúteos. Anduvo desnuda por la habitación buscando su bolso y al encontrarlo, sacó una bata rosa que se calzó de inmediato—, Gajeel, te gusta la chica, ahora sabes que le gustas a ella también. Es menor de edad y peor, tienen una relación escolar, pero ella debe cumplir 18 este año y terminar la prepa, lo que significa que si de verdad quieren esto, solo tendrán que esperar. Se pueden conocer bien en el proceso.
Le guiñó el ojo y volvió a la cama.
— Ella tiene 16. Gusto de la chica adelantada de la clase.
Flare silbó. Se recargó sobre su brazo en ángulo.
—Entonces esperen más tiempo
Ambos se concentraron en el techo.
— Entonces, ¿conocernos mejor y esperar? —suspiró al tiempo que se tallaba el rostro con ambas manos. Dirigió la vista a Flare—. ¿Ahora traes tu pijama?
— Así es. Y como mañana tengo práctica temprano, ya me voy a dormir. Buenas noches, Gajeel —se giró sobre la cama, dando la espalda al moreno.
— Buenas noches, Flare.
Esa noche, no durmió.
Oficialmente, estaba saliendo con Gray Fullbuster.
Sucedió una mañana en que él la invitó a desayunar durante el descanso matutino de la escuela. Al terminar, caminaron por la plaza comercial tomados de la mano, ante la mirada de cualquiera que anduviese por ahí. Cuando la dejó en su casa, él le besó tiernamente en la mano y le agradeció por pasar un rato juntos. Ella le miró atónita, del modo que se mira a alguien que te debe una explicación de lo que sucede.
— Sé que te sonará cursi, algo propio de un chico de secundaria, pero quiero dejarlo en claro —ella sabía con precisión la pregunta y de acuerdo a la situación, su corazón latía como el de una adolescente—, ¿quieres salir conmigo? Es decir, ser mi…
Aceptó.
El problema ahora radicaba en cómo decírselo a su hermano. A pesar de no tener ninguna obligación de decírselo ni compromiso alguno de confesión establecido, él era el único pariente que su hijo y ella tenían, además de ser la persona que corría con los gastos.
«Gajeel, Gray Fullbuster y yo decidimos ser novios»
Rio para sus adentros. Sonaba más estúpido conforme lo pensaba. Sus cavilaciones se acabaron en cuanto sonaron pisadas en los escalones. Ahí estaba Flare, con el trasero perfecto, en ropa deportiva y con las eternas trenzas que hacía en su cabello, aún mojadas.
— Hola y adiós, Juvia.
Apenas alcanzó a hacerle una seña con la mano para despedirse antes de que la pelirroja saliera disparada por la puerta. Casi inmediatamente bajó Gajeel, colocándose la cazadora.
— Wow, también se bañan juntos. Confianza nivel "Amigos con derechos".
¡Demonios! Por comentarios como esos es que no podía sincerarse con su hermano. Él reía del comentario, mientras dejaba su portafolio sobre una silla.
— El embarazo te pone más observadora, ¿eh?
— Además de cansada, sentimental, esponjosa —se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja antes de servirle una taza de café a Gajeel —. Y misteriosa. Sobre eso último, ¿podemos hablar esta noche? Me refiero a que preferiría que Flare no estuviera, al menos en la cena…
— ¿Es sobre tu novio?
Se detuvo. Parpadeó un par de veces. Gajeel la miró mientras bebía café, con una sonrisa dibujada en el rostro.
— Fullbuster me lo comentó ayer —terminó el café y recogió de inmediato sus cosas—, tú sabes lo que haces. Solo cuídate mucho. Por ambos —le señaló el vientre, se acercó a ella y le besó en la frente. De inmediato caminó a la salida—. Comeré algo más tarde, llevo poco tiempo.
Escuchó la puerta cerrarse, el auto arrancar y su corazón dando tumbos de alegría.
Las divisó sentadas en una de las últimas mesas de la biblioteca, una frente a la otra. Odiaba que la citaran ahí, era el lugar más aburrido de toda la escuela donde no podían hacer comentario alguno sin que la bibliotecaria fuera a callarles. Se registró en la entrada y fue hasta donde estaban ellas.
— Buenos días, señoritas —botó la mochila sobre el escritorio y se sentó junto a Levy. Sacó del bolsillo de su suéter una goma para atarse el pelo —. Esperaba que me citaran en la cafetería para desayunar, era mejor idea que aquí.
— Levy tiene examen de historia, aunque como siempre no sé para qué estudia —Lucy, que hojeaba una revista de novias, dirigió su atención por un momento a Levy concentrada en su lectura. Palmeó un par de veces la mesa para llamar su atención —. Necesitamos tu atención, morimos de hambre y quiero su opinión para elegir un color para su vestido.
— Demonios, pensé que te habías olvidado de esa tontería de las damas de honor.
— ¡No es una tontería! Son mis mejores amigas y es muy importante que estén conmigo en mi boda —levantó la revista en una página en especial, señalando un modelo de vestido —. ¿Qué les parece este?
Levy, que hasta este momento parecía ajena a la situación, atendió a lo que Lucy les mostraba. Cana ladeó la cabeza.
— Muy corto.
— Muy largo.
Ambas contestaron al unísono. Se giraron para verse una a la otra. Lucy rio.
— Cana, no quiero ir luciendo como prostituta a la boda. Además, mi hermano estará aquí y ya saben su opinión al respecto.
— Pueden dejarlo del largo que prefieran, solo quiero que se vean bien —Lucy unió las manos en una plegaria—. Ahora ¿podemos desayunar, por favor?
— Vayan ustedes, estaré un momento más aquí, sacaré un par de fotocopias antes de irme.
— Ah, Lucy —Cana tomó por el hombro a Lucy, deteniéndola mientras que se levantaba de la silla—, si no te molesta ir sola, voy a esperar a Levy, quiero ayudarla con todos esos libros que seguro va a cargar.
— Claro, las veo en la cafetería.
Apenas la rubia cruzó la puerta de la biblioteca, Cana se giró a donde Levy empezaba a levantar sus cosas.
— Si quieres saber algo de ayer, te lo resumiré todo: Es un asco —cuando Levy levantó la mirada, Cana apreció las ojeras marcadas bajo sus ojos—. Gajeel Redfox me besó, me llevó a casa y me dijo que no podemos ser nada. Y para el colmo, Rogue me pidió aclararle lo que somos. Anoche perdí la relación con mi profesor y con mi mejor amigo.
La castaña frunció el ceño por un instante, luego suspiró y ayudó a Levy con sus libros.
— Pues nos tienes a nosotras y un feo vestido color pistache para usar en la boda de Lucy.
Rieron. Levy registró los libros que se llevaría antes de salir al pasillo rumbo a la cafetería.
— Pensé que me llamarías anoche, sobre todo luego de que no respondí tus incesantes mensajes por estar en clase.
— Olvidé hacerlo. El Jefe tardó más de lo esperado en su oficina, luego tuvo que pagarlo invitándome a cenar.
— ¿El jefe? Odio que llames a tu padre así.
— Lo siento más natural que llamarlo 'Papá'.
Doblaron a la derecha en el pasillo donde estaba la cafetería. La ventana tenía el ángulo perfecto de visibilidad para saber que Gajeel estaba abriendo la puerta del taller. Eso distrajo a Levy, que de inmediato puso su atención en él.
— ¿Y a él como lo vas a llamar?
— Profesor —se mordió el labio inferior—, pero antes tengo que arreglar las cosas con él.
Rogue no llegó a clase esa tarde.
Sus compañeros trabajaron como normalmente lo hacían, ella en cambio, vigilaba cada movimiento en Gajeel, cada mirada furtiva hacia su persona. Trató de hablar lo menos posible con él, de no mirarlo a los ojos, de no estar cerca. Era difícil pensar en una forma de reparar su relación si la proximidad la inquietaba tanto.
Cana, la reina del desdén, le recomendó que hablara con él. Aún faltaban siete meses para terminar las clases, sin contar que debía presentar un proyecto final que lo involucraba más de lo que deseaba. No imaginaba lo incómodo que sería trabajar con alguien que hacía explotar algo dentro de ti.
— ¿Podemos hablar?
Estaba detrás de ella. Se concentraba tanto en su discurso reconciliatorio que olvidó vigilar los movimientos de su profesor. Contestó sin voltear.
— ¿Después de clase? Me parece bien —asintió con un gruñido y se alejó de ella.
El tiempo le pasó volando. No había terminado de guardar sus instrumentos, cuando Gajeel acercó un banco y se sentó frente a ella, recargando los brazos en el escritorio.
— ¿Cómo estás?
Se detuvo. Guardó el último de sus libros y soltó la cinta que amarraba su cabello. Los rizos garzos se desperdigaron alrededor de su cabeza, un olor a duraznos envolvió a Gajeel.
— Bien, gracias —movió su mochila de sitio y se sentó en el banco frente a su profesor. Envolvió sus manos entre sí y comenzó a apretar sus dedos con la intención de tronarlos. Estaba nerviosa—. ¿De qué quería hablarme?
— Levy, creo que no podemos continuar ignorándonos, tenemos aún un largo rato juntos, aunque la tensión entre nosotros sea tan densa —hizo una pausa para tragar—, ¿entiendes a lo que me refiero?
Lo aceptó con un monosílabo apenas audible.
— En el auto dijiste, gritaste algo, quiero saber si… soy… ¿te gusto?
Recordó el arrebato que tuvo antes, cómo sus palabras fluyeron llenas de coraje y decepción. Apretó los puños. Su rostro comenzó a teñirse de rojo, él mantenía la vista fija en los mechones que enmarcaban su rostro.
Asintió.
— Eres una buna chica, Levy. Quiero conocerte mejor, hay cosas que ahora nos impiden estar juntos, pero el tiempo va a pasar. Además, siempre podemos ser amigos, no tenemos por qué pelear.
— ¿Conocernos? O sea, ¿hablar más de nosotros?
— ¿Te molesta la idea?—la miraba enarcando una ceja—. No estás obligada a nada.
Cana, Gajeel y ella habían tenido la misma idea. En unos meses se acabaría la escuela y en año y medio sería mayor de edad. No era un compromiso a nada, solo un amigo.
— ¿Nos llamaremos por nuestros nombre de pila y eso?
— Solo fuera de la escuela.
— ¿Fuera de la escuela? ¿Nos veremos fuera de la escuela? Algo así cómo ¿citas?
Gajeel sonrió. Algo dentro de él quería estallar, las expresiones de sorpresa e ingenuidad de Levy podían enamorar a cualquiera. Sus ojos avellana brillaban.
— Algo así.
Empezó a enterrarse las uñas en la palma de la mano. El ardor se acrecentaba en su cuerpo, más no en su mano sino en el pecho, reconocía el recorrido de su sangre en las venas, su corazón bombeaba más despacio.
— Está bien. Eso, todo, nosotros, esto. Está bien —recogió sus cosas, se puso de pie y caminó hacia la puerta. Gajeel giró sobre el banco para seguirla con la mirada. Al llegar al marco de la puerta, Levy se sostuvo de ahí y se volvió para preguntar—: Todo esto y Flare… ¿tu novia está de acuerdo?
— Flare es solo una amiga —repuso él, aparentando sosiego.
Se sintió sublimar. Se aferró al marco de la puerta.
— De acuerdo. Hasta mañana, Gajeel.
— Hasta mañana, Enana.
Mientras se alejaba, Gajeel se concentró en la situación: se comportaba como un adolescente, cosa que no le importaba. Levy, entretanto, no caminó hasta su casa, en su mente flotó en una nube rosa de sentimientos encontrados.
Por primera vez, no le importó que alguien le llamara enana.
Les agradezco por leer y sus comentarios.
