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Roulette
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Escena XIV
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El teléfono timbró un par de veces. En lugar de correr para tomar la llamada, con toda calma,guardó sus libros en la mochila y fue a sentarse en el borde de la ventana para observar la calle. El cielo plomizo que cubría Magnolia comenzaba a desprenderse en menudas gotas.
— Pensé que la llamada de hoy quedaría suspendida.
Al otro lado se oyó una risa varonil. Ella pasó uno de sus mechones azules detrás de su oreja.
— No podría faltar a nuestra cita por ninguna razón, Levy —una suave brisa sacudía los árboles al otro lado de la calle, contoneando las tempranas pizcas verdosos en sus ramas—, eres lo más valioso de mi vida.
— Y tú lo eres para mí, hermano. Siempre necesito de tus consejos y tu ayuda, ya sabes que mamá —inspiró con fuerza haciendo una pausa para evitar derramarse en llanto—; ella nunca está presente. De no ser por Lucy y Cana pasaría el día entero encerrada en casa, sola.
— ¿Qué pasa con Rogue?
Una nueva pausa. No había hablado con él hacía casi un mes, desde que se confesó por última ocasión. Levy mantenía su posición, de ningún modo podría aceptarlo como algo más que un amigo, sin embargo, al mismo tiempo extrañaba sus pláticas, su compañía y las memorias de la niñez compartida.
— Últimamente hemos estado alejados.
— ¿En verdad? ¿Qué ha pasado? —Levy se mordió el labio inferior, trabajando en un buen pretexto. Podría contarle de todo a su hermano, pero empezar con dramas sentimentales aún la avergonzaba—. ¿Acaso le has roto el corazón?
Ella guardó silencio mientras una risa jocosa se escuchaba por el teléfono. Al notar que el silencio persistía, él se aclaró la voz antes de continuar.
— Espero que las cosas entre ustedes tengan solución, sabes cuánto estimo a Rogue —un estruendo en el cielo hizo saltar a Levy. De inmediato, las ligeras gotas de antes comenzaron a tomar más cuerpo—. Cambiando el tema, ¿qué tal el profesor nuevo? ¿Hablaste con el viejo Makarov para que te ausentara?
La lluvia tomaba más fuerza, ahora se escuchaba como un tamborileo en la ventana.
— ¿Sabes? Las cosas con él han cambiado. A veces me recuerda un poco a ti, con esa personalidad fuerte y protectora conmigo… como un dragón.
— Suena a que tu relación con él mejoró, pero en sí tu vida —resopló, agradeciendo no tener que pasar él mismo por los dramas de la adolescencia—, ¿no suena raro? ¿Perder a tu mejor amigo y llevarte bien con tu profesor?
— Supongo que estoy hecha para estar acompañada por solo un hombre en mi vida.
Ambos permanecieron en silencio. Para este momento, apenas podía verse el otro lado de la calle con la densidad de la lluvia.
— Volveré pronto, Levy.
— Lo sé —A pesar de extrañarlo, Levy dudaba si la presencia de su hermano en Magnolia sería buena—. Lo sé.
Como una sombra, Levy vio a Rogue deslizándose en su patineta bajo la lluvia. Se detuvo apenas llegó a la altura de su casa. Por costumbre, levantó la vista y, al hacerlo, sus miradas coincidieron.
Levy quiso culpar a la lluvia de no encontrar a su mejor amigo en esos ojos.
Nunca imaginó que, durante su embarazo, podría vivir aquella escena.
Despidió a Gray con la mano a través de la ventana de la sala. Él daba clases un poco más temprano que Gajeel, sin embargo, no le costaba nada despertar antes de lo habitual para pasar más tiempo con él en las mañanas. Con apenas dos semanas de su nueva rutina, no le costaba para nada llevarla.
La mañana después de la primera noche que pasó con Gray, despertó con la zozobra de lo que diría Gajeel. Su hermano, no obstante, ni siquiera se apareció por la casa mientras Gray estuvo presente, argumentando que no quiso interrumpir su juego de la casita feliz.
A ella no le importó.
Desde entonces, Gray pasaba las noches con ella eventualmente, haciendo que su juego fuese una realidad cada vez más palpable.
Era feliz.
— Según lo que escuché anoche, aún con el embarazo sigues siendo bastante flexible —Gajeel apareció detrás de ella, haciéndola sobresaltar. Él fue a por una taza de café —. Fullbuster tiene suerte.
Cada día, Juvia se acostumbraba más al humor descarado de su hermano, incluso, asumía parte de culpa de la forma de bromear de ambos.
— Dímelo tú, te acuestas con una porrista —se acercó al lavabo para acomodar los trastes recién limpios del desayuno, antes de añadir—: por cierto, ¿se les acabaron las ganas? No la he visto por aquí últimamente.
Gajeel ignoró su pregunta por unos instantes. Fue a la nevera a por vegetales y jamón, para hacer un sándwich.
— Tenemos nuestras razones.
— Ajá—Juvia comenzó a retirarle las cosas a Gajeel para hacerle ella misma el desayuno. Sin objetar, él se lo permitió antes de sentarse a la mesa—, supongo que una de esas razones no se llama Levy McGarden, ¿o sí?
Una vez más, se ignoró la pregunta. Juvia trató de fingir que no le importaba, mientras deslizaba el plato hacia su hermano.
— Gajeel, no tengo nada contra Flare, ni contra ninguna mujer que esté en tu vida. Tengo algo contra verte en prisión, porque no sé si lo notaste, pero esa niña es menor de edad y aún peor, es tu estudiante —se llevó ambas manos a la barriga, pese a hablar con tranquilidad, su ánimo se estaba exaltando y su bebé podía sentirlo—. O ¿qué? ¿Crees que no vi cómo se iluminan sus ojos cuando te ve? ¿Cómo evitas hablar de ella?
Silencio. Gajeel se concentró en comer, Juvia no esperaba otra cosa.
— No me cuentes si no quieres. Pero recuerda que, como tu única hermana, soy toda la familia que te queda.
Ambos permanecieron mirándose fijo. Gajeel no se acostumbraba a rol de hermana mayor-madre que Juvia tomaba con más regularidad.
— Es menor de edad, pero no es una niña. Sabe de mis intenciones y las comparte. Está de acuerdo en esperar.
Ella quedó boquiabierta. Inspiró a la vez que parpadeaba varias veces. Apretó los labios haciendo una mueca que fingía ser una sonrisa.
— Perdóname, pero no quiero ser parte de esto —se dirigió con rumbo a las escaleras para subir a su habitación.
— La besé la noche del partido.
Se detuvo. Sintió cómo el bebé empujó desde dentro de su barriga con el pie, haciendo un surco momentáneo en la piel. Posó la mano en el barandal lista para subir, la otra mano la llevó a la parte baja de su vientre.
— Le prometí a mamá que cuidaría de ti, Gajeel y ahora… —suspiró y cerró los ojos.
— Ni siquiera ella cuidó de mí, ¿recuerdas? —comenzó a levantar todas sus cosas y encaminó hacia la puerta. Quedó de frente a Juvia, mirándola a los ojos—. No te pedí una opinión, solo te estoy informando. Y no tienes que hacerlo, Juvia. Tú no eres mamá.
Lo miró azotar la puerta. Con las manos temblorosas se apoyó hasta sentarse en los escalones.
Nadie la escuchó sollozar.
Las lámparas del auditorio escolar alumbraban de forma tenue los asientos, repartidos en tres grupos, perfectamente alineados para contener a unas 300 personas. En el escenario se realizaban pruebas de sonido, se veían estudiantes ir y venir de un lado a otro, asegurándose que todo estuviera perfecto.
El festival de primavera estaba por comenzar.
Apenas media hora más tarde, la mayor parte de los asientos estaban ocupados, los que recién llegaban al auditorio pasaban un rato mirando de un lado a otro, buscando algún asiento vacío entre la multitud. Cuando Levy entró, pasó un rato buscando a Cana hasta que notó su cuerpo recostado sobre dos asientos en una de las últimas filas. Caminó directo a ella y se paró junto a su cabeza.
— ¡Levy! Te guardé un asiento —encorvó la espalda al incorporarse y se acomodó en el asiento donde reposaba su trasero—. Lucy pasó hace un rato por aquí, pero creo que tú sí tuviste clase antes del evento.
Cana prestó atención atrás, donde se encontraba la entrada, para ver justamente a Gajeel entrar al auditorio. Él caminó a un costado y se quedó de pie atrás, cerca de la esquina, en el lugar del profesor que debía vigilar el orden. Se volvió a Levy, observándole de arriba abajo. Cuando Levy lo notó, Cana sonrió.
— ¿Le preguntaste a Gajeel?
Los ojos de Levy le dedicaron una sonrisa cansada a Cana. Lo entendió rápido como un no.
Sonó una campana tras el pesado telón rojo en el escenario. Las luces volvieron a atenuarse, los alumnos caminando en los pasillos comenzaron a acomodarse en los lugares elegidos. La luz se intensificó en el escenario y abriendo el telón, se descubrió el director Makarov que dio un breve y sencillo discurso sobre la importancia del festival de primavera.
Rogue, que estaba en los últimos puestos del festival, miró desde el escenario a Levy aplaudir sonriente. Tomó su guitarra y fue detrás, a practicar.
Gajeel se unió a los aplausos de los alumnos para el director. Un silbido agudo llamó su atención, notó que Cana Alberona, sentada unas hileras debajo de dónde él se encontraba, era la responsable.
Y por supuesto, Levy estaba junto a ella.
Los encargados de iniciar el festival fueron los alumnos de Gimnasia, haciendo unas piruetas con listones que, gracias a la opinión a viva voz de Cana, supo era el reciclado acto del año anterior. Luego vino el coro escolar, con algunas piezas que animaron a muchos estudiantes en el público. A juzgar por Gajeel, cada acto era más aburrido que el anterior.
Lo cierto era que, aunque quisiera negarlo, las cosas en casa ni iban nada bien. Desde el día que peleó con Juvia, lo evitaba lo más posible, dejaba notas diciéndole dónde estaba la comida, si llegaba correspondencia o simplemente encontraba las facturas por pagar abandonadas en la mesita de la sala. Desde días atrás, la única comunicación que tenían era el repiquetear de sus pies en la duela del ático, años atrás adecuado como sala de danza, donde pasaba largas horas practicando.
Observó. Unos cuantos escalones más abajo se encontraba Gray, vigilando una sección del público. Se preguntó qué pasaría si bajara a donde estaba él para preguntarle por su hermana, ya que Fullbuster era ahora quien le hacía compañía para almorzar y cenar.
Mirajane Strauss, además de su función secretarial, esta vez fungía como presentadora del evento. Apareció una vez más en el escenario, lo que sacó a Gajeel de sus pensamientos y lo enfocó en la presentación que daba, precisamente la de Rogue Cheney. Varios de sus alumnos de la clase comenzaron a vitorear al presentado, que salía vestido de negro como era su costumbre, con una guitarra en la mano. Desde donde estaba, Gajeel pudo distinguir la mueca que tenía por sonrisa Rogue, algo más bien para lucir en el escenario al sentarse en el banquillo frente al micrófono.
— Hola compañeros, soy Rogue —alguien al fondo aulló, causando risas en el resto de los estudiantes—, emm, gracias. Les voy a cantar una canción que, bueno… espero les guste.
De nuevo, la mueca. Rogue deslizó los dedos sobre las cuerdas, haciéndolas vibrar suavemente. Un leve chasquido se escuchó seco al micrófono en cuanto él separó los labios para empezar a cantar:
— ¿Pensarías en mí a tiempo? Nunca es mi suerte, así que no importa…*
Redfox se concentró en escuchar a su alumno cantar. No lo hacía nada mal y su look oscuro y solitario emanaba un aura melancólica que iba de maravilla con el ritmo de su música. Todos parecían disfrutarlo, pero pequeños murmullos irrumpían de vez en vez la melodía.
—…quiero decir tu nombre pero el dolor comienza de nuevo…
Escuchó una pequeña risa delante de él. Tocó el hombro de la alumna que estaba hablando e hizo una seña con el dedo sobre sus labios para indicar que se callase.
—… tuve un sueño en el que estabas conmigo y no fue mi culpa, me volteaste, me diste la vuelta como un salto mortal…
Sintió vibrar su teléfono. Lo sacó de su bolsillo para revisar el texto que acababa de llegar: "¿Podemos hablar de tu hermana al terminar el festival? Gray." Nuevamente dirigió la mirada a él, quien ya estaba observando a Rogue, así que se limitó a confirmar su mensaje.
—… y puedo soñar contigo y dormir… puedo intentar estar contigo, pero de alguna forma estoy perdiendo a una amiga…
Distraído como estaba, apenas pudo seguir la serie de eventos que se manifestaron en un instante: Rogue incrementó la voz, cualquiera diría que se quebró un poco y aunque otros no lo notaran, su mirada se clavó directamente sobre Levy, quien antes de que Cana se pudiese levantar para acompañarle, salió como un cendal por la puerta de emergencia.
Y sin pensarlo dos veces, él corrió tras ella.
—… estoy perdiendo a mi amiga, ¿dónde fue ella?, ¿Dónde?...
Fue sosteniéndose de la pared, tratando de llegar hasta la salida a la cancha de futbol. Con la otra mano sujetaba su abdomen, como si eso ayudara a controlar las náuseas que la aquejaban, mismas que parecían nublar sus ojos.
Ella sabía que eran sus lágrimas. Él también lo sabía.
Obviamente sería difícil, pero no imaginó qué tanto. La canción era siempre para ella, aunque sería una que resaltara su amistad, no la que le echara en cara su desilusión amorosa. La forma en que Rogue le miró mientras pronunciaba esas palabras "estoy perdiendo a mi amiga" y ella pudo escuchar su corazón romperse en pedazos irrecuperables.
¿De verdad estaba perdiendo a su mejor amigo por un amor imposible?
¿Qué amor era peor? ¿El que él profesaba por ella o el que ella emanaba por…?
Unos dedos acariciaron su antebrazo antes de ceñir su mano. Permanecieron inmóviles por un instante.
— ¿Quieres que te lleve a casa?
Levy asintió.
*Fragmentos de la canción "My Never" de la banda Blue October. El uso es únicamente recreativo y no comercial.
Gracias por leer. Espero sus amables comentarios.
