Capítulo 4: El regreso de mi pasado
~~ El presente ~~
Elrond cerró los ojos cansado. Elladan y Elrohir corrían de un lado a otro alborotando. Erestor andaba de un lado a otro, con los preparativos de su fiesta de cumpleaños. Arwen lloraba a gritos porque Elladan o Elrohir, vete tú a saber cuál, había picado la cabeza de su muñeca por, según él, parecer un orco.
Elrond estaba a punto de estallar con sus hijos cuando, gracias al cielo, llegaron los refuerzos.
Glorfindel sonrió al ver la cara de su señor y calló con una sonrisa a su mejor amigo, el cual parloteaba sin cesar de su fiesta de dos mil años. Sacó de su morral una muñequita que le dio a Arwen para que se callara, y detuvo a los gemelos sentándolos en el suelo y poniéndolos a dibujar en él.
Elrond lo miró agradecido como el salvador y héroe que para él era. Glorfindel sonrió y se acercó a su señor para poder hablar de trabajo.
-o-o-o-
Al fin solo en su despacho, Elrond terminó de revisar los últimos papeles, entrada ya la noche, y sonrió, ya algo cansado. Arwen ya estaba durmiendo. Los gemelos debían estar ya en sus camas con Erestor que seguro les leía un cuento como todas las noches antes de dormir.
Thranduil y su familia pronto llegarían para la celebración del cumpleaños de Erestor, igual que Haldir.
Al pensar en Thranduil y Haldir la sonrisa se le apagó al Lord.
Sus amigos no lo decían, pero Elrond sabía muy bien que entre ambos había un romance. Siempre pensó que lo formalizarían y se casarían. Pero ahora se enteraba que Thranduil se iba a casar con una dama elfa de la corte del Bosque Negro. Elrond se preguntó cómo se tomaría Haldir la noticia.
Un rato después, ya con todo en orden, Elrond estaba listo para irse a dormir. Pero cuando apagaba una de las velas del despacho, escuchó la puerta abrirse suavemente a sus espaldas, sonrió dándose la vuelta, pensando que sería Erestor que siempre le daba las buenas noches antes de dormir.
Casi se muere del infarto que le dio al ver que, quien había entrado a su despacho en esa forma silenciosa, no era Erestor. Sino un hombre a quien dos milenios no habían cambiado, cuyos ojos azules seguían siendo los mismos y cuyos cabellos negros le quitaban belleza a la misma noche. No, ese elfo no era Erestor, ese elfo era el padre de Erestor.
- Gil-Galad.
Murmuró incrédulo como si creyera que era una ilusión que en cualquier momento se iba a desvanecer, pero no era una ilusión, y el alto e imponente elfo se acercó a él y, justo cuando casi lo tocaba, Elrond retrocedió pálido como un muerto.
- Elrond.
Su nombre sonó como una caricia en los labios del otro.
- Estás aquí.
Elrond no se lo podía creer.
- Sí, aquí estoy, te prometí que volvería por ti.
Dijo el rey de reyes. Y con esas palabras el dolor de dos mil años prácticamente, volvió a Elrond. Sus ojos se cristalizaron por la oleada de dolor que subió a su pecho. Dos milenios de abandono, de soledad, de tristeza, lo invadieron como un golpe en pleno rostro. Y no se pudo contener, su mano se levantó como si tuviera voluntad propia y se estampó en el rostro tan amado con fuerza, mientras dos lágrimas escapaban de sus ojos.
Él, alguien que no era ni tan siquiera un príncipe, acaba de golpear al rey de todos los elfos. Pero en realidad no había golpeado al rey, sino al amante que durante tantos siglos lo abandonó.
- Hace dos milenios, Gil-Galad. Hace dos milenios de esa promesa, tardaste demasiado, esa promesa para mí caducó. - Dijo con rabia.
- Oh, sé muy bien que caducó - Dijo el imponente elfo con algo de cinismo en la voz, retirándose el cabello que la bofetada había mandado a su rostro - De hecho, supe que te casaste con Celebrian e incluso tienes dos hijos con ella.
- Tres... - Lo corrigió Elrond automáticamente.
- Tres - Se corrigió entonces Gil-Galad con una ceja arqueada. - Si hablamos de promesas rotas, tú rompiste primero la tuya.
Elrond lo miró incrédulo sin poder creerse eso.
- Tú… tú - La rabia ni siquiera le dejaba hablar - Tú me sales con eso, tú que me abandonaste solo y embarazado - Le reclamó con una rabia que lo ahogaba.
Gil-Galad lo miró también con fuego en los ojos.
- ¿Cómo te atreves a decir que te abandoné? Yo te hice una promesa, pero tuve problemas y... - Calló rabioso sin poder terminar de decir lo que iba a decir, apretando los puños.
Pero Elrond estaba igual de furioso.
- ¿Y qué? ¡Falso! ¡Mentiroso! Arruinaste mi vida.
Le reclamó el más bajo.
Gil-Galad respiró hondo y se controló.
- No vine a discutir contigo, Elrond. Sólo vine por mi hijo. Dámelo y me iré.
Dijo Gil-Galad fríamente.
Elrond palideció mientras recordaba como si fuera ayer las palabras de Thranduil, cuando dio a luz a Erestor.
- Y no has pensado... perdóname por lo que te voy a decir y por el dolor que te voy a causar, Elrond, pero tengo que decírtelo porque eres mi amigo y mereces sinceridad. ¿No te has puesto a pensar que, tal vez, Gil-Galad sólo quería que le dieras un heredero y ya? Después de todo, no ha cumplido su promesa, no ha vuelto.
Thranduil había tenido razón. Eso era lo que Gil-Galad había querido. Pero jamás le quitaría a Erestor. Jamás.
- Tú no tienes ningún hijo.
Logró decir al fin el de ojos negros. Gil-Galad sonrió con ironía.
- Oh, claro que lo tengo, cuando me fui de aquí te dejé embarazado.
Eso era cierto, tenía que tener cuidado o Gil-Galad descubriría a Erestor, entonces a Elrond se le ocurrió la mentira perfecta.
- El embarazo se malogró, no logré dar a luz al bebé. Lo perdí a los dos meses de embarazo.
Dijo fríamente. Vio a Gil-Galad palidecer y sintió una especie de mórbida satisfacción con esto. Que sufriera un poco, como lo había hecho él en esos dos milenios.
- ¿Lo perdiste o lo abortaste?
Le preguntó Gil-Galad con rabia.
Elrond se sintió insultado.
- Yo amo a mi hijo.
Gritó ofendido.
- ¿Amas? - Preguntó Gil-Galad extrañado por que el otro se hubiese expresado en presente.
Elrond notó su error y supo que había metido la pata.
- Sí, lo amo, aunque esté muerto yo jamás dejaré de amarlo.
Improvisó de la nada.
- No te creo. No puedo creer que, por odio a mí, mataras a nuestro bebé. - Le reprochó Gil-Galad con fría rabia. - Me voy de aquí, me voy o no respondo de mí.
- Vete, vete y no vuelvas.
Le dijo Elrond con el alma rota. Gil-Galad asintió, se dio la vuelta para irse y justo en ese momento…
…el pelinegro de ojos azules abría la puerta del despacho de Elrond con una sonrisa.
- Buenas noches, Ada (papá), me voy a dormir.
Erestor se fijó que en el despacho había un extraño y lo miró con curiosidad. Elrond palideció de forma alarmante, tanto que parecía más un espectro que un elfo. Mientras, Gil-Galad miraba fijamente aquellos ojos que parecían un reflejo de los suyos.
- ¿Tú estás próximo a cumplir los dos mil años, verdad? Si no me equivoco, eso me comentó Elrond.
Sonrió recuperando su voz el astuto rey. Si el joven contestaba afirmativamente, sus sospechas eran ciertas. Elrond trató de callar a Erestor pero no consiguió su voz y cuando lo hizo fue muy tarde.
- Sí, así es. - Sonrió el más joven muy contento.
- Erestor, vete a la cama ahora mismo.
Ordenó Elrond tembloroso. Erestor miró extrañado a su papá por el tono.
- Ada...
Trató de hablar, pero Elrond lo calló.
- Ahora a la cama, Erestor, no te lo repetiré.
Erestor asintió extrañado.
- Que duermas bien, ada.
Dijo extrañado, y se retiró.
Gil-Galad se volteó hacia Elrond, a quien su palidez delataba solo.
- ¿Así que muerto?
Dijo con ironía el rey. Elrond se sabía atrapado. Sabía que de nada le valdría negarlo, Gil-Galad era muy inteligente para creerse una nueva mentira, así que dijo la verdad.
- Si tratas de separarlo de mi lado, te odiará eternamente. Erestor me ama con locura y odiaría a cualquiera que lo tratara de separar de mí. Así ese sea su mismo Adar (padre). Un Adar que, por cierto, él sabe que lo abandonó.
Gil-Galad miró a Elrond con fuego en los ojos, y la mirada que Elrond le devolvió fue idéntica.
Continuará...
