Capítulo 5: Enfrentamientos

Gil-Galad y Elrond se miraron fijamente por largo rato.

-¿Que le has dicho a mi hijo sobre mi? -Preguntó al fin Gil-Galad con una voz tan fría como el hielo, que contrastaba a la perfección con el fuego de sus ojos.

-La verdad: que su padre me usó para tener un hijo y luego me abandonó, dejándome solo y con un pequeño en el vientre. - Le respondió Elrond con desafío.

-¿Te has atrevido a hablarle mal de mi a mi primogénito?

-No le he dicho nada que no sea cierto. Además, ese niño no es nada tuyo, ¿entiendes?, nada. Perdiste todos tus derechos cuando rompiste tu promesa y me dejaste solo con Erestor.

-Así que se llama, Erestor-Comentó el rey elfo.

-Sí, se llama Erestor hijo de Elrond y nadie más.

-¡Hijo mío te guste o no! Así se te reviente el hígado, como se me revienta a mí por haber echo tan mala elección a la hora de elegirle un ada. -Le dijo Gil-Galad con toda la intención de lastimarlo y no falló, porque realmente esas palabras hirieron al señor de Rivendel.

-Tú.... sal de mis tierras Gil-Galad, no te quiero aquí, no te quiero volver a ver nunca!. Yo amo a mi hijo y él me ama a mí ¡Jamás le he fallado! Asi que no te atrevas a insinuar tan siquiera lo contrario!.- casi le gritó Elrond, perdiendo su compostura.

-¿De verdad, Elrond?

-De verdad, Gil-Galad.

-¿Entonces por qué le niegas un padre a nuestro hijo?

-Por que ya tiene dos mil años, ya no lo necesita.

-Es tu culpa que las cosas se hallan dado así, una y mil veces te pedí que te unieras a mi en Valinor. - Le dijo Gil-Galad con rabia. Eso descolocó a Elrond que lo miró con los ojos abiertos y confundido.

-Eso es falso, en dos mil años no he sabido nada de ti.

-¿Y qué hay de todas las cartas que te escribí? Te escribí miles de preguntas preguntando por ti, por nuestro hijo y jamás me respondiste una sola. -Le echó en cara el rey de los elfos. Esa mentira enfado por completo a Elrond.

-¡Mientes, jamás recibí ni una carta en blanco de tu parte! ¡Y ya no quiero oír más mentiras de ti Gil-Galad así que lárgate de mi casa!

-Cuidado como me hablas, Elrond, te recuerdo que soy tu rey.

-Cierto su majestad-Dijo Elrond con los dientes apretados-. Ahora lárgate de aquí Gil-Galad o te sacaré a punta de flechas.

-Bien, Elrond, me voy ahora, pero volveré y entonces recuerda que tú así lo quisiste - Dijo Gil-Galad y dándose la vuelta se alejó de la habitación..

Elrond se dejó caer sentado al suelo, sin que las piernas le aguantaran un segundo más. Se tapó el rostro con las manos y rompió a llorar.

-¿Por qué?-Sollozó-¿Por qué tuvo que volver a aparecer? ¿Y por qué tengo que seguirlo amando con la misma fuerza, como si jamás se hubiese ido?

Una hora o tal vez dos horas más tarde Elrond se tranquilizó y salió de su despacho como un zombi, pero no fue a su habitación a descansar, si no que fue a la de Erestor. Su hijo mayor dormía tranquilamente en su cama, ELrond se acercó a esta y permaneció varios minutos de rodillas junto al lecho de su hijo viéndolo dormir, al final se levantó y se metió a la cama con su niño, Erestor se despertó al sentirlo.

-¿Ada?-Bostezó- ¿Sucede algo?

-No hijo, pero abrázame, tu ada necesita que lo abraces.- Dijo Elrond. Erestor no preguntó y lo abrazó con fuerza y así durmieron ambos, juntos y abrazados.

***

A la mañana siguiente cuando Erestor le preguntó a su ada que sucedía, Elrond le dijo que no era nada, sólo había sentido algo de nostalgia y Erestor no insistió más, los siglos le habían enseñado que cuando su padre no quería decir algo nadie se lo sacaba.

Elrond por su parte se prohibió a sí mismo entristecerse y bloquearse por la visita de Gil-Galad y todas sus mentiras, así que se dispuso a trabajar, prohibiéndose a sí mismo permitir que eso lo afectara.

Pero cuatro días después, a media mañana, uno de sus centinelas llegó corriendo agitado al despacho donde Elrond trabajaba.

-Mi lord-Dijo el centinela agitado, una comitiva de los puertos grises se acerca y creo que el mismo Rey de Reyes viene con ellos.

Elrond palideció.

-¿Que hacemos, mi Lord?

Espantarlos a flechazos le paresia una excelente idea a Elrond, pero sabia que él seguía siendo un Lord y Gil-Galad un Rey así que un desafío como ese no seria bien recibido.

-Alisten una comitiva para el recibimiento y dile a Glorfindel que venga aquí de inmediato.

El centinela asintió y salio a toda prisa. Cinco minutos después Glorfindel entraba en el despacho.

-Glorfindel, no espero nada bueno de Gil-Galad, así que quiero que por favor tomes a mis hijos y los mantengas alejado de todo esto, mientras lo recibo.

-¿Elrond, pero no seria mejor que yo me quedara a tu lado?

-No, Glorfindel, necesito saber que estas cuidando de mis hijos para poder estar tranquilo.

-Entonces puedes estar tranquilo, Elrond, así será.

-Bien, saldré a recibir la comitiva y que los Valar nos amparen.

***

Junto a Elrond estaban sus principales consejeros, todos esperando a la comitiva. La comitiva pronto llegó al valle de Rivendel y descabalgaron junto a quienes los esperaban para recibirlo.
Elrond y Gil-galad se miraron a los ojos con seriedad, casi con rivalidad.

Elrond dio un paso al frente e hizo una elegante pero impersonal reverencia ante el rey.

-¿Que los trae al valle de Rivendel?-Pregunto de forma educada, sólo obligado por el protocolo.

-No vinimos en una visita de cortesía, Lord Elrond -Respondió Gil-Galad-. Sabemos que hace casi dos mil años usted adoptó a un elfo huérfano al que llamó Erestor- Dijo Gil-Galad y sus ojos dejaban claro la furia que le creaba la mentira inventada por Elrond para ocultar la verdadera identidad de Erestor- Hay serias posibilidades de que ese elfo sea mi hijo perdido, así que hemos venido a buscarlo.

Elrond palideció, Gil-Galad no sería capaz de llevarse a su hijo, antes lo tendría que matar.

-No- Se negó el Lord dejando a todos boquiabiertos por su rotunda negativa-No te llevarás a Erestor de aquí, no tienes ningún derecho y lo sabes.

-Tengo todos los derechos, es mi hijo y soy el rey.

-Me lo tendrás que quitar a la fuerza.

-Bueno yo quise que las cosas fueran pacíficas, pero si tú así lo decides, Elrond, así será. Quedas destituido de tu cargo de Lord y tomo el mandato de Rivendel bajo mi poder, arréstenlo-Ordenó a dos de sus escoltas señalando a Elrond.

Los consejeros de Rivendel estaban en shock, divididos entre obedecer a su rey y defender a su Señor. Elrond le quitó la espada a uno de los guardias de su hogar que tenía cerca.

-Tendrás que hacerlo tú mismo, Gil-Galad, porque sabes bien que si peleamos mataré a tus dos guardias y por Erestor soy capaz de matarlos con los ojos cerrados. -Dijo esgrimiendo con firmeza la espada.

Gil-Galad detuvo a sus guardias, sabía bien que Elrond era capaz de matarlos con facilidad, no en vano había sido uno de sus mejores heraldos en la guerra. El propio rey dio un paso al frente sacando su legendaria lanza, Aiglos. Elrond palideció en parte por la arma y en parte por el sentimiento de traición. Se sentía traicionado, aunque fuera estúpido, por el hecho de que Gil-Galad estuviera dispuesto a usar tan mortífera arma contra él. Elrond sabia muy bien la fuerza de Siglos, la había visto en la batalla final contra Sauron, pero él había hablado muy en serio cuando dijo que moriría antes de dejarse quitar a su hijo.

La lucha que siguió a continuación entre los dos elfos fue corta, pero encarnizada, tanto los de los Puertos Grises como los de Rivendel aguantaban en aliento. Uno de los consejeros reaccionó y como no sabía que hacer corrió a buscar a Glorfindel.

Cuando el consejero regreso nuevamente con Glorfindel y Erestor a toda prisa corriendo, Elrond perdió su espada a manos de Gil-Galad y este le apuntó con su lanza.

-¡No, ada! -Gritó Erestor corriendo y lanzándose en brazos de Elrond y mirando al rey desafiante. -¡No le hará daño a mi ada, me tendrá que matar antes de tocarle un sólo pelo!

Elrond trato de empujar a su hijo detrás de él.

-Ándate, Erestor. Gil-Galad, ya me desarmaste... cóbrate tu recompensa: mátame.

-¡No, ada, calla!- Le rogó Erestor tratando de salir de detrás de Elrond pero este no lo dejaba.

-No te quiero matar, Elrond, los Valar saben bien lo importante que fuiste en mi vida, pero no permitiré que me quites por más tiempo a Erestor.

-Ni yo te permitiré a ti que me lo quites -Le juró ELrond con los ojos llenos de lágrimas que se negaba a dejar caer.

-¿Quien es él, Ada?- Preguntó Erestor, asustado.

Gil-Galad abrió la boca para hablar, pero entonces Glorfindel intervino.

-¡Basta ustedes dos, están lastimando a Erestor!-Les rogó-. Vayan al despacho y platiquen tranquilamente y piensen bien lo que van a decir, porque aquí quien va a sufrir más sus decisiones será Erestor.-Les dijo GLorfindel.

Y las palabras del rubio calaron en el rey y su antiguo amante. Gil-Galad bajo su lanza, Elrond se dio la vuelta.

-Glorfindel quédate con Erestor; acompáñame a mi despacho Gil-Galad -Dijo el Lord. Gil Galad asintió y siguió al Lord adentro dejando tras suyo a un muy confundido Erestor que no entendía nada de lo que pasaba. Y Erestor no era el único confundido, todos los que vieron el combate estaban igual de desconcertados.

Continuará....