Veo que la idea de un Snarry es atractiva…
En fin, a ver qué tal sale. De momento, NO PASA NADA entre Severus y Harry. Cuando lleguemos a eso, advertiré al respecto. Nos seguimos separando poco a poco del canon. La escena original de la cabaña de los gritos en el prisionero de Azkaban, bajo un prisma un tanto diferente. Los personajes se van situando, lentamente, en el tablero de ajedrez…la partida sigue.
ENMENDANDO ENTUERTOS PASADOS
Severus, tras un rápido hechizo de diagnostico universal sencillo, y verificando que no hubiese lesiones graves, se encargó de dar al moreno una dosis de elixir curativo general; era algo lento y poco especifico, pero de momento tendría que bastar con eso, y cogió de su arsenal cuantas pociones le pasaron por la mente. Entre ellas, una pequeña joya de su propia invención, que evitaría que el hechizo de Harry le noquease y la tragó de un solo golpe. Harry le había permitido ver sus memorias de los sucesos que habían acaecido en el pasado del chico – su futuro inmediato para él - y para su crédito, aquel chico de apenas trece años había logrado aturdirle y dejarle fuera de combate. ¡A él!. Bien, cierto que sus amigos habían colaborado, pero el resplandor rojizo del rayo de Harry le dijo a Severus lo que necesitaba saber: el hechizo de Potter era el autentico responsable. Tal vez había usado un hechizo defensivo, y precisamente uno que no era usado para dejar fuera de combate al enemigo, pero sus intenciones eran claramente ofensivas, y su determinación y la cantidad de poder detrás del mismo, habían hecho el resto. Impresionante. Un logro solo al alcance de expertos duelistas como él mismo, entrenados en las más antiguas artes de combate. Harry había logrado "convencer" a los hechizos de sus amigos de sumarse al suyo, inconscientemente, simplemente doblegándolos a su voluntad y poder. Y pese a que había conjurado audiblemente un Expeliarmus, el resultante había sido mucho más similar a un Stupefy. Toda una demostración de su auténtico potencial, aun por explotar.
Repasando mentalmente una vez más los sucesos que iban a cambiar, arregló la capa del muchacho, asegurándose de que estaba bien cubierto y cogiéndole de la mano para no perderle, caminó a paso vivo hacia el despacho de Remus Lupín, después de aplicarse a sí mismo el más potente encantamiento NoMeNotes de que fue capaz. Como Harry dijera, el licántropo había desaparecido, dejando la seguridad de sus habitaciones y olvidando pasar por su despacho a tomar su dosis de Matalobos. Recuperando el mapa del Merodeador, y observando en él el movimiento de los chicos, Severus bajó la capucha de la capa de Harry, le miró a los ojos y murmuró, inclinándose para estar a su mismo nivel:
-Vamos Harry, tenemos mucho que hacer...
Acercándose desde el huerto de calabazas, con el niño pegado a sus talones, Severus aguardó, pacientemente escondido hasta que vio entrar al grupo de la comitiva del verdugo en la cabaña, después de asegurarse de la identidad del hipogrifo. Con cuidado, el hombre cogió uno de los conejos que Hagrid tenía colgados de una vara y lo rellenó con una poción de color caramelo, y sin dudarlo, lanzó la presa al hipogrifo. Buckbeack pareció sorprendido, pero tragó con glotonería la inesperada golosina y en pocos instantes, tras un brillo repentino, desapareció. Severus se apresuró, seguido de Harry, que le miraba con cara sorprendida bajo su capa y con mucho cuidado, recogió del suelo un diminuto hipogrifo de plata, no mayor que un gatito, que guardó en su bolsillo. Alejándose de la zona, y llevando a Harry aun de la mano, murmuró en voz calmada, calmando la inquietud que percibía en el muchacho:
-Estará perfectamente. Esta poción se usa para transportar animales muy grandes o peligrosos de un lado a otro, con plena seguridad. Le parecerá haber dormido un rato cuando le apliquen el contra hechizo.
Harry asintió y se escurrió con el profesor hasta las inmediaciones del Sauce Boxeador. Entre los dos, colocaron en las inmediaciones del árbol una barrera mágica que impediría que Scabers o cualquier animago transformado, huyera de nuevo. Petigrew y Sirius podrían entrar sin problemas, habían usado un control de tiempo para activarla, jugando con el conocimiento que tenían de lo acontecido, y ahora, se aseguraban de ningún animago podría huir de la zona sin ser noqueado de inmediato. Solo por precaución, había dicho Severus y Harry le ayudó con gusto. Era el plan B, por si las cosas fallaban y le hizo sentirse seguro de que todo iba a salir bien.
Vieron llegar al trío, emerger a Sirius en su forma animaga, la odisea de todos con el Sauce boxeador y finalmente, entró Lupín, acalorado y ansioso, los ojos brillantes. Tras unos momentos, entraron ellos, y tras recorrer el largo túnel alcanzaron finalmente la cabaña, Severus ahora bajo la capa, Harry desilusionado en el rellano, junto a la puerta y escucharon las voces de la discusión. Hermione abrió los ojos como platos cuando Snape se recuperó de inmediato, y el Harry del pasado que estaba en la cama con Ron, palideció. Apuntando a todos lentamente, el hombre metió una mano en la túnica, y lanzó un frasco a las manos de Lupín, que por instinto, lo cogió sin pensarlo.
-Bébete la poción Remus, antes de que sea demasiado tarde.
Los ojos del hombre se dilataron de sorpresa y un tinte de terror hizo palidecer sus facciones. Susurrando, casi sin aliento, el hombre miró a los niños, espantado, y jadeó:
-¡Lo olvide! ¡Lo olvide por completo!
Abrió el frasco con manos temblorosas y tras un rápido olfateo, lo apuró en un par de largos tragos, ansioso y avergonzado. Se llevó las manos a la cara y comenzó a murmurar una y otra vez "¿Cómo he podido olvidarlo? ¿CÓMO?" mientras Sirius intentaba torpemente reconfortarle, sin perder de vista a Snape, claramente suspicaz.
Resuelto el tema más imperativo, Severus murmuró, mirando especialmente a Harry, que le miraba con aire receloso desde su posición, relajando el brazo armado hasta que su varita apuntó al suelo en vez de a los presentes.
-¿Recuerdas…nuestras pasadas conversaciones Harry? ¿Lo que te dije?
Tras una vacilación, el moreno asintió, ante la evidente extrañeza de sus amigos y el Profesor susurró volcando en su voz toda la sinceridad y admiración que sentía por el muchacho:
-Esta tarde me lo has pedido, Harry. Y por eso estoy aquí, contigo.
Harry pareció meditar un momento la singular declaración, mascullando interiormente las palabras del hombre, visiblemente confuso. Vaciló, pero acabó sonriendo tímidamente, y Severus asintió, con un levísimo gesto hacia la puerta que hizo ensancharse definitivamente la sonrisa del moreno. Una vez más, era él el que estaba rompiendo las normas, pero eran las vidas de sus amigos y la de su padrino lo que estaban en juego. ¡A la porra con las reglas! Las sospechas del adolescente sobre las múltiples y súbitas apariciones de Hermione a lo largo del curso, y porqué no reconocerlo, una ligera paranoia, le habían hecho consultar obsesivamente el mapa del Merodeador, descubriendo que su amiga parecía estar realmente en dos sitios a la vez. Y eso le llevó a espiarla, descubriendo el uso y funcionamiento del giratiempo.
-Muchas gracias Profesor Snape.
Severus, con decisión, petrificó a la rata Scabers y la metió en una jaula sacada de los bolsillos de su túnica, sin disimular el gesto de asco y desprecio, de donde no podría escapar. No sin que él personalmente aplicase los hechizos necesarios. Finalizada esa primera labor, repartió pociones: dosis doble de poción nutritiva, un vial de elixir curatodo y además pimentónica extra fuerte para Sirius –el hombre se sostenía en pie a fuerza de pura voluntad y adrenalina – curatodo para las heridas de Harry, crecehuesos para Ron y curatodo mas un sedante ligero para Hermione. Mientras estas hacían efecto, con ojos serios, duros, pero no inflexibles, el Slytherin comenzó a hablar y le devolvió la varita al licántropo con una floritura y una levísima inclinación de la cabeza.
-Remus, acepta mis sinceras disculpas...aunque lleguen unos años tarde. Black…en el pasado, cometí el error de dejar que mis rencores de adolescencia nublasen mi juicio…eso no volverá a suceder. Espero que todos volvamos a empezar…
Remus asintió, aun aturdido por el hecho de que el hombre, probablemente había evitado que acabase masacrando a tres niños inocentes, y sus ojos se llenaron de culpabilidad y vergüenza. Sirius le confortó, vacilante, pálido y demacrado, sus ojos llenos de un brillo febril de agitación que se extinguía a ojos vistas; ahora que Harry sabía la verdad, y que Snape estaba colaborando con ellos, tal vez, tal vez, pudiera por fin descansar...
-Os aconsejo a los dos quedaros en esta cabaña...fuera se están reuniendo los dementores y no creo que… Black soporte una exposición como esa en su estado actual.
El desharrapado mago tembló visiblemente, un deje de pánico apareciendo en sus ojos azules y Remus le apretó la mano, susurrando algo en su oído. Sirius asintió en silencio y se apretó levemente contra el costado de su amigo, buscando inconscientemente su contacto y calor. Era difícil de explicar, pero entre murmullos apagados y protestas susurradas, el Profesor acabo haciéndoles ver a los adultos que era imprescindible y puso a todos los presentes bajo un fuerte hechizo de confidencialidad, de manera que los secretos de lo acontecido no fuesen revelados. Y una vez bajo este, oblivió por completo los recuerdos de los eventos de Ron y Hermione, e insertó en las mentes de todos un recuerdo falso, el que contarían después a los aurores y que actuaría como un escudo frente a posibles incursiones mentales para los demás, incluido Harry, ocultando la verdadera memoria detrás de este. Creando un recuerdo en el que Remus y Snape colaboraban más o menos tensamente en hacerles regresar, Sirius no era más que un simple perro perdido, y donde se veían separados en su vuelta al castillo en dos grupos a causa de los dementores, con Remus y su perro perdiéndose de nuevo en el bosque. Girándose hacia los tres muchachos, Severus añadió:
- Deberíamos salir de aquí cuanto antes...los dementores son muy peligrosos.
Los tres muchachos se alzaron, Ron y Hermione aun con la mirada un tanto ida, bajo los efectos de hechizo desmemorizante, y sorprendentemente, el Harry del pasado salió entre los brazos de su padrino y se acercó vacilante a él y susurró, dándole un levísimo e inseguro abrazo, las gracias de nuevo. Severus le palmeó la espalda y les animó a salir, vigilando que Ron pudiese caminar, con la ayuda de su improvisada muleta y el cabestrillo conjurados, su hueso reparado por la poción, pero aun muy dolorido y resentido de sus heridas. El viaje de regreso al castillo no fue fácil, los dementores se acercaban cada vez más a ellos, atraídos ahora indudablemente por la presencia de Harry y el hombre acabó enviando su Patronus contra ellos. Incluso Harry colaboró y vio salir de su varita el poderoso ciervo por primera vez, cuando la presencia de la masa de dementores se aproximó demasiado a los adolescentes. Severus examinó sorprendido la forma animal del Patronus, que se unió alegremente a su grácil ciervo, desperdigando a los dementores, acosándolos con su afilada y nutrida cornamenta. No era un Patronus extraño, pero aunque James Potter hubiese sido un ciervo animago, el Slytherin dudaba mucho de que ese hecho tuviera nada que ver con la forma del Patronus de su hijo. Para un ojo experto y entrenado, era evidente que el Patronus plateado no era un ciervo europeo corriente, era un wapití, un enorme e impresionante ciervo canadiense, mucho mayor y más poderoso que su equivalente europeo...y la contrapartida perfecta de su propio Patronus, si la formación simétrica en que ambos animales acorralaban a las negras criaturas no mentía…
