Y nos salimos del canon por completo… El Rey blanco se sorprende y el Alfil negro se escabulle entre las piezas…

Por si no quedó claro…Remus está tan perdido como Sirius…ninguno de los dos sospecha que son meros peones prescindibles en una complicada estrategia…

UN JARRO DE AGUA…CALIENTE

Finalmente a salvo, los tres chicos fueron atendidos por Madame Pomfrey, que comenzó por Ron, ya que era el peor parado de todos, mientras Albus Dumbledore se les unía poco después. La cara de autentica sorpresa del Director al ver al Maestro de Pociones charlando calladamente con Potter, que aguardaba turno para ser examinado, sentado en una de las camas, fue grande, y los azules ojos chispearon cautelosos detrás de sus gafas.

-¿Que ha sucedido, Severus?

Con deliberada lentitud, y tras un hechizo de privacidad, Severus Snape explicó la versión censurada de los acontecimientos, dejando a un lado el hecho de que otro Harry, el que había regresado del futuro, alterando la línea temporal; aun desilusionado, e invisible bajo su capa, estaba sentado un poco más allá, detrás de uno de los biombos que separaban y ocultaban aquellas camas del resto del hospital, en una cama vacía, bajo sus hechizos y barreras protectoras para evitar su detección. Los ojos suspicaces y algo recelosos del Director escrutaron atentamente a los dos varones, el adulto Slytherin y el niño Griffindor, y por un instante, sus ojos buscaron levemente a su alrededor. Atrayendo su atención de nuevo, Severus deshizo las protecciones de la jaula y sacó una botella de su túnica, vertiendo parsimoniosamente una gota entre las fauces de la rata. Después, Albus hizo los honores y la deslustrada y demacrada figura de Peter Petigrew apareció tras su hechizo en Scabers, envuelto en cadenas y atado a la cama del hospital, aunque el hombre permaneció inerte y sumido al parecer en un sueño profundo. El anciano suspiró ligeramente, y sus ojos azules se endurecieron por un segundo, helándose, antes de sonreír afablemente, aunque con una cierta tensión en la comisura de los labios:

- Muy bien, Severus. Los aurores se harán cargo de Petigrew, y comenzaré a plantear de inmediato el caso para exculpar a Sirius de su muerte. Veré lo que se puede hacer, Harry, pero no te aseguro nada…

Tras una mirada fría de aquellos ojos azules, el Director se interesó de nuevo brevemente por el estado de salud de los otros chicos y después, salió, llevándose a Madame Pomfrey con él, charlando sobre algo inteligible para los ocupantes de la enfermería. Harry miró con ojos llenos de curiosidad a Severus, que le murmuró algo al oído y desapareció obedientemente en el baño, para retornar, momentos después, algo más sonriente de lo normal, y apretando fuertemente entre las manos una cadenita que deslizó en el bolsillo de la túnica de Hermione, que continuaba en un estado algo histérico, al darle un impulsivo abrazo, al que se sumó Ron. Cuando la enfermera regresó, y chequeó concienzudamente a Harry, el último de sus pacientes, y tras darle un par de pociones, le dejó libre de marcharse. Ron tenía que quedarse, en observación y Hermione, que aun estaba muy nerviosa, deseaba acompañarle un rato más, pero la bruja prometió que por la mañana estarían como nuevos.

Severus murmuró suavemente que él se encargaría de que Harry cenase algo y se retirase a descansar y colocando una mano en el hombro del muchacho, le guió hacia las puertas de la enfermería, mientras el moreno agitaba la mano en una última despedida. Severus Snape condujo a Harry hacia sus habitaciones particulares, y el joven se sentó cohibido y nervioso en el sofá frente al pequeño fuego. El lugar era una estancia amplia y única, con un rincón acogedor frente al fuego, un pequeño escritorio, una mesa con dos sillas y un gran lecho de aspecto mullido. El profesor le indicó el baño mientras revolvía en su armario, buscando algo y Harry abrió la puerta, tentativo. Una antigua bañera de hierro esmaltado en color blanco, con fuertes patas en forma de garras le sorprendió. En general, el baño tenía un aire...victoriano, con un espejo ovalado con adornos de plata sobre una palangana de porcelana decorada con dos jarras de agua a ambos lados y una toalla colgando de la barra de hierro con similares adornos, todo encastrado en un mueble de forja muy trabajado. El water era más convencional, gracias a Dios, y Harry observó con curiosidad que junto a la bañera había un gran cántaro de agua caliente, en un escabel.

El hombre entró y encontró a Harry mirando con ojos asombrados su baño, y frunció el entrecejo.

-¿Porqué no has preparado el baño Harry?

El chico bajó los ojos con vergüenza y murmuró azorado:

-Lo siento profesor...pero no estoy seguro de cómo hacerlo...

Refunfuñando, Severus Sanpe se acercó a la bañera y vertió en ella el cántaro de agua caliente y aunque este era pequeño, llenó por completo la bañera en minutos, sin que el agua humeante parase de fluir nunca.

-¿Hechizo auto rellenante, recuerdas?

Harry asintió, sonrojándose aun más de lo que ya estaba y se removió inquieto ante la mirada expectante del hombre. Finalmente, el Profesor señaló a un bulto de ropa en un escabel y susurró:

-Un pijama y ropa interior, te estarán grandes sin dudas, pero son nuevos y puedo ajustarlos para tí luego.

El hombre vertió en el agua una loción de aspecto irisado y esta se lleno de espesa espuma, cremosa como nata montada, desprendiendo un suave olor a hierba recién cortada, antes de desaparecer sin palabras. Harry se relajó en silencio, comenzando a frotarse lentamente con una esponja, disfrutando del raro lujo de un baño, y además uno tan extravagante. La espuma se sentía deliciosa en su piel, y no irritaba las pequeñas abrasiones que aun tenía. Pero finalmente empezó a sentir hambre, además de sueño y cansancio, y salió del agua, preguntándose qué hacer con esta mientras se envolvía en las gruesas toallas. Tentativo, golpeó la bañera con su varita, sin pensar en nada más que en que ver esta limpia y vacía de nuevo y ante su asombro el agua se arremolinó, hizo un sonido de succión y desapareció.

Sonriendo, vestido en un elegante pijama de caballero de seda color gris marengo con detalles plateados, que le quedaba enorme, el joven emergió y llamó suavemente al profesor. Este apareció de detrás de una estantería, pociones en mano y Harry torció el gesto. Severus agitó su varita y el pijama se encogió ligeramente, al menos lo justo para que el muchacho no se pisase los pantalones. El hombre tan solo le miró con seriedad, alzando una ceja, y con un pequeño suspiro de resignación, el joven apuró las dos pociones sin quejas ni dudas, tan solo una cierta cara de asco ante el sabor. A estas alturas, estaba más que acostumbrado a tomar todo lo que el hombre le ponía por delante y agradeció con una sonrisa tímida el vaso de agua fresca que el hombre le dio un momento después para deshacerse de los restos del sabor de las pociones. Tras enjuagarse la boca, escupió el agua en el water, y miró interrogativo al hombre que murmuró:

-Solo un sorbo, Harry…No querrás arruinar mis pociones, verdad?

Harry, obediente, tragó tan solo un sorbo de la fresca y deliciosa agua, y devolvió el vaso. El chiquillo removió los dedos de los descalzos pies y siguió al hombre. En la mesa aguardaba una cena de aspecto delicioso y Harry comió con apetito, aunque no mucha cantidad ya que pronto comenzó a bostezar. El ligero sedante comenzaba a hacer efecto en su organismo, sumado al cansancio, y los habituales efectos secundarios de casi todas las pociones curativas, somnolencia y disminución de la actividad física, se acumularon sobre el agotado cuerpo adolescente. Severus le incitó a lavarse los dientes y finalmente aseado, bostezando atrozmente, el moreno regresó, los ojos cargados de sueño. El profesor le guió hasta su cama y el chico, aunque sonrojado, se amoldó sin protestas entre las sabanas, demasiado somnoliento. Fue cuidadosamente arropado y tras un leve e inesperado beso de buenas noches del hombre en la frente, Harry se durmió placida y profundamente, sintiéndose…inmensamente protegido y amado, aspirando el suave olor de la loción del adulto, impregnado en las almohadas, una sonrisa beatifica flotando en sus labios, mientras Severus le acariciaba una y otra vez los negros cabellos. Nadie le había dado nunca antes un beso de buenas noches…

Finalmente satisfecho y seguro de que Harry dormía profundamente, Severus se dio una rápida ducha y recogió sus habitaciones a golpe de varita, devolviéndolas a su prístino estado habitual. Con destreza, transformó el sofá en un amplio y mullido diván, sacó más sabanas y mantas, acomodándose con cojines y un libro en las manos, observando atentamente la silueta del joven que dormía relajado en su cama. El hombre sonrió, y abrió el libro, sumergiéndose en la lectura del tratado de pociones, esperando que el esquivo sueño le venciese, porque en ese momento, era incapaz de ello, incapaz de dejar de mirar a cada rato hacia el joven dormido y sonreír radiantemente de nuevo, regocijándose en su contemplación, hasta que finalmente, su mente aceptó que Harry, era por fin, suyo. Completamente suyo.