Y entramos de lleno en mi particular UA. El tablero de ajedrez se dispone para la partida….

En el bando negro, por supuesto, tenemos a Riddle, la Reina Negra, la pieza mas letal y agresiva del tablero... de momento

Dumbledore es a la vez el Rey y la Reina Blanca, el protector y la pieza clave de su bando, auqnue oculta celosamente su lado agresivo y deja que los demas hagan el trabajo sucio por él si es posible... Todos los demas son peones para él...

Severus es el Alfil... ¿Pero en que bando, Blanco o Negro?. Alfil negro simulando ser blanco o Alfil blanco disfrazado de negro?

Nos faltan la Torre Negra, el Caballo Negro...

Sirius y Remus...¿alguna apuesta?

Y Harry...¿Adivinais que pieza és y en que bando está?

EL OTRO LADO DEL ESPEJO

Deshacerse de los pestilentes y pesados aurores y del inepto Ministro resultó tarea relativamente fácil, contando con el apoyo del jefe de Slytherin a su lado, silencioso y atento, sus ojos negros amenazando claramente a cualquiera en la sala a contradecir tan solo por un momento las palabras de Harry. El Ministro cabeceó, aturdido, realmente al Ministerio se le avecinaba una gran tormenta bajo el nombre de Sirius Black. Además, después de que le entregaran en bandeja de plata al autentico traidor, al culpable de vender a los Potter, los aurores habían sido tan torpes como para reanimarle para carearle con el muchacho, ignorando el hecho de que era un animago…porque no constaba en su ficha oficial. Y Petigrew…había vuelto a escapar, tras confesar llorosamente – una vez más - su delito. Pese a que el joven le tuvo a tiro, el muchacho no levantó su varita, y la rata cruzó con él una extraña mirada antes de escabullirse por el agujero más cercano. Semejante comportamiento le valió una perorata de los Aurores, hasta que el muchacho, muy calmadamente, quizás más de lo que debiera y apretando los puños, les recodara suavemente que después de todo, era su trabajo y no el suyo mantener adecuadamente custodiado al prisionero, haciendo rechinar de rabia los dientes de los aurores. Tras haber sido amonestado erróneamente por el Ministerio por el hechizo realizado por Dobby, el elfo; el joven no tenia en muy buena estima general a los oficiales del Ministerio. Ni al Ministro tampoco, por supuesto. Cornelius Fudge era un idiota. Si realmente creía en la culpabilidad de su padrino… ¿Por qué le había dejado completamente solo y a la merced de cualquiera ese verano en Callejón Diagón?.

Harry se cerró como una ostra y negó tercamente haber visto a su padrino, pese al asedio de todos los adultos, incluido el Director. Durante unos momentos, el Ministro valoró la posibilidad de usar veritaserum con el muchacho, realmente decidido a lograr la información que deseaba, pero el Slytherin colocó una mano protectora sobre el hombro del joven apenas vio aflorar el pensamiento en los ojos de Fugde, mirándole con su más terrible ceño. No hacía falta legeremencia para eso. Cornelius era transparente, demasiado transparente. Y cobarde. Ron y Hermione tampoco mencionaron a Sirius. Severus se había asegurado la tarde anterior de ello, borrando por completo esos recuerdos, de manera que los jóvenes solo recordaban al enorme perrazo negro, y la afección de Lupin también permaneció a salvo. El hombre incluso había salido de su mazmorra a buscar a los otros dos de madrugada, oculto bajo la útil capa de invisibilidad, apenas se ocultó la luna, y se ofreció a llevar a Sirius en forma canina a sus propias habitaciones para una rápida revisión y unas primeras curas.

Harry estaba ansioso, expectante, porque Severus le había prometido que si alguna vez le pedía ayuda, desde ese momento se iba a ocupar personalmente de él. Y mientras Sirius volvía a ser un hombre libre, el Slytherin había decidido casi unilateralmente que eso significaba que Harry iba a vivir con él. Y sorprendentemente, Harry había dicho que sí. Severus había estado tratándole todo el curso de las secuelas de sus heridas en la Cámara de los Secretos –dolores erráticos en todo el cuerpo, especialmente las articulaciones- y después de su ayuda, el muchacho confiaba en él. Muchos secretos habían sido revelados a lo largo del curso entre ambos. Pero lo peor aún estaba por llegar. Saber que estaba marcado como mortífago, que era un espía; conocer su ambiguo y extraño papel en la guerra, había sido duro de aceptar, pero el hombre había tomado delante de él una dosis de veritaserum, y dejado todas sus reservas y dobleces detrás, respondiendo a todas sus preguntas. Además, en los pocos días restantes hasta el fin de curso, Severus le había demostrado mas afecto y dedicación en privado de lo que nunca nadie había hecho y eso era más que suficiente para él.

Además Sirius, su padrino, estaba plenamente conforme con que su ahijado viviese con Snape; cualquier cosa era buena con tal de alejarlo de esos malditos muggles. Sirius había sufrido el incesante acoso de su familia, empujándole a aceptar algo que no deseaba -la Marca Tenebrosa-, y poniéndole como ejemplo de perfección a su hermano y a Severus. No era de extrañar que su relación personal fuese tensa y amarga. Sin embargo, incluso él, era capaz de reconocer que Severus era…honorable. Su visión de lo que representaban las Artes Oscuras era realmente tradicional, lejos de los disparates que algunos, sin verdadero conocimiento ni respeto por la Magia, practicaban tan alegremente. Mucho más próxima a su propio pensamiento realmente. Además, espiando bajo su forma canina, Sirius había visto lo suficiente como para estar seguro de que por seco y duro que fuese Snape, era mucho mejor que los Drusley. Y había firmado un documento, encomendando al Slytherin sesiones de tutorías privadas para su ahijado, un respaldo legal para la situación de Harry en su custodia. Sirius, bajo su forma animal y el apodo de Tizón, había pasado a ser públicamente la nueva mascota de Remus, protegida su identidad de posibles intentos de revertirle a su apariencia humana con un collar hábilmente encantado. Aunque los perros no estaban oficialmente admitidos en el castillo, el Director había murmurado con una sonrisa un tanto forzada, los azules ojos llenos de muda reserva, que dadas las circunstancias y su heroica colaboración en los recientes eventos, Remus estaba autorizado a quedarse con Tizón, y a llevarlo con él, siempre y cuando el animal se comportase educadamente. Y Sirius, en su papel de perrazo perdido, ladrador pero no mordedor, se había instalado confortablemente en las habitaciones del licántropo, donde su ahijado podía visitarles a ambos, para satisfacción de los tres.

Severus comenzó de inmediato a tratar a Sirius de los daños provocados por su larga estancia en Azkaban, y ante la sorpresa de todos los implicados, le entregó a Remus un traslador para un pequeña finquita de campo de su propiedad, en un paraje cercano a una playa aislada, una cala solitaria rodeada de bosque, donde Sirius y el podían pasar el verano, y continuar el tratamiento. Y la figurilla en que aun estaba transformado Buckbeack. El hipogrifo podía ser tanto una alarma ante la presencia de extraños como un útil medio de transporte en caso de emergencia. Sirius sufría una fuerte claustrofobia, su magia estaba totalmente desquiciada, y su mente tenía lagunas de memoria. Pasarían tal vez cuatro o cinco meses o quizás incluso un año antes de su total recuperación física y mágica, y su mente puede que aun tardara más tiempo. Los dementores tenían un efecto terrible en él, su mera presencia era suficiente para hacerle casi perder el control, (incluso aunque solo se tratase de un bogart) y probablemente, esa secuela le acompañaría en mayor o menor grado de por vida. Las pesadillas eran habituales, así como los ataques de pánico, pero Remus estaba al parecer más que dispuesto a hacer de enfermero voluntario, bajo las indicaciones del hábil maestro pocionista. Y Harry sintió crecer aun más su gratitud por Severus Snape. Porque la historia previa de los Merodeadores con él no era precisamente cordial y Severus Snape estaba ayudando a un hombre que había hecho de sus días de escuela un tormento, y el muchacho supo que era por él, solo por él, que el hombre estaba dejando atrás el amargo pasado.

Dumbledore frunció el ceño y habló a solas con Harry, en los últimos días de curso, francamente preocupado por el distanciamiento del muchacho de sus anteriormente inseparables amigos, y su creciente proximidad a Remus y Severus, recordándole la importancia de las barreras de sangre en casa de sus tíos, preguntándole si realmente quería ir a vivir con Snape ese verano, acosándole casi. Pero nada hizo cambiar de opinión al terco muchacho, que incluso tuvo la desfachatez de recordar al hombre que su padrino era inocente, Pettigrew lo había confesado ante él y los Aurores y que lo que debía hacer, era acelerar el proceso para su declaración como tal; esgrimiendo para justificar su terca decisión, la carta en que Sirius le ordenaba pasar el verano con el Slytherin, para mejorar sus resultados académicos. Tanto Remus como él confiaban en la palabra del otro, y en su promesa de no desear más que lo mejor para Harry. Pese a sus rivalidades de adolescencia, el sentido del honor del Slytherin y su empeño en cumplir una palabra dada eran innegables.

El anciano mago se negó en rotundo a admitir semejante arreglo, alegando que aunque Sirius era legalmente su padrino y tutor, era un hombre aun oficialmente buscado por la justicia, un prófugo. Y dejó claro que le parecía muy desconsiderado despreciar la protección brindada por el sacrificio de su madre, haciendo salir a Harry de mal humor y enojado de su despacho, realmente furioso…a buscar consuelo en Severus, tras prohibirle pasar el verano con el Slytherin. Pero el hombre tan solo frunció el ceño, furioso con el Director, y apretó los puños, abrazándole contra su pecho, dejándole desahogarse de la rabia que amenazaba con desbocarse por completo, susurrando una y otra vez que todo iba a solucionarse. Que jamás tendría que preocuparse, que no iba a regresar con sus tíos, que ya nunca iba a estar solo…

Pese a las estrictas órdenes del Director, con veladas amenazas incluidas, el hombre no cesó su contacto con el adolescente, sino que lo incrementó, de espaldas al resto de la escuela. Y el día de regreso, se encontró con Harry en la estación del tren, convenientemente disfrazado con multijugos, suplantando a su tío Vernon. Severus había comprado literalmente a Harry, ofreciendo dinero y un bono de vacaciones para sus tíos. Bien disfrazado, bajo la imagen de un respetable hombre de negocios, acompañado del sutil negociador Lucius Malfoy, también disfrazado en su papel de abogado, y presentándose en el trabajo de Vernon, le puso delante un maletín lleno de fajos de billetes muggles y el documento de renuncia a cualquier custodia o responsabilidad en la sociedad mágica o muggle sobre Harry, explicándole, que desde ese momento, él se haría cargo del muchacho, y ellos estarían libres de él para siempre. Vernon se llevó los papeles, y regresó con ellos firmados por Petunia también, feliz de deshacerse del maldito chico. Así que con la renuncia en sus manos a favor de él mismo, con Sirius y Lupin como padrinos, e incluso Lucius Malfoy y Narcisa Black en el papel de nuevos tutores legales en caso de incapacidad de todos los demás; las barreras en torno a Privet Drive plantadas por Dumbledore se deshicieron, rota su ancla. Y Severus apareció con Harry en el que ahora iba a ser su nuevo hogar.

El hogar de Severus, una pequeña mansión, antigua y solemne, de granito rosa adornada por mármoles exóticos, rodeada de viejos jardines de estilo romántico, llenos de fuentes, laberintos de setos, pérgolas y antiguas rosaledas aromáticas, fue una gran sorpresa. Prince Manor estaba bajo el encantamiento Fidelius, y Severus le dio su localización al muchacho, haciéndole sentirse realmente importante. Severus no había parado de forzar poción tras poción en su garganta, obsesionado al parecer con su estado de salud, y de hacer numerosos diagnósticos y hechizos curativos sobre su persona. Harry tragaba obedientemente las asquerosas recetas, sin una queja, su pecho lleno de una extraña ilusión cada vez que la luz de preocupación que llenaba los ojos negros desaparecía durante un rato al verle ingerir un nuevo reconstituyente, un vitamínico, o lo que quiera que fuese que le ofreciese el hombre.

Durante los primeros días del verano, entre estudios, visitas a Sirius y Remus y de estos al muchacho y su actual tutor, Harry había aprendido que existía una neta diferencia entre lo que el Ministerio llamaba magia o artes oscuras y la magia malvada y realmente perversa, cuya única finalidad era dañar a los demás. Que nada es absolutamente blanco o negro, en la inmensa mayoría de las cosas prevalecen los infinitos matices del gris… Y que no toda la magia que se enseñaba era realmente blanca…muchos de los hechizos y sobre todo pociones que se enseñaban en la actualidad, eran realmente y en estricto sentido, artes oscuras. Por ejemplo, el dinero que Severus había entregado a sus parientes estaba maldito, y mientras no se arrepentirán de corazón de los maltratos ocasionados, nada de lo que obtuviesen de él, les proporcionaría satisfacción real alguna. Sin importar que todo fuese perfecto y de la mejor calidad, nada les parecería bastante bueno nunca. Conociendo bien a sus tíos y a su primo, Harry se rió durante un rato, imaginándose a Dudley permanentemente hambriento, ante fuentes y fuentes de comida; o a Petunia, en boca de las vecinas por su nuevo vestido o el arreglo del porche; o a Vernon, ansiando volver a cambiar otra vez su nuevo coche… Y Severus le prometió llevarle de incognito a ver los resultados de su trabajo, si sus resultados escolares eran buenos. Sin embargo, el hechizo utilizado era técnicamente legal, pese a los perversos efectos, porque estaba catalogado como defensa antirrobo.

El hombre le enseñó que las denominadas Artes Oscuras eran realmente la fuente y el origen ancestral de la magia, las primeras y primitivas formas de expresión de esta: Esoterismo, Rituales, Lenguas Animales, Runas, Necromancia, Animagia, Magia Elemental, Magia de Sangre, Magia Sexual y otras más…todas eran ramas de la Magia Arcana o Ancestral. Le explicó que las antiguas Mansiones estaban protegidas entre otras cosas por Rituales y Magia de Sangre, haciendo imposible romper o traspasar las barreras mientras alguien de esa sangre estuviese conectado a ellas. Y que si un mago de pura sangre no tiene descendencia, mediante un ritual de Adopción de Sangre Verdadera, puede proveerse de un heredero que sea realmente, no solo de nombre, de su misma sangre, capaz de controlar y acceder a los secretos y tesoros de sus antepasados… Se le presentaron delicadamente ciertos ritos de Magia Sexual, entre ellos las más antiguas formas de matrimonio mágico, capaces de crear un vínculo de amor y afecto realmente indisoluble entre los contrayentes, y Severus le explicó que un pequeño acto de Necromancia para traer de vuelta por un rato a los espíritus de sus padres hubiera permitido saber quién era el guardián secreto de sus padres, liberando a Sirius de culpas.

Le puso al corriente de que Remus era y sería siempre considerado una criatura y un mago oscuro, el ser un hombre lobo le hacía más perceptivo y apto para gran parte de esa antigua magia Arcana. Y que Sirius…había sido educado desde niño en los antiguos ritos arcanos, y pese a que era o había sido un Auror como su padre, siempre tendía a recurrir a ella, no con malas intenciones ni ánimo criminal, sino porque era una parte dominante de su naturaleza… durante generaciones su familia había usado la magia denominada oscura sin restricciones, cultivando cuidadosamente los talentos que esta demandaba. Y que simplemente por el hecho de ser capaz de hablar Parsel, el también era un mago oscuro a los ojos del Ministerio… Harry había rumiado lentamente la información leyendo polvorientos tomos de aspecto frágil y decrépito en la biblioteca; hablando con Remus e incuso si estaba suficientemente lúcido, con Sirius, y por supuesto con Severus…y aceptado lentamente que muchas de las llamadas Artes Oscuras, eran simplemente partes de la Magia Arcana, mas impredecibles e incontrolables, tal vez menos fiables y seguras, y que como en todo, existían partes realmente malignas, pero Harry también había visto maldad en la llamada Magia Blanca.

Después de todo, ¿que era si no, un hechizo diseñado específicamente para castrar y volver impotentes permanentemente a los hombres lobo? ¿O para esterilizar irreversiblemente a las brujas después de tener un hijo squib? Incluso encontró una poción diseñada para violar con impunidad y seguridad a los muggles, al parecer muy en boga entre la alta sociedad en busca de emociones fuertes. Pero, ¿Qué impedía usarla para asaltar a otros magos, si estos después no recordarían nada en absoluto? Y qué decir de la afinidad del Ministerio por los Dementores, las más repugnantes criaturas, pura maldad, y su alegría en condenar al Beso, una suerte mucho peor que la muerte. El veritaserum al que tan aficionados eran los aurores, era una de las más tenebrosas pociones; nacida de las raíces mismas de la magia antigua, una violenta violación de la intimidad de la mente, peor aun que la Legermancia, sin defensa ni barrera posible. Pero su innegable utilidad en los interrogatorios hacia que el Ministerio dejase a un lado los escrúpulos y autorizase gozoso y liberalmente su uso. Y Harry entendió lo que Severus sobre todo, y aunque más a regañadientes, también Remus y Sirius querían decirle. No todos los llamados magos oscuros eran malvados…realmente, tan solo una pequeñísima minoría… igualmente representada en el otro bando, teóricamente y según el Ministerio, inmaculado y siempre libre de pecados…

Ninguna familia purasangre podía dejar a un lado ciertos aspectos de esta Magia Arcana, simplemente porque sostenían las mismas fundaciones de su modo de vida y renunciar a ellas significaba perder antiguas reliquias, inclusive propiedades, títulos…Incluso los Potter, llegado un momento dado, y sin haber concebido naturalmente un heredero, tuvieron que recurrir a las más antiguas tradiciones para asegurar la continuidad de la familia, adoptando en sangre a James, su padre, con ayuda de la magia…No era tan difícil encontrar un niño mago huérfano, abandonado al nacer o incluso un nacido muggle, después de todo. Y el último acto de su madre, su inmolación voluntaria y sacrificio, ignorado por la mayoría del mundo mágico, era una de las expresiones más puras y poderosas de la Magia Arcana… una defensa que no estaba ligada como el Director decía a la sangre de la familia de su madre, sino a cualquiera en amplio sentido a quien Harry pudiera llamar familia, más vinculada al amor mutuo y a la voluntad de proteger al muchacho que a un parentesco real. Así que la protección de su madre le acompañaba, incluso aquí, en Prince Manor, o en la pequeña casita donde Sirius estaba recuperándose al cuidado de Remus…los tres hombres eran ahora su familia, su autentica familia…. y el mejor escudo que Harry pudiera desear. La lectura del testamento de sus padres, largo tiempo postergada y nunca realizada por el Director, hizo brotar lágrimas de los ojos de Harry, ya que estos le encomendaban al cuidado de Sirius y Remus, prohibiendo expresamente que bajo ninguna circunstancia fuese a vivir con Petunia Evans. Incluso Severus estaba nombrado entre la lista de otros posible guardianes alternativos, junto con Minerva y Andrómeda Tonks.

Y cuando el muchacho que aun no había cumplido los 14 años pareció comprender realmente todo lo que le habían desvelado, por fin, Severus le había contado con más detalle lo que esperaba de él, y Harry estaba cada vez más convencido de que realmente, quería esto. Severus quería que Harry fuese su Aprendiz, honrando los arcanos ritos del esoterismo, enseñarle y cuidar de él, como su Maestro, transmitirle todos sus conocimientos. Era increíble ver como el hombre se preocupaba y desvivía por él, lejos ya de la necesidad de mantener una fachada, y por primera vez en su vida, Harry supo lo que era tener a un padre ocupándose de sus necesidades. O al menos, un pariente o algo muy parecido. Así que Harry estaba en la Biblioteca, leyendo una vez más el contrato que el hombre le había dejado. El se comprometía a dedicar su esfuerzo al aprendizaje de una o varias de las Maestrías que eran la especialidad de su Mentor, y este, en retorno, se ocuparía de él, en todos los aspecto, proporcionándole igualmente, los medios y tutores para la Maestría de su elección. Además, un Maestro no podía tener sino dos Aprendices simultáneamente, y no podía tomar un segundo sin que el primero accediese a ello. Harry ya sabía cuál era el segundo aprendiz que Severus deseaba y por él, también eso estaba bien. Era lógico, después de todo.

Harry releyó de nuevo el encabezamiento del contrato. "Lord Severus Snape Prince, Lord Prince, Maestro de Pociones, Artes Oscuras y Sanación, solicita el honor de tomar como Aprendiz a Harry James Potter, heredero de la casa Potter y la casa Black" Nadie había usado su nombre tan formalmente nunca y Harry sonrió traviesamente. El contrato establecía una relación contractual, pero también un vínculo emocional que se prolongaría posiblemente durante toda su vida. Y lo más importante no era el documento, mero reflejo legal, sino el rito que les uniría, vinculándoles a ambos en sus nuevos roles. Según Severus, Maestro y Aprendiz viven como familia durante al menos 10 o 12 años, hasta que el joven Aprendiz ha superado todas las pruebas y es considerado formalmente un nuevo Maestro. Después, como en todas las familias, el joven es libre de abandonar el hogar, pero el lazo emocional y afectivo con su Maestro permanece. La única manera de romper un contrato de Aprendizaje es la vulneración de los derechos de los participes. Si el Maestro abusa de su poder, o no cuida adecuadamente de su pupilo, este puede llevar su caso ante los tribunales y ser liberado de sus obligaciones. Igualmente, si el Aprendiz es desleal, roba o engaña a su maestro, este puede romper la relación, liberándose de sus obligaciones. Harry había releído una y otra vez los pergaminos y con una pregunta en mente, se encaminó a buscar a Severus Snape, caminando por el corredor acristalado que se abría al lado sur, un lugar esplendido para disfrutar del sol en invierno, pero excesivamente caluroso para su gusto en verano.

Con un educado repiqueteo de sus nudillos en la puerta, Harry aguardó paciente ante la puerta del laboratorio, consciente de que el hombre se perdía a si mismo dentro de sus calderos y pociones y que hasta que no le autorizara a entrar, era inútil molestarle. Minutos más tarde, la voz grave se hizo oír a través de la puerta y Harry abrió cuidadosamente, y cerró tras el sin ruido. Severus revolvía con rapidez un caldero, añadiendo una lluvia de metal molido a la hirviente poción, rodeado de fumarolas de colores, y no apartó los ojos del caldero hasta que la poción dejó de burbujear, y finalmente, quedó lista. O al menos, en un estadio en que su elaboración podía detenerse. Colocando un cristal protector con un encantamiento preservador sobre el recipiente, Severus alzó los ojos de la mesa por primera vez, y vio al muchacho expectante, silencioso, aguardando junto a la puerta. Secándose las manos en un paño y suspirando - había sido una poción difícil- el hombre avanzó y le condujo a una salita cercana, donde, tras beber un refrescante vaso de té helado, murmuró en voz suave:

-¿Querías algo, Harry?

El moreno asintió, nervioso y tras una evidente vacilación, mordiéndose los labios y mirando al suelo, el joven le miró a los ojos y susurró frunciendo el ceño ligeramente:

-Yo...me preguntaba… quién fue su Maestro...

EL hombre palideció y su rostro se llenó de furia, y Harry se encogió en su silla, sobresaltado. Suspirando, el hombre le ofreció un nuevo vaso de té helado y susurró:

-No estoy enfadado contigo, Harry. Es que no me gusta recordarle...

EL hombre dejó vagar sus ojos por la habitación, como buscando una manera de empezar y tras un rato de tenso silencio murmuró:

-Veras Harry, mi Maestro no era un hombre…honorable, y su... visión de las obligaciones de un aprendiz no coincidían con las mías. Mi elección de una especialización en Artes Oscuras no le agradó mucho tampoco, pero estaba obligado a complacerme, así que las cosas entre nosotros eran...tensas, muy tensas. Así que cuando terminé mis estudios, rompí cualquier relación con él. Y si realmente necesitas saberlo, mi maestro de Pociones fue Damocles Belby...y él me llevó a Cygnus Black para mi Maestría en Artes Oscuras. Y este a Voldemort, cuando demostré autentico potencial.

Severus se calló que el afamado hombre le había usado sexualmente, abusando de su poder sobre él, y pese que Severus podía haberle denunciado, su posición, un mestizo, sin nombre ni dinero le habían llevado a consentir la situación. Porque desde luego, el hombre había esperado a que superase la edad del consentimiento, y nunca le había forzado violentamente. Al principio usaba afrodisíacos para doblegar su cuerpo a sus deseos y más tarde, ni siquiera eso fue necesario. Severus sabía que nadie le prestaría atención a sus demandas, y aunque las admitiesen, se encontraría a sí mismo en la calle, sin recursos y sin medios para vivir o continuar sus estudios, y lo que es peor, estigmatizado para siempre. No, Belby, pese a ser un mago teóricamente blanco, era todo un ejemplo de lo que no debe ser un Maestro, y Harry no necesitaba saber los detalles. Cygnus y detrás de él, Voldemort, le habían parecido la única salida posible en ese momento al joven aprendiz. Severus tenía verdadero talento, era una promesa en su campo. Y los Black, ante la imposibilidad de ofrecer al Lord también a Sirius como era su deseo, entregaron en su lugar a Severus. Y Riddle le ofreció los recursos que tan desesperadamente necesitaba para desligarse de Belby. Su estancia en Hogwarts había estado pagada de antemano, pero Severus necesitaba además libros y ropas. Hasta la muerte de su abuelo paterno, bastantes años después, ya siendo un adulto, Severus tan solo había tenido la escasa herencia que le dejara su madre para sobrevivir, apenas suficiente para no morirse de hambre pero no para costearse los estudios avanzados que quería hacer.

Harry, aun sorprendido por el hecho de que Cygnus, el tío de Sirius hubiese instruido inicialmente a Severus en Artes Oscuras, se levantó de su silla y se sentó suavemente a los pies del hombre, que había bajado la cabeza, con vergüenza contenida. Un Aprendiz debía honrar a su maestro, pero simplemente, Severus no podía, era imposible para él tan siquiera pensar en el hombre sin sentir la bilis revolviéndose en su estomago. Su padre había sido violento y abusivo, pero era muggle y no entendía el mundo mágico, pero ser tratado así por alguien que voluntariamente había prometido protegerle y cuidar de él...era la peor de las traiciones...una lagrima rodó por las mejillas del hombre y Harry dejó de dudar. Abrazó suavemente al mago, y este le envolvió en sus brazos, dejando reposar su cabeza en el pelo revuelto del chico. La voz de Harry susurró suavemente:

-Ud no será igual que él, estoy seguro...va a ser un Maestro maravilloso, Severus...

Cuando el cerebro del Slytherin captó el significado del suave susurró del chico, su cabeza se alzó repentinamente, y sus ojos buscaron los del muchacho, brillantes, llenos de esperanza:

-¿Realmente? ¿Estás seguro Harry?

EL chico asintió y sonrió radiantemente, añadiendo:

-Sabe que sí. Ya está cuidando de mí, como…como si fuese mi padre...

Severus sonrió, asintiendo y tirando de Harry le instó a sentarse en sus rodillas. Harry tal vez era demasiado mayor para eso, pero Severus notaba que el joven apreciaba y atesoraba realmente cada gesto y cada caricia, cada demostración de afecto, hambriento de lo que le había sido tan cruelmente negado toda la vida, y después de una intensa lucha interior, había dejado de hacerse de rogar. Los ojos de los dos se encontraron y por unos minutos, ninguno dijo nada, tan solo disfrutando de la mutua proximidad, de la presencia y contacto con el otro. Harry suspiró suavemente, y alzó una mano hasta la mejilla del hombre limpiando los restos de lágrimas con sus dedos, cuidadosamente, con delicadeza, y en silencio. El hombre se dejó hacer, mirando los ojos del joven y esbozó una sonrisa. Aun no habían realizado el ritual, y Harry ya demostraba la preocupación propia de un Aprendiz por su Maestro…Tenía que dejar clara una cosa, una muy importante y le miró con firmeza, dejando que su voz se llenase de seriedad.

-No soy tu padre, Harry, y no aspiro a serlo, esa no es mi intención, te lo prometo. No pretendo usurpar su lugar...ese rincón de tu corazón nunca podrá ser ocupado por mí. La relación que tendremos si realmente accedes a esto será más bien como la de…unos primos. Seremos familia, y cuidaremos uno de otro, y como Maestro y adulto, yo tendré casi plena custodia legal sobre tí, pero incluso así, Sirius seguirá siendo tu padrino, y podrás verle siempre que quieras, y a Remus también, te lo prometo. Aunque ya no pueda decidir muchas cosas sobre tu vida, Sirius tendrá el manejo de tus bienes y finanzas hasta que acabes tus estudios de Maestría.

Harry asintió. Había leído esa parte del contrato, y estaba bien saber que Severus no pensaba apartarle de Sirius o de Remus. Sabía también que aquel tipo de contrato era ya muy poco usual, que actualmente la gente no se comprometía de esa forma, y que por eso había tan pocos auténticos Maestros. Era una de las antiguas tradiciones que se estaba perdiendo. Nadie quería dejar su vida en suspenso hasta los ventitantos años, renunciar a obtener un trabajo remunerado y una pareja, mientras que el prestigio y el fruto de su esfuerzo iba a las manos de otra persona... Antiguamente, no había escuelas formales, y los Maestros buscaban a los niños más brillantes, directamente de las manos de sus padres, los que destacasen en su especialidad, y si había acuerdo entre las partes, comenzaban a instruirles mucho antes, pero ahora, el Ministerio había hecho legalmente imposible que nadie aceptase un autentico contrato de Aprendiz antes de los 13 años. E incluso a esa edad, no muchos padres consentirían en considerarlo y aun menos adolescentes estarían realmente dispuestos a asumir el sacrificio que ser Aprendiz suponía. En las eras antiguas, era lo normal que un verdadero Maestro desease dedicar su esfuerzo a los niños con talento real en la que fuese su especialidad, y práctica habitual, garantizando que la técnica y el conocimiento no decreciesen sino creciesen con el paso de las generaciones, perfeccionándose. No existían escuelas, ni otras maneras de trasmitir los conocimientos, los magos eran pocos, vivían a veces inmersos entre los muggles y el intercambio genético facilitado al trasladar e insertar desde temprana edad a los niños entre diversas comunidades, una manera sencilla de evitar la endogamia en el seno de las familias destacadas muy apreciada.

Pero actualmente, los escasos Maestros o los magos expertos interesados en ello, optaban por elegir entre los mejores alumnos de TIMOS, sondearles y probar con pequeños trabajos durante los veranos hasta los EXTASIS y comenzar a trabajar con ellos a tiempo completo justo después de finalizar sus estudios regulares, en una versión moderna, más ligera y menos vinculante de la antigua relación, una mera relación laboral, entre un joven mago que desea profundizar sus conocimientos y un mago que puede ofrecerle un empleo con un sueldo módico, pero con la posibilidad de aprender lo que desea. Dumbledore era Maestro de Encantamientos y Duelo, pero ya no quedaban muchos magos que realmente hubieran pasado por semejante proceso de aprendizaje. Harry se relajó en el pecho de Severus y murmuró tranquilamente, confiado entre sus brazos:

-Un primo mayor está muy bien, Severus...además, también tengo a Sirius y a Remus. Tener alguien a quien poder confiar mis problemas, mas relajadamente que a un padre...quiero hacerlo, de veras que quiero...

Severus le apretó un poco más y murmuró:

-Sirius va a tener un ataque al corazón, Harry...

Harry se rió, una risa suave y fluida, que hizo temblar levemente su cuerpo sobre el regazo del hombre. Harry levantó la cabeza y denegó, sonriente, los ojos verdes iluminados, llenos de alegría:

-No, él entenderá que no puede separarme de parte de mi verdadera familia, ahora que por fin tengo una...

Severus asintió sonriendo y el resto de la tarde pasó entre charlas aparentemente intrascendentes, los dos sentados en un mullido sofá, hasta que Harry acabó quedándose dormido, la cabeza descansando en el hombro de su futuro Maestro.