Bueno todo un cap enterito solo de Severus y Harry

Respecto al tablero de ajedrez… Remus y Sirius están por supuesto, en el bando de Harry... De cara a Harry, Sirius es efectivamente una de las Torres, aunque también puede tener actitudes de Caballo, y ser rápido y audaz, saltando a dar un golpe mortal con Remus. El licántropo es aparentemente un mero peón del bando blanco, pero veremos relucir su potencial en su autentico lugar, junto a Harry.

¿Sabeis que cada equipo de piezas de ajedrez tiene un Alfil sobre "blanco" y un Alfil en "negro"? Cada Alfil solo puede recorrer las diagonales de ese color, determinado por el color de la casilla en que se sitúan a los flancos del Rey y la Reina... y que junto a la Reina, sea del color que sea, siempre va el Alfil de su mismo color...

Severus es el Alfil Negro sobre negro... ¿Quién es el otro Alfil negro? Y nos falta otra Torre y otro Caballo..

Y efectivamente, Harry es el Rey Negro, disfrazado de Reina Blanca. Podría haber sido Reina Negra, va a desarrollar potencial para eso, pero...¿Cómo define su papel la relación entre él y Riddle, si este es la Reina Negra?

Callejón Nocturn

Al día siguiente, tras realizar previamente el sencillo y simbólico ritual tradicional en Prince Manor, Harry y su Maestro firmaron el contrato, como la ley demandaba, ante al menos un testigo imparcial – en este caso, tres: Lucius, Narcisa y Remus- y con la rúbrica y el pleno consentimiento de Sirius, su actual tutor legal. Harry no sintió nada raro, y mantuvo una semisonrisa todo el rato, pero Severus notó palpitar su corazón al verle realizar el corte ceremonial necesario. El Maestro, acompañado de su flamante Aprendiz de brujo, entregaron los documentos al duende encargado de las finanzas y la cuenta de los Prince, que guardó una copia en las cámaras de cada uno de los implicados y otra para registrarlo en Gringotts. Después de todo, un contrato de Aprendizaje era un tema estrictamente privado y el Ministerio no tenía por qué ser informado. Las cuentas de los Potter, con la excepción de la cuenta personal de Harry –su fondo de estudios- quedaron congeladas para él, y el manejo de sus finanzas y bienes a cargo de Sirius, Remus (Harry convenció fácilmente a Severus de incluirle en el contrato, hombre lobo o no) y Lucius Malfoy. El razonamiento de Severus era sencillo, pero claro: Si un Malfoy no era capaz de hacer que las inversiones y propiedades diesen su máximo rendimiento, nadie podía. Además, la situación legal de su padrino aun no estaba resulta, y era preferible tener todas las posibilidades cubiertas.

Lo que Harry no esperaba era la agotadora maratón de compras que siguió a la firma de los documentos en el saloncito de la mansión y al corto viaje vía Flu, al banco en Callejón Diagón. Severus compró para él un completo vestuario mágico y con algo de ropa muggle también, sencillo pero elegante, todo de la mejor calidad. Y Harry protestó sonoramente. No quería ser una carga para el hombre y… ¿Para qué necesitaba cinco pantalones de diario? ¿Y diez túnicas? ¿Y además ropa formal? El muchacho no veía la necesidad de tener tanta ropa, y estaba acostumbrado a pensar que el dinero de su fondo de estudios debía de ser cuidadosamente administrado. (No era consciente en absoluto de cuan rica era su familia y normalmente miraba mucho lo que gastaba) El hombre se inclinó muy serio sobre él, ligeramente intimidante desde su mayor altura y murmuró tan bajito que la dependienta no pudo oírle, pese a que estaba a escasos pasos de distancia:

-Requiero que tu presencia sea siempre impecable, no importa la circunstancia o el lugar, deberás estar siempre bien vestido, limpio y perfectamente aseado. Si para lograr eso es preciso que te mudes de ropa varias veces al día, así será, ¿entendido Aprendiz?

Harry, que había estado más que encantado de vestirse con las para él lujosas ropas que Severus le había dejado, procedentes bien de Draco o de su propio guardarropa, después de que el adulto quemara ostentosamente y a golpe de "Incendio" los harapos procedentes de los Dursley; bajó los ojos, levemente avergonzado, y murmuró muy bajito un "Si, Maestro". La imagen de un Aprendiz refleja el cuidado que su Maestro le otorga… así como él debería cuidar de tener siempre listas y dispuestas las ropas y cosas de Severus, en símbolo de su entrega. Era una relación de ayuda y cuidado mutuo, y él estaba siendo indisciplinado y rebelde…

Después de eso, no hubo más protestas y Harry, sonrojado aun hasta las orejas, se probó callada y dócilmente cuanta ropa quiso el hombre, dejándole escoger camisas, jerséis, capas de viaje, zapatos y botas, entre todo lo demás. Sin que Harry se diese cuenta, Severus encargó para él un nuevo baúl, más bonito, grande y cómodo que el anterior baúl escolar estandar. Un autentico vestidor miniaturizado, con múltiples divisiones y espacio mágicamente expandido interior suficiente para mantener en él ordenadamente y a salvo, ropas, libros y toda clase de objetos personales, además de sus útiles escolares; con un hechizo ultraaligerador de peso incorporado, cerradura semisintiente antirrobo, localizador y numerosas protecciones para toda clase de objetos que se depositasen en su interior, incluso una función autocatálogante, para que no perdiera nada entre los numerosos compartimentos y le fuese más fácil encontrar lo que necesitaba. Además, le compró una nueva mochila, de piel negra engrasada, sólida y práctica, resistente y prácticamente irrompible, con el mismo hechizo aligerador y cerradura, además de compartimentos especiales para diversos tipos de material, con un práctico autoexpansor de espacio interno, para permitirle cargar todo lo necesario sin necesidad de preocuparse por el volumen, peso o el tamaño del objeto.

El material escolar, libros y los mejores ingredientes para pociones, todo fue comprado y pagado por el adulto, para ser recogido más tarde por los elfos del hombre, que finalmente, le llevó al Callejon Knocturn, tras una seria advertencia sobre el sitio. Bajo ninguna circunstancia pondría Harry un pie en aquel lugar si no era acompañado por él. Que él fuese un brujo – un Aprendiz de brujo - no implicaba que tuviera su permiso para rondar a su libre albedrío por el lugar. El chico asintió muy serio y callado, sus verdes ojos dilatados levemente, murmurando suavemente un "Sí, Maestro" casi inaudible, que sin embargo hizo dulcificarse la estricta expresión de los ojos negros. Harry miraba con asombro las callejuelas y tiendas de aspecto polvoriento, sin tiempo apenas para leer los letreros de los escaparates y su Maestro, que no había dejado ni por un instante de posar su mano con firmeza en su hombro, le hizo entrar en un oscuro portal, del que se desprendía un fuerte olor a humedad. Al abrir la puerta, una multitud de pequeños ruidos llenaron sus oídos: gruñidos, chirridos y silbidos, una cacofonía procedente de la abigarrada multitud de animales que llenaban el lugar, apilados del suelo al techo, cubriendo cada rincón en las paredes y estanterías, en jaulas, peceras y terrarios. Avanzaron entre hileras de búhos y lechuzas, halcones y águilas de aspecto regio, cruzaron frente a peceras llenas de ranas, peces y tortugas, entre perros, gatos, ardillas, conejos, hurones y ratas, para llegar al fondo, donde detrás de las arañas y otros insectos, se encontraba el reptilario. Lagartos, iguanas, salamandras y gecos, crías de cocodrilos, caimanes y gaviales, y serpientes…serpientes de todos los colores y tamaños imaginables.

Harry miró con asombro escuchando los débiles susurros murmurados entre los reptiles, avisándose unos a otros de la presencia de dos intrusos en sus dominios. Entre la multitud, destacaba una voz, de tinte risueño, pero letal, que poco a poco fue haciendo callar a las demás. Las serpientes observaban y Harry se aproximó a un terrario aparentemente vacío, notando los susurros intercambiados entre los animales, la curiosidad que emanaban. Los verdes ojos exploraron la arena y las rocas artificiales, los troncos retorcidos y con decisión, el muchacho abrió el cristal de protección y murmuró en un dulce siseo:

-Buenos días. Si me disculpa el atrevimiento…nunca había visto una serpiente como Ud.

Una de las ramas se movió, y una lengua bífida olfateo el aire curiosa, saboreando su aroma. El ahora visible y delgado cuerpo de la serpiente de color casi negro, con intensos pero sutiles reflejos metálicos verdes, se irguió y la esbelta cabeza se situó frente a los ojos del muchacho, contemplándole con sus ojos irisados sin parpados. Tras unos momentos y oscilando levemente el largo cuerpo de casi dos metros, la serpiente susurró, oscilando una vez más su lengua entre las mandíbulas entreabiertas, mostrando los colmillos como agujas que la erizaban:

-Soy un cruce de mamba negra con ¼ de Ash winder. ¿No te doy miedo Hablante?

Harry denegó y tendió su mano al animal, que se enroscó rápidamente por el brazo, colocándose como una extraña adición a su ropa, un largo y sibilante collar. Incluso sin su don, después un basilisco…una serpiente no era nada intimidante.

-No, me pareces…muy hermosa.

El reptil volvió a paladear su esencia, lamiendo levemente su mejilla, reprimiendo un silbido que sonó casi como a risa, agitando nerviosamente la delgada lengua bífida y susurró curiosa, mirando de reojo a Severus.

-Mmhh…eres una cría, apenas salida del cascarón; pero el que te acompaña…no es tu Hacedor, Joven Hablante…y sin embargo, llevas su olor fuertemente impregnado en ti…

Harry parpadeó confuso ante el tono de preocupación que percibía en la serpiente. El acento le sonaba… femenino, pero podía equivocarse. Y murmuró, tratando de explicar en el lenguaje de la serpiente, cuál era el papel de Severus en su vida.

-Mis…Hacedores murieron antes de mi segundo verano, ni siquiera les recuerdo. Y Sirius, el adulto al que le encargaron cuidar de mí, está mmh…gravemente enfermo. Severus le está ayudando a ponerse bien. Así que ahora Severus está cuidando de mí, y enseñándome a ser un adulto…

La serpiente pareció meditar sus palabras y enroscándose más fuertemente en torno a su cuello, cerrando sus anillos un poco más, y situando su cabeza justo frente a los verdes ojos del chico, mirándole con lo que para ser una serpiente podía ser una mirada de inquietud, susurró:

-Mhh…supongo que está bien…Este otro macho humano…Sirius, ¿Por casualidad es un lobo de luna, Joven Hablante? Porque también hueles a lobo…y a perro…

Harry sonrió y murmuró denegando ligeramente:

-No, Sirius puede cambiar su apariencia y adoptar la de un perro. Remus es el lobo, es un fiel amigo y está cuidando también de él, hasta que se ponga mejor. Y me llamo Harry…

Severus carraspeó ligeramente, y Harry se volvió repentinamente para mirarle, repentinamente consciente de que había ignorado a su Maestro por completo, perdido en el diálogo con la serpiente. Con un ligero rubor de vergüenza tiñendo sus mejillas, el moreno alzó sus ojos verdes hasta los negros del hombre, para encontrar a este, muy serio, pero no ceñudo, observando con resguardada curiosidad la nueva e inusual adición a su vestimenta.

-¿Has terminado Aprendiz? Porque no hemos venido a este lugar a practicar tus habilidades con el lenguaje, Harry.

Ante el tono seco, Harry bajó levemente los ojos, ignorando la diatriba que su nueva amiga susurraba en su oído, lanzando miradas recelosas al hombre. Era su deber estar siempre atento a su Maestro, obedecerle, anticiparse en la medida de lo posible a sus deseos, ser respetuoso y honrarle con su buen comportamiento, tanto en público como en privado. Era su primer día y había fallado ya dos veces al hombre, obligándole a reprenderle y el muchacho sintió una honda vergüenza atenazar su garganta. Quería sobre todas las cosas, complacer a quien tanto había hecho por él…Con apenas un hilo de voz, y alzando de nuevo los brillantes ojos verdes, levemente ensombrecidos, para buscar los negros de su Maestro, el muchacho murmuró:

-Lo siento mucho Maestro. Lo hare mejor e intentaré no volver a defraudarle.

Severus alzó levemente una ceja, interiormente sorprendido de que tan leve reproche provocase tanta humildad y una respuesta tan formal. Sus cejas se fruncieron cuando el muchacho susurró algo a su sibilante compañera, y esta respondió amagando un gesto de amenaza hacia él, para ser al parecer severamente reprendida por el joven, haciendo que la serpiente se enroscase mansamente en su cuello y hombros, aunque aun le miraba con aire receloso. Habían hablado previamente de cuáles eran las reglas que regían su relación, y aunque Severus no esperaba absoluta perfección, y mucho menos desde el primer instante, tampoco se esperaba esta formalidad. Los ojos verdes parecían apesadumbrados y el hombre suspiró suavemente. No era de extrañar que Harry hubiese fracasado en sus clases, el chico no respondía nada bien a las tácticas de severidad y rudeza de su apariencia pública. Tal vez porque el maltrato de los adultos era una constante en su vida, y eso le hacía encerrarse más en sí mismo, como mecanismo de defensa. Avanzando un paso, el hombre suspiró de nuevo y le llamó con suavidad:

-Ven aquí Harry.

Con aire resignado, el muchacho se encogió levemente sobre sí mismo, visiblemente tenso, como esperando una mayor reprimenda; pero pese a todo, hizo lo que el hombre le pedía, ignorando los susurros de la serpiente. Cuando cruzó el breve espacio que le separaba del adulto, el chico se detuvo, mirando intensamente la punta de sus zapatos, y aguardó, mortalmente silencioso.

-Harry…

La cabeza del adolescente se alzó tímidamente. Con mucha suavidad, el hombre le apartó un mechón de cabello de los ojos, dejando juguetear sus manos en los bucles rizados. El pelo del chico era caótico y desordenado, pero muy suave al a tacto. Se inclinó un poco – el muchacho se relajaba casi de inmediato cuando el contacto visual era cercano – y murmuró esbozando una sonrisa:

-Harry…eres mi aprendiz... desde hace tan solo unas horas. Y estoy muy orgulloso de ti.

La boca del adolescente se abrió en muda exclamación, y los ojos verdes reflejaron sorpresa e incredulidad. Harry le miró, aun con la confusión y el desconcierto reflejados en su expresión, los labios entreabiertos y los ojos dilatados. Con un susurro el chico denegó con terquedad, retrocediendo levemente:

-Pero…no lo he hecho bien… y he sido…desobediente…

Severus volvió a sonreír, y deslizó su mano por el hombro hasta sujetar en la suya la mano del muchacho, ignorando a la serpiente, e hincando una rodilla en tierra para mirarle cara a cara cómodamente:

-Harry…no estoy enfadado contigo, y puedo comprender perfectamente ciertas…distracciones.

Los ojos del adolescente relucieron, y sus labios insinuaron una sonrisa. Casi temeroso, el muchacho murmuró con anhelo:

-¿De verdad Se…Maestro Severus?

-De verdad Harry…y puedes seguir llamándome Severus siempre y cuando estemos los dos solos.

El adolescente le abrazó, olvidando a la serpiente, que siseó alarmada, a punto de ser estrujada entre los dos cuerpos. Al romper el abrazo, el chico acarició con cuidado la cabeza del reptil, susurrando suavemente alguna cosa y este pareció calmarse. Con la mano enlazada a la de Severus, ambos cruzaron el umbral de una puerta disimulada detrás de una cortina, y entraron en una nueva estancia.

El lugar era muy diferente de la estrecha y abarrotada colección de animales que acababan de abandonar. Estaban en una antesala, llena de vitrinas de cristal, con…varitas. Varitas de madera, de metal, incluso una rara varita de cristal negro adornaban los expositores. Un pequeño mostrador y unas sillas completaban el lugar y una dama de aspecto elegante, alta, delgada y esbelta, surgió de detrás de una cortina al fondo de la sala. El cabello de la mujer era blanco y larguísimo, tanto que la trenza en que lo recogía, casi arrastraba por el suelo. Unas orejas puntiagudas y los ojos de color dorado delataban su raza, ya que la mujer era sin duda una elfa.

Con una sonrisa fría, pese a lo elegante de su gesto, la mujer saludó a los recién llegados y tendió la mano hacia la serpiente, susurrando algo en un idioma extrañamente musical. La serpiente se enroscó en su mano y se deslizó susurrando sin cesar hacia su cuello, donde se instaló, sin parar de emitir silbidos. La dama pareció estudiarles, mientras escuchaba el cuento de la serpiente y finalmente, con un gesto ofreció asiento a los dos varones, murmurando en un tono cantarín y etéreo:

-Bienvenidos a mi humilde establecimiento. ¿Qué puedo hacer por vosotros?