La Rueda de la Fortuna da un nuevo giro…con un resultado inesperado.
LA DAGA DE PLATA
Harry parpadeó asombrado mientras la serpiente murmuraba en el oído de la elfa una recolección de su pequeña conversación privada, y mientras Severus inclinaba levemente la cabeza en un gesto de salutación. Cuando la dama, formuló su pregunta, su maestro tragó saliva casi imperceptiblemente y murmuró muy suavemente, sin dejar de mirar a los ojos dorados:
-Quisiera remover su traza, Milady Freya.
Frunciendo el ceño, la elfa les miro atentamente a ambos, y susurró con suavidad pero firmeza:
-¿Bajo qué autoridad? Porque el joven no es tu hijo…
Antes de que Severus pudiera contestar, Harry intervino en voz suave y baja, atrayendo las miradas de ambos adultos:
-Soy su Aprendiz…Milady.
La elfa les miró de nuevo un poco más y susurró alzando levemente una de sus cejas en un gesto de curiosidad y giró sus ojos dorados y fríos hacia el adulto; que ella supiese, el hombre tan solo había considerado a otro candidato ¿Qué había ocurrido para hacerle recapacitar su decisión? :
-¿Entiendes que es un poco…inusual hacer lo que requieres a esta edad? ¿Y qué su magia probablemente se descontrolará durante un tiempo?
Severus asintió en silencio y la dama hizo un gesto, haciendo descorrerse la cortina e indicando con un gesto que pasaran. Los dos siguieron a la elfa a la habitación, en la cual tan solo encontraron un pequeño camastro, vestido con una sabana, un perchero, un biombo de tela y unas sillas. La dama susurró que debía desnudarse y ruborizándose, Harry se ocultó detrás del biombo, hasta quedarse en ropa interior. Con timidez, se sentó en la camilla, los ojos bajos y balanceando nerviosamente los pies descalzos, consciente de que su cuerpo presentaba cicatrices impropias de un chico de su edad. Con una leve mirada a Severus, se tumbó cuando la elfa se lo pidió y esta empezó a moverse en torno a él, las manos a un palmo de su cuerpo. Tras un rato de este ritual, la dama se giró hacia Severus y murmuró:
-¿Es la Traza lo único que deseas remover, Severus?
Las cejas del hombre se alzaron y su rostro se llenó de ansiedad y preocupación, tal vez apenas visibles más que para el ojo entrenado de Harry, en la leve tensión de la mandíbula, el endurecimiento de la mirada y el gesto casi carente de expresión. Con voz muy baja el hombre murmuró mirando a Harry:
-¿Qué habéis encontrado Milady? Hice las comprobaciones usuales y no encontré nada raro…tan solo algunos hechizos de localización, algún residuo de bromas y otras… cosas, de las que me encargué yo mismo.
Severus, tensándose inapreciablemente, trajo a su mente los múltiples localizadores, los sucesivos encantamientos glamour aplicados uno encima de otro para ocultar los signos de la mayoría del abuso sufrido a manos de los muggles; otro hechizo, aun peor, una compulsión que haría que cualquier médico o medimago no viese más allá del problema inmediato, descartando revisiones y cualquier tratamiento a largo plazo. Eso sin olvidar la maldición de su cicatriz, imposible de descifrar para él. La elfa miró atentamente a Harry por un instante, y de nuevo a Severus y ante el gesto de asentimiento del mago, murmuró:
-Aun tiene sobre si, además de la Traza y los localizadores y hechizos asociados, un bloqueante de poder, además de un hechizo de compulsión de carácter especialmente… interesante y bastante inusuales.
Severus apretó la mandíbula y los puños, furioso, conteniendo la ira y la rabia. Si sus minuciosas y reiteradas exploraciones no habían encontrado nada era porque los hechizos se habían realizado bajo la más perversa forma, una que ni siquiera él osaría usar en su enemigo. Las partes más oscuras de la Magia de sangre y necromancia…lo único que no había comprobado. Después de todo… ¿Cómo iba a imaginar que podía haber usado algo así contra Harry? Sus ojos negros se llenaron de fuego, y se volvieron hacia el muchacho, mientras el mago juraba internamente vengarse de los ofensores. Harry se encogió al ver el gesto de ira de su Maestro, temeroso, y este, contuvo la rabia por su bien. Suspirando largamente, dejando ir la furia, el hombre miró a los ojos del muchacho intensamente y murmuró:
-Si pueden deshacerse, lo quiero limpio de toda magia ajena a la suya natural y al vínculo entre nosotros.
La mujer asintió y susurró:
-Sería conveniente sedarle, esto no va a ser muy agradable…y es solo la exploración preliminar… aun no sé lo que puede hacerse…
Severus denegó y murmuró sin apartar los ojos de Harry, que había palidecido levemente, pero continuaba quieto y expectante en su lugar:
-No es necesario, puedo hacerle dormir sin pociones…
Harry suspiró y cerró los ojos ante la mirada de aliento de su Maestro, comenzando sus ejercicios de relajación. El hombre le había enseñado las técnicas de meditación y relajación para controlar las frecuentes pesadillas, ya que recurrir reiteradamente a las pociones era peligroso además de adictivo. Harry se transportó mentalmente en minutos a su refugio. Sorprendentemente, el muchacho imaginaba la 1ª noche en la cama de Severus, y a este, acariciándole levemente el pelo, susurrando que tenía que dormir. Nada malo podía alcanzarle mientras estaba en la cama de Severus, nada, ni pesadillas ni enemigos; era el lugar donde estaba a salvo de todo. Cuando su respiración se hizo profunda y regular, Severus susurró suavemente "Duerme Harry, duerme" durante un rato, hasta que la elfa asintió, alzando una ceja. Con un murmullo sorprendido, la mujer musitó:
-Tienes un control admirable sobre él, vuestro vínculo está desarrollado y es muy fuerte. ¿Desde cuándo es el muchacho tu aprendiz, Severus?
Girando los ojos negros hacia la dama elfa, y esbozando apenas una levísima sonrisa de orgullo, Severus respondió:
- Aunque he sido su profesor desde los 11 años, nuestra…relación, no era para nada cordial. Comencé a intentar aproximarme más seriamente a él el curso pasado. Y este año, Harry me permitió ayudarle realmente a finales de curso. Tan solo es mi Aprendiz formalmente desde esta mañana, Milady…
Lady Freya contuvo la sorpresa. Un control tan firme, devenía de una confianza inquebrantable. Lo cual era virtualmente imposible con un vínculo apenas instaurado. La elfa conocía a Severus desde hacía años, y sabía perfectamente cuál era su carácter en público. Normalmente, lo que inspiraba a la mayoría de sus alumnos era temor, si no franco terror, desde luego. Pero ahí estaba la prueba. Harry se había dormido, y no solo eso, estaba en un ligero trance, su mente flotando en algún lugar seguro. Severus acarició una vez más los rizos negros y murmuró con contenida tensión:
-¿Puedo…puedo verlo? ¿Por mi mismo?
La mujer deslizó una de sus manos hacia la que aun reposaba levemente en el hombro del muchacho y asintió suavemente. Severus susurró el hechizo y se vio catapultado a la consciencia de lady Freya, la elfa con visión de Hecatema, que le permitía visualizar la magia a su alrededor. A través de sus ojos y cuando su mente se acostumbró al remolino de colores y destellos, percibió lo que esta estaba viendo. Lo primero y más evidente, por supuesto, el aura de Harry. El aura del joven era nacarada, brillante y fluctuante, llena de pequeños remolinos donde el color cambiaba continuamente en un perpetuo tornasol. Parecía un jirón de niebla casi transparente, irisada y llena de todos los colores del arcoíris, o tal vez, una inmensa pompa de jabón, dorada y sutil, envolviéndole por completo en una burbuja. Con curiosidad, Severus alzó su propia mano, y vio su propia aura, muy similar, pero menos exuberantemente colorida, sobre un tono base más broncíneo y oscuro. Desde luego, no era la primera vez que veía el aura de otro mago o la suya propia, existían encantamientos para visualizarlas. Pero le sorprendió la madurez de la de Harry. Normalmente en niños y jóvenes magos adolescentes, el aura apenas es más que un destello a flor de piel, ya que como todo, crece y evoluciona y solo en la edad adulta se manifiesta por completo. Si tuviese que juzgar por lo que veía…podría decir que Harry era un joven adulto, pero aun desarrollando potencial.
Lady Freya se concentró y su visión se enfocó, ignorando y dejando atrás el reflejo dorado del aura natural, como si pudiese borrarlo selectivamente, y destellos de colores se enroscaron en torno al cuerpo de Harry, entrando poco a poco en foco, hasta definirse. Bajo los reflejos áureos, se ocultaban varios hechizos y encantamientos. La elfa fue murmurando suavemente que era cada uno, acercando sus elegantes dedos a cada hebra en particular, con la delicadeza con que se tañen las cuerdas de un arpa.
-Compulsiones para obedecer, aunque casi totalmente rotas…mmh este jovencito tiene una buena dosis de tozudez y un gran carácter…varios localizadores, aquí y aquí…mmmh… la Traza ha sido modificada, enviará aviso a alguien más que al Ministerio si hace magia fuera de lugar. Oh, esto es interesante…los bloqueos selectivos de poder son realmente fuertes…Severus, es un milagro que con tanta restricción el chico logre superar adecuadamente sus clases. Modificaciones de memoria, sucesivas y repetidas. Y la supresión total de cualquier respuesta física para el sexo…
La mujer deslizó la mano sobre su frente, sin rozar la piel lastimada, y tras una larga y silenciosa inspección de las hebras que se enredaban en torno a ella, murmuró:
-La maldición de su cicatriz…no es accidental, me temo. Estaba ahí antes del ataque, de eso estoy segura. Parece que pretendían hacer de él un sacrificio virginal, Severus. Vinculando su vida con la del Señor Oscuro, en una muy retorcida manera. Sin verles a ambos juntos, no puedo hacer más que una conjetura, pero parece que al atacarle, Voldemort se destruyó a sí mismo…pero Harry no debería haber sobrevivido a ese encuentro… y no tengo explicación para eso, esta maldición debió haberle matado. Ese era y aun es su objeto, su propósito…la cicatriz… una expresión del daño latente que representa, del conflicto que el enfrentamiento produjo en la magia. Algo inesperado, hizo que los resultados no fuesen los pretendidos. Y no hay garantía de que en un futuro encuentro no suceda; el hechizo original se ha distorsionado, fundido con otros y con la magia del muchacho, diría incluso que con parte de la del Lord, hasta verse convertido en algo totalmente impredecible. Es una autentica bomba de relojería plantada en su frente…una sentencia de muerte, pendiente de ejecución….
Severus había palidecido, un poco más a cada palabra, hasta parecer un fantasma, y miró con desesperación el rostro dormido del muchacho. El destino era cruel y vengativo con el joven de eso no cabía duda. Y con el también. Le arrebataba de entre las manos lo que tanto había deseado, ahora que por fin, lo había logrado. Sin apartar los ojos de la figura dormida y pacífica del adolescente, susurró:
-¿Puede…puede hacerse algo por él?
Lady Freya sacó de entre sus ropas un puñal de plata, una esbelta hoja ondulada como el cuerpo de una serpiente, afilada y reluciente, una daga ritual entre los de su raza y la dejó en las manos del hombre que dilató los negros ojos con espanto. Retrocediendo lentamente, la elfa susurró:
-Tienes tres opciones…
Severus escuchó como en un sueño las calmadas palabras de Lady Freya, tragando una saliva amarga y espesa que de repente llenaba su boca. Esa era la manera de los elfos, después de todo. La mujer había visto nacer y morir generaciones de magos, y aun vería más antes de que su hora llegase. Ver la muerte de incontables amigos a su alrededor era el precio por tan larga vida. Distanciarse de las vidas de los demás, la única manera de sobrevivir. La daga tembló entre los usualmente firmes dedos del Slytherin y este cerró los ojos con fuerza, el corazón martilleando en sus sienes por unos instantes mientras en sus oídos resonaban las palabras de la elfa, la sentencia del cruel destino. Con lentitud y suspirando, el hombre abrió los ojos y dejó de nuevo la daga de plata en manos de su dueña.
-Que los dioses nos asistan…
