La daga que Freya le pone en las manos a Severus mientras le cuenta que opciones tiene…es una pista sobre una de esas tres opciones. A ver, una daga ritual, un chico dormido, una maldición que ligaba su vida y su muerte a la de Riddle… no es tan difícil…

Sobre cómo van a llegar a tener relaciones sexuales…aun falta un poco, pero Severus no ve a Harry como un hijo. Se lo ha dicho expresamente. Ni quiere ser su padre. Aun es pronto, y quiere que Harry se sienta libre…

EL MUNDIAL DE QUIDDITCH

Harry despertó horas más tarde sobre la camilla, parpadeante y cansado, con todos los hechizos nocivos sobre su persona rotos…todos menos la maldición latente en su cicatriz. Esa era una pieza de magia que se había deformado y retorcido tanto, enredándose en él desde su origen inicial, que ni siguiera la dama elfa se atrevió a intentar removerla. Estaba tan ligada a su fuerza vital y el núcleo de su magia, que el eliminarla le mataría. Su cicatriz fue estabilizada, la maldición contenida cuanto fue posible, pero seguiría siendo una amenaza, una espada de Damocles suspendida de un hilo sobre su cabeza.

Severus insistió mucho en comprarle un familiar mágico, era un regalo habitual a un Aprendiz, y ya que era un hablante de parsel, Azra, la suspicaz serpiente negra, pasó a sus manos. Pero eso no fue todo. Algunos de los hechizos no podían ser desechos, pero si transferidos, así que los localizadores acabaron repartidos entre sus nuevas mascotas, un par de inquietos hurones, vivaces y curiosos. Sin embargo, cualquiera que intentase usarlos para encontrarle, tan solo obtendría un cúmulo de direcciones aleatorias y confusas, ya que una vez en sus nuevos huéspedes, los hechizos fueron modificados hábilmente, hasta convertirlos en algo completamente inútil e inofensivo. La Traza y sus asociados había sido trasladada a una tortuga joya, que regresaría felizmente a su estanque. A ella no podía afectarle en lo más mínimo. Las restricciones de poder, ya resquebrajadas por el propio muchacho, pasaron a un viejo escarbato, que no se resentiría por ellas. Lady Freya había liberado su memoria, pero al mismo tiempo, protegido su mente de los recuerdos suprimidos; fuesen lo que fuesen, Harry debía enfrentarse a ellos en otras condiciones, no en la trastienda de su establecimiento. Sería más tarde, cuando su Maestro lo decidiese, que Harry podría acceder de nuevo a todos sus recuerdos.

El último objeto que Harry recibió, fruto de la visita, aunque no fue ese día, fue una nueva varita, una muy especial. Lady Freya inspeccionó el enorme colmillo de basilisco, el vial con las lágrimas de Fawkes y contempló los restos de sangre seca que manchaban la cremosa superficie del marfil. Tras escuchar la recolección de la procedencia de tan singulares trofeos, la mujer asintió.

-Todo lo que me queda por hacer es invocar la magia Severus…y Harry tendrá una varita como ninguna otra. Te haré llegar aviso en cuanto esté lista. El que sus varitas compartan parcialmente el origen de sus núcleos es inusual, muy inusual, pero facilitará su alternancia entre ellas.

Una nueva varita, con una empuñadura de ébano, y un núcleo múltiple formado por el impresionante colmillo de basilisco comprimido y reducido de tamaño hasta hacerlo poco más grueso que una aguja de tejer, impregnado en su sangre, y conteniendo encerrado en su interior su propio veneno y las lágrimas de Fawkes. Era bastante más larga que su varita "oficial" no llegaba a 28 cm. Esta tenía más de 35, casi 36 cm, con un recubrimiento de madera de Palosanto con vetas en espiral de incrustaciones de Nogal. Rígida, pero no inflexible, de grosor algo más que medio y sus mayores virtudes serian los hechizos ofensivos o defensivos, y la sanación. Era una varita creada por y para las artes oscuras, aunque nada impedía utilizarla para cualquier magia, y a diferencia de una varita ordinaria, no registrada e indetectable. La varita, especialmente fabricada para él, nunca respondería a otra mano, no a menos que fuese de su misma sangre. Antiguamente, todas las varitas se fabricaban así, por y para una persona en concreto. A diferencia de las varitas modernas, estas nunca pueden ser ganadas, arrebatadas o robadas a sus dueños, ni siquiera en un duelo, ni usadas en su contra, ya que contienen la sangre de su dueño y retornan siempre a él. En el proceso de fabricación, el mago ha de elegir uno, quizás dos núcleos significativos para él, en muy raros casos tres, y derramar su sangre sobre él, impregnándolo. Después, el fabricante añadía las maderas que equilibraban mejor el conjunto, siempre con ébano para la empuñadura. El resultado era una varita en completa sintonía con el mago y que no funcionaría para nadie más.

La pareja de hurones, una preciosa albina y un sable negro, Yin y Yang, correteaba por su cuarto explorando el nuevo territorio, y Azra se enroscó con dignidad en una roca calefactada de su nuevo terrario, para digerir el jugoso ratón de su cena, mientras su Maestro acomodaba a su pupilo en la cama. Harry estaba exhausto, y se dejó poner el pijama sin protestas. Apenas recordaba cómo habían llegado de nuevo a Prince Manor, pero cayó rendido tras un vaso de leche caliente con galletas, cabeceando en la mesa de la cocina. Cogiéndole cuidadosamente en brazos, el hombre le ayudó gentilmente, sentándose a su lado hasta verle dormir de nuevo, arrugas de honda preocupación ondulando en su ceño. Lo que había descubierto…eso, lo cambiaba todo. Miró el tatuaje de su brazo, contemplando absorto el color, más intenso y nítido que meses atrás. No quedaba mucho tiempo. Pronto, algo iba a ocurrir pronto…

Los Weasley le mandaron a Harry una lechuza invitándole a la Madriguera, y muy educadamente, Harry declinó la oferta. Su Maestro tenía otros planes. Y a Harry le parecían geniales. Lo único malo era que Sirius no podía venir con ellos, al menos Sirius no podía hacerlo libremente en su forma humana; pero como donde iba Remus, iba Tizón, Harry esperaba divertirse de lo lindo. Un verano libre de los "cuidados" de sus tíos, buena comida, ejercicio moderado al aire libre, descanso… y más pociones de las que el muchacho deseaba volver a ver nunca más, habían dado su fruto. Por fin, había dado un buen estirón, y su cuerpo no parecía delgaducho, sino esbelto. Su pelo estaba más largo, lo suficiente como para que el nido de pájaros indomable se convirtiera en una corta melena ondulada, mucho más manejable. Sus viejas gafas habían desaparecido, corregida su visión…pero no su nerviosismo, y el muchacho contempló de nuevo el Traslador, una vieja raqueta abollada y descordada, con cierta aprensión. Pero la mirada de ánimo de su canino padrino le hizo tocar vacilante el objeto que el negro perrazo sujetaba en la boca y Severus lo activó. Los cuatro magos aparecieron tras un breve instante en los alrededores del paramo donde se celebraba el final del Mundial de Quidditch, y con aire desdeñoso, Severus dejó caer la raqueta en el montón de objetos similares y caminó con aire de suficiencia entre la multitud.

Remus, vestido con ropa nueva y de calidad, elegante aunque discreta, con aire saludable y confiado, y su melena castaño grisácea brillante y cepillada, charlaba a su lado, llevando en la mano la correa de seda trenzada de un gran perrazo negro de pelaje lustroso aunque hirsuto y desordenado, algo flaco todavía, que caminaba moviendo el rabo como un remolino, observándolo todo a su alrededor. Con la mano negligentemente posada en el hombro de su Aprendiz, Severus Snape se abrió camino entre la multitud, ignorando las miradas de inquietud o desconcierto que se levantaban a su paso. Y Harry miraba a todos lados, lleno de asombro. Tantos magos…tan distintos… Atravesando las abigarradas tiendas mágicas, llegaron a la zona de lujo del campamento, destinada a las personalidades, políticos y dignatarios nacionales y extranjeros… y a los jugadores, rodeada de fuertes medidas de seguridad. Mostrando sus acreditaciones, los opresivos ojos negros hicieron encogerse al desafortunado auror novel, sin duda rememorando algún incidente de colegio. Sin vacilar, avanzando como si fuese dueño y señor del lugar, Severus localizó su destino entre los diversos pabellones y cabañas, y tras tocar brevemente a la puerta de una cabaña de dos plantas y sin aguardar respuesta, entró en ella.

Harry sonrió radiantemente al ver a Draco, recostado en un sofá y el rubio saltó sobre sus pies a recibirle.

-¡Harry! Ya era hora! Tenemos que dar una vuelta antes de que empiece la cena...

El moreno miró con aire suplicante a Severus y este asintió suavemente. Harry vació sus bolsillos y dos inquietos hurones, noche y día, corrieron a olfatear los zapatos de Lucius Malfoy, alzándose sobre sus patas traseras con aire travieso. Desde su cuello, Azra silbó un comentario desdeñoso y retornó al refugio de su túnica, mientras el moreno le acariciaba la cabeza a la temperamental serpiente. Azra era muy protectora de su "cría de mago" y con frecuencia le reprendía como si de su madre se tratase. Con un gesto de su varita, el rubio hombre hizo aparecer dos ratoncillos y los hurones se relamieron los bigotes, saltando sobre sus patitas, los ojos fijos en pos de tan suculento premio. Con los botines seguros entre las mandíbulas, emprendieron la retirada estratégica bajo el diván, chirriando grititos de complacencia, para devorar sus cenas a placer. Draco se rió suavemente y Tizón ladró secundándole, sacudiéndose y recobrando la figura humana.

-Nunca lo hubiera imaginado…tienes a esos diablillos hipnotizados…

Remus rodeó la cintura de Sirius y la acarició suavemente, besando la mejilla del otro mago. Su recuperación había sido mucho más rápida de lo esperado… el mar y el aire libre de la playa y por qué negarlo, la compañía y abnegada dedicación del licántropo, habían obrado maravillas. Además de los litros de pociones, tónicos, jarabes y bebedizos que Severus había dispensado liberalmente, por supuesto. Nada se había escatimado, y tras un poco de persuasión por parte de Harry, Fawkes les había dado más de sus lágrimas. Todas las necesarias para elaborar los mejores elixires vigorizantes. Además de lociones, píldoras, cápsulas, ungüentos, polvos y pastas variopintas. El fénix parecía inusualmente interesado en el muchacho desde el incidente de la Cámara Secreta, y no era raro verle aparecer por Prince Manor, en una discreta visita de inspección. Los ojos azules de John Remus Lupin chispearon con una viveza que hizo estremecerse al otro hombre.

-Aunque no lo creas, siempre me han gustado mucho estas criaturas, Sirius.

Draco rodó los ojos y aprovechó para saludar a su tío y a Remus, mientras Narcisa entraba en el recibidor y Harry saludaba a los demás adultos. Azra se escurrió de entre sus ropas, llevando entre sus dientes una gruesa rata para devorar y enroscarse delante del fuego. Tras un rato de charla, y ante las miradas de impaciencia de los dos adolescentes, Narcisa murmuró:

-Nada de tonterías chicos…y no lleguéis tarde.

-Sigo diciendo que puedo acompañarles…

-¡No! ¡No!

Y las figuras borrosas de los dos muchachos salieron apresuradamente por la puerta mientras Sirius susurraba con una mueca torcida:

-…a dejar sus cosas en su cuarto.

Harry pasó unos días geniales, disfrutando del mágico ambiente del campamento. Vieron desde primera fila los entrenamientos y asistieron a la cena de gala, con los jugadores de ambos equipos finalistas, codeándose con lo mejor y lo más importante de la sociedad. Krum, el famoso buscador de Bulgaria les firmó autógrafos y Draco y él se metieron en todos los recónditos rincones del recinto VIP. El resto del campamento estaba fuera de sus límites ni no les acompaña un adulto, pero también tuvieron sus buenos paseos por él. Y también celebraron su décimocuarto cumpleaños, con un enorme pastel de chocolate y fresas, y fantásticos regalos. Ese fue el momento en que Harry recibió su nueva varita, de manos de su Maestro; y un completo conjunto de pantalones, camisa, túnica y capa de gala, con unos lustrosos zapatos de charol de parte de los Malfoy. Y de parte de Sirius, una Saeta de Fuego, para sustituir a su destruida Nimbus. Harry había llorado de emoción, y casi no pudo ver la bella cubierta ilustrada de la enciclopedia de criaturas mágicas que le regaló Remus. Ni el magnifico kit de mantenimiento de escobas, de parte de Draco.

El partido entre las selecciones de Irlanda y Bulgaria …el partido del Mundial había sido maravilloso…la tribuna de Lucius era realmente espectacular y el único punto triste de la tarde fue el encontronazo con los Weasley. La cara de incredulidad del patriarca pelirrojo al verle acompañado de semejantes adultos fue innegable, y Ron enrojeció hasta que fue difícil distinguir su cara de su pelo. Se intercambiaron algunas palabras tirantes, pero pese a todo, el breve momento de tensión había quedado olvidado pronto en la excitación del juego y ambos adolescentes se divirtieron realmente. Lucius había organizado un bufet de medianoche y los chicos charlaban nerviosamente, rememorando las jugadas, repasando algunas en sus binoculares y disfrutando del privilegio de tomar una copa de vino con los adultos. Aun no tenían edad legal para beber, pero Lord Malfoy opinaba que una copita del ligero malvasía afrutado que estaban probando, no les haría daño por una vez. Ciertamente, había dado color a las mejillas de los chicos, y les había vuelto más locuaces, pero nada más.

Severus se levantó y de inmediato, Harry se puso en pie, acompañándole. El hombre le revolvió cariñoso el pelo y murmuró:

-Puedes quedarte con Draco un rato más, Harry…

Pero el chico denegó y le acompañó al dormitorio. Severus se sentó en la banqueta y dejó que el chiquillo desatase los cordones de sus altas botas, le descalzase y las colocase en un rincón mientras él se cepillaba los dientes. También le dejó doblar su túnica y sus pantalones, mientras se ponía el pijama. Cuando el hombre se deslizó entre las sábanas, Harry murmuró inclinándose para darle un levísimo beso en la mejilla, mientras le abrazaba:

-Buenas noches Severus…

-Buenas noches Harry…

Draco tenía listo su pijama, y estaba ya cambiado. Con una sonrisa, Harry entró en el baño, y para cuando retornó, el rubio ya estaba bostezando levemente entre las sábanas. Apagando la luz, el moreno se cambió y dejó su ropa pulcramente doblada. Desde la cama, en la oscuridad, murmuró mirando el techo de madera de la cabaña:

-Aun me parece que es un sueño, Draco…me da miedo dormirme y volver a despertar…otra vez en el mismo lugar de antes… otra vez solo…

Los ojos grises se giraron a él en la oscuridad y el rubio susurró mientras un rayo de luna hacia centellear plata liquida en sus ojos:

-No estás soñando, Harry…esto es real… eres…mi mejor amigo, y el primer aprendiz de Severus, y yo estoy contigo en todo esto…siempre contigo Harry…

Harry sonrió suavemente, asintiendo en la penumbra y cruzó los brazos detrás de la nuca, en un gesto de pacífica felicidad. Nunca hubiera esperado tanta cordialidad de los Malfoy ni de Draco. Pero el rubito se rehízo muy rápidamente de la sorpresa; siempre había sabido que algún día iba a ser el Aprendiz de su padrino, y tras una rabieta inicial, había descubierto rápidamente las enormes ventajas de ser el segundo aprendiz. Harry era el responsable, eran dos para las tareas y obligaciones, y lo cual además de menos cansado, suponía tener un compañero inseparable y además, Harry siempre le había fascinado. Ahora, era suyo, irrefutablemente, y para siempre. Entre aprendices también se fomenta y forja un vínculo. Tanto, que Draco descubrió no podía esperar para enseñarle sus cosas y compartir sus más íntimos secretos con alguien tan especial, alguien que no le traicionaría nunca.

-Buenas noches, Draco… buenas noches…