Bueno, continuamos con el verano de Harry y los demás…
PESADILLAS
La irrupción en el campamento de los mortifagos desencadenó una febril actividad en la pequeña cabaña. Ante la primera señal de alarma, los adultos habían despertado a los chicos y les habían obligado a ponerse en pie, acompañados de una inquieta Narcisa, que arrastraba con férrea presa a los dos chicos. Con ojos dilatados como platos, los muchachos, adormilados, vestidos con sus túnicas sobre los pijamas, y escoltados por unos nerviosos y tensos varones, que empuñaban las varitas con aire decidido y un perrazo que gruñía incesantemente, salieron a toda prisa de la cabaña, dejando atrás equipajes y efectos personales. Azra, Yin y Yang asomaban las cabezas desde los bolsillos de los chicos y por una vez, hasta los díscolos y traviesos hurones parecieron comprender la urgencia de la situación. Una pequeña multitud se congregaba en la zona de aparición reservada y las explosiones y fogonazos del resto del campamento se acercaban cada vez más. Furioso e impotente, tal vez con una chispita de miedo asomando en sus ojos, Severus sacó de su bolsillo una pluma y murmuró Portus, agitando su varita. Era un traslador ilegal, pero en esos momentos al hombre tan solo le importaba poner a salvo a los chicos y a Narcisa. La mujer, pese a su apariencia de delicada muñeca, era más que capaz de defenderse, pero no podían exponer a los niños…Regresar a Prince Manor, era la mejor opción, pero ellos necesitaba información y el taslador ilegal no podía llevarles a todos de vuelta. Los gritos de miedo y terror entre la multitud de la parte exterior del campamento eran cada vez más intensos y Severus supo que la turba pronto rebasaría las barreras que dividían la zona. Había demasiada gente, unos intentando salir, otros entrar, y se verían atrapados entre ellos. Harry denegó, el no iba a dejar a Severus, ni a los demás tampoco, pero el hombre le sujetó de los hombros y le obligó a mirarle:
-¡Harry! No va a pasar nada. Si os marcháis, los demás podremos ir más rápido, y estarnos tranquilos, sabiendo que estáis a salvo…
El moreno se mordió los labios y denegó, terco como una mula.
-¿Y quién va a protegeros?
Lucius se rió, histéricamente, ante la ironía de la situación. Los ojos azul plateados de su hijo estaban llenos de aprensión, no por su propia suerte, sino por la de su padre. Pero era Harry el que voceaba los miedos de ambos. El rubio mago frunció el ceño y murmuró en tono que recordó el sordo gruñido de amenaza de un animal de presa:
-¿Acaso has olvidado quienes somos? ¿Lo que somos?
Harry denegó suavemente, sus ojos de absenta ahora abiertos como platos. Con un murmullo peligroso y bajo su maestro añadió:
-Yo estaría más preocupado por los otros, Harry. Narcisa, llévatelos de aquí. Ya.
-Vete Harry, vete y cuida de Draco y Cissy…
Murmuró Remus, con Tizón erizado y enredado en sus pies, enseñando los dientes a todo lo que se acercaba a ellos. La dama cogió el traslador, dando una larga mirada llena de sentimientos a su esposo, que asintió secamente, y unió su mano a la de su hijo. Reluctantemente, el moreno también lo cogió uniendo su mano sobre la de Draco.
El resto de la noche fue para los tres una larga y angustiosa espera, tras un brusco aterrizaje en la entrada del jardín de la antigua mansión que era ahora el hogar de Harry. Narcisa no quería darles una poción para dormir, pero estuvo tentada, y los elfos se afanaron en llevarles té, cacao, dulces y pastas… Harry había resistido estoicamente, intentando poner buena cara, pero tenso, tomando muy en serio las palabras de su Maestro. Contagiados del fúnebre humor, los hurones se enroscaron en los regazos de los chicos, ofreciendo un callado consuelo. Draco estaba pálido, para él era la primera vez que aguardaba intranquilo por la suerte de su padre o la de su padrino…incluso la de Sirius y Remus. Azra se instaló cerca de ellos, en un cojín y montó guardia, alerta y en tensión, agitando en el aire la bífida lengua, preparada para atacar a cualquier amenaza. Y Narcisa…se limitó a mantenerse en silencio, rogando fervientemente a los dioses por la suerte de todos, apretando la varita entre los dedos de la mano. Aparentemente serena, pero sufriendo calladamente por dentro. Finalmente agotados, pero rehusando acostarse hasta que los demás regresaran, acurrucados en un diván cerca del fuego mortecino, los dos muchachos se habían quedado dormidos, Harry sujetando a Draco contra su pecho. Cuando las llamas se activaron, cerca de la mañana escupiendo uno tras otro a los cuatro ausentes, Narcisa se levantó de inmediato, y comprobando que los chicos estaban bien, avanzó con ojos repentinamente enrojecidos, para refugiarse entre los brazos de su marido.
Ojeroso, desgreñado y malhumorado, pero casi indemne, Lucius tan solo tenía un par de chamuscones en su túnica y un morado en la mandíbula; Severus cojeaba levemente, apoyado en Remus que estaba desarreglado, sucio y había perdido su túnica; y Sirius apenas recobró la forma humana, se apresuró ayudar a su pareja a dejarle en un sofá, manchando de barro reseco las alfombras, vestido con una túnica desgarrada casi irreconocible que apestaba a hollín. Alarmada por la palidez del pocionista, Narcisa iba a preguntar, pero Severus denegó y la mujer se calmó. Los elfos del hombre trajeron enseguida un cofrecillo de pociones y tras rebuscar unos minutos, el hombre tomó un largo trago de tónico para tendones. Se había torcido el tobillo, nada grave, pero se le había inflamado por forzarlo, pese al vendaje de emergencia, y le ocasionaba mucho dolor al caminar. Lucius murmuró muy serio, mirando a los ojos de su esposa:
-Un grupo de idiotas descerebrados, borrachos y sedientos de acción, Cissy. Y alguien que se atrevió a conjurar la Marca en el cielo.
Circunspecto, muy rígido, Severus añadió dejando vagar sus ojos por los chicos, aun profundamente dormidos, resguardados bajo una barrera de silencio para no perturbarles, mientras repartía diversas pociones:
-Los aurores se volvieron locos, y el pánico se hizo total. Muchos heridos, arrollados por la gente…algunos alcanzados por los aurores u otros magos que disparaban hechizos sin ton ni son…
Sirius se sentó en el reclina brazos del sillón de Remus y añadió tras tragarse su dosis:
-Es un milagro que nadie haya resultado muerto…
Remus le puso la mano en el muslo y murmuró:
-Nos han interrogado a todos, incluso a mí… los Weasley se pusieron histéricos cuando les dijimos que os habíais separado de nosotros… empezaron a buscar a Harry entre los heridos… y finalmente nos dejaron ir.
Tras intercambiar algunas palabras más sobre lo sucedido y calmar las ansiedades de Narcisa, Remus cogió en brazos a Harry, y Lucius a Draco, mientras la mujer susurraba sobre ambos un ligero hechizo de sueño. Los dos jóvenes pronto descansaban, confortablemente arropados y en sus camas y los adultos se retiraron a descansar. Serio, muy serio, Severus susurró mirando intensamente, con una extraña expresión derrotada, desesperada y desgarrada en sus profundos ojos negros, a Sirius y Remus, los últimos que permanecían junto a la cama de Harry:
-Lo siento Sirius…realmente lo siento, pero el tiempo se agota…después de lo de esta noche….no podemos esperar más.
El animago jadeó visiblemente, palideciendo y estremeciéndose. Severus se llevó la mano a la zona donde estaba la marca en su brazo, roto y pensativo, y Remus asintió en silencio. Sirius bajó los ojos, contemplando una vez más a su ahijado y suspiró pesadamente, desapareciendo seguido del licántropo, tras asentir levemente, mirando por última vez los atormentados ojos negros.
