Se desvela como pensaba Severus deshacerse de la maldición. Y a que se refería con que no quedaba tiempo… Para ser justos, ya que he anticipado este fragmento respondiendo a un RW, os avanzo un párrafo de capítulos más adelante:

"Voldemort bufó como un gato y miró de nuevo al joven moreno de ojos verdes, entrecerrando las pupilas verticales de sus ojos rojos. Necesitaba dar a conocer su retorno…y tenía dos testigos. Un único mensajero era suficiente…verdad? Con una mueca de satisfacción, apuntó su varita clavándola en la juvenil garganta y murmuró con voz baja y sibilante:

-¿Puedo confiar en ti para llevar un pequeño mensaje…Cedric?"

Y ahora leer!

MALDICIONES ROTAS

Tras el ataque en el mundial de Quidditch, Severus había dejado pasar un par de días para que todos se calmaran y finalmente, sin poder posponerlo más, llamó a Harry a su despacho. Educado como siempre, el chico tocó a su puerta y Severus le dio permiso.

-¿Quería verme, Maestro?

-Si, Harry…siéntate por favor. ¿Un té?

El moreno se instaló en la silla frente al escritorio y observó curioso el servicio de té. Severus tenía una taza junto a él, y otra aguardaba, ya lista para él. Suspirando, Harry murmuró tomando el té entre las manos, pero sin llevárselo a los labios:

-Creí que ya habíamos terminado de desbloquear memorias, Severus…¿O se trata de mis pesadillas?

El hombre no pudo reprimir el orgullo. En su primera sesión, había cargado el té con poción tranquilizante, para estar prevenidos. Recuerdos de Dumbledore, visitándole en casa de sus tíos cada vez que había un incidente de magia incontrolada, con un aspecto muy distinto al del afable anciano que todos aprecian respetar y adorar…Le vieron colocar muchas restricciones, localizadores y glamoures, sistemática y fríamente… Otros, aun peores, del hombre desnudándole mientras le mantenía en un completo Petrificus Totalis y tocándole lascivamente, murmurando que era una lástima que nadie pudiera disfrutar realmente de aquello….

-Lo siento Harry, pero creo que debo adoptar todas las precauciones necesarias…

El chico asintió, y tomó unos buenos tragos del té, sosegadamente. Harry sabía que aun había magia ajena sobre él, su Maestro le había explicado que su impotencia, algo que le había atormentado y abochornado durante años, era producto de una de ellas, y que estaba haciendo todo lo necesario para librarle de semejante maldición. El chico no preguntó por qué alguien usaría algo así en un niño, ni se quejó. Tan solo alzó los verdes ojos hasta encontrar los de su Maestro y tras intercambiar una breve mirada con él, asintió en silencio. Poco a poco, Harry había compartido tímidamente con su padrino Sirius y con Remus parte de sus recuerdos recuperados… no todos, pero suficientes para que ninguno de ellos se arrepintiese nunca de su decisión. Incluso Narcisa, Lucius y Draco eran conscientes de gran parte de sus vicisitudes, ya que Harry también se había abierto lentamente a ellos como miembros de su nueva familia. Sirius y Remus, por supuesto, habían sabido mucho, casi todo, desde aquella primera noche, cuando Snape acudiera a buscarles a la Cabaña de los Gritos para llevarles al castillo. Lo que este había desenmascarado inicialmente sobre Harry…los hechizos y controles que había descubierto en él, las lesiones, su maltrato y abandono… Esa primera noche, los dos habían decidido que sus lealtades dejaban de estar con Albus, que Harry era lo primero para ellos y si Severus era el que podía y estaba dispuesto a ayudarle…que así fuese. La familia, los niños, eran el futuro de su sociedad y Harry era el de ellos. Severus observó, hasta ver la leve respuesta de las pupilas de los brillantes ojos y se preparó mentalmente; especialmente para él, era muy difícil explicarle aquello a un chiquillo:

-Harry…el momento de romper la última maldición ha llegado…

Los ojos verdes brillaron y una sonrisa tímida y llena de esperanza e ilusión se esbozó en el rostro adolescente. Aunque no sintiese nada físicamente, su mente sentía el mismo apremio y curiosidad que los demás chicos de su edad. Así que de alguna manera, la pubertad era tal vez peor para él, limitado a imaginar algo que no podía experimentar… Esto, además de terminar de limpiarle de magia ajena, suponía abrir una senda nueva para Harry. Manteniendo la compostura y la calma aparentemente, aunque estaba saltando de los nervios por dentro, Severus murmuró:

-La única forma de hacerlo es…teniendo relaciones sexuales, Harry…

El moreno ojiverde parpadeó muy confuso, y tras un instante de interno debate, murmuró, mordiéndose el labio con nerviosismo:

-Pero…Severus…si yo no puedo…¿cómo?

La total confusión en los ojos de Harry era tan sincera que Severus sintió encogerse aun más el nudo que le atenazaba el estómago. Pese a que Remus y Sirius pasaban mucho tiempo con ellos… Harry al parecer no había ha pensado en la posibilidad del sexo entre personas de igual genero. O sus implicaciones. Era aun peor de lo que imaginaba. Aquellos verdes ojos dilatados y suplicantes le miraron de nuevo y Harry susurró angustiado:

-Ma…Maestro?...Severus?

El hombre cerró los ojos y suspiró, llevándose la mano a la cara con resignación; levantándose de la silla y tendiendo la otra mano al muchacho. Sus experiencias de juventud previas no le hacían ser muy objetivo en materia de sexo. Pronto, estaban los dos sentados en el confortable sofá, mientras Harry martirizaba sus labios un poco más. Sujetando la mano del chico entre las suyas, Severus explicó con claridad, limpia y asépticamente, que el sexo entre dos varones o dos mujeres era también posible, y que la maldición requería para ser neutralizada, el sacrificio de su virginidad; en su caso, su entrega a otro hombre, ya que él mismo era actualmente incapaz de una erección. Y como debía hacerse, con Harry recibiendo el miembro del otro en su cuerpo. Harry meditó unos instantes, visiblemente pálido, mirando las puntas de sus zapatos y sin alzar los ojos, preguntó casi inaudiblemente:

-¿Quién…quien va a hacerlo?

Con un tinte de rubor en las mejillas que pronto ascendió por su rostro hasta el pelo, el chico miró fugazmente a su Maestro y este de nuevo, se enorgulleció de él. Nada de protestas, quejas o súplicas. Aceptación de lo que le había expuesto, como inevitable y necesario, aunque fuese un mal trago… Severus seguía lamentando en el fondo de su conciencia que no existiese otra solución; privar a Harry de lo que restaba de su inocencia le parecía un crimen. Pero era eso o condenarle a no sentir nunca nada en lo que le restase de vida al muchacho al que tanto había llegado a amar… Esbozó una sonrisa tensa, pero que intentaba ser tranquilizadora y apretó suavemente la mano juvenil que descansaba entre sus dedos:

-Se que esto es muy duro para ti…por eso, queremos darte la opción de…elegir con quien deseas hacerlo. Los primeros candidatos somos por supuesto, los varones de la familia: Remus, Sirius, Lucius, yo mismo, e incluso hablaríamos con Draco, si prefieres a alguien de tu edad.

Los ojos verdes reflejaron todas las dudas y miedos ante la aterradora perspectiva, tan claramente como si fuesen un pergamino escrito: la vergüenza de que los demás supiesen, la desazón ante el posible rechazo posterior, el conflicto de emociones, el permanente recuerdo de su desgracia… Severus añadió, tratando de calmar un tanto aquellas inseguridades con tono suave y gentil en su profunda voz:

-Pero también podemos arreglarlo para localizar a alguien diferente, alguien más…aceptable para ti. Con las pociones adecuadas, cualquiera realizará…lo que es necesario…y no es preciso que recuerden nada, borraré la memoria del evento después. También la tuya si así lo quieres, Harry.

Harry bajó la mirada, entretenido en los lazos de sus zapatos de nuevo, y meditó. Alguien ajeno a su pequeña familia…y no tendría que verle nunca más. La idea era tentadora, mucho, pero si sabía algo de pociones afrodisíacas es…que no hacían nada por las habilidades del sujeto…Lo que Severus le había explicado, tenía pinta de ser algo…complicado. Y ciertamente, doloroso y penoso para él. Aunque pudiera elegir olvidarlo después. El muchacho alzó los ojos y murmuró nerviosamente:

-¿Maestro? ¿Puedo…puedo… pensarlo un poco?¿Y leer algo más sobre...sexo?

-Claro Harry. La sección azul de la biblioteca contiene libros sobre el tema, y si me permites recomendarte algunos…

Con sus títulos en la mente, Harry se refugió en la biblioteca durante todos sus ratos libres los siguientes días. Y nadie volvió a mencionar el tema. Nadie en absoluto. Ni su Maestro ni los demás adultos, ni siquiera Draco. El moreno ojiverde llegó por sí mismo a una conclusión y con ella en mente, retornó a su Maestro, sonriendo levemente. Había llegado la hora de ser libre, libre completamente.