EL VOCIFERADOR
Para que no os quejéis…dos cap en un día…
El resto de la semana le pareció un espejismo a Harry, rodeado de la creciente desconfianza de sus compañeros, y bajo los atentos y vigilantes ojos de Severus. El hombre había levantado un atestado de las lesiones de Harry y recogido su memoria del suceso acaecido en la salita de profesores, tras el sorteo del cáliz; para enviar copias de las evidencias a múltiples destinatarios: Sirius, Remus y los Malfoy, por supuesto… la Junta de Gobierno de la escuela, el Departamento de Educación, el Ministro, algunos periodistas….
Por desgracia, parecía que el vínculo de Maestro y Aprendiz entre ellos había facilitado enormemente la labor de quien quiera que fuese el culpable, ya que de facto, Severus Snape Prince podía ser considerado de alguna manera…una cuarta escuela de magia. Y al ser Harry el único alumno de ella cuyo nombre había entrado de algún modo en el cáliz…había propiciado un resultado inesperado. EL Cáliz de Fuego elegía los candidatos de las tres escuelas para el Torneo desde sus inicio, pero con un empujoncito…la antigua magia podía reconocer nuevas fuentes de candidatos…Severus se había cansado de repetirle que las circunstancias estaban cambiando, que debía mantenerse atento y vigilante, que iba a suceder algo…pero él mismo nunca imaginó algo como esto. Pero Harry no culpaba de nada a su Maestro, eso no era posible para él y había aguantado estoicamente miradas y comentarios desdeñosos de los restantes alumnos…
La respuesta a las numerosas misivas y mensajes de Severus, entre otros desvelos, fue una carta. Una humeante y amenazadora carta roja escarlata, de descomunales dimensiones, y portada por un… guacamayo de un brillante azul y una larguísima cola, que dando estridentes gritos, lanzó su humeante carga frente al Director. El hombre sacó su varita y murmuró un Incendio, para deshacerse de la carta, y esta, estalló en llamas sobre el plato…convirtiéndose en una lluvia de pequeñas cartas azules con un filo dorado, que correteaban y aleteaban graznando por las mesas y los suelos, lanzándose a las manos de alumnos y profesores, metiéndose en rincones y bolsillos, incluso en los escotes de algunas alumnas desprevenidas. Los esfuerzos del profesorado por contenerlas, desvanecerlas o partirlas, tan solo provocó nuevo aluviones de papel azul y dorado, mientras el guacamayo azul revoloteaba en lo más alto del techo del comedor, graznando incesantemente, hasta que el suelo estuvo prácticamente alfombrado de ellas y la riada de cartas fluyó fuera de las puertas del comedor.
De las ruinas de lo que fuera un plato de tostadas y emergiendo de entre el ultimo borbotón de cartitas, que corrían sobre sus puntas, trémulas y excitadas, se rehízo un sobre rojo que empezó a retorcerse y a humear de nuevo, convirtiéndose en un horrendo… papagayo de papel bermellón. Con un graznido estridente, la figura desplegó las alas y fijó sus ojos de lacre rojo brillante en la pálida figura del Director y comenzó a vomitar su mensaje. La voz de Sirius Black, a todo volumen ensordeció el Gran comedor:
-¡ALBUS DUMBLEDORE! ¡Te hemos confiado el cuidado y educación de nuestros niños! Y los pones en peligro continuamente. El año pasado, permitiendo la entrada de una horda de dementores en los terrenos de la escuela; el anterior, dejando vagar por Hogwarts un basilisco y contratando a un farsante, incapaz de atarse los cordones de los zapatos. Y antes de eso, usando la escuela para albergar artefactos peligrosos, que nunca debieran haber estado cerca de unos niños inocentes y empleando a un maniaco poseído como profesor. ¡Y AHORA ESTO!. Harry no lo hizo, así que, ¿Cómo ha acabado el nombre de mi ahijado de 14 años en un cáliz, supuestamente protegido POR TUS DEFENSAS para impedir el acceso a los menores de 17? ¿Cuántos inocentes más han de sufrir las consecuencias de tu desidia?
¡Y demás le maltratas y amenazas y permites que Minerva McGonagal lo haga! ¡Rehusó dejar a mi ahijado bajo tu responsabilidad! ¡O bajo la suya! Bajo tus ojos, ha sido agredido o lesionado por varios profesores, le ha mordido un basilisco, ha tenido que enfrentarse al autentico traidor que causó la muerte de sus padres, a dementores y ahora, ¿Debe competir en un torneo que ha ocasionado en el pasado la muerte o graves lesiones a participantes plenamente capacitados?
Yo, Sirius Orión Black, Lord Black y padrino de Harry James Potter, declaro que creo que Harry está en peligro en vuestras manos e invoco ante Hogwarts el derecho a obtener un nuevo sorteo para mi ahijado!
Con un flash, la carta se deshizo finalmente en un estallido de llamas multicolores, y la cara de estupor de los presentes fue evidente. Los murmullos comenzaron a correr y con un nuevo destello, Fawkes, el fénix, apareció en el centro de la estancia, llevando el sombrero seleccionador entre sus garras. En un rápido giro, antes de que nadie pudiese detenerlo, ni siquiera Dumbledore, que sacó su varita, el ave dejó caer el viejo sombrero sobre la cabeza de Harry, que experimentó un cierto deja-vu de la cámara de los secretos.
Con un murmullo meditativo, Alistar, el viejo sombrero; susurró en la mente del muchacho, mientras el Gran Comedor contemplaba atónito el suceso:
"Ah, Sr Potter…volvemos a encontrarnos una vez más, verdad? Mmh… Han sucedido muchas cosas desde tu sorteo, chico; cosas que espero te hayan enseñado cuál es tu verdadero destino."
"He aprendido la lección, Sombrero…Griffindor está bien, pero…¿Me enviaras a Slytherin esta vez?"
"Mi elección para Ud, Sr Potter era y es…"
-¡SLYTHERIN!
Gritó alto y claro el viejo y polvoriento sombrero, acallando los murmullos y comentarios del recinto. Su boca desgarrada de cuero y fieltro se entreabrió de nuevo y exclamó:
-Harry Potter… Por todo lo que ha sufrido en esta escuela, ya no está bajo la autoridad del actual Director, Albus Dumbledore. Ya no es un alumno de Hogwarts, sino de Slytherin. Mientras permanezca entre estos muros, solo responderá ante su Jefe de Casa, el Profesor Severus Snape. Los Fundadores han escuchado la queja y han hablado.
La magia de la escuela, imbuida en las milenarias piedras retumbó y con un remolino de viento la túnica y la corbata de Harry cambiaron de color, reflejando ahora los de su nueva y verdadera casa, cuyos miembros, tras una breve duda, y siguiendo el ejemplo de Draco Malfoy, que se había puesto en pie, aplaudían elegantemente a su nuevo compañero, mientras los murmullos se desataban de nuevo. Pálido de ira, mirando a Harry con frialdad, el alto Director observó como el muchacho se quitaba el sombrero y lo entregaba al fénix, que tomándolo entre sus garras, desapareció en un flash de llamas, lanzando un trino penetrante y melódico, cuando Harry ocupó su lugar, sentado entre Viktor Krum y Draco Malfoy, conducido por un sereno y altivo Severus, más orgulloso que nunca.
Esa tarde, antes de la cena, Slyhterin en pleno se reunía en su sala común aguardando con expectación la llegada de los dos únicos miembros de la casa que faltaban, Draco Malfoy …y Harry Potter. La pared se deslizó, dando paso a su Jefe de Casa, Severus Snape, seguido de la famosa pareja. Harry se detuvo, un paso por detrás de su Maestro y Draco se sentó en su diván habitual, cerca del fuego, deslizándose entre sus compañeros en silencio. Los ojos negros del hombre recorrieron a los expectantes muchachos que componían su casa y todos se estremecieron interiormente. La dura mirada no presagiaba nada bueno. Satisfecho, el hombre se giró levemente y miró a Harry, que en silencio se situó a su lado. Con una calma y quietud extraordinaria, Severus posó levemente su mano en el hombro del muchacho y comenzó a hablar:
-Slytherin ha recibido un nuevo miembro, el Sr. Harry James Potter, que está por fin donde debió haber estado desde el principio, en su verdadero hogar, la orgullosa casa de la Serpiente, Slytherin.
Tras una pausa y dejando que sus palabras calasen el hombre añadió:
-Sé que algunos de vosotros tienen una relación…tensa con el Sr. Potter, pero desde este momento, el pasado queda atrás, y comienza una nueva etapa. Slytherin permanece unida frente a los demás, Slytherin es una familia, Slytherin protege y cuida de los suyos…
Los alumnos intercambiaron miradas entre ellos, pero nadie dijo nada al respecto. Las normas de conducta interna de su Casa eran mucho más estrictas que la reglas del Colegio. Aspecto personal y aseo, puntualidad, deberes, conducta pública y privada… Que su Jefe de Casa pareciese favorecerlos públicamente, no les libraba de sufrir castigos y reprimendas privadas, y ciertamente, nadie en su sano juicio quería encontrarse frente al extremo equivocado de la varita de Snape. Después de todo, Potter iba a participar en el Torneo, y su fama y logos, serian para mayor gloria de su Casa… Satisfecho, viendo las conclusiones relucir poco a poco en los ojos de sus alumnos, el estricto hombre esbozó una levísima sonrisa y prosiguió:
-Para el Sr Potter, este año va a ser un año…difícil, por lo que para facilitar su adaptación se alojará en un dormitorio compartido tan solo con el Sr Malfoy, al cual hago responsable de su perfecta integración con el resto de alumnos. Espero de Uds dos una conducta más que ejemplar, caballeros.
Draco se levantó y se situó muy formalmente delante de Harry, sus ojos azul plateados chispeantes. Con elegancia y fingida indiferencia, ofreció la mano y murmuró:
-Harry Potter, es un placer recibirte entre nosotros.
-El placer es todo mío, Draco Malfoy.
Entre los murmullos de sus restantes compañeros, que pensaban que era un tanto arriesgado poner juntos a los exrivales, pero también una de las geniales ideas de su Jefe de Casa, cortando de raíz la posible fuente de los problemas. Si Draco era responsable de Potter…a menos que el moreno tuviese un autentico impulso suicida, las cosas irían bien, al menos aparentemente. Los chicos se estrecharon educadamente las manos y el rubio se encargó de guiar cortésmente a Harry a su nuevo dormitorio, bajo la atenta mirada de su orgulloso Jefe de Casa.
