Me lo pasé muy bien escribiendo los capítulos anteriores. ¿Imagináis enfrentarse a Lucius, Remus, Severus y Sirius a la vez? ¡Madre mía! ¡Al refugio antiaéreo! Siempre me imaginé que Severus tiene una lado oculto...y esta faceta bromista es parte de eso...Además se da el lujo de decirle en su cara -gruñendo claro - lo que piensa al Director...

Sirius hace las cosas meditadamente, por una vez en su vida. Bueno, ya sabéis la influencia del ambiente...Remus siempre era un factor moderador para los Merodeadores, y ahora, rodeado de Slytherins...Sirius está empleando su talento de Merodeador de manera más eficiente.

Respecto a lo de la ayuda de los Fundadores, creo que Hogwarts misma es mucho más que la suma de las cuatro casas... Fawkes vuelve a intervenir, el fenix está distanciado del Director...

Y Draco, en fin, la familia tira mucho... Lo del compromiso entre nuestros Merodeadores va en serio, eh, y eso hace aun más divertida la broma. Lucius por supuesto está metido en el embrollo, aunque solo sea como cabeza pensante, y para retransmitir a su adorada Narcisa una tomadura de pelo tan genial, tan Sly...y levantarle el animo a la mamá, la pobre, lejos de sus pequeñuelos...

Estoy desentrañando un poco más la faceta manipuladora de Albus...y que conste, KJR se encargó de ponerla ahí...oculta bajo sensiblería y azucarado paternalismo...quítale el barniz y que te queda? Además Dumbly se merecía una ración...triple de su propia medicina, o no? Nuestros Tres Mosqueteros, tan solo han aplicado a Dumbly un tratamiento intensivo Merodealyterin...

En el canon Ron no deja nunca de refregarle el incidente del hurón albino a Draco, así que la tentación de invertir las tornas era demasiado grande

Respecto a la decisión de Harry...paciencia... hasta que no tengamos a Riddle en escena no se va a destapar el secreto...

Y si...el pequeño discurso de Severus...lo escribí e imagine mil veces, hasta que quedó a mi gusto. Hay quien ha captado muy bien las intenciones detrás de las palabras, el manejo de su Casa por parte de nuestro Severus...haciéndoles llegar a la conclusión deseada por si mismos...

EL TORNEO DE LOS TRES MAGOS

DRAGONES

Después de un inicio de año tan accidentado, con la perspectiva de una boda -tal vez en verano- para animar el horizonte, Harry se centró en…estudiar. Sin Quidditch, y con un Maestro…y una familia a quien complacer, el moreno Slytherin y exGriffindor se convirtió en todo un ratón de biblioteca. Draco tenía unas notas excelentes, fruto de su inteligencia y de buenos hábitos de estudio, y él no podía menos que poner todo su esfuerzo en las tareas. Además, otro motivo acuciante para desear aprender era…que tenía que sobrevivir a las malditas pruebas del Torneo…diseñadas para jóvenes magos de último curso, no para estudiantes de 14 años. Su Maestro le había procurado, además de "soporte moral", una inestimable "ayuda extraoficial" con la presencia de Sirius y Remus, ya que ninguno de ellos era oficialmente su profesor. Según Severus, las "trampas" eran parte fundamental del desarrollo del mismo desde su origen. ¿Qué escuela no torcería un poco las reglas en su propio beneficio?

Tenía que continuar asistiendo a clases, por supuesto, y nada en el mundo podía hacerle dejar a un lado sus obligaciones de Aprendiz, no ahora que estaba donde debía estar, junto a su Maestro. Así que se levantaba el primero, se duchaba muy deprisa y acudía en pantalón y camisa al dormitorio de Severus para despertar a su Maestro y pedir el té a Dobby. Y de paso, saludar a Remus…porque a esas horas y hasta la primera taza de café, Sirius era tan sensible como una roca. Tenían un portal habilitado entre los dos cuartos, detrás del espejo del cuarto de los chicos, de manera que realmente Harry solo tenía que dar un par de pasos. Cuando regresaba al dormitorio privado que él y Draco compartían en Slytherin, normalmente el rubito ya estaba terminando de ducharse y había dejado dispuestas las mochilas y restantes ropas de ambos. Mientras Draco se vestía, Harry revisaba una vez más que todos sus libros y deberes para el día estuviesen listos y en su mochila, y ambos iban a saludar a los tres adultos, y siempre tomaban la primera taza té con ellos, antes de bajar al comedor para el desayuno formal. Salvo los fines de semana, ninguno de sus alumnos estaba autorizado a saltarse una comida y la puntualidad se valoraba especialmente. Todas las ausencias o tardanzas recibían una dura reprimenda privada y las pequeñas serpientes aprendían muy rápido que no valía la pena dormir unos minutos más…

Normalmente, era la hora de las medicinas…y Harry tomaba sin rechistar las ampollas que le presentaban. Ahora solo necesitaba un multivitamínico y un reconstituyente especialmente diseñado para hacerle recuperar el crecimiento perdido en la infancia, y que se estaba notando ya en su estatura. Y Draco tomaba una dosis de su propia medicación, el mismo multivitaminico, pero en menor cantidad, a manera de preventivo. Por alguna extraña razón, el rubito era muy propenso a comer menos de lo que debía…e incluso a olvidarse de comer, así que para evitar carencias, le daban pociones. Severus era también propenso a esos lapsus de memoria, cuando se ponía a elaborar pociones, perdía la noción del tiempo. Sirius y Remus tenían sus propias prescripciones y pociones personales, e incluso Severus tomaba de vez en cuando alguna que otra de sus propias elaboraciones. Durante el resto del día, salvo que Severus o los otros les requiriese, debían dedicarse por entero a sus tareas escolares. El tiempo libre en la mañana, para hacer deberes y en la tarde, clases privadas con alguno de los tres. Y por noche, cuando Severus terminaba de corregir ensayos o valorar pociones, recogían la clase y el laboratorio, se aseguraban de que todo quedase en orden, de que no faltasen ingredientes…y mientras uno preparaba el baño de su Maestro, el otro ayudaba a doblar y recoger las ropas.

Los sábados y domingos, las tornas se invertían y los chicos podían dormir hasta la hora que quisieran. Esos días, desayunaban todos juntos en las habitaciones de su Maestro, y no se esperaba de ellos que realizasen tarea alguna para los adultos, tan solo que tuviesen sus deberes terminados. Harry insistía en extender a su padrino y pareja algunas de las atenciones que dedicaba a su Maestro, tales como saludarles por la mañana, y despedirse antes de ir a dormir, o cuidar de que no les faltase nada en el baño…de todas maneras, compartían cuarteles y baño con Severus y Harry tan solo vigilaba que hubiese de todo suficiente para tres. Eran pequeñas atenciones, detalles de cuidado, más que verdadero trabajo para él… Era un raro lujo tener a ambos bajo el mismo techo y Harry lo aprovechaba bien. Se estaba desquitando de todos las años de falta de afecto, duchado en la constante lluvia de gestos cariñosos de Remus, las sonrisas cómplices de Sirius, los ratos de intimidad con Draco, las intensas miradas de su Maestro… Los fines de semana…eran días para disfrutar y relajarse, para estar con su Maestro y la familia. Para tomar un buen baño y dedicar un tiempo al acicalado personal. Harry no era coqueto, su aspecto nunca le había parecido importante, pero ahora, estaba orgulloso de ir siempre correctamente vestido y acicalado. Además, para un Maestro de Pociones, el cuidado de la piel y el cabello son imprescindibles… por su salud y protección, y para evitar que un pelo suelto arruinase accidentalmente su arduo trabajo. Era habitual que Maestro y Aprendices compartiesen o se ayudasen en ese momento de relax, ya que servía para reforzar los mutuos vínculos; y Severus preparaba el sábado por la tarde una enorme bañera llena de la más deliciosa y fragante espuma para los tres. Y las ligeras lociones que se aplicarían unos a otros después sobre la piel limpia. No obstante, Harry y Draco siempre dedicaban tiempo al estudio, aunque solo fuese leer algún texto, repasar algún ensayo… y podían comer todos juntos, lejos de las miradas de los demás.

Poco a poco, Harry había insistido junto con Draco en cambiar algunas de las viejas rutinas de su Maestro, y este ahora usaba la misma pasta de dientes blanqueadora, preventiva y correctora que ellos mismos. Y una nueva loción protectora para el pelo…una que no lo dejaba con una apariencia tan grasienta. Lo cual se notaba en su talante general. Los rumores hablaban de que el cambio de apariencia era debido a su "amante y prometido", Remus Lupin, pero eran ellos, los dos pequeños maquiavelos, los verdaderos artífices del milagro. El moreno había enunciado claramente ante el adulto, que si ellos usaban semejante dentífrico mágico - más caro y difícil de elaborar – su Maestro no podía ser menos. En un gesto de tozudez, Harry se había plantado, tras cambiar por tercera vez en la semana el tubo de pasta de dientes y preguntó con aire de virginal inocencia:

-Maestro, ¿Acaso no podemos permitirnos este dentífrico? Porque si esa es la razón, nosotros dos también dejaremos de usarlo.

Sin argumentos, Severus había dejado de rechazar usar el producto - que por cierto, elaboraba él mismo en cantidad suficiente para vender a las droguerías - y después de eso, el cambio de su habitual grasa protectora por otra poción en gel mucho más ligera, fue coser y cantar. Aunque el hombre conservaba el otro producto, ya que era más eficaz y necesario con pociones especialmente agresivas. A eso se sumó una crema protectora para la cara que no dejaba su piel lívida y cetrina, desodorante, un nuevo masaje de afeitado, todo con el mismo aroma que la nueva colonia… A ambos les parecía que si bien su Maestro era realmente muy pulcro y aseado, tendía a omitir los pequeños detalles de cuidado personal que redondeaban y pulían su apariencia…

Convencerle de salir de sus mazmorras un rato fue más difícil, pero cuando Draco insinuó hábilmente que en Hogsmeade podían acecharles toda clase de peligros insospechados, además de una horda de periodistas rabiosos, el habitualmente ermitaño Slytherin, refunfuñó calladamente, pero acabó acompañándoles con gusto, pese a que Remus y Sirius se habían ofrecido de antemano como voluntarios para la tarea. Narcisa y Lucius se encontraron con todos ellos en una sala privada de Las Tres Escobas, y la mujer abrazó a Harry con ojos preocupados, llena de incertidumbres sobre el futuro. Su entrada en el Torneo les tenía a todos en vilo.

En las clases, rápidamente se formó un grupo informal de estudio: Neville era el mejor en Herbología, Hermione era excelente haciendo toda clase de búsquedas y rastreando información en la biblioteca, y sus notas eran…bueno, las mejores, a la par de las de Draco. Teo Nott también se sumó a ellos, y algo más tarde Blaise Zabini, Susan Bones, Terry Boot y Lisa Turpin. Ocasionalmente Luna Lovegood, pese a que estaba en tercero y la mayor parte del tiempo parecía no estar siquiera presente, simplemente se sentaba cerca, Harry sospechaba que para eludir las bromas y molestias de otros alumnos. Y luego estaba Viktor Krum. El jugador búlgaro hablaba inglés con cierta fluidez aunque con un pesado acento, y aunque oficialmente estaba siguiendo las clases de último curso, a menudo se unía a ellos en algún rato libre, ocupado calladamente en sus propias tareas, dedicando curiosas miradas a su grupo de vez en cuando. Y por supuesto, los gemelos Weasley. No es que los ninguno de los dos tuviese mucho interés en estudiar, pero Fred y George no habían abandonado a Harry, creían que era genial haber sido resorteado (era la primera vez que sucedía en más de 800 años) y estaban encantados de tener acceso… más o menos legal, a los ingredientes y al laboratorio de prácticas, si se lo pedían a Snape, a través de Harry, claro. Comenzó a ser habitual verles sentarse juntos a todos los del mismo curso, en las clases comunes que compartían. En público, Remus revisaba los deberes de todos, y daba sus sugerencias, y en privado, los tres adultos daban lecciones de magia avanzadas tanto a Harry como a Draco, incluidos los primeros pasos hacia la animagia. El programa inicial de las materias que Severus había querido profundizar tuvo que ser dejado a un lado, ante la inminente necesidad que suponían las pruebas del torneo.

Pero cuando comenzaron los auténticos problemas fue cuando aparecieron los dragones. Severus lo había sabido casi de inmediato, y su cara se tiñó de indignación. No en vano era un espía…y meter en una escuela a 4 dragones adultos no había sido nada fácil. Su sutil red de alarmas había saltado como loca y el hombre había descubierto la primera tarea. Tanto Remus como Sirius habían palidecido y Severus exclamó furioso, el corazón latiendo lleno de pánico:

-¡En que están pensando! ¿En hacerlos picadillo? Si apenas podían mantenerlos controlados entre todos!¡Y eso que estaban medio sedados!

Sirius balbuceo, pálido y demudado:

-Es…imposible…se prohibió el uso de dragones adultos hace…siglos porque…mataban o lesionaban gravemente a los contendientes…y además…¡SIN PREVIO AVISO!. ¡Es mandarles al matadero!

-¿Que vamos a hacer?

Susurró Remus, mirando el rostro de susto de Harry, que apretaba la mano de Draco, que parecía a punto de desmayarse, los grises ojos dilatados de espanto. Refunfuñando, Severus masculló:

-Lo primero, asegurarnos de que todos, saben a qué van a enfrentarse…No voy a tener sobre mi conciencia algo así, eso os lo aseguro…

Remus asintió vehemente, y a su lado Sirius endureció la azul mirada de cobalto, cuadrando los hombros. Sin poder evitarlo, abrazó fuertemente a los dos chicos, cuyo rostro estaba aun demudado por la impresión de lo que habían visto, escondidos bajo la capa, acompañando a su Maestro en su ruta de inspección.

-Todavía estamos a tiempo…Voy a ver si engatuso a Igor de seguirme a dar un paseo…algo sobre que esta noche es buena para recoger ingredientes o algo así…Remus, deberías salir con Tizón, a dar una caminata, cerca de la cabaña de Hagrid…creo que Madame Maxime iba a verle, asegúrate de que oigan algo raro y condúceles al bosque…¡O finge que ese perro tuyo se escapa y organizáis una búsqueda, lo que sea, pero llévales allí!

Esa noche, nada en el mundo podría haber convencido a Draco Malfoy de salir de la cama de Harry. Cuando regresaron a su dormitorio, después de despedirse de los adultos, ya que estos iban a estar muy ocupados y tras dejar sus tareas y obligaciones completadas, el rubito se encaramó al lecho del moreno, sin decir palabra. En igual silencio, Harry se tumbó junto a él y Draco se enroscó fuertemente con él, sollozando ahogadamente en su pecho, mientras Harry le abrazaba, acariciándole lenta y pausadamente el largo pelo, confortándole sin palabras. El rubito se aferró aun más fuerte, fundiéndose con él…hundiendo la cara en la curva de su cuello, como si temiese que desapareciese de entre sus manos.

Harry se encargó de decírselo personalmente a Cedric un par de días después. Severus insistió en que era preciso, aunque había arreglado las cosas para que el diminuto profesor Flitwik escuchase a Hagrid hablando de los dragones con Charley. Era el único que faltaba y aunque el joven no apoyaba activamente la cruel campaña de descredito de Ron, dolía ver las insignias proclamándole "auténtico campeón de Hogwarts". Aunque escéptico al principio, el joven mago asintió al ver la determinación de los ojos verdes y le dio las gracias.

La presión y comentarios ridiculizantes de la prensa, los murmullos malintencionados, las miradas torcidas de sus compañeros….todo quedó atrás frente al Cola de Cuerno húngaro. Sin más pretensiones que simplemente sobrevivir, Harry llamó a su leal escoba Saeta de Fuego y se lanzó al aire. No importaba cuanto tiempo emplease o que no superase la prueba, el objetivo de su preparación no había sido otro más que mantenerse vivo… Azra había susurrado que posiblemente los dragones entendieran rudimentos de parsel, ya que su propia lengua tenía orígenes comunes. Para probar su teoría, la tozuda y determinada serpiente había reptado todo el camino desde las mazmorras hasta el bosque, e intentado hablar con ellos, con un éxito parcial. Pero algo era algo. Así que, mientras esperaba la llegada de su escoba, el moreno adolescente había hablado lenta y claramente con la dragona:

-Poderosa Dragona…soy un amigo y solo deseo coger el falso huevo dorado colocado en tu nido.

Mirándole con sus ojos amarillentos entrecerrados, calculadora, sin dejar de mantenerse acuclillada sobre sus huevos protectoramente, recelosa y agitando la cola, la dragona rugió una amenaza al verle montar y lanzarse al aire, repitiendo la misma frase, alzando la cabeza para seguirle. Cuando Harry descendió de nuevo, entre sus rugidos entendió una discordante y silbante llamada:

-Quitasrss…huevo sfsrío sssolamente…prometesrs sssa mí?

Haciendo pasada tras pasada, seguido siempre por los ojos de la formidable bestia, esquivando a veces la cola que llegó a hacerle un ligero arañazo, Harry respondió:

-Lo prometo, Dragona.

El animal rugió aun mas ferozmente, alzándose, azotando el aire una vez más con la cola, aparentemente amagando un nuevo ataque muy cerca de él, pero sus ojos asintieron apenas perceptiblemente y Harry se lanzó en picado hacia los huevos, atrapó el suyo y voló hacia la seguridad mientras la dragona escupía una ráfaga de fuego vivificador sobre su nidada, una breve llamarada justo después de que él abandonara el lugar y exclamaba:

-Huevo sfsrios…smalo passra críasss…ahosra essstasr bien…gsraciassss…srecosrdasré sssiempsre joven mago Lengua Ssesrpiente.

Harry tenía la punta de la túnica chamuscada, y un arañazo en un hombro, pero el huevo dorado reposaba bajo su brazo y estaba…eufórico. Tenía tanta adrenalina corriéndole por las venas que no notaba ni el dolor y ni se quejó cuando la enfermera del colegio le limpio la herida rezongando y quejándose. El moreno se deslizó furtivamente hacia la puerta de la tienda de primeros auxilios y fue abrazado calurosamente por Severus y Remus…y por supuesto Tizón, que le arrastraron de nuevo a su cubículo. Con los ojos brillantes, el chico exclamó, rebotando como un muelle sobre la punta de los pies:

-¡Funcionó Maestro! La dragona me respondió…

El hombre esbozó una ligerísima sonrisa, apenas un movimiento en la comisura de los labios, pero sus ojos se suavizaron como solo lo hacían para él. En su forma humana, Sirius le abrazaba, poniendo en peligro la integridad de sus costillas mientras Severus revisaba su herida, palpándola y murmuraba nuevas diagnosis, siempre insatisfecho, disfrazando y ocultando en su profesionalidad su verdadera preocupación, y Remus jadeaba sin quitarle los dorados ojos de encima:

-Nunca, me entiendes jovencito, ¡Nunca vuelvas a hacer algo como eso!