Ya sé, ya sé, es cortito…pero mejor esto que nada, no? Por vez primera, Harry experimenta una sensación… ¡Y no es lo que pensáis, mentes calenturientas! Todavía no hay lemmon. Y ahí tenéis un adelanto del próximo capítulo:
"Viktor Krum, por otra parte, estaba mirando fijamente las heladas aguas del Lago Negro, como intentado penetrar hasta sus profundidades. El búlgaro inclinó levemente la cabeza al verle llegar y murmuró:
-No debierrron tomarrr a Herrmione…ella no serrr parrrte del Torrrneo…
-Ni ninguno de los otros rehenes, Viktor…ninguno debía estar ahí abajo…"
EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD
El baile de Navidad…bueno, era obligatorio, así que no quedaba discusión posible, pero no fue tan malo como cabía esperar. Además, como bonus, Ron se enfadó mucho cuando Hermione se negó tajantemente a ser su cita, y acudió como la pareja oficial de Krum, pero eso era de esperar, dada la disensión en el antaño unido trío de amigos. El pelirrojo no había superado por completo el incidente de la Cabaña de los gritos, ni el de la Cámara de los Secretos, y el paso de Harry a Slytherin había sido la puntilla a su fracturada relación, ya de por sí tensa. Pero aparte de eso, Severus le dio clases de baile particulares, con la ayuda y colaboración de Draco - ante el fracaso de las clases oficiales de Minerva- cosa que encantó al chico, que descubrió que una vez superada la timidez, y aprendidos los rudimentos, bailar podía ser bastante agradable. Al final, Harry invitó a Luna Lovegood, que si no, no hubiese podido asistir. La mayoría de gente ya no le acosaba tanto, después de ver que realmente el Torneo no era un camino de rosas, y pasó un rato cuando menos agradable. Bailó con Luna, por supuesto, y con Hermione también, cuando se inclinó cortésmente ante ella y su pareja oficial, Krum, solicitando un intercambio de parejas. Ante su ejemplo, Cedric solicitó un cambio con Fleur y Roger Davies, y pronto, los cuatro campeones y sus parejas habían bailado con todos los demás.
Después de eso, Harry ya había cumplido con la parte oficial del baile y se ofreció a buscar ponche para Luna, que tampoco era una gran fan del baile. Sin embargo vio a Draco deslizarse hacia la rosaleda encantada y le siguió, curioso. El rubio se había sentado en un banco, y miraba a su alrededor, ensimismado. Harry se sentó en silencio junto a él y le puso un ponche en las manos. Era muy extraño, pero entre ellos sobraban a veces las palabras. Tras besarle suavemente en la mejilla, Harry susurró:
-Baila conmigo, Draco, vamos…
El rubio sonrió y bailaron al son de un lento vals, que se filtraba entre las rosas escarchadas desde el Gran Comedor, hasta que la sonrisa del rubio se hizo radiante y sus mejillas se cubrieron de un suave rubor. Abrazó al moreno y este murmuró:
-¿Mejor ahora?
Asintiendo, el rubio se dejó conducir de nuevo al baile y buscaron nuevo ponche para sus parejas de esa noche. Era duro pasar la Navidad lejos de casa… El resto de la noche trascurrió entre animadas charlas de Krum con los dos chicos, algún que otro baile mas con las chicas - Hermione se había puesto realmente muy guapa y varios chicos se acercaron a pedirle un baile - y las miradas de envidia de muchos alumnos a la mesa de los campeones.
Dobby, el elfo de los Malfoy, estaba contentísimo de estar al servicio de una familia de nuevo, y de ser el único responsable de limpiar las habitaciones de Severus, Remus y Sirius, y las de Harry y Draco. Pese a que ahora era un elfo libre, se mostraba más que deseoso de servir al Maestro y resto de la "familia" del muchacho, Draco incluido, y de guardar celosamente todos sus secretos. A instancias de su Maestro, preocupado por la seguridad obsesivamente, tenían un contrato, en el cual se declaraba que Dobby era un elfo libre, pero que asumía voluntariamente las mismas obligaciones de sus congéneres para con Harry, y por extensión su familia. Y donde se establecía que Dobby no podía castigarse así mismo, que ese privilegio recaía en sus nuevos patrones. Con el sueldo que recibía de Severus – el elfo se quejaba de que Severus se había negado tajantemente a admitir su propuesta de 5 sickles de plata, obligándole a aceptar todo un galeón de oro a la semana, además de ropa y zapatos - el singular elfo había comprado lana y tejido coloridos calcetines como regalo de navidad para todos ellos, disparejos y extravagantes calcetines de colores brillantes. Incluso un par en negro con estridentes rayas multicolores para Lucius Malfoy que hicieron reír de verdad al hombre. Dobby no guardaba rencor al mago, sencillamente no era feliz siendo un elfo a su servicio, aunque adoraba a Narcisa y a Draco… después de todo, Dobby aunque excéntrico, era…un elfo Black…llegado a Malfoy Manor como parte la dote de Narcisa… Y la pequeña criatura idolatraba a su nuevo amo Harry.
Los Malfoy le regalaron a su hijo Draco una pluma estilográfica de oro blanco, grabada con su nombre y a Harry otra igual. Era todo un alarde de modernidad para un mago, pero los Malfoy tenían amplios negocios en ambos mundos y habían aprendido a valorar ciertos inventos muggles. Severus, un espléndido set de calzado, ropas, túnica y capa de batalla, realizado con la piel del basilisco, bañada en su propia sangre, y tratada especialmente, para repeler numerosos hechizos. Una autentica armadura de brujo, ligera, flexible, una segunda piel protectora que se adaptaría siempre a ellos. Con una máscara incluida, realizada para darles un aspecto draconiano, negra con acentos azulplateado para Draco, y de un verde metálico para Harry. Un más que apropiado regalo para aprendices de Artes Oscuras… mucho más avanzados que ellos. Aunque era difícil imaginar que nadie tuviese acceso a vestiduras semejantes, dado el escaso nº de basiliscos. Azra había sido herramienta fundamental para logar el acceso a la cámara sin pedírselo directamente a Harry y el hombre había incluido a la temperamental serpiente en su tarjeta para ambos. Severus había recibido de sus dos aprendices un raro libro de pociones antiguas, y un exquisito mortero de cuarzo puro, para los ingredientes más sensibles y delicados. Además de un set de campo, un minilaboratorio portátil, con todo lo necesario para preparar pociones en cualquier lugar. Y para los Merodeadores, sendas capas de demiguise y un conjunto de dagas de acero toledano, reforzadas con magia para permanecer siempre afiladas. Perfectas para llevarlas encima, ocultas en la ropa o las botas. Remus le había dado al rubito un libro sobre animagia avanzada y a Harry otro sobre transformación humana. Y una enorme caja para cada uno con un surtido de los mejores chocolates mágicos y muggles. A Lucius y Narcisa los chicos les habían enviado un marco encantado, con fotos que Remus , Sirius y Severus habían tomado de los chicos e incluso de ellos y que cambiaba la imagen mostrada cada pocos minutos. Y elegante frasco de un perfume francés rarísimo que Draco aseguró encantaría a su madre, fabricado por veelas, y un nuevo bastón hueco para Lucius…un bastón confeccionado en marfil, con incrustaciones de platino que simulaban una serpiente enroscada en él. Los dos chicos se habían gastado casi la totalidad de sus asignaciones personales en regalos para su familia.
Sirius le entregó Draco y a Harry sendas navajas multiusos mágicas, con un estuche para poder sujetarlas al cinturón… y un medallón antiguo con un grueso cordón en oro rojo para Draco, y un anillo para Harry, el anillo del heredero de la casa Black, de platino, con una estrella de seis puntas formada por siete esmeraldas talladas e incrustadas sobre el sello. El usualmente jovial moreno había murmurado con azoramiento, mirando de reojo a Remus:
-Veras Harry, había pensado que tal vez…es decir, si no te importa…tal vez te gustaría…que te adoptásemos…
Boquiabierto, Harry les había mirado a los dos, en silencio por un instante, los ojos verdes dilatados de asombro, y susurró casi inaudiblemente:
-¿De verdad?...¿Me queréis…a mí?
El moreno asintió y Remus añadió:
-Nos encantaría darle carácter legal a lo que sentimos por ti, Harry.
Harry había roto en sollozos, abrazándose a sus futuros padres adoptivos, que le habían acogido con los brazos abiertos.
