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Entrevista
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-Señor Loud –el director miró de reojo los papeles una última vez mientras se dirigía a Lincoln –. Veo que tienes buenas… referencias, terminó primero en su último curso –. En la juvenil. Pero eso último no lo mencionó. Se mantenía viendo a Lincoln detrás de sus gafas. Movió un poco su bigote y dejó los papeles sobre el escritorio.
A Lincoln no le gustaba el sentimiento de opresión que había desarrollado de esas pequeñas entrevistas. Cada universidad en la que quería entrar le pedía lo mismo, una reunión en privado para discutir sus antecedentes, y siempre terminaba del mismo modo. Ni uno solo de ellos había tratado realmente de escucharlo, no importa la sonrisa con la que había entrado o el optimismo que había demostrado al principio.
Nunca funciona.
Al final era inútil seguir intentado mantener una sonrisa que nadie realmente se toma bien, especialmente si viene de un posible agresor sexual. A las universidades no les gustaba tener a ese tipo de gente dando vueltas por sus pasillos, sería mala publicidad si resultan ser reincidentes. Lincoln no pudo evitar pensar con qué tipo de excusas saldrían esta vez.
-Conducta ejemplar… Trabajos a tiempo… Aunque tomando en cuenta el establecimiento, no debió ser demasiado difícil –. Se sorprendería, quizás no fuera lo mismo que una escuela privada, pero estaban al nivel de una escuela común. Y Lincoln creyó que tendrían que darle doble crédito por todo lo que había tenido que soportar solo para terminar un trabajo, ni siquiera podía tener un segundo tranquilo dentro de la biblioteca.
Por lo menos no había dicho nada que reviviera el sentimiento de golpear a los últimos maestros que lo entrevistaron. La mirada pedante, el claro desagrado, la sonrisa amable mientras parecían tratar de sacarle más información sobre su supuesto "crimen". Juraría que uno de ellos estaba más interesado en los detalles de lo que hizo y como lo hizo que en revisar sus papeles, y quizás hubiera podido entrar a aquella universidad si no le hubiera pedido que dejara de actuar como un jodido pederasta.
-Dime… Lincoln –miró de reojo el nombre sobre la forma de inscripción –. ¿Te das cuenta de la situación en la que te encuentras? –¿Cuántas veces había escuchado la misma pregunta? –. Tu situación es… especial. No voy a negar tus referencias, son excelentes y la recomendación te refleja como un chico calmado y responsable –. Pero todavía era un agresor sexual, y en la universidad había demasiadas faldas cortas.
-Solo dígalo, no me tomarán –Lincoln se recostó en la silla. –Estoy acostumbrado tanto a las cartas de rechazo como a las entrevistas personales, dudo que pueda decir algo que no e escuchado antes.
-No he dicho eso… No pongas palabras en mi boca –su actitud se hizo un poco más agresiva. ¿Cuándo había ganado la habilidad de fastidiar a las personas? Quizás cuando comenzó a afeitarse. Se podía perdonar a un niño descortés, pero no a un adulto descortés –. No estás libre de incidentes violentos, Lincoln –arrastró una página de su inscripción hacia él.
Lincoln tomó la hoja entre sus manos y chasqueó la lengua –. Fue en defensa propia, está descrito al final de la hoja y está firmado por el alcaide y la psicóloga de la penitenciaría –. Dejó la hoja nuevamente sobre la mesa. –En el tiempo en que estuve encerrado jamás me metí en una pelea que no estuviera obligado a pelear.
-Aquí dice que golpeaste a otro interno con la charola en la cafetería –señaló otro punto.
-También dice que fue provocado –el tipo no dejaba de susurrar en su oído como lo había hecho: "¿Fue algo planeado o espontaneo? Tuvo que ser espontaneo para que te atraparan tan fácil, ¿Oh no pudiste convencerla para que no hablara? Siempre hablan a final". Había llegado a su límite cuando llegó a sus últimas preguntas.
Lo bueno es que se hizo respetar un poco más por los nuevos.
-¿Y cómo sabemos que no le romperás una silla alguno de nuestros alumnos por cualquier provocación? –le preguntó de forma natural y despreocupada –. Imagínate que alguien quiere meterse contigo por tus antecedentes, tu color de cabello o tu forma de caminar, eso no interesa. ¿Qué harías?
Nada. Era más fácil pensarlo que decirlo. Hizo absolutamente nada sus primeros meses dentro de la juvenil. Y eso sólo lo había vuelto peor. Su reputación y apariencia pasiva no se la habían dejado fácil los primeros años.
Tenía que dejar de pensar en la universidad como otro tipo de cárcel, sabía que sería diferente. Todo era diferente detrás de las rejas. Lo único igual parecían ser las personas, sólo que ellas no ellas no ocultaban navajas caceras dentro de sus pantalones. Peor, podrían tener armas de fuego.
-No voy a ponerme violento –Lincoln trató de buscar las palabras indicadas–. No creo que actúe muy diferente a como actúan otras personas en mi posición. Si la universidad es un lugar tan serio como lo dice, dudo que tenga que preocuparme mucho sobre recibir abusos, y de ser así, posiblemente lo reporte. La universidad es un lugar serio, ¿Verdad?
El hombre detrás del escritorio asintió con la cabeza y volvió a levantar los papeles. ¿Cuál era su nombre? Era algo como Jeffrey… No. Jefferson.
-Veamos –Jefferson murmuró. Lincoln no pudo evitar notar algunas canas en las raíces de su cabello corto, parecía haber usado demasiado gel para peinarlo hacia atrás –. Curioso. Tus estudios psicológicos no encontraron nada malo –suspiró y dejó los papeles sobre la mesa –. Mira, ¿Qué tal si dejamos todo esto aún lado? Creo que es bastante claro lo que quiero preguntarte y seguramente lo habrás escuchado demasiadas veces para no estar listo para la pregunta.
Por fin parecía ir al punto.
-Lincoln, aquí dice que agrediste a la niña reiteradas veces –pura mierda. Le costó no decirlo en voz alta –. ¿Tengo que preocuparme de que manches la reputación de la universidad? No estamos libres de nuestros pequeños escándalos, pero hasta ahora no hemos tenido problemas de agresiones sexuales. ¿Fueron tus hormonas mal dirigidas o qué? ¡No mientas! –lo señaló con el dedo índice.
-No –trató de recordar el nombre otra vez –, Señor Jefferson. No voy a atacar a nadie. Yo… -sólo dilo. Maldita sea, ¿Por qué no podía simplemente decirlo? – Era un adolescente estúpido. Rodeado de chicas y a la vez no sabía reaccionar con las chicas. Tenía catorce y tomé una mala decisión. Me costó a mi familia, mis amigos y mi vida. No volveré a cometer el mismo error –. Mierda. Mierda. Mierda. No era más que un canal de mierda que se estaba desbordando. Una maldita respuesta practicada frente al espejo que ni siquiera pudo decir correctamente. ¿Pero no era lo que querían escuchar? Decir otra cosa sería darse un chapuzón en ese mismo canal –. Estoy tratando de reconstruir un poco mi vida señor Jefferson, solo quiero una oportunidad.
Sentía que estaba masticando basura. Los psicólogos en la juvenil habían puesto esas palabras dentro de su boca. Y Lincoln había tenido que tragárselas sólo para tener la oportunidad de una apelación. Aceptar tu crimen y él mundo te dará una oportunidad para volver a empezar desde cero.
Jefferson resopló.
-Realmente no había pensado en aceptarte en esta universidad –el cuerpo de Lincoln pareció hundirse más sobre la silla. No iba a llorar. No como la primera vez, era algo que ya estaba esperando –. Tengo que tomar estas entrevistas con todos los chicos en tu situación y la mayoría de ellos no dejan una buena impresión. El último golpeó la mesa y dijo algo como "Usted puede hacerse el loco detrás de la mesa con su traje y corbata, pero si se hace el loco conmigo verá que estoy más loco". Fue necesario llamar a seguridad para que se lo llevaran –el mundo estaba repleto de gente extraña. Le recordó a otro interno que creyó que podría hacer algo similar para unirse a un grupo.
-No me tomarán, ¿Cierto?
-Dije que dejaras de poner palabras en mi boca –ordenó las hojas sobre la mesa y las guardó en su escritorio –. Mira, te dejaré entrar –Lincoln se olvidó de como respirar –, pero estarás abajo observación. No compartiremos tus… antecedentes con los estudiantes, pero los maestros están obligados a saber a quién están enseñando. ¿Entiendes eso?
Lincoln había olvidado como hablar. Sólo pudo asentir con la cabeza mientras su cerebro recordaba vagamente como formar una palabra.
-El resto depende de ti –juntó ambas manos frente a él y miró a Lincoln fijamente a los ojos –. No quiero verte entrando a una patrulla frente a las puertas de la Universidad, Lincoln.
-N-No lo hará –Lincoln tuvo que contener su emoción –. En serio, no se arrepentirá –. No pudo reprimir la sonrisa en su rostro. Su primer rechazo había terminado en lágrimas, el segundo no había sido muy diferente. En el tercero se había convencido de que tendría que concentrarse en conseguir un empleo en una fábrica de cajas. Pero ahora, ahora tendría algo bueno que decirle a su abuelo cuando regresara al departamento.
-Espero que no sea así, señor Loud. ¿Ya ha decidido qué carrera seguirá?
-Me gustaría estudiar derecho –. Mientras estuvo encerrado, había aprendido mucho sobre derecho, especialmente los derechos de menores.
-Derecho, necesitarás muchos créditos si esperas graduarte. Y no creas que la tendrás fácil para ejercer cuando salgas. Es más difícil obtener un buen empleo que entrar en la universidad cuando tienes antecedentes –. No importa si eras un mocoso de catorce años. Lincoln estaba seguro de que hubiera dicho eso de haber podido -. Te enviaremos el horario y tendrás que pagar un precio anual. No será muy caro, tampoco somos una universidad de elite.
Aun así, Lincoln estaba seguro de que le vendría bien poder conseguir un empleo. No le gustaba depender tanto del dinero de su abuelo. Hasta ahora lo había estado pagando todo con su fondo de ahorros y su jubilación.
-Le enviaremos el reto de la información por correo, hasta entonces puede retirarse señor Loud. Tendrá mucho en lo que prepararse –señaló la puerta.
-No le agrado, ¿Verdad? –Lincoln sentía que había hecho la pregunta equivocada. Ya había sido aceptado, y ahora corría el riesgo de ser expulsado el mismo día.
Jefferson guardó silencio y lo miró durante unos segundos antes de responder –. Yo solía ser maestro de química en una escuela pública, de eso hace unos treinta años –comenzó su historia sin responder la pregunta de Lincoln –. Me gustaba lo que hacía, no importa cuántas veces tuviera que repetir el mismo truco con los globos y el helio para los niños. Era divertido verlos reír y ver como el globo se elevaba antes de hacerlo explotar con una vela –. Se recostó sobre su propia silla, a diferencia de la de Lincoln esta parecía mucho más cómoda y forrada con cuero negro –. A veces, cuando mesclaba los distintos químicos me gustaba decir incoherencias como si fueran conjuros, una vez hasta me puse un sobrero de mago –se rio un poco –. Los niños tienden a aprender mejor las cosas cuando se divierten.
¿Iba a alguna parte? Lincoln sentía que estaba pisando un terreno prohibido. No quería arriesgarse a decirle nada.
-Entonces… -Jefferson guardó silencio y miró a Lincoln como si lo viera por primera vez, entonces negó con la cabeza y volvió a tomar una postura más rígida –. Disculpa, me perdí un poco en el pasado. No me desagrada Señor Loud, pero tampoco me agrada en particular. Nunca me dejo llevar por las primeras impresiones, tampoco me formo una idea de una persona sin siquiera conocerla. Pese a lo que crea mi mente no es tan cerrada. Dejemos mi opinión para el tiempo, ¿Está de acuerdo, Señor Loud?
Lincoln estuvo de acuerdo. Lo que sea para salir de allí inmediatamente. No iba a engañarse. Tuvo el impulso de saltar sobre la mesa y abrazar a Jefferson en cuanto lo aceptó, pero como dijo, ya no era un niño.
-Me retiró, nuevamente gracias por la oportunidad –Lincoln volvió a agradecerle mientras salía por la puerta.
Jefferson no le respondió.
Lincoln se mantuvo tranquilo mientras salía de las inmediaciones de la universidad. No es encontraba rodeada por un enorme campus como siempre se había imaginado. Ocupaba toda una cuadra en medio de la ciudad, tampoco era un lugar de estadía mientras estudiaras en ella. Lincoln tendría que tomar el autobús durante dos horas de ida y vuelta para tomar sus clases.
Su cuerpo no dejó de temblar mientras se alejaba hacia la parada del autobús.
-¡Sí! –finalmente explotó con un grito y saltó en medio de la calle. Algunas personas se distrajeron al verlo, una mujer incluso rió un poco, pero nadie le prestó mucha atención al chico de cabello blanco con una enorme sonrisa en sus labios.
Había sido aceptado. No podía esperar para decirle a su abuelo sobre esto. Se sentiría muy feliz, incluso podrían festejarlo con una pizza. Tuvo el impulso de llamarlo por celular, pero quería esperar para darle la noticia. ¿Debería actuar decaído? ¿Cómo si le hubieran dicho que no al instante? No, eso sería demasiado cruel. Habían pasado de universidad en universidad, incluso fuera de la ciudad, y todo lo que había recibido eran puros rechazos cuya cortesía trataba de ocultar que no querían a un agresor sexual.
Entraría directamente a casa y le diría que lo aceptaron.
Los profesores sabrían sobre él, no podía estar seguro de que ninguna hablara. Siempre hablan. Los rumores siempre llegan, ¿Qué haría entonces? ¿Negarlo? No importa. Todo podía esperar. Por ahora solo tenía que preocuparse por la pizza, y algo de helado de felicitaciones. Cuando regresara sería un estudiante universitario.
El viaje en autobús fue más largo de lo que a Lincoln le había parecido la primera vez. Había estado todo el viaje impaciente por poder darle la noticia a su abuelo. Por fin podría darle algo que no fueran problemas con el vecindario.
El recorrido por su nuevo barrio no le pareció tan pesado como antes, incluso olvidó levantar su capucha mientras y las miradas ya no parecían juzgarlo. ¿Siempre había sido así o solo le daba esa impresión? Quizás había sido demasiado paranoico. Entonces una mujer acercando a su hijo a su cintura mientras le daba una mirada de asco le recordó precisamente donde estaba.
Lincoln resopló mientras trataba de no mirar a aquella mujer. Si no recordaba mal era una vecina de su bloque de apartamentos, recordó esa mirada de asco cuando le informó que era un agresor sexual y el modo en que lo había amenazado. Posiblemente ya había presentado varias quejas con la administradora pidiendo que los echaran a la calle.
Y no sería la única.
Levantó su capucha ocultado su cabeza del resto del mundo. Últimamente se sentía más cómodo en lugares cerrados, lo hacía sentir más seguro. Era su propio espacio personal y sin nadie que lo fastidiara. Por otro lado, tendría que relacionarse con sus profesores y compañeros, esperaba recordar como socializar correctamente con otros seres humanos cuando llegara el momento.
Pudo llegar al edificio de apartamentos sin ningún problema. La habitación que compartía con su abuelo se encontraba en el segundo piso junto al de la mujer y otros dos inquilinos, no había tenido mucha relación con ellos los últimos meses aparte de verlos por coincidencia cuando salían.
Se sintió mucho mejor cuando estuvo dentro del departamento. Todavía no había terminado de acostumbrarse al nuevo lugar, pero seguía siendo mejor un pequeño cajón con vista al patio de ejercicios.
-¿Abuelo? ¿Estás en casa? Tengo buenas noticias –Lincoln caminó hacia la cocina, esperando ver a Albert tomando un café o comiendo algo –. ¿Abuelo? ¿Estás en casa?
Albert no estaba en la cocina, pero Lincoln pudo escuchar su voz cuando llegó a la sala.
-…sí, ya llegó. ¿Segura que no quieres hablar con él? –su voz casi parecía un susurro pero seguía siendo lo bastante fuerte para que Lincoln pudiera escucharlo –…sí… tendrían que… Bien, no hace falta que grites cariño.
Escuchó como su abuelo suspiraba, su voz se notaba cansada.
-Tengo que colgar, te amo cariño –esperó unos segundos a la respuesta y finalmente colgó el teléfono al mismo tiempo que Lincoln entraba a la sala.
Lincoln había esperado un poco antes de entrar, la conversación con Albert no le había gustado. Dudaba que su abuelo hubiera tenido mucho tiempo para encontrar novia, y de ser así no creyó que quisiera presumirla por teléfono.
-Bienvenido a casa Lincoln –le sonrió como solía hacerlo siempre que llegaba a casa luego de un rechazo. Posiblemente encontraría algo de carne de "lo intentaste" en la nevera –. ¿Cómo fue la entrevista?
-…Bien –su voz sonaba un poco seca. Lincoln tosió obre su puño para aclarar la garganta y volvió a intentarlo –. ¡Me aceptaron, abuelo! Seré estudiante universitario de derecho, ¿No es genial? –su garganta le dolió un poco cuando forzó aquel pequeño grito. Los rastros de conversación que atrapó de Albert no le habían gustado, no había muchas personas a las que se refiriera de esa forma… A menos que sean de la familia.
El rostro de Albert se iluminó por un momento y saltó en el lugar antes de correr hacia Lincoln y atraparlo en un abrazo. Sus brazos seguían siendo grandes y fuertes, Lincoln estaba casi seguro de que sería su espalda la que terminaría por romperse si Albert seguía levantándolo en el aire cada vez que lo abrazaba.
-S-sí… yo también estoy feliz… -Le costó decir palabras hasta que Albert lo soltó y casi cayó de rodillas –. ¿Con quién hablabas abuelo? Parecía una charla animada –intentó ocultar su curiosidad.
Albert agitó la mano –. Sólo ordenaba una pizza, pero querían venderme una oferta de aceitunas y pasas, ¿Puedes creer que ahora le pongan pasas a la pizza? ¿Qué sigue? ¿Pizza de frutas con helado de vainilla en cada rebanada? Que se vayan al diablo, nada de eso entrará en mi estómago –la mentira dolió, pero Lincoln no quería pensar en eso. No ahora que había sido admitido en la universidad.
-Pues será mejor que reconsideres la pizza, porque soy universitario. Tendré que pagar una comisión y estaré en periodo de prueba el primer año, pero mientras no provoque una pelea de destornilladores en medio del pasillo o parque mi territorio en los baños estaré bien –no sabía con cuanto material tendría que ponerse al día, pero estaba seguro de que se lo notificarían cuando llegara el resto de los papeles por correo –. Ahora solo tengo que conseguir un empleo que me soporte y mi vida volverá a empezar.
Albert pasó su enorme brazo detrás de su cabeza y lo arrastró hacia la cocina. La diferencia en altura se hacía calara cuando estaban juntos, Lincoln se agachó un poco y lo siguió.
No hizo más preguntas sobre la llamada telefónica.
NA: corto, pero aún sigo preparando el terreno.
PS: sigo siendo malo para los títulos.
