Vale, vale…Ya veo que queréis más…
EL REENCUENTRO DE RIDDLE
Tres figuras encapuchadas y completamente vestidas de negro se acercaron a Voldemort e inclinaron la cabeza ante él. Con desdén, el mago lanzó una cruciatus hacia Colagusano y gruñó siseando:
-¡Para que no vuelvasss a olvidar miss inssstruccioness, szopenco!
El rechoncho animago se desvaneció bajo el dolor y uno de los magos retiró su capucha, dejando al descubierto su larga melena plateada. Lucius Malfoy retiró su máscara y se arrodilló como lo haría un antiguo caballero ante su rey, la máscara en la mano cruzada sobre una rodilla, la otra en tierra, el rostro respetuosamente bajo. No había miedo ni aprensión ante la grotesca figura semihumana que se alzaba ante ellos. Solo calmada aceptación. El segundo mago, un hombre muy alto, de anchas espaldas, muy musculoso y de largo pelo castaño oscuro matizado por algunas canas en las sienes, se despojó de su máscara y también se arrodilló ante él, respetuoso, irradiando fuerza, fuerza y voluntad doblegada solo ante el otro. El tercero y último, de negra melena brillante, se despojó de su máscara y clavó la rodilla en tierra, firme, sin osar mirar a Harry después de haberse desprendido de ella, frio en apariencia, dividido entre dos lealtades por dentro.
-Levantaos, amigos míos…levantaos…estamos en confianza, mis leales y fieles amigos…
Los tres hombres se levantaron y miraron al mago, y Riddle gruñó fijando los ojos rojos en los casi negros del Maestro de Pociones:
-Me alegro tanto de veros…algo ha ido mal, Severus…esos idiotas no debieron haber involucrado a Potter…el chico es un imán para que a su alrededor se comben las leyes de la naturaleza…pero espero que puedas arreglarlo… amigo mío…
El hombre se tambaleó y antes de que cayera al suelo, fue recogido por los fibrosos brazos de Severus Snape Prince. Lucius murmuró algo al recio hombre a su lado y asintiendo, este desapareció, llevándose a Colagusano como si fuese un mero fardo. Acercándose con presteza a su amigo, Lucius le ayudó a depositar al mago desvanecido sobre una lápida cercana y apresuró luego el paso hacia Harry. El joven, mientras tanto, se había liberado por sí mismo de las cuerdas con facilidad y corría hacia ellos, cojeando levemente, el ceño fruncido. La respiración de Riddle era trabajosa y silbante, y Harry murmuró, mirando por encima del hombro de su maestro:
-¿Puedo hacer algo?
Severus asintió, sin dejar de hacer hechizos diagnósticos y musitó, dándole ahora una rápida ojeada preocupada, asegurándose de que no tenía nada grave y tendiéndole una poción curativa general:
-¿Estás bien? ¿Seguro? Entonces cuéntame con todo detalle todo lo que ha pasado, Harry…
El joven tragó de un solo golpe la poción y repitió paso a paso todo lo que recordaba, contestando a las detalladas preguntas de su Maestro. Por su expresión, sabía que el hombre estaba… quizás asustado, de seguro preocupado y concentrado en atender al otro… Lo que el muchacho no imaginaba eran las dudas y memorias que aquello estaba trayendo a su mente…el terrible momento en que Lady Freya le reveló lo que se ocultaba detrás de la herida de su frente…
Cuando llegó a lo de la sangre, Severus soltó a Riddle y le levantó ansioso la manga de la túnica, descubriendo el irregular corte en la cara interna del antebrazo, que ya estaba cerrándose solo. Gruñendo por lo bajo sobre la estupidez de los magos cobardes e ineptos, el hombre le dio un regenerador de sangre, aplicó esencia de dítany hasta ver cerrarse la herida y volvió a Riddle. Tras un largo rato de trabajo, con Harry sentado en una esquina de la lápida, dándole las pociones que le indicaba y Lucius vigilando y sujetando en su regazo la cabeza del mago desvanecido, Severus suspiró.
-Está estable, débil, pero en condiciones de ser trasladado a un lugar más seguro, Lucius… es un milagro que los Aurores no se hayan presentado aquí todavía…
El rubio platino asintió y susurró:
-Cerca de Londres tengo una pequeña propiedad, ya sabes, la casita en un barrio muggle…está protegida con lo usual, pero ¿Sera suficiente?
El moreno se levantó, estirando su espalda que crujió tras el largo rato de estar inclinado y gruñó:
-Tendrá que serlo hasta que podamos llevarle a un lugar más adecuado, Lucius…
El rubio abrazó suavemente el cuerpo de Riddle y desapareció con él, y Severus tendió la mano a su Aprendiz, que apretó con firmeza. El hombre redujo el caldero del ritual, lo puso en su bolsillo, reparó las lápidas, y retiró los hechizos anti mggles, antes de desaparecer en un remolino de túnicas, Harry rodeado por los brazos de su Maestro.
Harry se tambaleó un poco, algo mareado y parpadeó mirando a su alrededor. Estaban en el jardincito trasero de una casa unifamiliar de aspecto insulso, y la puerta de la cocina de la misma se abrió ante ellos. Con rapidez, Severus entró, seguido de Harry y corrió escalera arriba, para atender a su paciente. El lugar estaba…vacío, con escasos muebles y las persianas bajadas. Aunque hubiesen usado hechizos anti polvo, se notaba que hacía mucho tiempo que nadie limpiaba de verdad… Con repentina preocupación, Harry murmuró:
-¿Lucius? ¿No notaran que faltáis, los dos?
El hombre le revolvió le pelo y denegó, esbozando una sonrisa traviesa.
-Se están encargando de cubrirnos, Harry…
