Pues ahí va. Es un capitulo largo, largo… Mi propia visión de Grimauld Place nº 12…diferente a la del canon. Y gracias por los Rw!
GRIMMAULD PLACE Nº 12
A Km de allí, en Escocia, una autentica batalla se estaba librando en los terrenos de la Escuela de Magia y Hechicería Hogwarts… El regreso de Cedric y sus noticias habían desatado el pánico, y aunque Dumbledore gritaba y aseguraba que no había nada que temer, los padres y profesores habían comenzado a acalorarse. Además, algunos representantes del cuerpo de Aurores del Ministerio, saltaron al laberinto, y comenzaron a buscar frenéticamente a los supuestos mortífagos y Voldemort, además de a Potter y los otros dos concursantes, destrozando los setos, y con estos las barreras mismas y protecciones del laberinto y arrasando el campo de quiddittch a su paso. El Ministro, como el Director, negó tajantemente que las palabras de Cedric fuesen ciertas, y el joven, muy conmocionado, y herido, se alejó hacia la enfermería con el Sr Crouch, el único que pareció creer en él. Mientras, las criaturas usadas por Hagrid en la última prueba quedaron libres: serpientes, un par de Ghouls, una bandada de duendecillos de Cornualles, varios grifos e hipogrifos, una esfinge, los escregutos de cola explosiva, las acromántulas, incluso un Erumpent que empezó a cornear todo lo que encontraba a su paso…eso sin contar los numerosos bogarts, que ahora corrían libres fuera del laberinto, sembrando el terror y el caos entre la muchedumbre… Por doquier había grupos de personas huyendo aterradas…de las fieras y de sus más profundos miedos: muchos de los bogarts, se habían transformado en mortifagos , un miedo colectivo común, y la gente salió corriendo en desbandada.
Más tarde, el padre de Cedric, seguido de algunos Aurores con algo de seso, habían encontrado al chico, encerrado en un despacho fuera de uso, con el que resultó ser Barty Crouch hijo, disfrazado y suplantando a su propio padre. En la lucha, los Aurores capitaneados por Moody habían disparado sin ton ni son, sin tener en cuenta que Cedric era un simple rehén y aunque capturaron al mortifago, alcanzaron también a Cedric, que ahora yacía en el Hospital. Barty recibió el beso del dementor, de inmediato, por orden personal del Ministro, sin tan siquiera tomarle declaración. La marca de su brazo era prueba suficiente para Fudge de que era una amenaza…para su persona.
Remus Lupín había intentado proteger a los alumnos en medio de la confusión organizada y había llevado a todos los Slytherin y los amigos de Harry al Gran Comedor, y a cuantos alumnos más pudo encontrar, lejos del jaleo, junto con Severus, que realmente era Sirius, usando multijugos. Lucius Malfoy, suplantado por su esposa disfrazada de igual modo, estaba demandando vivamente al Director por su incompetencia, quejándose de la falta de seguridad de la escuela y anunciando públicamente que retiraba a su hijo de Hogwarts. Los dos Slytherins no las tenían todas consigo, no después de lo sucedido en el Lago Negro, ni con las furiosas advertencias inconexas de Dobby y Winky, por lo que habían buscado la manera de estar libres de moverse por toda la escuela, y habían acordado de antemano la suplantación para esconderse entre las gradas del campo de quiddittch. Nadie podía entrar al laberinto una vez iniciada la prueba, no sin hacer saltar alarmas, pero en caso de peligro…entre los dos podían burlar las defensas y acudir rápidamente al rescate de Harry. Cuando el mago rubio (Narcisa en realidad) llegó al Gran Comedor, seguido de otros padres preocupados, más calmada ya la turba del exterior, muchos alumnos fueron marchándose con sus padres o parientes. Severus (Sirius) esperó hasta que todos los Slytherin que tenían a familiares o padres presentes quedaron a cargo de ellos y agrupando a los restantes alumnos de su Casa, les llevó a la sala común, dejándoles al cuidado de los prefectos y un par de elfos. Incluso el Barón Sanguinario les escoltaba, flotando cerca del techo. Al resto de alumnos de otras casas les ordenó secamente:
-Quedaos aquí, con Remus, voy a llamar a mas elfos para que se ocupen de vosotros. Si vuestros padres no están en la escuela, que un elfo les avise de inmediato…
Cuando un nutrido grupo de elfos se hizo cargo de la supervisión de los chicos que quedaban aun en el comedor, el hombre asintió a Lucius y este murmuró:
-Vamos, Draco, nos vamos inmediatamente a casa…¿Nos acompañas Severus? Desde Malfoy Manor puedes iniciar la búsqueda de Potter…
Remus y Severus les siguieron, caminando a paso rápido por el sendero hacia las verjas del colegio, ignorando a Aurores y otros oficiales del Ministerio, y pronto todos estaban en Malfoy Manor. Un elfo envuelto en el habitual uniforme elaborado con una fina toalla bordada con el emblema de la familia Malfoy, trajo una nota y Narcisa la leyó, moviendo rápidamente los ojos por el papel, mientras la poción dejaba de surtir efecto y sus ropas le quedaban repentinamente grandes. Con ojos preocupados, se giró a los demás y susurró:
-Están todos bien, y de momento a salvo, pero no pueden regresar aun…Riddle está mal, y necesitan encontrar un lugar adecuado para esconderle a largo plazo…
Sirius se sacudió, dejando que su aspecto volviese a ser el suyo y gruñó, pasándose el dedo por el alto cuello de la túnica de Severus:
-Odio estas malditas cosas…
Remus se sentó con Draco acurrucado contra su costado, acariciándole el pelo del preocupado muchacho y miró pensativo el fuego. Sirius se sentó al otro lado y se tironeó del pelo, frustrado. Hasta el entendía que cualquier propiedad de los Malfoy sería registrada, tarde o temprano o sometida a vigilancia, y lo mismo ocurría con la mansión de Severus. Pese al Fidelius, mucha gente sabía de la existencia de la antigua mansión y vigilar sus alrededores era algo de esperar. De repente, el animago miró a su prima y susurró:
-¿Narcisa? Por casualidad…tu o Andrómeda…habéis…reclamado la casa familiar?
La mujer se tensó y sus ojos celestes se animaron, y dejó de retorcer nerviosamente la punta de un pañuelo en el interior de su bolsillo. Se acercó a Sirius y para shoc de todos, le dio un sonoro beso en los labios. Sonriente, exclamó:
-Es una locura…pero una locura genial, primo! ¡Voy a mandarle recado a Lucius!
Remus miró consternado a Sirius, que comenzó a reír a carcajadas y le abrazó, zarandeando al licántropo de un lado a otro, alzándole del sofá.
-¡Mi casa, Remus, mi antigua casa!…Implotable, ilocalizable, protegida por encantamientos repelentes de muggles tan fuertes que dudo que ninguno osase acercarse a ella, aunque pudiesen verla; solo los que ya saben donde esta, pueden encontrarla, con barreras de sangre tan antiguas que está casi viva…Si a eso le sumamos el Fidelius una vez que estemos todos alli…¡Es toda una fortaleza!
Dos noches después, cerca del amanecer, Severus, acompañado de todos los demás, apareció en Grimmauld Place. La plazoleta circular estaba desierta, un solo farol conservaba intacta la bombilla y alumbraba con luz temblorosa las fachadas descuidadas, el espacio circular del centro que alguna vez debió haber estado cubierto de césped, ahora era solo un trozo de tierra reseco y polvoriento. El asfalto estaba cuarteado y lleno de bultos, a las aceras les faltaban losetas… Algunas ventanas tenían cristales rotos, toda la manzana necesitaba urgentemente reparaciones y limpieza… hasta el servicio de recogida de basura parecía haberse olvidado del lugar, a juzgar por el contenedor de basura rebosante… Estaban todos desilusionados, apiñados los unos contra los otros en el parche terroso, pero el lugar parecía escasamente habitado, a juzgar por las pocas ventanas iluminadas y el parco nº de coches, igualmente roñosos y deslustrados. Solo de algunos pisos salían ruidos…ecos confusos de programas de televisión…
Riddle se apoyaba fuertemente en Lucius y Severus, y Harry caminaba junto a su Maestro, mirando sorprendido a su alrededor. Dio unos pasos, mirando a uno y otro lado, curioso, y de repente, como si brotase de entre las otras casas, un nuevo edificio comenzó a materializarse entre el nº 11 y 13. Una fachada oscura, casi negra comenzó a hacerse visible, surgiendo de la nada en el silencio casi absoluto de la noche. Una gran escalinata fue lo primero en definirse. Piedra casi negra, granito gris oscurecido por el tiempo, formaba los amplios escalones, flanqueados por una doble balaustrada cuyos pasamanos eran dos enormes basiliscos esculpidos con todo detalle y realismo, las fauces amenazantes dirigidas hacia la calle. La puerta era de un negro aceitoso, grande, recia, con cuarterones de líneas rectas, de doble batiente y adornada por grandes clavos de metal igualmente negro. No tenía cerradura, mirilla o buzón. Tan solo dos enormes llamadores en forma de serpiente, de plata envejecida. A Harry le pareció que semejantes puertas habría quedado bien en una iglesia, por lo menos.
Alzando la mirada, Harry alcanzó a ver escasas ventanas, estrechas y altas, en lo alto, que estaban protegidas por celosías de la misma piedra gris negruzca que formaba los gruesos sillares de los muros. El edificio se alzaba uno o dos pisos por encima de las casas muggles vecinas, si no algo más y estaba rematado en sus esquinas por dos grandes esculturas de lo que a Harry le parecieron dragones. Unas hiedras animaban algo la fachada cubriendo con su apagado verdor ciertos sectores del muro pétreo. Subiendo con cautela los escalones, Harry tuvo la sensación de que una de las esculturas de los basiliscos había parpadeado y sin poder evitarlo, susurró tímidamente:
-¿Hola?
Azra emergió de entre sus ropas y miró con aire entre curioso y pendenciero a la escultura. Chascando la lengua, la serpiente miró a su "bebé" y le regañó:
-Harry…¿Qué te he dicho de hablar con extraños… y estatuas?
El basilisco de piedra sacó la lengua bífida y la ondeo un momento, y Azra se volvió para enfrentarse a la pétrea bestia…que le superaba en tamaño por diez a uno. El otro basilisco alzó la cabeza y susurró:
-Hace mucho que nadie habla con nosotros, y mucho menos, un Black. Serviremos orgullosos al joven heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Black.
Las dos gárgolas inclinaron la cabeza respetuosamente y Harry murmuró:
-Eh.. umh…encantado de conoceros, supongo. Ella es Azra, y yo soy Harry…
-SangrePura y PuraSangre a su servicio, Harry Black
Azra iba a replicar irritada y Harry estaba un poco confuso respecto al nombre que le habían dado, cuando la puerta se abrió y un despeinado pero sonriente Sirius abrió las enormes puertas dobles. Parpadeando, el hombre murmuró para sí mismo al ver las reverencias de las pétreas serpientes: "Había olvidado que podían hacer eso", pero rápidamente hizo gestos al muchacho y le llamó:
-Vamos Harry, entra, ¿O piensas quedarte en la puerta toda la noche? Y vosotros, daos prisa también…
Más abajo, Severus sonrió al ver la familiar fachada…hacía años que no pisaba aquel lugar y Lucius a su lado, ayudó a Riddle a caminar hacia su nuevo hogar: el hogar de la Noble y Ancestral Casa Black.
Harry dejó que Sirius le abrazara entusiasmado y su padre adoptivo le revolvió el pelo cariñosamente murmurando en su oído:
-El anillo y los papeles iniciales deben haber sido suficiente, pensé que íbamos a tener que adelantar la ceremonia formal…
Carraspeando sonoramente, y haciendo que los dos se sobresaltasen, una dama, una anciana dama muy arrugada les miró ceñuda desde su retrato a tamaño natural, enmarcado por dos gruesas cortinas de terciopelo azul noche. Sirius tuvo la decencia de enrojecer y murmuró con los ojos bajos:
-Madre, te presento a Harry James Potter, mi ahijado… y mi heredero…
Vestida en una severa túnica negra, con un cuello ceñido y unas mangas muy ajustadas, el pelo blanco recogido en un moño cubierto por un bonete de terciopelo negro, la adusta mujer examinó al chico frunciendo una y otra vez los labios. Cruzando los brazos delante de su regazo, el retrato murmuró:
-¿El nieto de mi tía Dorea, no?¿Tu primo segundo, como Narcisa? Si…veo suficiente Black en él, la familia de su madre no le ha contaminado mucho…
-¡Madre, por favor! ¿Podemos dejar el tema?
El animago miró entre irritado y enfadado a su madre y esta iba a replicar, cuando, pese a su débil estado Voldemort, que había contemplado la escena desde el umbral, mientras Lucius cerraba la pesada puerta, intervino en la discusión familiar:
-Querida Walburga…me honra visitar de nuevo estos muros…
La anciana del retrato se giró hacia el nuevo visitante y dilatando los ojos con sorpresa, se inclinó en una profunda reverencia. Aprovechando el silencio de la mujer – si la dejaba volver a empezar, a saber cuándo dejaría de hablar – avanzó un par de pasos, rechazando la ayuda de Severus, que se situó expectante detrás de él, atento a cualquier signo de debilidad.
-Si no admitiésemos entre nosotros a aquellos dignos y merecedores de ello, nos habríamos extinguido, querida mía…Severus es un claro ejemplo de ello, y Harry…
-Es mi Aprendiz, Lady Black, por decisión propia…
La mujer parpadeó, confusa, girándose hacia Severus, pero acabó asintiendo y murmuró mascullando entre dientes: "la sangre Black es más fuerte". Y se inclinó de nuevo ante Riddle. Su hijo había visto la luz y eso era suficiente.
En el vestíbulo se alineaban retratos y mas retratos, que murmuraban curiosos entre ellos, mirándoles desde sus ornamentados marcos, severos y estrictos, vestidos en anacrónicas túnicas. Las paredes estaban cubiertas de un anticuado papel pintado y el lugar se iluminaba con una gran araña de cristal y variedad de lámparas de gas. Al fondo de la estancia, bastante alargada, en realidad, un pequeño corredor; se veía una hermosa escalera y dos grandes puertas cerradas. En el paño de pared triangular que marcaba el inicio de las escaleras, una mujer muy rubia con un pañuelo atado en torno a la larga melena se afanaba en descolgar con su varita…reducidas cabezas disecadas de elfos y entregárselas a un elfo de aspecto decrepito y arrugado, con mechones de pelo cano saliéndose de sus orejas, que las iba colocando cuidadosamente en una caja, sostenida por una temblorosa Winky, mientras iba derramando lagrimitas e hipando lastimeramente.
Narcisa se giró al oír los pasos y sonrió dulcemente a su marido antes de inclinar respetuosamente la cabeza ante Riddle, que respondió con un breve gesto. Severus, ignorando las murmuradas protestas de su señor, cargó el peso del cuerpo de este, deslizando uno de sus brazos en torno a la cintura y sujetando uno de los de Ridde encima de sus hombros, y comenzó a subir la escalera, escoltado y seguido por Lucius que había besado rápidamente a su mujer para unirse a la procesión. Harry se volvió a su padrino sin perder de vista la ascensión del cuarteto y murmuró:
-¿Dónde están los demás?
-Oh…por ahí, terminando de arreglar algunos dormitorios y Remus está abajo, en la cocina, dejándola impoluta…
Sirius abrió la puerta de roble que daba acceso a una corta escalera que los dos descendieron, y tras una gran arcada de piedra y dejando atrás una pequeña puerta lateral, encontraron una nueva puerta, y la cocina se abrió ante ellos. Remus estaba trasteando, agitando la varita y una multitud de cepillos frotaban con agua jabonosa las diversas superficies: el suelo de losas de piedra, las paredes de sillares rústicos similares a los de la fachada, las enormes vigas de madera del techo, la gran mesa de roble viejo… En la pila de piedra un estropajo fregaba una obediente torre de platos, mientras una pareja de bayetas secaban los que ya estaban limpios y estos volaban a recolocarse solitos en el aparador, donde ya les aguardaban vasos, copas y cubiertos. Calderos y sartenes de hierro relucientes colgaban de ganchos, cerca de la enorme cocina antigua de fundición. Sonriente, el licántropo, con las mangas remangadas y sin parar de mover la varita, saludó con una ligera inclinación de cabeza y murmuró:
-Enseguida termino…
Los últimos platos se guardaron, los cubos se vaciaron y junto con bayetas y cepillos, caminaron a recogerse bajo el fregadero, mientras Remus avanzaba hacia ellos. Con un último gesto de varita, el castaño eliminó el exceso de humedad del suelo y contempló su obra, sonrojado. Sirius le besó la mejilla rodando los ojos y Remus le pellizcó el trasero, haciéndole saltar. Abrazó a Harry y le olisqueó de arriba abajo, confiando más que nunca en su sentido del olfato.
-Espero que dentro de un rato podamos preparar un buen desayuno para llenarte el estomago, Cachorro…debes de estar muy cansado…
Alzando la cabeza, el castaño ladeó un poco el rostro y murmuró:
-Ya vienen…
Y en unos segundos, Harry escuchó el sonido de pies sobre los escalones y Draco, irrumpió corriendo en la cocina. Como un pequeño remolino, el rubito se lanzó a los brazos del otro chico y los dos se fundieron en un fuerte abrazo, mientras Draco susurraba:
-¡Odio quedarme atrás, Harry! Estaba tan preocupado…
Aun no había soltado a su amigo de su estrecho abrazo, cuando Lucius y Narcisa entraron también. Alzando una ceja, el mago murmuró:
-¡Vaya! Espero recibir una salutación igualmente calurosa, Draco…
-¡Padre!
El chico se lanzó sonriente a los brazos de su padre y este le apretó fuertemente contra su pecho, besando suavemente su frente. Narcisa se acercó a la reluciente cocina de hierro y murmuró mirando con apreciación a Remus:
-Has hecho un muy buen trabajo aquí, Remus. Si no supiera que esa cocina tiene más de dos siglos…parece casi nueva…
La mujer reajustó el pañuelo en torno a su larga melena y chascó los dedos. El mismo elfo de antes, de aspecto anciano y flaco apareció con un plop a su lado y se inclinó ante todos los presentes, murmurando su nombre:
-Keracher a su servicio…
Con un tono formal, Sirius presentó a Harry.
-Harry este es Keracher, el viejo elfo de mi madre. Keracher, este es Harry Potter.
El elfo se inclinó profundamente, y murmuró:
-¿En que pude servir Kearcher al joven Heredero Black?
El joven vaciló, un tanto cohibido. Pero Narcisa le sacó del apuro murmurando:
-Harry estaría encantado de tomar el desayuno…y los demás también…
El elfo desapareció con un pasito corto pero rápido y regresó con una cesta, cargado de hogazas de pan, bollos cereales, leche, fruta, bacón, salchichas, judías… Mientras todos tomaban una taza de té, Severus se les unió, y sentándose junto a Draco, que sonrió radiantemente, y suspiró. Había sido una larga noche. Unos largos días en realidad. El elfo le sirvió una taza de humeante infusión, fuerte y dulce, que le hombre sorbió con deleite. Pronto tostadas, huevos revueltos, salchichas y demás humeaban sobre la mesa, y todos comenzaron a comer animadamente. Harry estaba hambriento. Habían comido poco y mal durante su estancia en la casita abandonada, sobreviviendo a base de emparedados fríos, leche y té. Y eso gracias a que Harry pudo escaparse bajo un glamour a comprar algo en una tienda muggle cercana. A base de pociones se sobrevive, pero no se vive… Dobby apareció con Winky también, y comenzó a parlotear y a hacer exageradas reverencias, en su propia, exhuberante y peculiar manera, mientras la elfina lloraba y se daba pellizcos suplicando que la castigara por ser mala. Pronto, sin embargo, el trabajo captó su atención y Dobby comenzó a rellenar tazas y a retirar platos, canturreando feliz de tener de nuevo a Harry con ellos. Winky solo dejo de llorar cuando Remus le dijo muy suavemente que parara, y la elfina berreó como un crio aperreado:
-Pero…el amo Harry…Winky sabía que el señorito Barty tramaba algo malo, lo sabía! ¡Pero no podía decirlo!¡QUIERO QUE ME CASTIGEN! ¡WINKY ES MALA! ¡MALA!
La elfina se tiró de las orejas gimoteando, los ojos llenos de lágrimas, y Remus murmuró:
-Winky, no ha pasado nada…Harry está bien y todos lo entendemos…y te recuerdo que te he prohibido terminantemente castigarte. Ese es tu castigo. Y ahora, regresa a tus tareas, Winky.
Sollozando desesperada, Winky asintió, y se puso a ayudar a Kearcher, que miró con ojos temerosos a Remus, estremeciéndose antes de seguir recogiendo la cocina. No hay peor castigo para un elfo doméstico que el que les nieguen el castigo, porque la angustia y la culpa no desaparece.
