La tarta de yema es un bizcocho sencillo, cubierta por una crema de huevo batido con su mismo peso en azúcar glass y un poco de harina de maíz fina para espesarla…

JUSTICIA

El 12 de agosto, a las 7:30 de la mañana, Severus Snape Prince, emergió de una de las numerosas chimeneas del Atrio, en el vestíbulo del Ministerio de Magia, acompañado de Harry. Las probabilidades de que planearan una jugada eran altas, y el abogado que Lucius había asignado al caso, insistió en que se personaran en el Ministerio antes de la hora oficial de apertura de las oficinas. El abogado, un hombre maduro de pelo entrecano y rostro afable, se inclinó al verles y les saludó desde el puesto de vigilancia, donde estaba registrando su varita.

-Buenos días Johnson.

Saludó cortésmente Snape. Y Harry se limitó a esbozar una sonrisa, mientras miraba con velada curiosidad a su alrededor. Mientras el guardia les contemplaba boquiabierto, más personas emergieron de las chimeneas: Lucius, Narcisa y Remus se aproximaron y registraron sus varitas, mientras las chimeneas empezaban a vomitar a los trabajadores del Ministerio. El abogado murmuraba algo hablando calladamente con el guardia y se aproximó a sus clientes, frunciendo el ceño:

-Parece que hay algún problema…deberíamos subir de inmediato a la oficina de la Sra. Amelia Bones.

El grupo tomó uno de los ascensores y este traqueteó llevándoles a su destino en la segunda planta. Cuando estuvieron delante de la oficina de uso indebido de la magia, la encontraron cerrada. El abogado tocó insistentemente y miró su reloj. Eran casi las 8, debía haber alguien ahí…De repente, uno de los avioncitos de papel lila que revoloteaban por todas partes, se estrelló contra el pecho del hombre y este parpadeó, apartándolo. Pero el avioncito insistió y finalmente Johnson lo cogió y desdobló, ojeándolo con rapidez y palideciendo.

-¡Han cambiado el lugar de la vista! Y la hora! Rápido!

El grupo aceleró de regreso hacia los ascensores, mientras algunos Aurores les dedicaban miradas de curiosidad al pasar frente a sus cubículos. Lucius había tomado el memorándum y lo leyó con rapidez. Sus ojos grises se endurecieron y jadeó:

-¡No se atreverán!

Severus que había leído por encima de su hombro, se enderezó y deslizó la mano sobre los hombros de Harry y susurró:

-No te preocupes, pretenden intimidarte, eso es todo…

Cuando el ascensor descendió hasta el departamento de Misterios, el grupo salió y se apresuró por un pasillo lúgubre y largo, al final del cual había una puerta negra y lisa. Pero antes de llegar a ella, la mano de Severus le guió hacia una abertura lateral del corredor y comenzaron a bajar escalones hasta un nuevo corredor, de piedra, iluminado por antorchas, con grandes puertas de madera y herrajes de hierro negro. El abogado se detuvo frente a una de ellas y murmuró:

-Adelante, Harry…

El muchacho asintió, algo nervioso, y mordiéndose el labio, empujo la pesada puerta, seguido del resto de su familia. Harry contuvo un jadeo. Había visto en las memorias de su Maestro aquel lugar…era la sala del Wizengamot. Una voz helada resonó y murmuró:

-Ah, Sr Potter…veo que recibió nuestra lechuza de esta mañana….

Johnson intervino y mirando fijamente a Cornelius Fudge, actual Ministro de Magia, se cuadró y sonrió suavemente:

-Ni mi cliente ni yo hemos recibido lechuza alguna, Ministro. Y no veo aquí a los testigos de la defensa tampoco. No es legal alterar la hora y el lugar de la vista con tan escasa antelación.

Con una tremenda frustración, el Ministro replicó, visiblemente incómodo:

-Pero es mi deseo terminar con esto cuanto antes, Sr…

-Johnson, Sr Ministro. Y debo insistir. La orden 45 b de la sección de citaciones, establece claramente, que una vez fijada una fecha y lugar para una vista, juicio o declaración, la misma no puede ser alterada sin solicitar previamente la expresa aceptación de las nuevas circunstancias de todas las partes implicadas. ¿Tiene Ud la aceptación expresa de todas las partes?

-Mandamos una lechuza al domicilio oficial del muchacho…

-Eso no es suficiente. ¿Dónde están los testigos que se habían citado?

-¡Este tribunal no admite a esos testigos! ¡El chico esta desquiciado, por Merlín! Y ya tenemos la declaración de los Aurores.

Johnson y el Ministro se enzarzaron en una discusión en voz baja, mientras Harry se quedaba junto a su Maestro, su fuerte brazo rodeando sus hombros. Entre las sombras de las gradas le pareció distinguir una barba blanca, pero no estaba seguro. Finalmente, el Ministro elevó la voz de nuevo y gruñó descontento:

-La vista comenzara a la hora prevista, pero se realizara en esta sala.

Johnson inclinó suavemente la cabeza y murmuró con un tono muy educado:

-¿El Ministro ha dispuesto alguna sala con refrigerios, donde poder esperar?

Frustrado, Cornelius murmuró algo a Percy Weasley y este se levantó de inmediato, y con un aire muy estirado, les condujo a una pequeña sala adyacente, con cómodos sofás y butacas y donde había varios servicios de té y bandejas de pastas. Johnson dejó a sus clientes y se marchó al Atrio, a asegurarse de que todos los testigos eran conducidos hasta el lugar de celebración de la vista..

Cuando entraron de nuevo al tribunal, Harry vio a Cedric, sentado muy pálido entre sus padres, la frente perlada de sudor, a varios aurores en sus rojos uniformes, y a Dumbledore, sentado con aire incomodo en los bancos de los testigos. También estaba el medimago Scolapius Brendam, vestido en sus túnicas oficiales color celeste con ribete azul. Toda su familia se sentó justo detrás de ellos y le animaron con la mirada. Johnson le indicó una silla de madera que había sustituido a la que antes vieran, llena de cadenas y Harry se sentó en ella, silencioso.

Tras las formalidades, la lectura de los cargos y demás, Cornelius Fudge trató de comenzar a interrogar a Harry y

-El día 30 de julio, a las 17:45 horas, ¿Realizó Ud una aparición ilegal sin licencia en una zona llena de numerosos muggles a la hora de la llegada del Expreso de Hogwarts a King Cross?

Harry miró al Ministro y parpadeó como un búho deslumbrado... y en completo silencio. Mirándole con semblante irritado, el hombre insistió, alzando la voz.

-¿Había recibido una amonestación similar por una anterior infracción de la Sección Decimotercera de la Confederación Internacional de Brujos, por un hechizo levitatorio realizado en Priver Drive nº 4?

Harry volvió a parpadear, y esta vez, giró los ojos hacia su abogado. Con una suave sonrisa, el hombre murmuró muy suavemente, antes de que el cada vez más enojado Cornelius pudiera abrir de nuevo la boca:

-Sr. Ministro….

-¡Qué!

Gruñó el hombrecillo, volcando su frustración sobre el abogado, que le miraba impasible.

-Sin duda recordara Ud que a un mago menor de edad no pude interrogársele si no es en presencia de sus padres u otros miembros adultos de la familia…

Rabioso, y a punto de tirarse de los pelos, Cornelius Fudge masculló entre dientes:

-¡El chico es huérfano! Y los únicos parientes que le quedan son muggles… y se han negado en rotundo a venir. No sé qué idiotez de que ya no tienen nada que ver con él…

Con una levísima reverencia y sacando del bolsillo un pergamino, el Sr Johnson añadió:

-Eso no importa Sr Ministro… mi cliente tiene derecho a declarar conforme recoge la ley.

Con un gesto tendió el pergamino, lleno de lacres y sellos de Gringotts a Percy Weasley y añadió:

-Me temo que esta Ud. ligeramente…desinformado sobre la verdadera familia de mi cliente. En previsión, Lord Sirius Orión Black, ha tenido la bondad de extender un permiso, autorizando a que sea interrogado en la presencia de su prima Lady Narcisa Lucretia Malfoy, su esposo Lord Lucius Abraxas Malfoy y su actual tutor de estudios, Lord Severus Snape Prince…

El pelirrojo respingó en su asiento y tendió el pesado pergamino al Ministro, que rápidamente empezó a leerlo y lo dejó deslizarse de entre sus dedos, como si quemase. A su lado, la Jefa del Departamento de Seguridad Mágica, se ajustó el monóculo y se removió en su asiento, dedicando al Ministro una mirada verdaderamente incómoda. Dolores Umbridge había recogido el documento y estaba leyéndolo cuidadosamente y en silencio. Con un carraspeo melifluo, la mujer, de cara rechoncha y fofa, se inclinó hacia adelante y miró a Harry con ojos llenos de veneno.

-Disculpen, caballeros, seguramente estoy equivocada, porque si no he entendido mal, en este documento se dice que el prófugo de la justicia y asesino de masas Sirius Black es…el padre de este chico….

Alzándose del banco, Severus Snape Prince murmuró:

-Precisamente, es prerrogativa de un padrino, en caso de fallecimiento de los padres biológicos, adoptar a su ahijado.

Dolores parpadeó, boqueando afrontada y Amelia tamborileó en la madera de la barandilla, haciendo una leve seña hacia el banco de los testigos. Narcisa avanzó unos pasos y situándose junto a Harry, hizo una leve inclinación de cabeza hacia el tribunal, y sonrió dulcemente, vestida en su vaporosa túnica de seda celeste y plata, frágil de apariencia, casi delicada, pero tras la fachada se escondía una voluntad de hierro, azuzada por una fogosidad y tenacidad propias de un crup hambriento…o de un Black.

-Si son tan amables de comenzar el interrogatorio….

La grácil inclinación de la dama hacia el tribunal y su tono comedido y suave fueron perfectos y medidos, como los movimientos de una bailarina. Gruñendo enojado y entre los murmullos de los restantes miembros del tribunal, Cornelius Fudge reordenó sus papeles, los tendió con brusquedad a Dolores y esta comenzó de nuevo el interrogatorio, con su aguda vocecilla de falsete:

-Sr. Potter, ¿Realizó Ud una aparición ilegal sin licencia el pasado día 30 de julio, a las 17:45 horas, en una zona llena de numerosos muggles, coincidiendo con la llegada del Expreso de Hogwarts a King Cross?

Harry miró a Narcisa y esta le apretó el hombro. Tomando aire y sin desviar los ojos del Ministro, Harry murmuró:

-Mi nombre es Harrison James Sirius Black - Potter, en realidad, como puede leer ahí. Harry…Black-Potter o Harry Black si lo prefiere, para abreviar. Y no, señor. No lo hice.

Indignado, Fudge se alzó, apoyando las manos en la barandilla de su escaño y escupió furioso:

-¡Como que no lo hizo! Hay centenares de testigos, entre ellos muchos aurores, de que apareció en medio de King Cross!

Interviniendo de nuevo, Johnson, murmuró:

-Creo que lo que mi cliente quiere decir es que…su aparición no fue ilegal.

Amelia intervino por primera vez, y murmuró calmadamente:

-Y cómo es eso, caballero…

-La cláusula siete del Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad, establece que puede usarse la magia en caso de circunstancias excepcionales, incluyendo amenazas para la vida…

Amelia esbozó una sonrisa contenida y se quitó el monóculo, lo limpió lenta y ostensiblemente y se lo recolocó. Tonks, desde su banco se levantó y alzó la mano, provocando que Cornelius le espetara bruscamente:

-Y ahora qué?

Esbozando una sonrisa forzada, la joven auror murmuró:

-El testimonio de los aurores debía haber sido suficiente para aclarar esa circunstancia, Sr Ministro. Había entre tres y cinco mortifagos persiguiéndole. Está todo en los informes, Señor.

Amelia Susan Bones parpadeó y miró intensamente a la joven y esta volvió a sentarse en su lugar. La mujer se despojó del monóculo y se giró hacia el Ministro, con una expresión severa en el rostro:

-Cornelius, todo esto ha ido demasiado lejos. Primero, convocar al tribunal en pleno para…un caso como este, y segundo, ¿No tenemos ya pruebas suficientes para emitir un fallo sin necesidad de interrogarle?

El Ministro parpadeó y se agitó nervioso, y entonces Dolores susurró:

-Amelia, querida, el chico ha infringido la ley demasiadas veces…

La mujer apretó la mandíbula, y su pelo corto y gris pareció erizarse. Mirando con aire de desagrado a la cara blanda y fofa de Dolores, la Sra. Bones murmuró, volviéndose hacia Harry:

-¿Había recibido una amonestación similar por una anterior infracción de la Sección Decimotercera de la Confederación Internacional de Brujos, por un hechizo levitatorio realizado en Priver Drive nº 4, Sr. Black-Potter?

Harry miró a Narcisa, esta asintió levemente y el muchacho respondió pausadamente.

-El hechizo fue realizado por un elfo domestico, pero si, recibí la amonestación por una infracción que no había cometido. El elfo se llama…Dobby.

Cornelius resopló e iba a protestar, cuando con un suave plop, Dobby se materializó delante de Harry y Narcisa. La mujer rubia sonrió y el elfo hizo una reverencia, susurrando si los amos necesitaban algo de él. Con voz suave Narcisa susurró:

-Dobby, ¿Fuiste tú el que realizó un hechizo levitatorio sobre un pastel en Privet Drive, hace tres años?

El elfo se estiró la casaca y retorció las manos, pero susurró un ahogado sí. Aplastando las orejas, intimidado, el pequeño elfo trotó a pasito rápido hacia Lucius Malfoy y se sentó junto a este en el banco, balanceando los pies cubiertos por multicolores calcetines. Furioso, Cornelius se removió y gruñó:

-¡No hemos venido a escuchar a elfos domésticos!. Ha habido muchos más incidentes, pero dada la…notoriedad del chico, y la insistencia de Dumbledore, hasta ahora, los he dejado pasar.

Con una sonrisa y una leve inclinación, Johnson replicó:

-Lo cual es una muestra de la magnanimidad del Sr Ministro, sin duda, pero si no se sanciona una simple falta como esa en una semana, prescriben por completo. Todos los magos en su infancia tienen numerosos episodios de magia incontrolada, de la cual no son responsables en absoluto, y para lidiar con las cuales, los adultos responsables de ellos, deben estar preparados. Tal vez, dejar al joven Harry al cuidado de unos simples muggles no fue la mejor decisión posible. Es más, según sus propios recuerdos, ya había sufrido al menos otro episodio de aparición espontanea al entrar en la escuela elemental… Hogwarts les enseña a controlar y canalizar su magia, pero aun así, el autocontrol no es perfecto…y menos en situaciones de presión, honorables miembros del Tribunal.

Con su horrible vocecilla de niña pequeña, tan discorde con su apariencia, Dolores intervino de nuevo, retorciendo sus gordos dedos cubiertos de anillos.

-Caballeros, no tenemos prueba alguna de que los…desconocidos vistos en King Cross fuesen en realidad mortifagos…por lo que sabemos, podrían ser amigos del muchacho, tratando de gastar una broma pesada…

-El incidente acaecido durante la última prueba del Torneo prueba cuan poderosa es la sugestión de la mente asustada, Sr Ministro…me temo, que Harry, al igual que Cedric, es víctima de un truco de su propia…imaginación…Todo lo que cree que ha sucedido…en realidad no es más que pura fantasía, inducida por la magia del laberinto. Además, es irresponsable e irrespetuoso para con las normas y la autoridad…no atiende a razones ni disciplinas…no encaja en el sistema escolar de Hogwarts.

Los ojos azules de Dumbledore se fijaron con frialdad en los del muchacho al decir las últimas palabras, y Harry se mantuvo impasible, y Narcisa apretó su hombro una vez más. Alzándose de nuevo, Severus se dirigió al tribunal:

-Como su actual Jefe de Casa, he de decir que difiero de esa…apreciación personal. El Sr Black-Potter no crea conflictos en el seno de Slytherin, y es ciertamente, respetuoso y un alumno ejemplar. No he tenido queja alguna de ninguno de sus Profesores. Y no hay constancia de nada más que…alguna travesura en su anterior expediente. Sin duda, fruto de la…influencia de malas compañías, puesto que actualmente, su comportamiento es impecable.

Girándose para mirar un instante al anciano de barba blanca, Severus añadió:

- Y por supuesto, Dumbledore tampoco puede expulsarle, porque ya no es alumno suyo, sino mío, Director. ¿Acaso ha olvidado Ud que fue resorteado y los Fundadores mismos le arrebataron cualquier derecho o influencia sobre él? Y creo mi deber recordar al Sr Ministro, que expulsar a los alumnos de la escuela de Hogwarts no entra dentro de sus competencias.

En el banco de los testigos, Cedrig gimoteó, cabeceando a un lado y otro, y el medimago Brendam se puso en pie, frunciendo el ceño:

-Si han leído mi informe, queda claro que el joven ha sido torturado durante su desaparición, lo cual por sí solo, justifica cualquier acción, voluntaria o involuntaria, para alejarse de sus torturadores.

Los miembros del tribunal murmuraron, al parecer, las pruebas, no habían sido distribuidas y comenzaron a cuchichear entre ellos.

El hombre continuó hablando, dirigiéndose a todos los presentes:

-Harry Black-Potter no ha tenido una vida fácil. Desde su más tierna infancia, le han sometido a innumerables hechizos…les recomiendo encarecidamente que lean el informe. Pero el peor de todos ellos no ha sido el imperius o la cruciatus…ni ninguna de las torturas a que fue sometido recientemente, no; algo mucho más terrible le sucedió a este joven, dejando en su magia una cicatriz indeleble…algo deliberado y planeado, cuando no era más que un bebé. La cicatriz de su frente, es un reflejo físico de esa maldición.

Cornelius Fudge rodó los ojos y murmuró exasperado:

-¡Todo el mundo sabe lo de su cicatriz! Se la hizo…- el Ministro tragó saliva- se la hizo "Él", la noche en que intentó matarle y El Que No Debe Ser Nombrado resultó muerto.

-Señor Ministro, la maldición de que hablo…estaba ahí mucho antes que eso… y los hechizos se han reiterado, reforzado y ampliado durante toda su infancia. ¿Cómo es eso posible cuando vivía a cargo de unos muggles?

Harry observó por el rabillo del ojo como Dumbledore parecía estar tenso y rígido en su asiento, el guiño de sus ojos totalmente ausente, y Dolores boqueó, sin argumentos. Después de eso, Amelia Bones llevó el peso de las preguntas, con alguna que otra insidiosa interrupción por parte de Dolores, se leyeron las declaraciones de los Aurores, el informe médico y se escuchó el testimonio de Cedric, que declaró tartamudeando que Voldemort había retenido a Harry en su poder, tras un oscuro ritual que recordaba fragmentadamente, y que había visto a varios mortifagos aparecerse a su alrededor antes de coger el traslador y volver para anunciar su regreso, como le había pedido. Con ojos atormentados Cedric susurró suavemente "perdóname por dejarte atrás Harry" y el moreno asintió, esbozando una sonrisa. Los aurores declararon haber visto a un grupo de sospechosos entre los muggles, ataviados como los mortifagos, que habían desaparecido antes de poder apresarles. Harry ratificó los sucesos del cementerio, sin mucho detalle y confirmando lo declarado por Cedric. Y que después de eso, solo recordaba despertar en un algún lugar cerrado, donde le habían torturado. Y aparecerse en la estación. Finalmente, el tribunal votó a favor de declararle inocente de todos los cargos y Harry quedó en libertad para marcharse. En el Atrio, les esperaba la prensa, y Harry dejó en manos de los adultos contestar las preguntas. Tan solo cuando le preguntaron directamente que como se sentía, tras haber sido enjuiciado, Harry contestó con voz más firme y segura de lo que nadie esperaría en un chico en sus circunstancias:

-Estoy… francamente decepcionado. El sistema de justicia me ha parecido…voluble y fácilmente doblegable a los deseos de una sola persona. Realmente, esperaba mucho más de nuestro Ministerio.

Cuando el atónito periodista recobró el aliento, preguntó entre los murmullos de sus compañeros, los flashes de las cámaras y los rasgues de las plumas:

-Pero…¿No está feliz por haber sido absuelto de los cargos?

Mirando al hombre con frialdad estudiada, Harry murmuró:

-En base a nuestras leyes, no había cargos que presentar. Nunca debió celebrarse esta parodia, porque no existía razón que la justificase. Si no he cometido delito alguno ¿Qué motivo tengo para alegrarme? Pero como ya he dicho, nuestro sistema judicial no es muy acertado y parece estar viciado….Mi padre, Lord Sirius Orión Black es otro ejemplo. ¿Sabe Ud que nunca llegaron a juzgarle, no se le dio la mas mínima oportunidad de defenderse? Ni siquiera le interrogaron con veritaserum, simplemente, le encerraron en Azkaban. Y tiraron la llave. A mí eso no me parece justicia sino tiranía. Y pese a que el hombre al que supuestamente asesinó, ha estado recientemente bajo la custodia de los aurores, aun no se ha hecho nada para declararle un hombre libre y restituirle sus plenos derechos. Pueden preguntarle al Sr. Dumbledore como escapó de la escuela el malhechor realmente culpable de esos delitos, durante el interrogatorio de los Aurores, después de que el Profesor Snape y yo lo entregaramos.

Severus apretó suavemente su hombro y Harry desvió la mirada hacia él, de inmediato, olvidando el grupo de periodistas que rodeaban al anciano Director y al nutrido grupo de magos de buena familia que miraban hoscamente al hombre, rellenando formularios en el mostrador. A unos metros, Cedric se debatía entre las preguntas de los periodistas y el muchacho de pelo negro se abrió paso con decisión hasta él. Abrazándole suavemente los hombros, Harry murmuró:

-¿Estas bien?

Cedric rompió a llorar, rotos los nervios y sus padres se lo llevaron del lugar, tras una poción calmante rápidamente suplida por el maestro de pociones. Harry vio por el rabillo del ojo como un oficial del Ministerio entregaba una carta al Director, y como este la retorcía entre las manos, antes de girarse y regresar al interior del Ministerio, acompañándole. Con una ojeada preocupada a Cedric, Harry regresó a su familia y todos dejaron el Atrio, altivos, usando las chimeneas. Con una última mirada al Ministerio de Magia, el muchacho cerró los ojos, el rostro contra el pecho de su Maestro mientras las rugientes llamas verdes les envolvían en su torbellino y arrastraban lejos de allí. En apenas un susurro, el hombre murmuró en tono cálido y aterciopelado junto en su oído:

-Me has hecho sentirme muy orgulloso de ti, Harry.

Harry no contestó nada, ocultó aun mas entre la túnica del otro una pequeña sonrisa de satisfacción y apretó levemente el abrazo en torno a la cintura del hombre. Las piezas ya estaban en el tablero. La partida había comenzado.