Pero es que Harry se lo merece...Se merece que le achuchen y le mimen en exceso...en compensación por 13 años de desprecio y malos tratos... Se merece un abuelo Vengador, un padre con una vena de locura y otro con instintos homicidas cuando tocan a su cachorro...Se merece unos tíos cariñosos y protectores, un primo cómplice, travieso y juguetón. Y sobre todo, se merece a Severus. He dicho.

REGRESO A HOGWARTS

Pese a que Dumbledore había sufrido un traspiés público, al no ser reelegido como Jefe de la Confederación Internacional de Magos, tras el fiasco del Torneo de los Tres Magos; y ser temporalmente apartado del cargo de Jefe de Magos del Wizengamot, ante la presentación de numerosas recusaciones, su imagen pública aun era fuerte y rodeada de un aureola mística. El Ministro Cornelius Fudge había sido tajante. Albus tenía la razón, y no había motivo alguno para temer peligro ninguno. La prensa se había cebado de nuevo con el asunto de Sirius, y su fuga de Azkaban ahora era vista bajo una nueva luz, más controvertida; aunque el plato fuerte de los reportajes era la discusión sobre los "fallos" en la seguridad del Torneo, y por supuesto, el clima político era…agitado. Pero pese a eso, no había luchas, ni muertes, desapariciones o sucesos que atribuir a Voldemort y los mortifagos; el único hecho había sido el secuestro de los dos campeones de Hogwarts e incluso ese estaba cayendo un poco en el olvido. La memoria de la masa es frágil.

Así que la mayoría de la población estudiantil esperaba el regreso a la escuela, sin más preocupaciones que terminar sus deberes de verano o encontrar sus libros. Pero un pequeño grupo estaba ansioso, ansioso ante la ausencia de noticias de sus amigos, o por los rumores escuchados a sus padres… Draco tan solo estaba preocupado por su nueva posición de prefecto, por sus ropas, y por su…primo Harry. Pero tras las revelaciones de finales de verano, Harry estaba algo más retraído, y desde luego, Draco no iba a imponer su presencia constantemente al otro. No cuando era evidente que necesitaba cierto tiempo a solas, para él mismo.

Antes de la partida a la escuela Tom Marvolo Riddle había recobrado por completo su aspecto físico natural – gracias a la combinación de efectos de varias pociónes, y sobre todo, a beber la sangre de su nieto, voluntariamente entregada, directamente de su muñeca - y al verle junto a Harry, era evidente el parentesco. Riddle era alto, de pelo negro lacio y largo, atlético aunque fibroso, y sus ojos habían recobrado su tono azul natural. Aparentaba poco más de cuarenta años, y muy bien llevados, lo cual es decir que podía pasar por coetáneo de Lucius sin ninguna dificultad. Tenía una gracia y elegancia, una seguridad en sí mismo, que le hacían destacar. Como todos los vampiros, exudaba un cierto magnetismo, que le hacía ser aun más atractivo. Su voz era rica en matices, sedosa y grave, llena de madurez. Obviando el pelo alborotado y las gafas, James era casi un calco de su padre. Los tres varones tenían la misma cara de apariencia más bien fina y alargada, el color de los ojos y la forma de la nariz era los cambios más evidentes, pero compartían estructura ósea, color de cabello y porte. Harry aun no era tan alto como su padre o abuelo, y su rostro aun conservaba algo de niño en él, pero estaba en camino de convertirse en un joven y elegante caballero. Su nariz era algo más pequeña, más parecida a la de Lily, sus ojos intensamente verdes en vez de azules, o avellana como los de James y sus labios más llenos y rojos. Pero la similitud era evidente. Incluso, Harry tenía la misma risa, solo un tono más suave y algo más cantarina, que en raras ocasiones sacudía al adulto.

Con su natural plasticidad, Harry había aceptado bien el cambio, y admitido de buen grado más intimidad y confianza con el adulto. Al igual que sus preguntas indiscretas sobre su vida. Sobre todo sobre Severus y sobre Draco. E incluso sobre Viktor! La relación entre los dos aprendices era muy sólida y estrecha, como era de esperar. Como si no tuviese bastantes preguntas de esas con Sirius y con Remus. Al menos el licántropo era discreto. Se limitaba a olfatearle, y apenas preguntaba nada. Pero Sirius… preguntaba una y otra vez. Harry estalló un día y gritó, plantando los puños en la mesa:

-¡Ya basta! ¡Le insultas él y también a mí con tus recelos, padre! Si no crees mis respuestas…¿por qué preguntas?

Sirius se removió nervioso, y murmuró a media voz,:

-Te creo hijo, siento mucho si te he hecho sentir que dudaba de tí Harry…pero…no puedo evitarlo…esto es superior a mis fuerzas.

Murmurando una apresurada disculpa, Sirius abandonó la cocina, visiblemente perturbado. Tras unos minutos, dando una mirada a un ceñudo mozalbete, aun enfurruñado sobre su cena, y lo más discretamente posible, Remus se escabullo a su dormitorio y le encontró sentado en el alfeizar de la ventana, contemplando el jardín interior.

-Es difícil ser padres, verdad?

Sirius asintió pensativamente, y Remus le beso suavemente en el cuello, mordisqueándole hasta que el moreno olvidó su melancólico humor…y comenzó a devolverle los besos…

El desayuno del 31 de agosto fue…bien, desde luego, inolvidable. Tras el primer sorbo de café o té, todos, menos Riddle y Severus acabaron convertidos en gatos. Harry, un gato de gran tamaño y casi negro, con un ligero atigrado grisáceo-rojizo en su pelaje largo y espeso, un cachorro ya crecido y esbelto, apuntando el potente cuerpo de un gran cazador, se sentó mirando con sus grandes ojos verdes a Severus, maullando suavemente como diciendo, "venga, por favor". Con un suspiro de total resignación, y tras una mirada divertida de los brillantes ojos azules de Riddle, Severus había ingerido una de sus propias tazas aderezadas y ¡plop! un gatazo negro y blanco, todo un adulto de Maine Coon negro con las cuatro patas delicadamente manchadas de blanco en sus zarpas, hocico blanco prolongado en garganta y pecho, penachos en las orejas e intensos ojos verdeamarronados, casi negros, ocupó su lugar. Harry ronroneo suavemente, y frotó su mejilla con la de Severus, enredándose con él y este, tras atiesarse por un instante, le lamió y atusó el pincel de pelaje de las orejas del otro, que respondiéndole comenzó a lamerle el cuello, entre más ronroneos y refregones…Hasta que una gata oriental de pelo casi blanco, saltó a su lado bufando, la cola erizada como una escobilla, y cogiendo a Harry por la piel del cogote, se llevó tirando de él, a un desconsolado cachorro que casi era de su mismo tamaño, al rincón donde Draco, un cachorro de la misma raza que sus padres, era férreamente custodiado por Lucius, que agitaba la peluda cola como un látigo, mirando intensamente a Severus y gruñendo sordamente en el fondo de su garganta. Sirius, un Cornish rex negro, saltaba frenéticamente sobre la punta de la cola de un paciente Remus, transformado en un gran gato montés europeo, y que miraba ahora con mucha atención a Severus, tensando los músculos. Riddle sacó al que siempre había considerado su Aprendiz del pequeño aprieto, cogiendo al gran gato, que maulló interrogativamente, y colocándolo en su regazo. Rascando suavemente su cabeza, Riddle deshizo un tanto la tensión de Remus, y el humor cambió por completo cuando Sirius saltó al regazo del vampiro, demandando audiblemente su atención. Riddle soltó una carcajada y acarició a ambos gatos, que se miraban y olfateaban uno al otro, cautelosos. Después de eso, se despertó un repentino impulso gatuno, y Lucius se aventuró a acercarse, altivo, demandante, mirando a los ojos al hombre. Riddle sonrió, y rascó la barbilla del elegante minino, que frotó su cabeza contra aquella mano, murmurando:

-No seas celoso Lucius…

Detrás de ellos, los dos cachorros, tan distintos, se acercaron seguidos de una preocupada madre gata y vigilados por los atentos ojos del gato salvaje. Draco se sentó sobre sus patas traseras y maulló suavemente. El también quería su parte de mimos, ya que se estaban repartiendo…El hombre deslizó la mano por su cabeza y lomo y el gato se arqueó ronroneando de placer. A su lado, Harry simplemente miraba con curiosidad y cuando Riddle le llamó, sencillamente saltó de la mesa a su regazo, instalándose entre sus dos ocupantes. Ronroneando suavemente, Harry frotó su mejilla con Sirius, y después con Severus, y bostezó, enseñando los blancos dientes y mullendo con sus afiladas garras la ropa del regazo de su abuelo para enroscarse cómodamente en él. Tras esa proeza de audacia, Draco saltó al banco y se escurrió sinuoso entre Sirius y Riddle, trepó sobre Harry para colocarse literalmente, casi encima de este, que le acomodó confortablemente. Afligida y maullando, Narcisa se agitaba en la mesa, y Riddle le acarició suavemente una mejilla peluda susurrando:

-Están bien, querida, no les pasa nada…¿no lo ves?

Con un gesto de varita, transformó el banco de la cocina en un robusto y profundo diván, y de un salto, Narcisa y Lucius se instalaron en él, subiéndose al respaldo y acurrucándose juntos para descansar la cabeza en algún lugar de los hombros del mago. Remus movía la cola en la mesa, atento y finalmente, saltó al diván. Se situó cauteloso, detrás de Sirius, y Riddle, con mucha delicadeza, le rascó suavemente la barbilla. Un suave ronroneo y Riddle repartió más caricias entre todos, miró el reloj de la cocina y susurró sonriente:

-Os quiero a todos, pequeños míos…

Y en rápida sucesión, todos recobraron la forma humana, creando una confusa piña humana que hizo crujir las maderas del mueble. Los últimos fueron Harry y Severus y en medio de la agitada masa de cuerpos que cambiaban y se retorcían, el gato negro maulló ronca y suavemente y frotó su cabeza una vez más con la del otro, justo antes de cambiar.

Narcisa estaba preocupada. Y estar preocupada le daba dolor de cabeza y hacia que le salieran arrugas, así que tenía que deshacerse de la fuente de su preocupación. La carta permanecía en su cajón, pero eso no la libraba del problema. Su marido había delegado en ella la tarea de escoltar a los chicos al tren…ahora que su Lord estaba recuperado, era el momento de ponerse de nuevo en marcha. Las medidas de seguridad en King Cross eran…ridículas. Una patrulla de aurores nóveles, en sus escandalosos uniformes rojos se movían perezosamente sacando pecho, entre la gente, que les abría paso entre murmullos y miradas. ¡Ja! Como si cuatro mozalbetes recién salidos de la academia pudiesen hacer algo realmente útil. Narcisa estaba segura de que perderían la compostura en cuanto apareciese la más mínima sombra de peligro. Con gesto elegante, despidió a Harry y a su hijo, que montaron en uno de los dos vagones a la cabeza de tren, vagones que Severus había reservado de antemano, completamente revisados y asegurados, justo detrás del vagón del profesorado y delante del de los prefectos. El viaje en tren era un riesgo, pero uno que debían asumir. Ninguno de sus alumnos saldría de sus compartimentos, no a menos que fuese una emergencia y en contra de lo habitual, los distintos cursos estaban todos mezclados, para que los más pequeños fuesen protegidos por los mayores. Draco, como prefecto, era uno de los pocos alumnos de Slytherin que abandonaría esos dos vagones, pero sus órdenes, así como las de Pansy, los otros prefectos y el delegado de Slytherin eran estrictas. Atrincherarse en sus vagones y no inmiscuirse en nada.

Tras la reunión de prefectos y delegados, Draco regresó con Hermione, y se sentó en el abarrotado compartimento que ya ocupaban Teo Nott, Blaise Zabini, Neville Longbottom, Luna Lovegold, Susan Bones, Terry Boot y Lisa Turpin. Y Harry, por supuesto. El espacio estaba pensado para 6 pasajeros confortablemente sentados, 8 como mucho, y eran 10. Lo cual, pese al expansor temporal de espacio, había forzado a Harry a dejar su baúl en el suelo, atravesado entre los bancos junto a la ventana y usarlo como improvisado asiento. Hermione abrazó efusivamente a su amigo y se sentó con él:

-¡Oh Harry! ¡Estaba tan preocupada por ti! ¡Es una indignidad lo que hicieron contigo, acusarte de esa manera encima de todo!

Susan se sumó al despellejamiento del Ministro –su tía trabajaba en el Ministerio, y le había contado cosas del juicio - y Neville, que estaba apretujado contra la puerta, sentado en otro baúl, asintió con sus grandes ojos café muy abiertos y susurró:

-Mi…mi abuela dice…mi abuela dice que, si las cosas no mejoran pronto…No sabéis lo que me costó convencerla de dejarme venir…quería que estudiase en casa o mandarme a Beauxbatons!

Terry murmuró apresuradamente que su familia también había estado pensando algo similar y Blaise se reacomodó entre Luna y Susan y susurró pensativamente:

-Mi madre amenazó con algo parecido también…pero se lo pensó mejor cuando Lord Malfoy anunció que ibas a regresar a Hogwarts.

Los chicos comenzaron a charlar entre ellos, y sobre todo, preguntando sobre los sucesos del verano y Luna le tendió desde el otro extremo del compartimento un montón de revistas a Harry, murmurando suavemente:

-Mi padre ha publicado muchos artículos sobre ti este verano…y está muy contento con las cifras de ventas del periódico. Me pidió que te dijera, que si alguna vez quieres dar una entrevista, o una noticia, estaría encantado de publicarla.

Harry ojeó los numerosos ejemplares del Quisquilloso y sonrió suavemente. A diferencia de la mayoría del alumnado de Hogwarts, el moreno realmente apreciaba a la chica. Luna era un tanto excéntrica, con sus pendientes de rabanitos, y sus extrañas creencias, y la gente solía ignorarla por completo, pero era inteligente y despierta…Harry sabía que en su familia el don de la Vista era abundante, especialmente entre las mujeres. Luna no había hecho nunca una profecía, al menos no una reconocida formalmente, pero siempre daba…buenos consejos, aunque fuesen acompañados por vagas referencias poco ininteligibles. Desde el incidente de Trelawney en tercero, y más aun después de saber que había hecho una profecía sobre él, el muchacho tenía un respeto considerable por la asignatura. Y por los videntes. Sonriendo suavemente, Harry susurró:

-Gracias Luna. Lo tendré en cuenta.

La chica sonrió dulcemente y regresó a su revista, ocultando la cara detrás de ella. El viaje fue largo y pesado, no podían hablar de nada realmente serio en el tren, y estar tan apretujados aumentó la sensación de cansancio. El tren se detuvo finalmente y Harry se levantó de su baúl, estirándose para deshacerse de los calambres de sus entumecidos músculos. Todos se prepararon para dejar el tren y con orden y eficiencia, la casa de la Serpiente se agrupó en torno a su jefe de casa y su "prometido" en el andén. Mientras el resto de alumnos montaba un pequeño caos con sus mascotas y equipajes, Slytherin dejó ordenada y meticulosamente sus pertenencias en una pequeña carreta descubierta y se aproximó en fila de a dos a los carruajes, vigilados por Severus, Remus y Tizón.

Harry parpadeo un par de veces, mirando la larga fila de coches de caballos y esbozó una levísima sonrisa. Entre las varas de los carruajes, unas magnificas aunque también algo intimidantes criaturas, estaban esperando pacientemente por la llegada de los alumnos. Harry admiró brevemente la reluciente piel, que parecía despedir una cierta fosforescencia en la humedad de la noche, las finas y delicadas membranas de las grandes alas, la grácil curva del largo cuello, y los ojos. Grandes ojos lechosos, sin iris ni pupila distinguible en ellos…solo un globo ocular blanco, casi luminiscente, destacando aun mas sobre la negrura absoluta del pelaje.

Justo detrás de él, Hermione murmuró, viéndole contemplar fijamente el espacio vacío entre las varas:

-¿Te encuentras bien Harry? Estas mirando al vacío…

-Perfectamente, Mione…

Harry giró levemente el rostro y susurró muy suavemente:

-Los Thestrals… son…fascinantes, especialmente sus ojos…

Hermione frunció el ceño, mirando a su amigo y después a los carruajes y finalmente, una lucecita de comprensión se encendió en sus ojos marrones, registrando lo que debía de estar viendo, y susurró con tono preocupado:

-¿Quieres decir…que…?

-¿Que puedo verlos? Si.

El grupo subió en silencio al carruaje asignado, y Draco y Harry ocuparon un asiento junto con Blaise, mientras Hermione, Luna y Teo llenaban el otro. Con una leve sacudida, se pusieron en marcha y Harry observó por un momento con aire fascinado el juego de los huesos y los tendones bajo la reluciente piel negra. Con el ceño aun fruncido, Hermione murmuró una nueva pregunta:

-Harry? Ha…¿Ha ocurrido algo…algo más este verano? Porque se supone que no los ves si no has…

Sonriendo levísimamente, Harry denegó y Draco rezongó con cierta ironía rezumando por todos sus poros:

-Noo…por supuesto que no ha sucedido nada…

El moreno le dio un leve codazo a Draco y este dejó ir una risita. Muy serio, desde su lugar, Teo murmuró con cierta tristeza en la voz:

-Yo también los veo …

-Y yo, Harry…siempre he podido verlos….

Musitó Luna asomando los ojos azul acuoso por detrás de su revista. Con un suspiro, Harry murmuró pensativo:

-Supongo…que finalmente he aceptado que…ya no están, y que nada puede devolvérmelos...

Blaise murmuró:

-Demasiada filosofía con el estómago vacío, Harry. Demasiada.