Hola lectores y lectoras. La escena de los gatos es tierna, divertida y familiar...¿Que hay mas hogareño que un señor de mediana edad (me lo quedo ahora mismito, con colmillos y todo) y sus gatos? ¿Los imaginais, todos felinos? Buscad la raza Maine Coon en Google, la foto de la Wikipedia es más o menos Harry, y encuentras otras donde puedes ver el aspecto de Severus. Son los gatos domésticos mas grandes que existen. Todas son razas de gatos reales, todas ellas. La broma es cosa de Tom Riddle, él es el que no bebe. Severus está al tanto -una de sus pociones- pero al final, la insistencia de Harry-minino puede más que su sentido del ridículo...

Y como no tenía bastante…pues vamos a mezclar un poco más la cosa…Draco no se ha tomado nada en serio la reprimenda de Lucius su padre…Y los sentimiento y emociones de Harry son confusos….

DOLORES UMBRIDGE

Severus no daba crédito a sus ojos. Sentada en la mesa de profesores estaba nada menos que Umbridge, la Subsecretaria del Ministro Fudge. ¿Qué hacía aquella…¡bruja! en la escuela?. Repasando la mesa con la vista, Severus pronto hizo la conexión. Ojoloco Moody no estaba entre ellos, así que…¡Era una pesadilla! Remus notó el leve cambio en su humor y en un par de susurros bien disimulados como leves pero afeccionadas caricias, quedó al corriente. Bajo la mesa, Tizón gruñó sordamente y Remus le acarició suavemente las orejas, instándole a poner la cabezota en su muslo. Era un ultraje y por la expresión vacía y helada de Harry y Draco, pronto secundada por sus más cercanos amigos, sus Serpientes también habían notado la presencia de la mujer.

El discurso en aquella voz aguda, repleta de falsedades, puso piedras en el estómago de mucha gente. Y adormeció a muchas otras. Harry y Draco, como la inmensa mayoría de Slytherin, escucharon atentamente cada palabra y cada inflexión, observando detalles y gestos, para posterior evaluación. Si se restringía aun más el uso de la magia, como sugería el discurso, ¿Qué les quedaría? Fragmentos inconexos de una cultura y tradiciones privadas de sentido práctico…Draco podía sentir el frio enojo irradiando de Harry, estaba tan acostumbrado a su magia que podía percibir ciertos cambios en ella. Con discreción deslizó una mano bajo la mesa y rozó con ella a Harry, que de igual modo, apretó entre sus dedos los del rubio y retomó el control de su genio.

Más tarde, al acabarse la cena y dar la bienvenida a los nuevos miembros de su casa, Severus ordenó a sus alumnos alejarse de Umbridge tanto como del Director. Y sus pequeñas serpientes asintieron, seguras en el refugio oculto en las mazmorras, a cubierto entre las tinieblas en la profundidad de su madriguera.

Al día siguiente, tenían Adivinación, Pociones e Historia, seguido de Defensa. Resignados, los chicos subieron a la torre, dispuestos a una sesión con Trelawney. Ante la suspicacia de Draco, Harry se negó a revelar ninguno de sus sueños, y por supuesto eso solo acrecentó la curiosidad del rubio. La clase de pociones fue…divertida. Si él y Draco no eran capaces de hacer aquella poción maniatados… es que no merecían ser los Aprendices de Severus. El intimidante discurso de su Maestro, solo sirvió para que Harry tuviese tiempo de ordenar sus pensamientos, y preparar sus músculos para lo inminente. Estaba dispuesto a hacer un Filtro de Paz perfecto. Cuando la voz de Severus resonó entre los muros de piedra, recordando a sus alumnos los signos del estadio final de la poción, Harry se permitió alzar la vista de los zarcillos de color plateado que emergían con pereza de su caldero. La clase era…bien, un poco como un zoo. Draco, por supuesto, había hecho un trabajo preciso y perfecto. Detrás de ellos, Hermione tenía un gesto de concentración, dando las últimas vueltas a su poción y Neville miraba casi con asombro el vapor gris humo de la suya.

Pero en muchos otros calderos brotaban chispas de colores, humos negros o espesas fumarolas y vapores blancos e incluso burbujas…y Snape avanzaba entre los alumnos cual dios vengador, repartiendo sarcásticos comentarios y desvaneciendo algunos de aquellos desastres. Tras mirar la poción de Hermione con aire crítico, advertir a Neville que revisara su balanza, porque alguna medida estaba mal proporcionada, y asentir suavemente ante el caldero de Draco, se detuvo para una lenta inspección, ante el trabajo de Harry. El moreno sabía que no era totalmente perfecta, porque el vapor ascendía en rizadas volutas de vez en cuando, pero había estado muy muy cerca y contuvo el aliento cuando Severus envolvió su mano en la suya y movió lenta y circularmente el agitador, en un movimiento demostrativo, murmurando:

-Suave y continuo, Sr. Black y después corte en diagonal…¿lo ve?

Harry asintió con la boca seca y el rostro algo sonrojado, y Severus le miró con determinación, invitándole a repetir el movimiento. El moreno imitó el gesto lo mejor que pudo, pero estaba aun más nervioso que antes, y aun se puso peor cuando su Maestro se situó justo detrás de él, y volvió a guiar su mano, murmurando gravemente en tono muy bajo que le había visto hacerlo bien otras veces, que se calmara y olvidara los nervios…Harry se mordió la lengua y siguió las instrucciones y Severus susurró solo para él un: "Ahora arregla esa poción, Harry". Sin alzar la vista ni mover más que el brazo, el moreno trazó el círculo y lo cerró con el preciso movimiento diagonal….y el vapor dejó de ascender, quedando suavemente adherido a la superficie de la poción. Perfecta. Exhalando el aire contenido en sus pulmones, Harry alzó los ojos y recibió el suave asentimiento de aprobación de Severus, que le hizo esbozar una tímida semisonrisa.

Si Pociones había animado el día, después del muermo de Historia con Binns –Harry y Draco habían aprovechado el rato para empezar los deberes, dejando a una pluma a vuelapluma tomar las notas por ellos, provocando la irritación de Hermione - la clase de Defensa resultó una clara burla. Harry no podía creer que hubiesen elegido como profesora a alguien tan claramente parcial, y cuando la rechoncha mujer dejó claro que no iban a hacer nada más que leer, Harry se indignó. ¡Tenían que pasar dos horas, sentados y leyendo un capitulo de un libro! ¿Durante el resto del curso?¿Un libro que hablaba más de clasificaciones y divisiones de los hechizos que de cómo ejecutar estos? Tenía que ser una broma. Una broma pesada… Pronto, sin embargo, Hermione se enzarzó en una contesta verbal, secundada por otros alumnos, sobre los objetivos del curso y la práctica de los hechizos. Y pese a los esfuerzos de Draco por calmarle, Harry comenzó a perder el control de su magia…un poco después de que Hermione perdiera el de su lengua. Umbridge estaba proclamando en su voz de falsete, que como el Ministro había declarado, Voldemort estaba muerto. Y que los sucesos de la última prueba del Torneo, no eran más que meras ilusiones. O una sarta de mentiras. Y entonces, le miró. A él. Directa e intencionadamente, con un atisbo de malicia en sus pequeños y saltones ojos pardos. Con las manos aferradas al pupitre, los nudillos blancos, Harry estalló, y las hojas de su inútil libro de defensa, volaron por todas partes, reducidas a una lluvia de fino confeti. Al menos era mejor que volar a Umbridge, no?

Con una sonrisa melosa, Dolores, llamó suavemente:

-Venga aquí Sr Potter.

Harry levantó el rostro de su pupitre, los nudillos blancos de tensión, la cara de nuevo cubierta de indiferencia, aunque sus ojos verdes brillaban demasiado y murmuró alto y claro:

-Mi nombre es Harrison James Sirius Black-Potter, Profesora. Debería recordarlo.

Entre los murmullos casi inaudibles de los Slytherins, y la abierta hostilidad de Griffindor, sonriendo, la mujer se sentó en su pupitre y comenzó a escribir rápidamente y selló dos rollos de pergamino. Con una dulce sonrisa y tono melifluo, Dolores les llamó a su mesa y Hermione y Harry se acercaron a ella. Con aire realmente satisfecho, la mujer tendió uno de los pergaminos a Hermione y el otro a Harry y susurró:

-Entréguele esto a la Profesora McGonagall, Srta. Granger. Y Ud. también, Sr….Potter.

Harry contuvo la ira, y junto con Hermione, se encaminó al despacho de McGonagall, mascando el freno y poniendo riendas a su ira. Una vez que dejó a su amiga en las manos de Minerva, descendió hasta las mazmorras, en busca de Severus. Harry aguardó pacientemente, ordenando sus ideas. No quería interrumpir las instrucciones iniciales y esperó el momento en que la voz de su Maestro dejó de oírse. Tras darse unos minutos, Harry abrió la puerta suavemente, sin tocar y avanzo en silencio por entre las dos filas centrales de pupitres. Severus detuvo su paseó de inspección y giró la cabeza ante la presencia inesperada. Sin abrir la boca, los ojos levemente bajos, Harry entregó el pergamino y Severus lo desenrolló. Tras una rápida lectura, lo dobló y guardó en su bolsillo y señaló la puerta que conducía a su despacho. Harry entró cabizbajo, mientras el hombre recordaba suavemente a sus alumnos, un grupo mixto de Hufflepuff y Ravenclaw de tercero, los riesgos que corrían si no se comportaban adecuadamente. Más o menos, y en resumen, una visita completa a todas las torturas del infierno.

Harry estaba abatido, era la primera vez que le castigaban desde que estaba en Slytherin y no sabía muy bien que esperar. Tenía eso sí, la idea de que cualquier detención o castigo en el seno de su nueva casa, podía ser peor, mucho peor que cualquier detención que hubiera tenido hasta ahora. No se movió de su silla, paralizado por la ansiedad. Severus terminó de amedrentar a su clase, dejándolos temblando en sus asientos, literalmente paralizados, y entró en su despacho, agitando la negra túnica detrás de él. Harry aguardaba, visiblemente nervioso, y Severus tomó asiento calmadamente.

-¿Es cierto lo que dice este pergamino, Aprendiz?

Harry tragó saliva visiblemente y susurró sin alzar la vista, ante el tono serio y el tratamiento formal:

-No sé lo que pone, no lo he leído Maestro…

Severus tamborileó con los dedos en la mesa y deslizó el documento hacia Harry. Por un segundo, sus miradas se cruzaron y el muchacho fulminantemente hundió la mirada de nuevo, esta vez en el pergamino. Tras leer rápidamente, Harry suspiró y murmuró:

-Es cierto, Maestro. Perdí el control de mi magia y volé por los aires mi libro de texto, y le recordé cual es mi verdadero nombre.

El hombre asintió levemente, frunciendo el ceño ligeramente y murmuró:

-Mírame, Harry…mírame a los ojos…

Con lentitud, el muchacho alzó la mirada y la fijó en el rostro del hombre. Casi de inmediato, notó la invasión de sus pensamientos, y sus reflejos amurallaron sus pensamientos. Aun podía ver a su Maestro frente a él, y la presencia en su mente susurró: "Déjame ver…" Con concentración, pero sin bajar por completo sus defensas, Harry atrajo a la superficie el recuerdo de la clase y Severus se deslizó en él, contemplando desde todos los ángulos posibles la situación. Severus se retrajo y Harry bajó la mirada de nuevo. A la fuerza, era cada vez mejor Oclumens, en un estilo muy similar al de su propio Maestro, aunque ante un ataque realmente serio…No tenía nada que hacer si su Maestro o especialmente su abuelo, realmente se empeñaban en ver algo…

-Muy bien Aprendiz. Dolores te ha asignado detención todas las tardes de esta semana…Y las cumplirás conmigo. No eres alumno de Hogwarts, sino mío.

La última frase…había sonado…extraña. Harry alzó la mirada con presteza, aunque algo confuso. Era la primera vez que Severus le castigaba y miró vacilante al hombre, en busca de respuestas. El moreno parecía desconcertado, asustado y esperanzado, todo al mismo tiempo y los intensos ojos negros relucieron, mientras una levísima sonrisa se dibujaba en los firmes labios. Severus se inclinó hacia delante y murmuró con voz fría:

-Guardaos de Dolores. Y ahora Harry, llévale esto a Remus y Sirius.

Harry dilató los ojos y gimió casi de puro pánico. ¿Qué iban a decir sus padres? Sin embargo, obediente, se levantó y se encaminó a la otra puerta del despacho. Cuando ya tenía la manilla en la mano, se giró para murmurar con tono apagado:

-Lo siento mucho, Maestro.

Y salió cerrando suavemente detrás de él. Tras unos minutos de reflexión, recomponiendo su semblante, Severus regresó a su clase y frunció el ceño, haciendo estremecerse a sus alumnos.

Esa noche, tras recibir una bronca en términos más familiares de parte de Remus, y simultáneamente, casi casi, una arenga de aliento de Sirius, lo cual le dejó aun mas confundido, bajaron a cenar al Gran Comedor. Draco intentaba animarle, pero tampoco tenía ni idea del castigo que podía haber elegido su padrino. Hermione estaba pálida, con los ojos ribeteados de rojo, y parecía la estampa de la miseria, jugueteando con la escasa comida de su plato. Ron sin embargo, parecía rebosar de alegría y se atracaba de comida con los modales de un cerdo...mientras Neville miraba preocupado a Hermione. En su rincón los gemelos Weasley le mandaron sonrisas de ánimo y Harry comenzó a comer, ciertamente desganado.

Al día siguiente a media mañana, Harry estaba harto de oír hablar de los TIMOS. Los profesores y los alumnos no paraban de hablar de ellos y eso que era el segundo día de clase. Salvo en algunas asignaturas, como Historia, astronomía, aritmancia o runas, Harry sabía que no tendría problemas con los exámenes. Por lo que empezó a molestarle tanto insistir con ellos. Y los rumores entre los alumnos. En la cena había visto a Severus hablando con Umbridge…y le dio la impresión de que la conversación no era muy cordial. A la hora de su castigo, se dirigió al despacho de Severus y tocó suavemente la puerta, puntualmente. No quería agravar de ninguna manera la ofensa llegando tarde. Severus le dio permiso y Harry entró, cerrando suavemente detrás de él. Alzando los ojos de los formularios que estaba corrigiendo, el hombre le indicó con el gesto la silla y el muchacho se sentó en silencio. Tras terminar el papel, cerró la carpeta y murmuró suavemente:

-Sígueme.

Desde el despacho descendieron hasta las más profundas mazmorras, un lugar tenebroso, frio y lúgubre. Entrando en un pasadizo, alcanzaron su destino y Severus se detuvo frente a lo que parecía un muro de piedra, un callejón sin salida. Una antorcha era la única fuente de luz del pasadizo y Harry alzó los ojos curioso. Entonces lo vio. Era muy sutil, pero las grietas de las piedras, ciertas rugosidades, insinuaban la figura de una serpiente bordeando paredes y techo. Sin pensarlo, susurró:

-Ábrete…

Y el muro entero se deslizó a su comando. Una escalera comenzaba justo al otro lado y su Maestro comenzó a ascender. Harry sintió una sensación de vértigo, un ligero mareo y se agarró a la pared, la escalera evidentemente era mágica. Delante de él, Severus empujó una recia puerta, y Harry se obligó a seguirle, el alma en los pies. Parpadeo, entrando en una gran sala, de altos techos, luminosa, y con grandes librerías adosadas a las paredes. Cojines de terciopelo verde en un rincón, y un par de amplias chimeneas. Aun miraba a su alrededor, cuando Severus le llamó:

-Aprendiz…

-¿Si, Maestro?

Se giró rápidamente y su Maestro murmuró:

-Necesitas aprender definitivamente esta lección Harry…necesitas más control…

La sala osciló, y de repente, era el tribunal en el Ministerio. Harry se vio sentado y encadenado, y a Dolores, riendo desde su estrado. Todos los magos se burlaban de él, le llamaban mentiroso y Harry se retorció jadeando, intentando hablar, pero de su boca solo salieron siseos. Dolores se acercó, riendo y murmurando:

-Vamos a romper su varita Sr. Potter…y a enviarle a Azkaban, con su querido padrino.

Horrorizado, Harry vio como un brujo arrastraba a Sirius, bajo la forma de Tizón, atado con una gruesa cadena, dándole patadas y haciéndole aullar de dolor. Harry estalló, y con él las cadenas, la silla y medio tribunal, incluido Sirius. El chico se arrodilló ante el perro malherido y se abrazó a él llorando.

El cuerpo ensangrentado se movió entre sus brazos y se convirtió sucesivamente en el de Cedric, el de Draco, el de Remus…todos mirándole con ojos llenos de acusaciones y dolor…La escena cambió y Harry se vio arrastrado frente a Dumbledore, maniatado y amordazado, y el anciano mago comenzó a tocarle y a desnudarle. La reacción fue casi instantánea, y Albus comenzó a arder, prendiendo fuego a todo a su alrededor, sumergiendo el despacho en una tormenta de furiosas llamas que abrasaban su piel…

De nuevo, el escenario cambió, y esta vez, Harry se encontró solo, en una sala vacía, sin puertas ni ventanas. Al otro lado de la pared, se escuchaban voces acres de enemigos y murmullos llamándole, de gente a la que quería, pero Harry se acurrucó, tapándose los oídos y murmurando una y otra vez "ya basta". Y todo volvió a cambiar, devolviéndole a la sala original. El muchacho aun estaba acuclillado en el suelo, llorando sin cesar, cuando Severus le tocó el hombro. Sobresaltado, Harry respingó y le miró susurrando:

-¿Eres…eres real?

Severus asintió y Harry preguntó vacilante:

-¿Cómo puedo saberlo?¿Como sé que no eres otra ilusión?

Arrodillándose ante él, Severus cogió una de sus manos y la puso sobre su corazón, dejándole notar el fuerte latido. Durante un minuto o así, Harry no dijo ni hizo nada, aparte de algún que otro sollozo ahogado. Después, murmuró suavemente:

-Maestro…Severus…

-Si Harry?

El muchacho alzó los ojos enrojecidos y susurró:

-No me gusta esta lección…

Severus notó como su corazón saltaba repentinamente un latido y preguntó suavemente:

-¿Pero entiendes porqué es necesaria?

Aun con la voz sollozante, el muchacho asintió y replicó muy bajito:

-Si Severus, para que no haga daño a los demás o a mí mismo. Porque dejar que la ira tome control de mi magia…solo puede llevarme al desastre. Lo recuerdo. No volveré a olvidarlo…

Orgulloso, Severus alzó la barbilla del muchacho y le miró a los abatidos ojos verdes. Esbozando una sonrisa murmuró:

-Exactamente, Harry. Y ahora, vamos a canalizar parte de ese genio tuyo en algo más productivo.

Le dio un levísimo beso, apenas un roce en la cicatriz de su frente sudorosa y se levantó, tendiéndole la mano.

-De todas maneras, estoy agradecido de que la victima de tus iras fuese el libro…eso ya es un avance considerable, aunque lo ideal es que no nos volvamos a enfrentar a situaciones como esta. No quiero ni pensar en la cantidad de explicaciones y papeleo que hubiese supuesto pulverizar a Umbridge…aunque reconozco que la idea es tentadora…

El muchacho dejó ir una breve risa, truncada y amarga. El hombre esbozó una sonrisa de ánimo y Harry aceptó su mano, devolviendo una pequeña sonrisa nerviosa. Su Maestro le había perdonado y eso era todo lo que importaba. Durante las dos horas siguientes, Harry esquivo hechizos y replicó a ataques múltiples de la sala, físicos y mágicos, y también de Severus, hasta caer rendido, literalmente, a sus pies. Su Maestro le había pedido que usara sus dos varitas a la vez, y eso suponía un tremendo esfuerzo mágico, además de obligarle a practicar con dos clases de magia diferentes a la vez. Era como intentar producir al mismo tiempo calor y frio. Cuando Harry gruñó que ni una Cruciatus iba a moverle de su sitio, despatarrado en el suelo, resollando como una locomotora, Severus le lanzó no una, sino dos simultaneas, muy cortas, pero muy intensas, una con cada varita, haciéndole saltar de nuevo sobre sus pies. Y volvieron a empezar.

Molido, se arrastró detrás de su Maestro de regreso a su cuarto; atravesó la sala común como un zombi, suscitando alguna que otra mirada, y se metió en la cama tras una ducha rápida. Draco, que le había escuchado llegar, le hizo hueco y Harry se dejó caer bocabajo en la cama, tan solo en ropa interior y gruñendo de disconfort. Le dolía todo, había sido una sesión muy intensa, pensada para agotarle no solo física sino también mágicamente, forzándole a liberar el exceso de poder acumulado en su núcleo. Severus no le había dado poción o tratamiento alguno, ese era parte del castigo. Draco le miró pensativo, contemplando los moretones que comenzaban a formarse en sus costillas y suspiró. El también había aprendido algunas lecciones así, a manos de su padre. Nada graba mejor en la mente de un crio la importancia de no tocar "reliquias familiares" que una demostración práctica del poder que albergaban. Con cuidado, cogió loción para la piel y se la aplicó en las manos y comenzó a masajear los tensos hombros. El moreno gruñó mas, se quejó incluso cuando los agiles dedos apretaron puntos de tensión acumulada, pero no se movió bajo las manos del otro. Durante un rato, Draco trabajó en relajar la musculada espalda y las piernas de Harry, y con un susurró murmuró:

-Date la vuelta, Harry.

Resoplando, porque estaba casi adormilado, Harry se giró, los ojos entrecerrados y Draco continuo el masaje por sus brazos y pectorales, muy suavemente. El moreno estaba casi dormido, completamente relajado, cuando Draco se sentó en sus caderas y se inclinó a darle un suave beso. Con un pequeño suspiro, los parpados temblaron y se entreabrieron, y Harry murmuró con voz llena de cansancio:

-Dray…estoy rendido…

El rubio le besó de nuevo, meloso, e ignorando las leves protestas, y murmuró tendido sobre él, las manos enredadas entre su pelo negro:

-Ya lo sé, Ry…y por eso, voy a hacer yo todo el trabajo…hay un pedacito de ti que aun no tiene sueño…

Draco le besó de nuevo, suave y dulce, lento y lánguido, y metió la mano bajo su ropa interior, arrancándole un entrecortado gemido. Deslizando una mano por el sedoso cabello platino, Harry gruñó apreciativamente y se enarcó un poco bajo el, los ojos entrecerrados. Había pasado un tiempo desde su ultima vez… el verano había traído consigo demasiados cambios y ajetreos como para que el moreno prestase la debida atención a sus necesidades o las de su compañero. Con un sonrisa traviesa, Draco se deshizo de su pijama y del bóxer de Harry y contempló su creciente erección, rozándola con la suya. Con ojos entreabiertos y velados, el moreno gimió de nuevo, girando la cabeza a un lado, ofreciendo inconsciente la garganta al asalto de los besos y mordiscos del otro muchacho. Draco sonrió suavemente. Su padre podía decir lo que quisiera, pero nieto del Lord o no, Harry era suyo.

NA. Hay una regla de conducta no escrita entre magos de buena familia que dice: "Nada de sexo con parientes de Lords Oscuros" Es simple lógica y sentido común…