Por si no teníamos bastantes cosas en mente…aparecen más factores. Sin perder la calma ... A ver...Harry sigue opinando lo mismo, pero Draco es muy persistente, los dos son adolescentes... y hay TODA UNA GALERIA de cosas que pueden hacer sin llegar hasta el final. Draco está jugando con fuego pero Harry no está tan seguro… ya lo veréis
De momento nada de trios...en esta historia. Aunque que estoy trabajando en algunos
NUEVOS PROBLEMAS
A la mañana siguiente, y por una vez, fue Draco el que tomó el lugar de Harry a primera hora, permitiéndole levantarse un poco más tarde y ducharse más lentamente, dejando que el agua caliente suavizase los calambres de sus músculos. Con cierta rigidez, Harry se encaminó a los cuarteles que compartían su Maestro y padres, cruzando por el espejo que murmuró:
-Parece que te ha atropellado un tren, cariño…
Gruñendo, Harry ignoró al objeto encantado y Draco resopló. Los golpes recibidos la noche anterior estaban más marcados, sobre todo uno sobre la ceja y otro en el mentón. Con mirada crítica, su Maestro, que aguardaba ante la mesa, le observó; y Remus palideció al ver el aspecto de su cachorro. Se levantó indignado, y mientras el castaño le examinaba, palpándole y olfateando – lo cual dio lugar a un muy curioso movimiento de sus cejas – Sirius masculló:
-Quizás hubiera asido preferible dejar que sirviera la detención con Umbridge…
Más calmado, visiblemente confuso, Remus regresó al asiento, llevando a un muy avergonzado Harry por los hombros y obligándole a sentarse a su lado, desplazándole de su habitual lugar a un lado de Severus. Con un suspiro lleno de resignación y práctica filosofía, el licántropo murmuró:
-Bueno Sirius, bien mirado…no parece estar tan mal…pero desde luego, tienes una pinta horrorosa, Harry…
Severus le miró lentamente y preguntó en tono profesional y neutro, dejando aflorar al sanador en él, ignorando el retortijón de culpabilidad que atenazaba su estómago:
-¿Calambres y moretones?
El chico asintió y el hombre le tendió una poción, murmurando con determinación, sus ojos de intenso color café, casi negros, fijos en la figura de su aprendiz…el control sobre su magia era imprescindible y no negociable:
-Esta noche tendremos entrenamiento otra vez, Harry…Draco, tu vendrás también.
Tragando saliva, mientras Harry engullía su poción, Draco asintió con voz apenas audible, pero poniendo cara de "¡Es una injusticia!. ¿Qué había hecho él?" Rodando los ojos ante la evidente indignación de su aprendiz y ahijado, Severus masculló:
-¡No te hagas el mártir Draco! Solo será una sesión regular de entrenamiento, nada más.
Sirius preguntó expectante, los azules ojos relucientes de emoción contenida, olvidado el momentáneo enojo ante el aspecto magullado de Harry:
-¿Podemos ir nosotros?
-No veo por qué no…mientras más, mejor…
Ahora gimieron los dos chicos. Si Severus era duro, Sirius era…peor. Su naturaleza bromista se convertía en algo casi perverso en un duelo, y era capaz de lanzarte las peores maldiciones riendo a carcajadas. Como Auror en activo y miembro de la Orden del Fénix, se había enfrentado a muchas situaciones peligrosas y no dudaba en presionar fuertemente a los chicos. Tenían que estar preparados. Para todo y para más.
Su aspecto, con el hematoma cerca del ojo y el otro en la barbilla, le ganaron unas cuantas miradas curiosas de los otros alumnos, aunque Harry las ignoró totalmente. Su Casa y la gente que le importaba, sabían el porqué. La lección había sido necesaria. No era la primera vez que su Maestro le hablaba de autocontrol, pero sí la que más dura había resultado de soportar. Su pérdida de dominio había sido peligrosa e imperdonable. Nada podía predecir que ocurriría la próxima vez…y tenia poder bruto suficiente para hacer mucho daño a los demás y a si mismo. Desde la mesa de los profesores, Dolores pareció encantada, y Dumbledore, algo sorprendido. En Griffindor, Hermione, de nuevo sentada sola con Neville, tenía aun peor aspecto que la noche anterior, sumando ojeras y palidez a un aspecto descuidado en general, algo muy poco usual en la habitualmente atildada muchacha.
En la primera clase que tuvieron juntos, Hermione le contó en un apresurado cuchicheo en que había consistido su detención y Harry se indignó tanto que desvaneció el pupitre completo, en vez de solo la goma de borrar que Flitwick les había dado para practicar. Si no hubiese tenido una sesión tan intensa como para haber drenado mucho sus reservas de energía mágica, el muchacho no estaba seguro de no haber provocado otro pequeño desastre mágico. Tal y como estaban las cosas, no podía permitirse otro desliz. Cuando el pequeño profesor terminó de felicitarle, exaltado, dándole puntos y recomendándole moderar el "entusiasmo" en sus hechizos, Harry se volvió a Hermione, y murmuró entre dientes, aprovechando el jaleo ocasionado por la práctica generalizada de los hechizos desvanecedores:
-¡Eso es ilegal! Es un Pluma de Sangre. Se usan para firmar ciertos contratos mágicos, cosas muy importantes como herencias, testamentos y cosas así, porque tu sangre y tu magia quedan vinculadas al contrato. Siempre voluntariamente y sabiendo para que fin se han empleado. Pero usarla como instrumento de tortura…
Draco asintió y miro con ojos intensos a la chica:
-Tenemos que decírselo a Ss…al Profesor Snape.
Harry le dio un vistazo con ojos duros al rubio por su desliz pero asintió y sacó de su bolsillo un caramelo de dos colores. En un susurro apagado musitó, separando el extraño dulce en dos pedazos de dos colores y mordiendo la mitad de uno de ellos:
-Toma, rápido…
-¿Tu también Harry?
Hermione había reconocido uno de los productos de los gemelos Weasley y miró vacilante el trozo de dulce mientras Harry la urgía con la mirada. Suspirando, la chica se metió en la boca su pedazo y Harry tragó. Al cabo de unos minutos, el moreno comenzó a sangrar por la nariz y fingió darse un cabezazo con Hermione, que se llevó las manos a la cara horrorizada. En unos segundos, la castaña se unió a la fiesta de la hemoglobina, y gimió sordamente. Con voz afectada, y tendiéndole un pañuelo a Hermione, Draco exclamó suavemente:
-Profesor…me temo que tenemos un pequeño problema por aquí…
Con ojos dilatados como platos, y tras ver que el Episkey era inútil, Flitwick rebotó sobre sus pies y conjurando una caja de tisúes, les mandó a la enfermería, acompañados de Draco. Harry sacó el otro extremo del caramelo apenas doblaron el corredor y se apresuraron por pasadizos y corredores desiertos hacia las mazmorras, limpiándose la cara. Cuando Severus les vio entrar en su despacho, dilató los ojos con sorpresa y se puso en pie exclamando:
-¿Que ha pasado?
Draco le puso al corriente, porque Harry aun peleaba con los restos de su hemorragia nasal y Hermione estaba demasiado nerviosa para hablar. Severus examinó la mano de la muchacha, y trazó un par de hechizos en torno a ella. Se pellizcó el puente de la nariz, y meditó. Aun no había cicatriz visible, pero si dejaban que llegase a eso… Le tendió a Hermione media dosis de poción calmante, y se sentó de nuevo detrás de su mesa. Era todo un dilema. Suspiró suavemente y miró a sus Aprendices y después a Hermione, que empezaba a dejar de temblar.
-Srta Granger, esta es una situación… muy complicada. La creo, por supuesto, no tengo ningún motivo para dudar de su palabra…pero me temo que se enfrenta a una decisión que no puedo tomar por Ud. Si continúa con las detenciones…a final de semana tendrá cicatrices permanentes…y no solo eso. Vera Ud. cuando se usa de esta manera una Pluma de Sangre, esta toma no solo la sangre sino también una pequeñísima parte de su magia, forzándola a una especie de…contrato mágico. Dada la frase escogida…le resultara muy difícil, casi imposible, mentirle a Dolores Umbridge. Y eso la pone no solo a Ud. en peligro, Srta. Granger; además, también a sus amigos.
Hermione boqueó por un instante y luego miró a Harry. No tenía datos ni información para afirmar que las palabras del Profesor fuesen ciertas…pero tampoco que fuesen mentira. Cuando el moreno ojiverde afirmó, la muchacha bajó los ojos un instante y con voz relativamente calmada preguntó:
-¿Y qué me sugiere Ud. que haga, Profesor?
El hombre cruzó los largos dedos entre si y murmuró:
-Este es el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pero…¿Sabe Ud decirme cual es la diferencia entre ambas?
Hermione parpadeó ante el brusco cambio de tópico, pero entro rápidamente en modo respuesta y asintió:
-La Brujería o Hechicería es el grupo de conocimientos prácticos y habilidades mágicas que emplean fundamentalmente con la finalidad de dañar a otros. Y la Magia es el conjunto de conocimientos mediante el cual se tiene la capacidad de alteraciones físicas del medio natural y los seres vivos de toda índole. Actualmente se define a las diferentes ramas de la Brujería como Artes Oscuras.
Los ojos del hombre relucieron peligrosamente bajo sus cejas y susurró sin mover un solo músculo facial:
-Muy bien…entonces…¿En qué categoría clasificaría un hechizo punzante?
-Magia, por supuesto. Es un hechizo de primero, completamente inofensivo, Profesor.
Harry tragó saliva. Un hechizo punzante…Hermione se había metido en un buen lío. Draco miró a su padrino brevemente y reprimió la nausea. Con calma y ojos duros, Severus transformó una hoja de pergamino en una rata, que se irguió curiosa sobre las patas traseras, los bigotes temblorosos. Con deliberación, el hombre apuntó cuidadosamente a la rata y disparó. El animalillo cayó fulminado, uno de los ojos atravesado por el hechizo, rezumando un hilillo de sangre, mezclado a un fluido viscoso y grumos de lo que debía ser masa cerebral. Realmente asqueroso. Con voz calmada, si dejar de estudiar las reacciones de Hermione, Severus continuo su disertación, con el mismo tono con que comparaba las propiedades de las escamas de serpiente marina con las de serpiente arborícola.
-Como puede ver…dependiendo de la zona del impacto, la potencia del hechizo y el tamaño de la víctima, los resultados conseguidos con un hechizo punzante pueden variar desde lesiones graves a mortales. ¿Y qué me dice de un hechizo cortante?
-Artes… Artes Oscuras…
La voz de Hermione ya no sonaba tan categórica o segura. Y Severus conjuró una nueva rata. Esta vez, la durmió y con un preciso y delicado movimiento de varita, abrió un diminuto corte en su costado, que expuso músculos y huesos. Con un Episkey, reparó la herida y Reenervó al animal, que les miró curiosa, agitando los largos bigotes. Con cara confusa, Hermione miró al adulto y este murmuró:
-Srta Granger…si le pidiera que escogiera sin más datos, posible ganador en la batalla entre un Auror y un Sanador…
La muchacha dilató los ojos ante las implicaciones y el hombre afirmó suavemente.
-Un Medimago o un Sanador conocen mejor que nadie el cuerpo y su funcionamiento. Y por supuesto, como detenerlo o alterarlo. Por eso todo Medimago o Sanador oficialmente reconocido ha de realizar al inicio de su entrenamiento un juramento, un juramento inquebrantable, del que nadie habla, comprometiendo su magia para no usar sus conocimientos para dañar a los demás. A menos que sea en defensa propia, claro está. Pocos saben que el bloqueo resultante en su magia es muy restrictivo.
Tras una pausa y mirando atentamente y sucesivamente a los tres adolescentes sentados ante él, suspiró muy levemente y añadió:
-Es poco conocido el hecho, pero cuando se estudian paralelamente Sanación y Maldiciones, se puede ver como derivan unos hechizos de otros, sus relaciones y orígenes. La mayor diferencia entre el Sectum usual, el Sectumsempra y el Scalpelin o el Culteratum es la precisión y la potencia detrás de los hechizos. Dulcis morts tranquillus se emplea previa petición propia, para poner fin a los sufrimientos de pacientes incurables, y está íntimamente relacionado con Avada Kedabra. Realmente, la única diferencia es que los sanadores usan una versión del conjuro no verbal…para no aterrorizar a sus restantes pacientes y que DMT se usa con la varita en contacto directo con el paciente. Realmente, no sabemos qué variante del hechizo fue descubierto primero…Por eso es tan inusual que una misma persona estudie ambas disciplinas, al menos, oficialmente. Un sanador o estudiante de sanación no sería jamás admitido en la Academia de Aurores, no podría desarrollar las labores requeridas, y un Auror no puede esperar ser admitido como estudiante en San Mungo. Los Aurores son los únicos magos autorizados oficialmente al uso de los Tres Imperdonables…aunque este hecho es rara vez difundido fuera del círculo de los Aurores. No está escrito en ningún sitio, pero es la realidad. Se mantiene separado netamente el aprendizaje de ambas ramas de la magia, para que nadie descubra la verdadera relación entre muchos de los hechizos. Es la política…oficial aunque oficiosa del Ministerio.
Hermione tenía la boca abierta y durante un largo rato, tan solo miró a su Profesor, parpadeando lentamente de vez en cuando. Finalmente, la muchacha murmuró apagadamente:
-¿Y Ud…..Ud. como lo sabe, Profesor?
Con sus intensos ojos; oscuros, profundos, dotados de una cualidad casi hipnótica, aun más acentuada por el arco de las negras cejas, y el contraste con la piel pálida; fijos en los dilatados ojos castaños, el hombre esbozó una leve sonrisa irónica y murmuró:
-Porque soy Maestro de Pociones, Sanación…y Artes Oscuras, Srta. Granger. Aunque oficialmente mi único título reconocido es el de Experto en Pociones…
Hermione tragó saliva y susurró mirando a Harry y Draco y de nuevo al adulto:
-Maestro…como…como ¿Maestro y Aprendiz?
Severus esbozó una nueva sonrisa enigmática, y asintió, complacido. Era evidente que el afán de conocimientos de la jovencita la había llevado a leer más de lo estrictamente necesario, e incluso algún que otro libro no expresamente recomendado…
-Precisamente…No puedo ayudarla, no a menos que tenga derecho a ello, Srta. Granger.
Hermione cerró los ojos y suspiró pesadamente. El mundo giraba a su alrededor…agitándose bajo sus pies. Las personas que debían educarla y cuidar de ella…le estaban haciendo daño, al parecer con el respaldo del Ministerio. Harry había escapado de una suerte similar con su resorteo, aunque el Torneo…Pero Hermione había visto como Harry se convertía en alguien mucho mejor, más seguro y maduro, más feliz, desde que era una Serpiente…Y Draco y los demás…eran buenas personas una vez que se les conocía realmente…había nobles corazones detrás de las fachadas frías y escamosas. ¿Qué otra opción tenia? Abrió los ojos apretándola mandíbula ligeramente y murmuró, sin perder de vista al Maestro de Pociones:
-¿Qué tengo que hacer?
Severus sonrió de nuevo, esta vez más perceptiblemente y asintió levemente.
-De momento nada…excepto quedarse esta noche en los cuarteles de Slytherin. Estoy segura de que la Srta Parkingson podrá alojarla sin problemas…a menos que prefiera compartir habitación con Harry y Draco, por supuesto.
Sonrojándose, Hermione denegó, y tras recibir una breve nota manuscrita para Pansy, los tres jóvenes se marcharon a su siguiente clase. Severus se masajeó las sienes, tenían un grave problema, y debían ponerle remedio enseguida. Con un cabeceo y tras verificar que estaba totalmente solo, cerró la estancia y activó el traslador de emergencia. Necesitaba ver a su Maestro. A su Lord.
Tras el regreso de Grimmauld Place, sus pasos le llevaron directamente a sus habitaciones, en busca de Remus y Sirius. Los dos adultos estaban sentados en su saloncito, leyendo un periódico estirado sobre su regazo con las cabezas juntas y Severus rodó los ojos.
-Tenemos un pequeño problema…
Eso captó de inmediatamente la atención de los dos Merodeadores, que con cara culpable, se reordenaron las ropas bajo el periódico y se aproximaron hacia la mesa de comedor, sentándose frente al hombre, con cara preocupada. Con brevedad, Severus expuso la situación, y que la única solución posible era tomar a Hermione como Aprendiza, pero las reglas que regulaban la Maestría le impedían hacerlo a él. Con voz baja, murmuró:
-Riddle se ha ofrecido, pero no es muy…práctico que asuma esa responsabilidad.
Sirius y Remus se miraron el uno al otro y Remus murmuró, razonando acertadamente que para Sirius, ofrecer el contrato sin estar exonerado de sus supuestos delitos, podía resultar más difícil:
-Estoy dispuesto a hacerlo, si es posible que alguien que no es oficialmente Maestro tome un Aprendiz.
Severus asintió y murmuró esbozando una sonrisa.
-Aunque no seas formalmente un Maestro, nadie pondría en duda tu Maestría en Defensa contra las Artes Oscuras y Criaturas Mágicas, Remus. Por supuesto que puedes tomar una Aprendiza. De hecho, eso te haría oficialmente Maestro cuando tu aprendiza termine su periodo de aprendizaje…
Severus esbozó una sonrisa algo amarga, las circunstancias no permitían que se sintiera feliz por algo que suponía un merecido reconocimiento para el licántropo, y comenzaron a hablar sobre las opciones que tenían. Esa noche, desde luego, tenían una agenda agitada.
Tras la cena, y en las habitaciones privadas de Severus, Remus llevó a cabo el ritual con Hermione, tras mostrarle el contrato, en el cual figuraban como testigos Draco y Harry, además de Severus…y Sirius. Había una pequeña anotación incluyendo a N.L.M.B y L.A.M. y T.M.R. como testigos adicionales, y tres rubricas ya figuraban en el documento. Al ser muggles, sus padres no podían ser testigos y tampoco podían interferir. Su estatus como bruja superaba sus derechos como padres biológicos. Pero tenían una pequeña ventaja. Hermione era un año mayor que Harry y Draco, y le faltaban días para cumplir los 16 años, edad a la que un mago podía legalmente emanciparse, aunque hasta los 17 no se le considerase oficialmente adulto. No iban a dejar que esa minucia les detuviera. El contrato se firmaba en ese momento, pero se fechaba el día de su cumpleaños, y en el mismo, Hermione se emancipaba y asumía el rol de Aprendiza de Remus. La muchacha estaba muy nerviosa, pero acabó sonriendo al final y se marchó a la sala común de Slytherin acompañada de Remus, flamante Maestro, que la dejó con Pansy. Tenían que mantenerse en silencio unos días más… Sirius miró a los dos jóvenes aprendices y murmuró sardónicamente:
-Y ahora entrenamiento…
La sesión fue durísima. Los tres hombres les atacaron con todo un arsenal, hasta que los chicos sudaron tinta… y sangre. Severus ni siquiera se había molestado en usar su segunda varita – 38 cm de tejo con incrustaciones de cedro, y núcleo de crin de tresthal y unicornio, flexible, excelente para sanación, aunque también para ataques - pero Sirius estaba deseoso de usar la suya, recientemente adquirida. El núcleo de su varita era muy inusual, porque era semilíquido. Sirius había empleado semen de Remus, para sonrojo del castaño, mezclado a la saliva y al pelaje de su forma de lobo. La madera de su varita era sauce, mezclada con roble, aportando flexibilidad y fuerza a sus 35 cm. Era excelente para magia defensiva y ofensiva, además de transformaciones, aunque un poco temperamental. El licántropo también estaba usando la suya, creada a partir de un mechón de pelo del lobo que le había mordido, unas hebras retenidas entre las manos infantiles de Remus y de las que nunca se había deshecho. En una ocasión, el castaño había murmurado a sus amigos, que lo que no te mata, te hace más fuerte. Y ahora, él llevaba en su varita el recuerdo de lo que le había sucedido. Pero el lobo no era ya su carcelero, no le prohibía o limitaba, el lobo era su fuerza secreta. Las maderas eran tres, sauce, olivo y roble. Buena para encantamientos y transformaciones, además de defensa.
Los hechizos fluían con facilidad de la varita de Sirius, y Remus atacaba aquí y allá, insospechadamente. Severus se había desilusionado y permanecía atento, lanzando de vez en cuando una maldición, por si la intervención de la sala creando obstáculos ni fuese suficiente. Sirius estaba venteando su enojo en su combate y reía con locas carcajadas, la larga melena ondulada suelta al aire. Los chicos comenzaban a estar cansados, y empezaron a refugiarse cada vez más en la defensa, incapaces de lanzar tantos ataques con fluidez y entonces es cuando Severus arremetió con más fuerza. Forzándoles a dividirse, haciéndoles más vulnerables, Severus acorraló a Harry, en un rincón, dejando que Draco se las apañase con Sirius, mientras Remus apoyaba a su pareja, sin dejar de tener parte de su atención en los otros dos. Un enemigo casi invisible…era difícil de rebatir y resollando, Harry se protegió con un escudo general para tomar aliento, mirando a su alrededor, la espalda hacia la esquina. La táctica era buena, pero no contra alguien que se había deslizado de antemano en el único y previsible refugio…Una mano se cerró en torno a su garganta y algo se clavó en su costado y el chico dilató los ojos y jadeó. Con un susurró, Severus murmuró en su oído:
-Vamos, Aprendiz…es solo un cuchillo…aunque la mayoría de magos no saben cómo usarlo, ya sabes que siempre llevo uno o dos encima…
Su maestro le estaba diciendo que pasaban al combate cuerpo a cuerpo, algo que Harry detestaba, y en lo que no se sentía cómodo. Era lógico, era bueno en duelo, pero se bloqueaba en una lucha mano a mano. Estaba lleno de adrenalina, pero ni siquiera eso ayudó. El muchacho dejó ir un gemido ahogado y se debatió torpemente, intentando apartar con el codo el cuchillo que apuntaba a sus costillas, como le habían enseñado, deslizando una mano hacia la que apresaba su garganta. Pero Severus apretó su presa, y con un par de pasos, le estampó contra la pared, forzándole a ladear la cara hacia un lado, sujetándole e inmovilizándole con el peso de su cuerpo. Un ronco gruñido de descontento alertó al muchacho de que su Maestro no estaba muy conforme con su intento y Harry ahogó un nuevo gemido.
-NI siquiera lo estas intentando, Aprendiz…estoy insatisfecho contigo…
Harry jadeó de nuevo, cerrando los ojos y mordiéndose los labios, en lo que podía verse como un gesto de inquietud, su cuerpo temblando apenas perceptiblemente bajo las manos del otro mago. Era muy difícil, mucho y su Maestro no se lo ponía nada fácil, no señor. Quería quedarse así…para siempre. Recobrando un poco el aliento y entreabriendo los ojos, lanzó con más decisión el codo hacia atrás, al tiempo que se arqueaba hacia atrás, usando la pared como apoyo. Esta vez, desvió el cuchillo de sus costillas, aunque su túnica quedó rasgada y la afilada punta trazó una línea sangrienta sobre ellas. Con el espacio ganado al doblarse, y mientras Severus corregía su agarre para volver a incrustar la punta del acero contra él, uso la otra mano y una rodilla para impulsarse fuertemente hacia atrás, desestabilizando a su Maestro y logrando que este soltase su garganta.
Revolviéndose de inmediato, Harry saco de su cinturón su práctica navaja y la esgrimió con más terquedad que verdadera decisión. Los ojos de Severus relucieron por un segundo, antes de entrecerrarse para evaluar el próximo ataque y rápido como el rayo, el cuchillo voló de su mano, clavando a Harry por la ropa de nuevo contra la pared. Mientras el joven trataba de desclavar la hoja, Severus le dio una patada en la muñeca, forzándole soltar su arma, y le cogió por la garganta. Con ojos llenos de pánico, Harry lanzó un rodillazo a la entrepierna, que evitó que su Maestro le apresase contra la pared de nuevo. Gimiendo, Severus se encorvó sobre sí mismo, maldiciendo bajito. Preocupado, Harry se aventuró a acercarse y susurró:
-¿Está bien, Maestro?
Severus aun maldijo un poco más y se levantó un poco, con cara dolorida, asintiendo. Con suavidad, murmuró un hechizo y recobró la vertical. Aun le dolía, pero era soportable. Después de todo, se merecía algo más que eso. Sus ojos relucieron y miró a Harry, que estaba sudoroso y sonrojado, los labios entreabiertos en un leve jadeo y contuvo un nuevo gemido de dolor. Al parecer ni el golpe había sido suficiente para reprimir por completo…ciertas reacciones involuntarias. Harry le puso la mano en el hombro e insistió, sonando muy consternado:
-¿Maestro? Lo siento mucho…
Severus alzó la mano y Harry se calló abruptamente, como le había instruido. Lastimarse uno al otro era una consecuencia inevitable del entrenamiento, una previsible y controlable. Nada de disculpas. No era culpa de nadie. El hombre le miró y dejó que sus ojos vagasen por el rostro del chico antes de esbozar una de sus ligeras sonrisas.
-Me sorprendiste, eso es todo, Harry. Ha sido un buen progreso. Muy bien hecho.-
Le revolvió el pelo húmedo de sudor y el joven sonrió tímidamente, sonrojándose de evidente placer ante el elogio. Severus palpó el leve rasguño de su costado y deslizó su varita por el susurrando un hechizo:
-No olvides ponerte un poco de esencia de ditanny después de ducharte, Harry. No quiero que te quede cicatriz.
El moreno bajó los ojos y susurró:
-No tenemos en nuestro baño, Maestro. Use la que quedaba cuando Neville se enredó con su brote de Sauce Boxeador a finales del curso pasado y…Lo siento, no me acordé de reponerla.
-Mmh… está bien, entonces te la aplicare yo mismo. Ven antes de acostarte. Mañana tendréis que elaborar algo más. Tampoco hay mucha en mi cofre de pociones personal y Poppy la gasta como si fuese azúcar.
Harry asintió en silencio, aun mas sonrojado, y guardó las varitas, tras reparar sus ropas, aunque estas quedaron algo deshilachadas en la zona de la rotura. A este paso, pronto tendría que comprar túnicas nuevas…
Desde su extremo de la habitación privada de entrenamiento de Salazar Slytherin, Remus alzó la cabeza olfateando con intensidad, desviando la atención de Draco. Harry y Severus estaban en pleno duelo, o al menos eso parecía, pero sin embargo…no era eso lo que sus aromas decían ahora. Cuando pasaron al cuerpo a cuerpo, Remus alzó las cejas. Y volviéndose, reprimió un gesto que no sabía si ser una mueca o una sonrisa. De momento, el licántropo guardaba el secreto de todos para sí. Después de todo, aquello podía ser tanto bueno como malo o una tremenda equivocación, sobre todo teniendo en cuenta los aromas que habitualmente percibía en Draco y Harry…pero su cachorro estaba claramente excitado…y Severus parecía acompañarle.
