Solo para que la cosa se aclare más…un tercero entra en escena. ¿Recordáis al mortifago de melena castaña? ¡Pues aquí le tenemos de nuevo! ¡Qué disfrutéis de mi versión de un personaje mal aprovechado!
LA PETICIÓN
Esa misma noche en Malfoy Manor, Draco estaba disfrutando de una cena familiar. Su madre le había malcriado hasta el punto del bochorno durante toda la tarde con sus mimos, pero el rubio estaba feliz de verla. Acababan de terminar la cena, bastante temprana, y estaban sentados todos juntos en uno de los salones favoritos del muchacho, la sala de música, y su madre tocaba el piano, mientras su padre jugueteaba con una copa de licor entre las manos, absorto en la música, con Draco acurrucado a su lado, arrullado por la música y el cálido confort que emanaba del contacto con su padre, que mantenía la otra mano descuidadamente sobre sus hombros. Un elfo entró en silencio, y murmuró unas palabras al oído de su amo, interrumpiendo la paz de la velada íntima. Lucius se irguió y dejó la copa sobre la mesita auxiliar y murmuró en voz clara y audible:
-Hazle pasar al salón azul, Pearl. Y dispón los refrigerios apropiados.
La elfina se inclinó y salió de la estancia. Narcisa dejó de tocar y volvió sus ojos celestes hacia su esposo, con una ceja levemente alzada. Draco se sentó, para permitir que su padre se levantase y contempló curioso a sus padres. Con un carraspeo, Lucius anunció:
-Tenemos una visita inesperada, Cissy. Debemos cambiarnos.
Narcisa elevó aun más la ceja y Draco susurró:
-Me retiro entonces padre…buenas noches…
El joven se había levantado y se acercaba para darle un beso de despedida, cuando Lucius murmuró, evidentemente algo inquieto:
-Tu presencia es requerida, Draco. Atuendo formal, por favor. Dentro de tres cuartos de hora en el salón azul.
Draco inclinó la cabeza respetuosamente ante el tono formal, y asintió sin más preguntas, aunque era evidente que estaba desconcertado. Las dos cejas de Narcisa dibujaron dos arcos simétricos y la mujer vio salir a su confuso hijo por la puerta del gabinete. Girándose hacia su esposo encontró sus ojos grises y este murmuró:
-Nuestro visitante tiene un requerimiento, Cissy. Uno que involucra a Draco.
Lucius ofreció el brazo a su esposa y murmuró:
-Cambiémonos deprisa y tengamos una charla con él antes de que Draco se nos una, querida.
Diez minutos después, la pareja entraba serenamente en el salón azul. Era el salón donde usualmente se realizaban acuerdos y contratos, porque los antiguos hechizos y protecciones impedían que se mintiese en el. Desde luego, uno podía omitir decir la verdad entre sus paredes, pero no falsearla. Todo lo que se dijese en él era verdad, tal vez no toda, pero ya era algo. Lucius vestía de pies a cabeza de negro, con una túnica de tafetán profusamente bordada en azabache en los hombros y parte alta de la espalda, las bocamangas, ruedo y los bordes frontales en que se prolongaba el cuello. Camisa blanca de seda, corbata verde y plata vieja y gemelos con el emblema de su casa y pantalones de Tweed negro, con chaleco a juego. Narcisa lucía un vestido turquesa hasta los tobillos de seda con profusos bordados en tono algo más oscuro en el discreto escote, el ruedo y las mangas ajustadas al brazo. Ceñido al busto y cuerpo, suelto desde la cintura, ganando amplitud hasta el suelo. Y se cubría con una túnica azul de igual tejido, adornada con bordados turquesa en las amplias bocamangas, bordes frontales y ruedo. Llevaba pendientes de aguamarina, con un colgante coordinado montado sobre platino. Y zapatos de tacón confeccionados de tela bordada con strass a juego con el vestido.
Su visitante, un hombre alto, de recias espaldas y cabello castaño con algunas hebras grises, aguardaba de pie en el centro del salón, ignorando al elfo que disponía copas, bebidas variadas y algunas cosas de picar. Lucía una túnica de viaje, de color azul oscuro, con discretos bordados en las mangas y las solapas. Debajo, llevaba un pantalón gris oscuro con chaleco a juego, camisa color celeste y discreta corbata azul. Inclinó levemente la cabeza al oírles entrar y tendió la mano hacia Narcisa. Besando la mano de la dama murmuró:
-Narcisa…tan bella como siempre.
La mujer sonrió levemente, y el hombre se giró hacia su marido, tendiéndole la mano. Con un apretón, en el que ninguno de los dos dejó de mirar a los ojos de otro, los tres dieron por concluidas las formalidades y Lucius ofreció en silencio asiento al hombre. Tras ofrecer y servir una copa para todos, y una vez acomodados e intercambiadas las preguntas corteses de rigor, Lucius carraspeó un poco y murmuró:
-Me ha sorprendido tu visita, Rosier…y más aun, el motivo de la misma.
El castaño dejó la copa de vino a un lado y ladeó levemente la cabeza. Su ojos color hielo estudiaron la figura de Lucius y después la de Narcisa. Con un leve olfateo, el hombretón asintió levemente y murmuró en voz grave y profunda, levemente ronca:
-Créeme Lucius, nadie está más sorprendido que yo. No creí que esto fuese a sucederme a estas alturas…me había resignado…a la soledad.
Narcisa apretó la copa entre sus dedos, muy levemente, y sus ojos relucieron. En un tono calmado, cordial pero frio, la mujer preguntó:
-Que yo sepa, no has tenido contacto con él desde hace tiempo, así que, ¿Cómo ha sucedido esto? ¿Por qué ahora?
El hombre se encogió de hombros y agitó la castaña melena, visiblemente nervioso. Narcisa podía parecer una frágil bailarina comparada con su musculatura, pero nada era comparable a la furia de una madre…
-El Lord quería estar seguro de que conocía el olor de los nuevos miembros del círculo, y me envió una pieza de ropa de cada uno de ellos. De Sirius y de Harry… de Remus... Pero había algo más mezclado con aquellos aromas, atrayente, familiar pero nuevo, pero no podía ponerle rostro o nombre, así que solicité una prenda de todos los habitantes de la casa…Cuando olí la ropa de Draco…me desconcerté. Se parecía al olor que recordaba de él, de niño, pero más maduro, y había cambiado, era ligeramente diferente…Por más vueltas que le daba…no había otra explicación. Draco se está haciendo adulto, está madurando físicamente…el verano que viene cumplirá dieciséis años, es la edad en que las herencias mágicas se activan, cuando se libera plenamente la magia de un joven mago…tan solo le faltará un año para ser legalmente adulto…Lo que olía en el, eran feromonas, llamándome, diciéndome…que él es mi compañero, mi verdadera pareja.
Lucius dejó su copa y miró intensamente a su amigo.
-¿Eres consciente de que Draco no te conoce más que como Elwyn Tusk Rosier? ¿Qué no sabe nada de…tu otra personalidad? ¿Qué es probable que tema a…?
El hombretón bajó la mirada al suelo y asintió. Alzó de nuevo los claros ojos y murmuró:
-Por eso estoy aquí…solo quiero conocerle y darle la oportunidad de conocerme a mí, al verdadero Elwyn, antes de decirle…que también soy…Fenrir Greyback.
Narcisa cruzó las manos sobre el regazo y miró con curiosidad al hombre. Nunca, le había visto vacilar de esa manera, actuar con algo menos que completa seguridad. Elwyn era un líder, y como Fenrir el guía entre gran parte de los suyos, y un mago seguro de sí mismo y de su lugar en el mundo ante la sociedad mágica. Pero como la mayoría de criaturas, ante su pareja se sentía inseguro, sobre todo, porque como hombre lobo, su pareja podía no sentirse atraída por él en absoluto. Es más, dada la mala fama de su especie, el rechazo era más que probable. Y para Rosier, no sería la primera vez que alguien le daba de lado por su condición. Era inusual, pero al parecer, el destino le daba una oportunidad. La mujer se reclinó levemente en su asiento y murmuró:
-¿Sabes que Draco y Harry son los Aprendices de Severus? ¿Y que entre ellos se ha desarrollado…una relación?
El hombre suspiró pesadamente y reordenó el frontal de su túnica, la mirada nuevamente baja. Se deslizó una mano por el espeso cabello, retirándolo hacia atrás y asintió, mirando de nuevo a sus anfitriones. Tragó saliva y susurró:
-Lo sé. También sé que Harry es…familia de nuestro Lord. Que es una pareja mucho más apropiada y ventajosa, en todos los aspectos. Y que mis oportunidades…son casi nulas con Draco.
Elwyn Tusk Rosier, (también conocido desde la muerte de su padre como Fenrir Greyback como hombre lobo) actual Lord Gévaudan, tras el fallecimiento de su padre y hermano y primer heredero, apretó la mandíbula y cuadró los robustos hombros, haciendo marcarse sus músculos bajo la ropa. Sus ojos relucieron, volviéndose más claros y trasparentes y añadió con nueva seguridad:
-Pero no por eso voy a dejar de intentarlo. Es muy raro que un hombre lobo encuentre y cierre el vínculo con su verdadera pareja, y la mayoría nos contentamos con…otras personas. Tengo una oportunidad, por pequeña que sea, de emparejarme con él. Y no voy a renunciar a ella. Por eso estoy aquí. Para exponer mí caso y solicitar acceso formal a él. No puedo pedir más.
Narcisa le miró de arriba abajo y murmuró con una sonrisa helada en sus labios:
-Tócale un solo pelo en contra de su voluntad, Rosier, y te arrancare los testículos para hacértelos comer luego, ¿Esta claro?
El hombre lobo tragó saliva audiblemente y susurró ahogadamente un "Si señora". Lucius deslizó una mano hasta sujetar la de su esposa entre la suya, atrayendo su atención y murmuró:
-Querida, Elwyn es todo un caballero, no hace falta recordarle que Draco es aún menor de edad…ni las normas de estos casos. Entiendo entonces, que propones…un cortejo formal?
-Creo que es lo mejor, pero no quiero que Draco se sienta forzado…quiero que tenga claro que la decisión es suya, completamente suya; ni mía, ni vuestra, suya por entero.
Lucius esbozó una leve sonrisa ladeada y asintió…eso debía de gustarle mucho a su pequeño. La posibilidad de decidir…
-Mi hijo debe estar a punto de llegar, oigamos que tiene que decir…
Draco apresuró el paso por el corredor, sin correr, por supuesto, y llegó poco a poco ante las grandes puertas dobles del salón azul. Sabía cuál era el uso de la estancia, pero estaba confuso sobre porqué se requería su presencia. Aun no tenia edad para entrar en negociaciones comerciales, y el único tipo de contrato en que su palabra podía ser requerido era…El rubio dilató los grises ojos y jadeó con repentina sorpresa. Aun era muy pronto para eso y de todas maneras, él estaba con… No podía ser, ¿verdad?. El joven colocó las manos en el picaporte y respiró hondo un par de veces, antes de abrir con suavidad. Cuando cruzó el umbral de las puertas, tres pares de ojos se volvieron hacia él. Los de sus padres, y los de un hombre tal vez unos pocos años más joven que su padre, que le resultaba vagamente familiar. Con un saludo cortes y una inclinación de cabeza, Draco se acercó a su padre, en el amplio sofá que el matrimonio Malfoy ocupaba frente a su invitado. Mirándole a los ojos, Lucius murmuró en tono formal:
-Draco, ¿recuerdas a Elwyn Tusk Rosier, el actual Lord Gévaudan? Nunca fuisteis formalmente presentados… Hace mucho tiempo, y tú eras muy pequeño aun…
Draco asintió y tendió la mano con cortesía, rebuscando en su memoria.
-Encantado de volver a verle Lord Gévaudan, es un placer.
-El placer es mío, joven Draco. Y por favor, llámame Elwyn, Tusk o Rosier, como prefieras.
Draco se sentó junto a su padre y aguardó expectante, tratando de hacer memoria. Un miembro del círculo interno, parte del pequeño grupo de confianza de Lord. Que el recordara, no había una Lady Gévaudan, ni hijos, pero eso no quería decir nada…habían pasado años, y el hombre podía ser viudo o venir en representación de una sobrina…porque si recordaba que tenía un hermano mayor… Draco se sonrojó levísimamente bajo la intensa mirada de un extraño color azul trasparente del hombre y Lucius estudió los gestos y reacciones de ambos, mientras Narcisa conducía una pequeña charla intrascendente, como buena anfitriona. Elwyn parecía olfatear a cada instante, muy levemente, pero sus ojos se habían vuelto brillantes y relucientes. Draco contestaba con educación, sin dar muestra alguna de saber de qué iba todo aquello, pero sin perder el ligero rubor en las mejillas. Cuando el adulto preguntó por sus hazañas de quidditch, el joven rió suavemente y se distendió en una respuesta más jovial y relajada sobre un tópico más agradable. Eso dio paso a que el rubito contase su aventura con los tresthals, y relatara su vuelo sobre el lago. Elwyn bebió cada palabra, cada gesto, visiblemente complacido, sonriendo ligeramente y asintiendo en los momentos oportunos.
-Tu hijo es un joven valiente, Lucius. Inteligente y valiente. Lo recordaba como un pilluelo travieso e inquieto, de encantadora sonrisa. Se convertirá en un elegante caballero, estoy seguro.
Draco no pudo evitar removerse ligeramente ante el elogio y sonrió suavemente. Lucius alzó levemente una ceja y esbozó una sonrisa ladeada. Con tono ligeramente reservado comenzó a hablar.
-Draco, hijo mío, Lord Gévaudan nos ha hecho una propuesta, una que requiere tu aceptación.
Draco se irguió junto a su padre, colocando las manos en el regazo e inclinó levemente la cabeza ante el hombre. Sus sospechas habían sido acertadas. El nombre de la novia ni siquiera había sido mencionado ante él, probablemente sus padres habían dado su conformidad antes de su llegada. Con un hilo de voz, pero sin dejar traslucir emoción alguna, se giró hacia su padre y susurró:
-Haré lo que ordenes, padre. Sé cuál es mi deber. Pero mi contrato…supone una demora necesaria.
Lucius asintió. Como todos los hijos de la buena sociedad, Draco sabía que el matrimonio tenía muy poco que ver con sus sentimientos, y todo con las relaciones de la familia. Al ser un Aprendiz, su círculo de posibilidades se estrechaba aun más…Harry era una de ellas y al parecer, una que sería bien aceptada…Pero Lucius nunca había deseado imponer algo tan frio a su único hijo…dentro de lo razonable, Draco debía ser capaz de escoger a quien más le agradase. Con calma, el patriarca de los Malfoy añadió, sin dejar de mirar a los ojos de su hijo, súbitamente desprovistos de lustre y brillo:
-Me agrada oírte decir eso Draco. Pero el caso es un tanto…peculiar. Elwyn Tusk Rosier y actual Lord Gévaudan ha solicitado…permiso para cortejarte formalmente Draco. Un cortejo abierto. Si la oferta no es de tu agrado, puedes rechazarla, nadie va a presionarte. Si la aceptas, tampoco estás obligado a nada. En cualquier momento, puedes decidir terminar el proceso, sin repercusiones. Lord Gévaudan no quiere forzarte a admitirle como pretendiente, ni como esposo, si llegase el caso. Y yo tampoco voy a hacerlo. La decisión es tuya, Draco. Solo tuya.
El muchacho había abierto ligeramente la boca, y miraba atónito a su padre y al hombre que había formulado tan extraña petición, perdida por un instante la compostura. Cerrando la boca y recobrando un gesto más calmado, Draco miró de nuevo al hombre, de arriba abajo, con nuevos ojos, cruzando el azul con el gris de su mirada. En su sociedad, aquello era lo más parecido a una declaración de amor formal…pero…era imposible, apenas se conocían…Al menos, era un hombre y físicamente agraciado…El rubor se intensificó en sus pálidas mejillas cuando Draco imaginó fugazmente como debían ser los músculos cubiertos por aquellas ropas y el rubio heredero bajó la cabeza levemente…Lord Gévaudan tenía todas las ventajas de su parte, era adulto, y podía sencillamente haber solicitado su mano, sin darle opción; e imponer sus condiciones, negociar el contrato matrimonial con sus padres, sin pedirle su opinión, puesto que no era necesaria. El cortejo suponía una molestia innecesaria. Algo rescatado de tiempos pasados. Su oferta…era inusitada y generosa, muy considerada para con él. A Draco le gustó la sensación que crecía en su estómago, una que le decía que el otro le respetaba como para considerarle su igual…para darle poder en la negociación, cuando realmente en sus circunstancias, la mayoría de jóvenes no tienen opción alguna. Con una sonrisa lenta, que creció hasta que iluminó sus ojos con nueva luz, Draco susurró:
-Me siento honrado y halagado de ser merecedor de la atención de alguien como Ud., Lord Gévaudan. Valoro y agradezco la opción que me brinda con su generosidad… pero también me siento un tanto desconcertado de oír la propuesta de entrar en un cortejo tan…poco habitual…
Mirando a sus padres, el muchacho susurró:
-¿Podría…hablar unos minutos a solas con Lord Gévaudan? ¿Por favor?
Los azules ojos del hombre relucieron y su rostro varonil, de fuerte mandíbula y rasgos marcados, se cubrió de una semisonrisa que dejó ver una dentadura fuerte y blanca. El hombre inclinó levemente la cabeza y miró de nuevo a los ojos de mercurio, levemente manchados de pequeñas motas de azul, y murmuró en voz grave pero suave:
-Por favor…omite el tratamiento, te lo ruego…Draco.
Draco asintió suavemente y murmuró su nombre lentamente:
-Como desee, Elwyn…
Narcisa pareció sorprendida, pero Lucius asintió antes de que su mujer pudiese negarse.
-Quince minutos. En este salón. Después volveré a por ti, Draco. Y Mafalda se quedara todo el rato con vosotros. No me defraudes…
El joven asintió rápidamente y aunque su madre miraba con aire asesino al último de los Rosier, no dijo nada. Una anciana elfina, se presentó ante Lord Malfoy y escuchó atentamente las instrucciones. Había sido carabina de los jóvenes Malfoy durante tres generaciones, vigilando por el cumplimiento del protocolo en todos los compromisos de la familia, y velando por el honor de sus cargos. Incluso había sido solicitada para similares servicios por otras familias de prestigio, en ciertos enlaces muy importantes. Era vieja, pero determinada, y apretándose el lazo del delantal blanco que ajustaba a su cintura la toalla que llevaba enrollada a modo de toga, se sentó en un rincón del sofá que ocupaba Draco, sacando una labor de calceta de un bolsillo del delantal, ignorando aparentemente a todos, mientras sus padres abandonaban el salón.
Elwyn se levantó de su asiento e hizo un gesto indicando el sofá y preguntó:
-¿Puedo?
-Por favor…
Tras mirar unos segundos al hombre sentado ahora a su lado, Draco murmuró suavemente:
-Quisiera saber que espera de mí, y por qué me ha escogido, Elwyn.
El hombre pareció meditar su respuesta y Draco supo que parte de ella al menos, le resultaba incómoda. Era evidente que fuese cual fuese el motivo, no todo iba a ser revelado…Frustrado, la magia de la sala no la había afectado tanto antes, el hombre se pasó la mano por el cabello, y se mordió los labios. Le miró con aire desesperado, realmente desesperado y murmuró:
-No puedo darte las respuestas al porque…aun, Draco. Y lo siento. Porque realmente me gustaría poder dártelas. Pero aun no es el momento. Y dejándome llevar por mis más locas esperanzas…desearía que al final de esto, si me aceptas…me amases, Draco. Merecer tu amor es la meta.
El joven ladeó la cabeza cada vez mas intrigado y susurró:
-¿Quiere decir…que está…enamorado de mí?
El hombre de cabello castaño claro, matizado de leves hebras grises, murmuró esbozando una sonrisa tímida:
-No puedo pretender tal cosa cuando apenas hace unos minutos que te conozco; mis recuerdo de ti son los de un niño dulce, vivaracho y encantador Draco, y ahora eres casi un hombre, una persona completamente diferente…y sin embargo, me siento fuertemente atraído hacia ti. Con un poco de tiempo…no dudo de que me enamoraré de ti, Draco. Eres… muy atractivo, e inteligente. Valiente y fuerte. Solo quiero tener la oportunidad de conocerte mejor y descubrirte, Draco.
El rubio asintió y recolocó las manos sobre el regazo, mirando al hombre. Con un susurró y sin dejar de mirarle musitó, la cabeza alta y los ojos relucientes:
-¿Conoce al otro aprendiz de mi Maestro?
Los ojos color aguamarina se cubrieron de una ligera sombra, pero el hombre asintió ligeramente, murmurando con tono calmado y neutral:
-No hemos sido presentados formalmente, pero si, se quién es. Nuestro Lord me asignó como tarea conocer a todos los miembros de su nuevo círculo y Harry Potter forma parte de él.
Draco estudió el rostro varonil ante él. Había esperado una demanda inmediata de fidelidad, después de todo, si el cortejo llegaba a buen fin, el hombre sería su esposo, y siendo el mayor de ambos, el cabeza de familia según la ley. Decidido a tener sus respuestas, el rubio decidió que la franqueza y ausencia de tacto de un Griffindor eran requeridas y murmuró, manteniendo la mirada fija en su pretendiente:
-¿Le molesta la idea de que él y yo…tengamos actualmente relaciones íntimas?
Elwyn dilató los ojos un instante y bajó la cabeza, visiblemente turbado y murmuró:
-¿Le quieres? Dímelo y me haré a un lado…tus padres no tienen que saber nada…en unas semanas les diré que no quiero seguir con esto y no te molestaré más. Tu felicidad es más importante que la mía, Draco y si Harry es el que puede dártela…me haré a un lado…
Draco estaba realmente confuso…algo no encajaba…era demasiado bueno para ser verdad. Pese a lo blatante de sus palabras…¿Nada de demandas ni furibundas amenazas contra su amante adolescente? Vale, Harry tenía detrás de él el respaldo del Lord…tal vez no era sensato proferir ninguna acusación en su contra…No sería la primera vez que un mago se quitaba de en medio un posible competidor en una situación como esta, simplemente, con coacciones. Y sin embargo…se le ofrecía la posibilidad de continuar con él?. El hombre seguía con la mirada baja, visiblemente abatido y Draco susurró suavemente:
-Elwyn…mi relación con Harry es… muy complicada…en parte por mi culpa, pero de una cosa estoy seguro…le quiero…
El hombre pareció encogerse en su sitio y Draco creyó ver un temblor en sus fuertes hombros.
-…pero tal vez mas como a un miembro de la familia que como a un amante…aunque hayamos mezclado el sexo en nuestra relación. La verdad, tal vez deberíamos dejarlo…pero por otro lado…había creído que…
Draco se calló, dejando vagar sus ojos por el fuego de la chimenea. Se había hecho a la idea de un compromiso con Harry, realmente, y era extraño pensar en otra posibilidad. El hombre asintió, los ojos azul hielo levemente esperanzados al buscar los grises del muchacho y murmuró apresuradamente:
-Recuerdo lo que es ser adolescente, Draco, y también sé lo que es tener una pareja…sin verdadero amor. Solo hormonas y calor…Y si los dos tenéis la fuerte relación habitual entre Aprendices… es fácil confundirse. No te culpo. Es natural y comprensible, por supuesto…Lo entiendo…
Draco le miró, el hombre estaba sonrojado y nervioso y dejándose llevar por un impulso, se inclinó a besarle en los labios, acallándole. Fue solo un roce, muy suave, tan rápido que Mafalda no tuvo tiempo ni de protestar. La elfina se encogió de hombros y continúo haciendo ganchillo. Solo un roce de labios, ni siquiera se habían abrazado. Era admisible. No en público, desde luego, pero estaban en privado. Los ojos –dos pedazos de hielo, ensombrecido ahora - estaban completamente dilatados, y aquellos labios, entreabiertos. Elwyn se había quedado…de piedra y Draco, completamente sonrojado, enlazó la mano en la del hombre y susurró:
-Hablaré con Harry. Lo nuestro...entiendo que es un error por mi parte, no había querido admitirlo…Conociéndolo, no tiene de que preocuparse. Realmente, tiene un fuerte complejo protector, me temo. Así que es muy posible que le someta al tercer grado...
Sonriendo suavemente, apretando ligeramente la mano del hombre entre sus dedos, el rubio adolescente susurró suavemente:
-Acepto y espero no defraudarle, Lord Gévaudan…aunque no sé lo saldrá de esto…
El hombre se inclinó sobre Draco, besándole suavemente de nuevo, lamiendo ligeramente sus rosados labios de seda antes de provocar el carraspeo admonitorio de Mafalda. Draco sonrió apaciblemente y sus ojos grises relucieron, oscurecidos hasta parecer de plomo. Elwyn apretó su mano sobre la del muchacho, englobándola entre ambas y mirándole intensamente murmuró:
-Estoy muy contento de que me des esta oportunidad…es todo lo que pido, Draco. Una oportunidad.
Tras una leve pausa y sin dejar de mirarle a los ojos, Lord Gévaudan murmuró con aire realmente conspiratorio:
-¿Cómo van tus estudios de Transformaciones? ¿Algún progreso en animagia?
Draco ladeó la cabeza ante él súbito cambio de tópico, pero sus ojos relucieron y asintió con una sonrisa radiante. Le gustaba la sensación de atraer la atención de alguien, por si mismo, y se perdió en una calurosa explicación sobre sus progresos. Tras unos minutos el joven preguntó con curiosidad ante la mirada cada vez más interesada del hombre:
¿Y Ud, Elwyn? ¿Es Ud. animago?
El hombre asintió sonriente y murmuró extendiendo la mano ante él
-Si lo soy…
El dorso de la mano se cubrió de corto pelo, ascendiendo rápidamente por la muñeca hasta el antebrazo, y las uñas se oscurecieron, haciéndose más largas y curvadas. Draco contempló atentamente el fenómeno, y con mucho cuidado, deslizó la yema de los dedos por el pelaje, de color castaño muy claro en la mano, casi crema, pero con sombras hacia el gris en el antebrazo, pasando por toda una escala de mezcla entre ambos. Elwyn sonrío ante la cara de asombro y delicia del muchacho y este continúo acariciando el parche de pelaje. Ambos estaban tan ensimismados, Draco murmurando hipótesis y descartándolas sobre la marcha casi al mismo tiempo, el adulto disfrutando del suave e inocente contacto, que ninguno notó la entrada de Lucius Malfoy. El hombre se paró en el umbral, y contempló con aire curioso como su hijo manoseaba y daba vueltas entre sus manos a una de las manos de Lord Gévaudan y preguntaba con aire intrigado, completamente absorbido:
-¿Puede ser alguna clase de ciervo?
El hombre rió con franqueza, dejando ir la cabeza atrás, en una carcajada sonora, relajada y distendida y Draco se enfurruñó, mirándole de reojo, antes de reírse alegremente también. Lucius carraspeó y su hijo alzó la mirada súbitamente, aun sosteniendo entre sus manos la del hombre. Mafalda se mantuvo sentada en su rincón y miró un instante a su amo, para después retornar a su aparente indiferencia y su labor de calceta. Bien, al parecer, nada había sucedido…nada fuera de lo permitido, se corrigió a si mismo Lucius. Sentándose frente a la pareja, mirando a uno y otro, el hombre rubio platino sonrió levemente y murmuró:
-Supongo entonces, que debo informar al Lord de estas nuevas circunstancias…Lord Gévaudan.
Ambos adultos estrecharon las manos, y se levantaron. Cuando acompañaron a su huésped hasta el salón donde se encontraba la chimenea conectada a la red pública Floo, el castaño se giró hacia Draco y este le ofreció la mano cortésmente, murmurando un suave hasta la vista. Mientras aun estrechaba la mano del joven, Elwyn se inclinó y le besó la mejilla, arrancándole un estremecimiento y deslizó la mano por su cabello platino susurrando en su oído:
-Hasta la vista, mi pequeño y fiero Dragón.
Y el hombre, aun sonriente, desapareció entre las llamas verdes, ante la atónita mirada de dos pares de ojos grises.
