Bueno, Draco no se opone precisamente a su cortejo…
CONFESIONES EN GRIMMAULD PLACE
La llegada de Remus, Sirius y Hermione a Grimmauld Place supuso toda una novedad en la antigua casa. La joven aprendiza se enfrentó por vez primera a Tom Marvolo Riddle, alias Tyrone Michael Ryan, también conocido como Lord Voldemort. Su apariencia ya por completo restaurada y humana, facilitó que la joven al menos no se sintiese repelida y Riddle hizo gala de su mejor sonrisa, gratamente sorprendido. Hermione se mostró encantada al ver la biblioteca Black, y se instaló en el único dormitorio libre en la tercera planta. Adyacente al de Riddle y el más cercano al de su Maestro disponible. Durante el resto de la noche, y durante la cena, Riddle se interesó por conocer y preguntar detalles del inicio de curso, de la amistad y relación de la joven con Harry y Draco, sus padres; llegando al extremo de examinar personalmente las huellas de las escasas sesiones de detenciones con Dolores Umbridge, acariciando delicadamente la piel del dorso de la mano de la muchacha.
Remus alzó una ceja, visiblemente perplejo, llegado un momento, y completamente desconcertado por la casi excesiva atención del Lord. Sin embargo, no dijo nada y Hermione se retiró con su permiso, quedando excusada de esperarle, ya que Remus quería hablar con Riddle. Sirius miró a uno y a otro, y frunció el ceño. Se olía un enfrentamiento, y se sirvió una copa de vino, reclinándose en la mesa. Remus sabía que algo extraño sucedía y miró ceñudo al hombre. Este se negó a responder con claridad, murmurando que simplemente, Hermione tenía una personalidad interesante. Sin embargo, sí que advirtió a Remus y a Sirius, de que en esas fiestas, esperaba la presencia más o menos asidua en la casa, del tercer miembro masculino de su antiguo círculo de confianza. Sirius asintió, y rebuscó en su memoria datos sobre el hombre. Aparentemente neutral en el plano político, aunque distanciado de la posición aperturista de Dumbledore. Su padre había sido más claramente militante de la facción opuesta y su hermano mayor había sido un conocido mortifago, ambos fallecidos en la 1ª guerra. Su familia, acaudalada y de raíces francesas como los Malfoy, era más discreta y menos notoria, pero muy tradicional, claramente a favor de la preservación de las antiguas tradiciones ancestrales. El hombre no había cursado estudios en Hogwarts, a diferencia de su hermano, sino en Beauxbatons, aparentemente preparándole para hacerse cargo de los negocios y posesiones que aun mantenía la familia en Francia, mientras su hermano era designado heredero del título y las propiedades en Inglaterra, como Lord Gévaudan. Sirius recordaba a Evans Rosier, su hermano, de la época de Hogwarts. Era unos años mayor que ellos, musculoso y muy metido en las Artes oscuras, buen duelista. Nunca hablaba de su hermano, y su simple mención parecía sacarle de sus casillas.
Con un seco gruñido, el licántropo había abandonado la cocina, seguido de Sirius que dedicó una mirada curiosa al Riddle. Remus comprobó que Hermione estaba bien, y trazó un par de barreras de vigilancia en torno a su puerta. Alzando una ceja en muda pregunta, Sirius miró a su pareja y el castaño gruño entre dientes:
-¿Es que no lo has visto? ¡Se moría por clavarle el diente!
Sirius puso una cara cómica, entre sorpresa, risa, y estupor y Remus le empujó hacia el dormitorio. Realmente…dicho así…sonaba raro, pero era lo que sus instintos clamaban y Remus se fiaba mucho de ellos.
Por la mañana, Hermione les sorprendió a todos con unas bandejas de desayuno, incluso una para Riddle, que había dejado previamente, transportadas por los elfos. En apacible relax familiar, los tres desayunaron, sentados sobre la cama de Sirius y Remus, mientras Dobby contaba anécdotas de James Potter y de Harry. Dobby era el último hijo de la elfina Daisy, la nanny que había acompañado desde su nacimiento al bebé, y que había continuado sus labores tras la adopción, como un regalo entre hermanas.
A menudo ayudaba a su madre, pese a que su ama Cassiopeia no le había encomendado expresamente esas labores, escapándose de su propia casa para ir a ver al que consideraba parte de su familia y por lo tanto, también su amo. Cuando Harry nació, Dobby se escabulló a la casa vacía y cerrada de su ama y le contó a su retrato como era el pequeño Harry, y en la distancia, el elfo siempre que podía, se escapaba de Malfoy Manor para hacer una discreta visita, sin entrometerse. Si Harry hubiese estado con una familia de magos, tal vez Dobby se hubiese atrevido a hacerse visible y hablar con él, pero el niño ya tenía bastantes problemas sin que el elfo le ocasionase más. Ni él ni su madre hubiese podido revelar el secreto de su ascendencia…hasta un elfo puede ser obliviado. Y lo habían sido, rigurosamente. Pero ni la ausencia de recuerdos puede cortar el vínculo entre un elfo y sus amos…y Dobby siempre sintió una extraña nostalgia y un afecto inexplicable por James Potter. Que había pasado por entero a Harry. Y James nunca dio muestras de pensar que Charlus Potter y Dorea Black no eran sus padres biológicos… Cassiopeia había cubierto bien su rastro, y la adopción de James no era oficial en ningún documento, simplemente… se había realizado. El ritual usado había añadido un nuevo par de padre y madre a la línea de James, sin remover su verdadera ascendencia. Nadie descubriría la verdad con las pruebas usuales…había que buscar más a fondo.
Hermione se mostró encantada con la Biblioteca, y exploró curiosa entre los numerosos tomos, sobresaltándose cuando Riddle apareció para anunciar que el almuerzo estaba listo. Acompañando al hombre, se reunieron todos en la cocina, y la castaña parloteó excitadamente sobre sus hallazgos. Severus y Harry aparecieron poco antes del té, y Hermione les saludó, arrastrando al moreno a su cuarto para dejar el equipaje. Juntos, subieron al ático y se rieron un rato, mientras los adultos hablaban entre ellos. Finalmente, casi en tromba, Draco subió las escaleras y exclamó desde la puerta:
-¡Harry!
Para lanzarse acto seguido a sus brazos. Harry rió con franqueza, y Hermione rodó los ojos. Draco se recompuso un poco y musitó suavemente, algo sonrojado:
-Hola Hermione, no te había visto…
Con una sonrisa, la castaña le revolvió el largo pelo platino y murmuró, besándole suavemente la mejilla:
-Yo también me alegro de verte, Draco.
No pasó mucho tiempo sin que les llamasen a cenar, y los tres bajaron charlando animadamente entre ellos, aunque Hermione podía decir que Draco se moría de ganas de hablar a solas con Harry. La cena fue…extrañamente tensa. Lord Riddle estaba silencioso, más de lo usual. Severus parecía distante, y los intentos de su aprendiz de hacerle participar en la conversación fueron infructuosos. Las reiteradas miradas de Riddle a Draco y Harry, y después a Lucius y Narcisa, acabaron por llamar la atención incluso de Sirius, que contemplaba fascinado como los ojos azules espiaban de nuevo algo en el rostro de los adolescentes y de nuevo se giraban hacia los Malfoy.
Harry se había sentado más rígidamente en un momento dado, mirando a su abuelo con rostro serio, y el hombre esquivó sus ojos, hundiéndolos en su copa. Remus alzó imperceptiblemente una ceja. Había mucha tensión acumulada esa noche…Draco estaba impaciente, bullente, Harry aguardaba algo más calmado…Riddle acechaba sin duda algo y los Malfoy tenían puestas sendas caras de póker…Severus estaba tenso, por debajo de su aparente indiferencia, y los tres restantes, contemplaban fascinados el espectáculo. Cuando Severus murmuró, que dado que eran las vacaciones de Navidad, los chicos quedaba relevados de cualquier obligación, Draco sonrió radiantemente y levantándose, arrastró a Harry con él, exclamando apresuradamente un saludo de buenas noches para todos, sin dar tiempo ni a que Harry dejase su servilleta, que calló lentamente al suelo, revoloteando, junto a la puerta.
Sin tiempo ni para protestar, Harry se encontró en su cuarto, mientras Draco cerraba firmemente la puerta y exclamaba aliviado:
-¡Por fin solos!
Harry se sonrojó ligeramente y miró con aire confuso y azorado al rubio, y este le arrastró a la cama, tirándole sobre esta sin muchos miramientos. El moreno inició una ambigua protesta, cuando Draco le abrazó fuertemente y acalló sus quejas, metiéndole inadvertidamente en la boca un buen puñado de su largo pelo. Tosiendo y escupiendo, Harry se acomodó, presionado por las manos impacientes del otro, mientras Draco se quitaba los zapatos apresuradamente y se deshacía de los del moreno, acopiando almohadas detrás de ellos. Aun sonrojado, el ojiverde murmuró su nombre en tono casi suplicante y el rubio le sonrío suavemente:
-Tengo muchas cosas que contarte, Harry… no te lo vas a creer…pero…¡Me han pedido en cortejo formal!
Harry dilató los ojos, sabía lo que eso implicaba y jadeó, reacomodándose mejor.
-¿Quién?
Draco sonrió travieso y se mordió la lengua, denegando. El ojiverde entendió que no podía decirle el nombre, de momento…hasta que la cosa fuese oficial y le escrutó con atención. Su amigo no parecía...contrariado o disgustado…
-¡Olvida eso! …¿Tú…tú estás contento?
Draco asintió y sonrió de oreja a oreja, susurrando con rostro arrebolado:
-Es un hombre, Harry…un hombre! Algo más joven que mi padre, o eso creo…alto, fuerte y…muy…muy atractivo.
El sonrojo se hizo tan intenso que Draco alcanzó un color casi fresa, y murmuró con ojos brillantes, inclinándose hacia adelante con aire misterioso:
-Y como besa…Harry… nunca he sentido nada igual…nunca, Harry…¡Estaba ardiendo por dentro y solo fue poco más que un beso en los labios!
El moreno parpadeó asombrado y boquiabierto, y asintió sin palabras. Draco se rió suavemente, dejándose caer en la cama, pataleando y exclamando, cada vez más excitado y nervioso:
-¡Me quiere por mi! ¡Quiere conocerme! ¡A mí! ¡A Draco! ¡QUIERE QUE ME ENAMORE DE ÉL!
Harry sabia que el verdadero amor entre los matrimonios de la buena sociedad, en su mayoría concertados, era algo raro. La mayoría de cónyuges se respetaban y en muchas ocasiones, eran muy buenos amigos; pero el verdadero amor a menudo era algo que debía buscarse fuera de los lazos conyugales. A menos que el matrimonio se celebrase bajo los antiguos rituales, cada vez menos frecuentes por estar casi todos prohibidos. En los cuales el género no era un factor a tener en cuenta, y que creaban una profunda unión de afecto mutuo entre los cónyuges, indistinguible del amor verdadero. Era uno de los absurdos del nuevo orden, respetar un parte de las tradiciones, e ignorar la otra. Como Aprendices, se esperaba de ellos que su matrimonio fuese con otros aprendices, hijos, sobrinos u otros parientes de su Maestro, o del círculo cercano a la familia, siguiendo con la tradición de enlaces concertados. Harry y Draco habían sido la primera opción el uno para el otro, especialmente porque que eran "altamente compatibles" y ninguno parecía rechazar la posibilidad a juzgar por su cercana relación. Y porque el estrecho vínculo entre Aprendices a menudo deriva en amor romántico. La proximidad, la intimidad, crecer juntos y en el mismo entorno que la familia de su Maestro…todo ayudaba a crear afecto entre Aprendices y otros jóvenes bajo el mismo techo y si este no era filial… Probablemente nadie les hubiera obligado a ello, pero de seguro que los adultos lo habían pensado más de una vez. Cuando Draco dejó de reír nerviosamente y se calmó un poco, el pecho aun agitado por su respiración entrecortada, se giró sobre sí mismo, tumbado sobre un costado, la cabeza apoyada en la almohada, y los ojos fijos en los de su amigo. Harry no parecía triste, ni enfadado, tan solo sorprendido y Draco deslizó una mano muy suavemente por su negra cabellera, apartando los rizados mechones de su frente. Con un suspiro, el rubio murmuró:
-Ry…lo siento mucho…He sido un estúpido egoísta y he complicado las cosas innecesariamente para los dos…yo…
El moreno se inclinó hacia adelante y rozó sus labios con los suyos, casta y muy delicadamente, acallándole, y esbozó una suave sonrisa. Sus ojos estaban llenos de ternura, de afecto y de cariño, reluciendo bajo sus pestañas negras. Colocando su mano sobre la de Draco, el moreno murmuró dulcemente:
-Habría sido feliz contigo Dray, no me cabe duda. Pero esta ocasión…es única, Dray. Si ese hombre te estima tanto como para ofrecerte este cortejo, sin duda siente algo especial por ti.
Harry suspiró muy levemente y su voz se hizo poco más que un susurro, sus ojos levemente llenos de añoranza ahora:
-Es tu oportunidad de encontrar el verdadero amor, Draco, aprovéchala bien…
Su compañero le miró largamente, mirándose en los ojos de esmeralda, ligeramente húmedos, y susurró con un hilo de voz, los ojos de mercurio sombreados por infinitas dudas:
-Ry…¿Me dejaste hacerlo...porque te sentías obligado a ello?
Harry acarició el cabello platino, muy suavemente y denegó, apoyando su frente un instante en la del otro muchacho con una casi inaudible exhalación, antes de volver a mirar a los ojos de Draco.
-Sin obligaciones, remordimientos ni dudas, Dray. Me has enseñado a conocer mi propio cuerpo, a disfrutar de lo que me había sido negado antes, y por eso, no puedo decir que nada de lo que ha sucedido entre nosotros sea menos que precioso para mí. Siempre recordare nuestro momentos juntos con cariño…porque te quiero, Draco, y siempre te querré. Tal vez no como a un amante… pero si como….como...
Draco suspiró, y los ojos grises relucieron viendo la tristeza en los del otro y añadió con un susurró casi inaudible…
- como.…a un primo …
Harry se dejó acariciar por el otro, emitiendo un ahogado sollozo y Draco besó suave y delicadamente sus labios rojos, con infinita ternura, porque eso nunca desaparecería ente ellos, no importaba lo que sucediese; y acomodó entre sus brazos al otro, acariciando sus cabellos negros notando ahora las lágrimas humedecer sus ropas. Con un gemido angustiado, el moreno hundió aun más el rostro en las ropas de Draco y este susurró:
-Desearía que tú también encontraras algo así, Ry…Se que últimamente…te has dado cuenta de que sientes algo… por alguien más…¿Seguro que no quieres decirme quién…quién es?
Harry denegó acurrucado en el pecho de Draco y susurró con voz nasal:
-Es imposible Dray… mi sueño es imposible…nunca me vera de esa manera…
