UN trocito más…. Y al final la mención de los que leen, revisan o ponen este fic entre sus favoritos… Gracias a todos y todas.

SOCIEDAD Y PROPIEDAD

Nadie que hubiese sido invitado a la fiesta de fin de año de los Malfoy hubiese dejado de asistir. Era un suicidio social. Las costureras y sastres retocaban afanosamente las túnicas de fiesta y las familias rebuscaban sus mejores joyas para la ocasión. Hacía años que Malfoy Manor no se abría para un baile de gala de tanta resonancia. Y mucho menos, ofreciendo a todos los invitados la posibilidad de pasar la noche entre sus muros. Pese a todas las explicaciones de sus padres, su maestro y su abuelo, Harry estaba nervioso por la fiesta y la presentación. Odiaba ser el centro de atención, pero al menos, esta vez, Draco y Hermione estarían con él. Y todos los jóvenes de buena familia pasaban por esta experiencia, más tarde o más temprano. Algunos de sus amigos del colegio estarían también en la fiesta, aunque no se les permitiera quedarse con los adultos hasta el final. Los Zabini, Nott, Montague, Greengrass, Bulstrode y Parkinson estaban invitados. Al igual que los Longbottom, Bones, Lovegood, Turpin, Tonks, Johnson…Y ex - alumnos también. Oliver Wood y Marcus Flint…entre otros.

Harry se miró de nuevo en el gran espejo de su padre, mordiéndose nerviosamente el labio, mientras Sirius repasaba su cabello, largo hasta media espalda como era tradicional en los jefes de casa y sus herederos al ser presentados como adultos. Era costumbre que los padres ayudasen a sus hijos a prepararse, casi como en una boda y que las madres lo hiciesen con sus hijas. Así que Narcisa estaba muy ocupada con Hermione, en el papel de la mujer adulta más cercana de la familia –Remus no podía asistirla- y Lucius se encargaba de Draco. Su largo cabello negro y lleno de bucles había sido cepillado cuidadosamente, hasta hacerlo relucir, tras un baño lleno de rituales simbólicos. El último baño como adolescente. El último que requeriría explícitamente la ayuda de un pariente…hasta el momento de prepararse para su boda. Su primer afeitado, con una navaja tradicional, y a manos de su padre, aunque aun no lo necesitaba. Su presentación formal en sociedad representaba el comienzo de la madurez y para la mayoría de los jóvenes varones ocurría en el verano de su 6º curso, con independencia de cuando cumpliesen los 17 años. Al finalizar el 7º curso de la escuela, entrarían en el mundo de los adultos, el mundo real, definitivamente, y esa era su introducción social. Para las chicas, a veces se hacia la presentación a una edad más temprana, sobre todo si la familia aspiraba a casar a la joven con alguien en concreto y no era raro que se las introdujera en sociedad con 15 años o incluso menos, aunque la mayoría también esperaban a que tuviesen 16. Así podían recibir ofertas de matrimonio de una mayor amplitud de candidatos.

Sirius le ayudó a vestirse cuidadosamente, con la elegante camisa de seda blanca, la pajarita, el chaleco negro sobre los perfectamente planchados pantalones, la túnica de gala, verde oscura, con profusos bordados, con el escudo de la familia y motivos alegóricos diversos. Colocó con cuidado los gemelos en los puños de la camisa, el prendedor de la túnica, y el relicario de Slytherin. Le tendió los guantes y Harry se los ajustó cuidadosamente. Los anillos se hicieron visibles, sobre la blanca tela, porque era la voluntad de su dueño exhibirlos orgullosamente. Sirius contempló a su hijo, los azules ojos rebosantes de orgullo paternal y sonriendo suavemente, le abrazó con fuerza, murmurando:

-Estas fantástico, Harry. ¿Verdad James?

Desde el único retrato del dormitorio que colgaba en la pared de la zona de estar de la habitación de los merodeadores, James y Lily asintieron entusiásticamente, elogiando a su hijo calurosamente. Su cuadro había sido desplazado hasta la habitación para la ocasión, querían estar con su hijo en un día tan importante. James aplaudió y Lily se secó las lágrimas de los ojos con un pañuelo. Su niño, su bebé, era ya un hombrecito. Sirius colocó el pañuelo blanco de seda perfectamente planchado en el bolsillo de su chaleco. Y roció ligeramente a su hijo con la colonia preferida de este, una suave fragancia clásica, fresca y sutil. Harry sonrió nerviosamente, y su padre le abrazó de nuevo, para empujarle suavemente hacia la puerta. Draco, Hermione y él, aguardarían en una sala cercana al salón de fiestas hasta que todos los invitados llegasen.

Severus aguardaba en la puerta y contempló al muchacho, dándole un abrazo, para ser interrumpido por un carraspeo de Riddle, que reclamó las atenciones de su nieto. El vampiro le contempló atentamente, recolocó con gestos nerviosos el colgante de Slytherin y asintió con ojos brillantes. Remus, Narcisa, Hermione, Lucius y Draco se acercaron por el corredor, escoltados por una pareja de pelirrojos vestidos en chaquetas de cuero de dragón que hicieron sonreír a Harry. Sorprendentemente, a 1º hora de la mañana, los gemelos Weasley habían aparecido en las verjas de entrada, vía traslador, cargados de material. Lucius había decidido que los Magifuegos Salvajes Weasley eran los únicos dignos de la fiesta, y había encargado a los gemelos una exhibición especial. Arreglar la comparecencia de los gemelos había sido algo complicado, pero Lucius les había mandado un traslador y un giratiempo, para resolver el tema de su presencia en su casa.

Cuando por fin se quedaron los tres debutantes a solas, Harry suspiró. Los tres estaban nerviosos, pero aguardaron en silencio, mientras Hermione taconeaba levemente en la alfombra, alisando los pliegues de su vestido. Tras una hora de espera, cuando por fin, Severus acudió a buscarlos, estaban aun más inquietos. Con un hechizo refrescante, revisando que sus ropas estuviesen perfectas, el hombre asintió y les encaminó hacia la escalinata de aquel ala de la Mansión. Los tres se detuvieron en las sombras, escuchando los murmullos de las conversaciones y la suave música procedente del salón de recepciones, aguardando su entrada. Tras haber recibido a sus invitados, y dando un margen prudencial - la impuntualidad era una grave descortesía y 40 minutos después de la hora fijada, las verjas de la mansión se cerraron- finalmente, Lord Malfoy, pudo hacer el inesperado anuncio. La música cesó a un gesto suyo y la atención de sus invitados se centró en su elegante anfitrión y su esposa, ambos al pie de la impresiva escalinata de mármol rojo verona. A su lado se encontraba el recientemente exculpado Lord Black, elegantemente trajeado, y acompañado de su amigo de infancia Remus Lupin, actual pareja de Lord Severus Snape. Solo un poco más allá, uno pasos, un grupo formado por este, Lord Gevaudan y Lord Ryan aguardaban con aire satisfecho. Lucius, una vez ganada la atención de sus invitados, comenzó un breve discurso, con voz segura y serena:

-Damas y caballeros, la fiesta de esta noche no celebra tan solo el fin del Año Viejo y el comienzo del Año Nuevo. Esta noche, tengo el infinito orgullo de presentar formalmente ante ustedes a mi único hijo y heredero, Draconis Lucius Malfoy.

Los invitados aplaudieron comedidamente cuando Draco comenzó a bajar las escaleras, en un movimiento perfecto y elegante, mirando a la multitud sin mirar a nadie, sereno y aparentemente calmado. Se detuvo ante su padre e inclinó la cabeza en una reverencia formal, y aguardó con la cabeza ligeramente baja a que su padre colocase una mano en su hombro para alzarla por completo. Draco encontró los ojos azul acero de su padre, relucientes de orgullo paternal y le escuchó proclamar:

-Desde hoy hijo mío, representas la nueva generación de la Casa Malfoy. Que los hados te bendigan con fortuna.

Draco ocupó su lugar junto a su padre, orgulloso, entre los murmullos de sorpresa de los asistentes. Dando un paso al frente, Sirius atrajo atención de la multitud que le miró expectante:

-Esta es la primera Navidad que celebro de nuevo como un mago libre, hace unos pocos días que el Ministerio, por fin, ha reconocido mi inocencia. Pero aparte de reunirme de nuevo con los míos, quiero presentarles a mi hijo, Harrison James Sirius Black – Potter, mi heredero y actual Lord Potter.

Harry descendió la escalera y se detuvo ante su padre y este murmuró suavemente mirándole a los ojos:

-Estamos muy orgullosos de ti, Harry. Lleva con honor el titulo de tu padre y nunca olvides que ellos están siempre contigo. Bendito seas, hijo mío.

Harry ocupó su lugar a la derecha de Sirius, conteniendo a duras penas la emoción, ahora era oficialmente un adulto ante los ojos de la sociedad, para poder asumir la representación y obligaciones de la familia Potter. Finalmente, Remus avanzó un paso, acallando los murmullos de los invitados, que miraron con ojos incrédulos como Elwyn Tusk Rosier se colocaba a su lado, con aire orgulloso. El hombre había devuelto renombre y prestigio al nombre familiar, enlodado después de la activa adhesión de su padre y su hermano a los mortifagos. Remus miró a los invitados y a su hermano después y este comenzó a hablar con voz pausada y grave:

-No he crecido entre Uds, pero desde hace años, este es de nuevo mi hogar. Creí que era el último de mi linaje, pero recientemente he descubierto que estaba equivocado. Me enorgullezco de presentarles a mi hermano menor, Sir John Remus Lupín… Rosier. (N.A. Remus adopta Lupin como tercer nombre propio y asume su verdadero apellido paterno)

Las miradas de asombro y de incredulidad recorrieron a los asistentes. Reconocer a un hijo bastardo e ilegitimo era algo socialmente poco apropiado, pero aceptado. El origen de un heredero podía ser "olvidado" en aras a mantener el nombre familiar. Pero esto…era innecesario, el titulo ya tenía un heredero oficial. Con una suave sonrisa, Remus murmuró:

-Y yo me enorgullezco de ser tu hermano, Elwyn. Quiero presentarles a mi hija adoptiva, la Srta. Hermione Jean Rosier.

Hermione descendió las escaleras, en su precioso vestido blanco, y se detuvo frente a su padre adoptivo y Maestro. Con dulzura, Remus murmuró:

-Que la dicha y la fortuna te acompañen, mi niña. Bienvenida seas.

Hermione se situó junto a su padre y los jactanciosos familiares y debutantes miraron a los invitados, que aun murmuraban cuchicheando entre ellos, especialmente los más jóvenes. Sin embargo, el protocolo no perdonaba y en cuanto se abrieron las puertas del comedor de gala, todos entraron con fluidez. La enorme mesa estaba dispuesta, reluciente con la mejor cubertería de plata, la más exquisita porcelana, con centros de mesa florales. Los invitados buscaron sus nombres en las tarjetas sobre los platos y pronto, la multitud estaba sentada. Junto a la presidencia de la mesa ocupada por Lucius, se sentaba a su derecha Narcisa y a su izquierda Draco. Junto a Draco, Riddle, Remus, Harry y Fred Weasley. Y a su lado, Augusta Longbottom. En el otro lado, junto a Narcisa, después Elwyn, Sirius, Hermione, Severus, Dora y George. A continuación, uno frente a otro, Andrómeda y Ted Tonks. Después, se sentaban los restantes invitados, maridos, esposas e hijos adultos cerca pero separados. La distribución de los asientos había sido cuidadosa, para que todos estuviesen cerca, pero sin incumplir las normas sociales. Remus y Sirius estaban demasiado cerca para el gusto de Narcisa, pese a que oficialmente no eran pareja, pero estaba dentro de lo aceptable.

La comida fue deliciosa, perfecta y cuidada hasta el más mínimo detalle. Los platos se servían individualmente, directamente desde las cocinas, con entremeses variados, una sopa bullabesa de primero, y un segundo plato de jabalí asado con castañas. Para los postres, se pasó al salón de baile, con un enorme bufet de postres y dulces a disposición de todos y se sirvió champan. Los elfos caminaban ofreciendo galletitas y copas, deslizándose entre los invitados. Comenzó el baile, y Narcisa lo abrió con Draco y Hermione con Harry. Después de eso, todos podían bailar y muchos jóvenes y jovencitas se acercaron a los debutantes, para solicitar un baile. Era descortés negarse, así que comenzaron a bailar. Sin embargo, cuando Elwyn se inclinó cortésmente ante Draco, ofreciéndole una mano galantemente, los murmullos recomenzaron. Y se recrudecieron cuando Draco aceptó con una sonrisa radiante, depositando su mano en la más grande del hombre, dejándose conducir a la pista. Severus y Remus se unieron a ellos, mientras Hermione aceptaba la invitación de Riddle, muy sonrojada. Sirius y Narcisa también entraron al baile y tras unas vueltas, cambiaron parejas, dejando a Remus bailar con Sirius, mientras Narcisa lo hacía con Severus. Lucius reclamó a su esposa y con una reverencia, Severus la dejó entre los brazos de su esposo, y se apartó de la zona.

O al menos eso intentó. Porque vio a Harry, bailando muy tenso con una joven unos años mayor que él, que no parecía tener mucho sentido del decoro, a juzgar por cómo se arrimaba a él en cada vuelta, riendo tontamente. Harry miró con sorpresa a su Maestro, cuando este se acercó a ellos, ofreciendo su mano, y la chica, la hermana mayor de Pansy, parpadeó, aun mas sorprendida. Con su tono grave y aterciopelado, el hombre murmuró:

-¿Me concede un baile Lord Potter?

Harry sonrió suavemente y soltó a su pareja, que les miró incrédula, boqueando, mientras Harry se alejaba bailando entre los brazos de Severus.

Pronto llegó la media noche, y todos salieron a la balconada, a contemplar los anunciados fuegos artificiales, mientras sonaban las campanadas. Lucius abrazaba la cintura de Narcisa, que se apretaba contra él, sonriente, tras un suave beso. Un poco más lejos, Draco estaba acurrucado contra el costado de Elwyn, y cuando los fuegos se hicieron más intensos, depositó un leve beso en la mejilla del hombre, que había reiterado su petición de cortejo pública y formalmente antes de los postres, levantando nuevos cuchicheos. Riddle contemplaba todo desde un lateral, su túnica sobre los helados hombros de Hermione, que estaba sentada en la balaustrada, sujeta la cintura por los fuertes brazos del vampiro, estremecida, pese al grueso tejido que la cubría. Sirius apretó entre los pliegues de su túnica la mano de Remus a su lado, aunque Severus deslizaba una mano por sus hombros y sujetaba levemente en la otra la de Harry, que parecía extasiado contemplando los dragones voladores, deslizándose sobre los jardines, atronando el aire con sus rugidos.

Era la última pasada de los cuatro dragones-cohetes, - los gemelos Weasley se habían superado a si mismos con un hocico corto sueco, un gales común, un bola de fuego, y por supuesto, un cola de cuerno húngaro – y los cuatro cohetes se precipitaron los uno contra los otros desde los cuatro puntos cardinales, rugiendo y llenando el cielo nocturno de estelas de humo y estelas de fuego, hasta colisionar en una formidable explosión multicolor que bañó todos los jardines de centelleantes chispas, que descendieron lentamente. Una nueva llamarada surgió sobre ellos y un sonido musical y melódico se extendió por los jardines, entre las exclamaciones de los invitados. Acelerando hacia la mansión, Fawkes se hizo visible, su larga cola desplegada, sus magnificas alas rojas y doradas agitándose rítmicamente. Harry sonrió y tendió el brazo, conjurando un guante de cetrería para proteger su ropa y piel y el fénix se posó suavemente en su antebrazo.

La mayoría de asistentes miraron sorprendidos a la magnífica ave, mientras el joven acariciaba su esplendido plumaje, haciéndole emitir dulces trinos. Alzando la cabeza hacia el cielo con una nota aguda, Fawkes centelleó por un instante con una corta e intensa llamarada que les envolvió a ambos, y alzó de nuevo el vuelo, volando perezosamente sobre las cabezas de los invitados. Harry rió suavemente, los ojos relucientes de contento y se dirigió hacia el interior del edificio, donde los invitados se despedían de sus remoloneantes hijos adolescentes. Según la etiqueta, los menores de 5 años ni siquiera habían asistido a la cena, y habían sido dejados al cuidado de los elfos y las niñeras encargadas de atenderlos en la guardería. Los niños mayores de 5 años que aun no iban a Hogwarts, compartieron la cena con sus padres, ocupando otra mesa al efecto, atentamente vigilados por una institutriz. Y después de los postres, fueron enviados a los dos dormitorios dispuestos para ellos, donde más niñeras y elfos les dejarían tener una pequeña fiesta, con juegos y cuentos. Los adolescentes alumnos de Hogwarts, se habían sentado con los adultos, y habían podido disfrutar de los fuegos artificiales con sus padres y parientes. Pero ahora debían retirarse, todos menos los de último curso. Algún que otro miraba con envidia a Harry, Draco y Hermione, pero otros muchos estaban más que listos para comenzar su propia fiesta, menos protocolaria, en un saloncito al efecto. Harry aprovechó el momento para presentar formalmente a su padre y aunque pareciese raro, también a su abuelo, murmurando que era un pariente político de Sirius a través de otra rama de los Black. Lo cual era estrictamente cierto. Los cabeza de familia y sus esposas se sentaron en torno a sus anfitriones, ahora bebiendo algo más fuerte que el ligero vino de la cena o el champan de los postres. Harry se acomodó entre Sirius y Remus, con el fénix aposentado en el respaldo, jugueteando con su negro cabello ensortijado, y su Maestro en una butaca junto a ellos, su mano rozando levemente la de Remus.

Aunque la suya era una sociedad que giraba fuertemente en torno a la figura del cabeza de familia, y ese puesto solo era admisible para los varones, las esposas o en su caso cónyuges, tenían un papel relevante. Ante una posible alianza comercial o matrimonial, eran las damas o los varones en su posición los que tanteaban la posibilidad. Si alguien tenía un favor que pedir, era más que probable que lo hiciera de igual modo, indirectamente. De manera que las conversaciones entre las damas presentes era ciertamente animada, todas ellas evaluando si su familia tenía la posibilidad de forjar una alianza matrimonial con alguna de las tres familias, Malfoy, Black o Guevadain. O calculando como podrían afectarles los diversos enlaces si no tenían candidatos para una alianza directa.

Draco charlaba en voz baja con Elwyn, sentado en un sofá con el hombre, mientras este le acariciaba suavemente el dorso de la mano con el pulgar, manteniendo sus ojos brillantes y sus mejillas dulcemente sonrojadas. Los gemelos discutían animadamente con Severus sobre sus principales productos, y los resultados del negocio, que de momento era solo por catalogo. Hermione, sentada entre Narcisa y Riddle, escuchaba atentamente las conversaciones de esta con otras damas. Augusta Longbottom parecía estar incómoda, y en un momento dado, cuando Sirius apuntó que Harry debía haber asumido mucho antes sus obligaciones como jefe de la casa Potter, la mujer se estremeció y apretó los labios. Con un gesto tenso, la anciana miró alternativamente a Sirius y a Narcisa y exclamó:

-¡Es una barbaridad! Mi Neville tiene la misma edad y te aseguro que no es capaz de manejar los asuntos familiares.

Harry alzó la vista y miró a la dama. Conocía de oídas a la misma, por los relatos de Neville y carraspeó suavemente atrayendo la atención.

-Disculpe, Lady Longbottom, pero creo que esta Ud equivocada. Neville es un chico bastante maduro, muy juicioso, aunque un poco tímido, y mas que capaz de hacer frente a las responsabilidades, si le da Ud. la oportunidad.

Con un gesto ambiguo, Sirius murmuró suavemente:

-Augusta, lo siento mucho, pero realmente…ya es hora de aceptar la realidad, por desagradable que sea… Ni Frank ni Alice van a ponerse mejor. Y la familia Longbottom necesita tener una cabeza visible una vez más.

La mujer se llevó un pañuelo al rostro, para secar las lágrimas que surcaban sus mejillas arrugadas y Hermione se ofreció a acompañarla al baño, para que pudiera refrescarse. La muchacha aprovechó la ocasión para contarle a la mujer algunas cosas sobre su nieto, como se sentía este siendo la mera sombra de su padre a los ojos de su abuela y la mujer aun sollozó más. Apretando los labios y tras dejar que Hermione la ayudase a recomponer su escaso maquillaje, la dama asintió para sí misma y apretó su mano. Cuando regresaron al salón, ambas charlaban con fluidez, y Augusta miró con nuevos ojos a Harry y Draco.

Y los agradecimientos….

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