CAMBIOS
El comienzo de 1996 y subsiguiente regreso a la escuela fue cuando menos caótico. Dos hurones, una serpiente, y dos perros, además de las lechuzas, suponían una gran cantidad de equipaje adicional. Dos perros, si. Porque Elwyn había tenido la genial idea de regalarle a Remus un perrazo idéntico a Tizón, uno de sus afamados crups mestizos. La forma animaga de Sirius había recordado notablemente a un Boyero de Flandes completamente negro, las orejas naturalmente erguidas como el Boyero de las Ardenas, y de tamaño excepcionalmente grande. Así que un cruce con esa misma base, había dado un animal muy parecido a lo que necesitaban, y "maquillarlo" con un hechizo de transformación permanente para tener exactamente el mismo aspecto físico había hecho el resto. El nuevo Tizón desde luego, era también un familiar mágico, y "vestido" con los habituales collares y correas que llevara Sirius, nadie podría haber notado la diferencia. Ni siquiera en carácter. Blizzard ladraba frenético, indignado de tener que separarse de sus amos. Ying y Yang correteaban eludiendo los intentos de Harry de meterlos en su jaula hasta que el muchacho se vio obligado a usar un hechizo convocador sobre ellos.
Llevaban cuatro lechuzas. Hedwig, la cariñosa y leal búho nival de Harry; una lechuza común llamada Shadow, traviesa y juguetona, que Sirius había adquirido recientemente, un majestuoso búho real poco dado a tonterías llamado Earl, propiedad de Severus, y un halcón peregrino de nombre Flash, quisquilloso y de genio vivo pero muy veloz, procedente de las lechucerías de Malfoy Manor, que Lucius había regalado a Draco. Normalmente, hubieran soltado las aves, enviándolas a Hogwarts, pero se había desatado una tormenta, y no parecía prudente arriesgar sin necesidad a las inclemencias del tiempo a las fieles mensajeras.
El viaje fue movidito. Tres vagones atestados de Slytherins y simpatizantes, férreamente vigilados por Severus, Remus y Sirius, que patrullaban con Tizón y Blizzard. Pero finalmente se subieron a los carruajes, y llegaron a las puertas del castillo, helados en medio de la cada vez más fuerte ventisca, que comenzaba a descargar aguanieve sobre la escuela. Los chicos caminaban charlando entre ellos, y se encaminaron a la mesa de Slytherin, con Hermione, Neville y Luna acompañándoles. Desde la mesa de los profesores, dos pares de miradas duras estudiaron la entrada de los jóvenes. Apenas terminaron de sentarse, Dumbledore se puso en pie y murmuró unas insulsas frases de bienvenida, tras las cuales informó que la Subsecretaria del Ministro y Suma Inquisidora de Hogwarts Dolores Umbridge, tenía que anunciar nuevos decretos educacionales arrancando gemidos y estremecimientos de la mayoría de alumnos. La rechoncha y bajita mujer se puso en pie y sacó de su bolsillo un largo pergamino. Miró lentamente a todos los alumnos y su sonrisa se ensanchó al posar los ojos en la casa de Slytherin.
-Queridos niños. Con el beneplácito del Ministerio y del Director, he emprendido la reforma de las normas disciplinarias de Hogwarts, con la esperanza de que aprovechen mejor sus años de estudio y conducir a nuestros jóvenes magos por el camino correcto.
Hizo una pausa y comenzó a leer entre caras de sorpresa y murmullos de desconcierto de los alumnos:
-Voy a ofrecerles un breve resumen…Los alumnos llevaran en todo momento el uniforme escolar aprobado y reglamentario. La descripción del mismo puede consultarse en la oficina del Sr Flinch. Sin excepciones. Queda prohibido el acceso de alumnos de otras casas a cualquier otra sala común. Sin excepciones. Fuera del tiempo de clases, los alumnos se mantendrán en la biblioteca, estudiando en completo silencio, y finalizada la cena, se dirigirán a sus casas comunes. La Brigada Inquisitorial, por supuesto, patrullara los corredores para asegurarse de que los demás alumnos cumplen con esta y otras normas. Consulten las nuevas reglas de uso de la biblioteca. El tiempo libre tras el almuerzo es el único momento en que está permitido salir del recinto del castillo, siempre bajo la supervisión de los profesores, y los alumnos se mantendrán en los patios o en el jardín habilitado al efecto. Queda prohibido hablar o congregarse en las escaleras, corredores, pasillos y otras zonas comunes del castillo. Quedan prohibidas las muestras públicas de afecto. Los niños se sentaran en todo momento separados de las niñas…incluido el comedor y las clases. Por favor, sitúense los caballeros a la izquierda de las mesas, las damas a la derecha.
Con un murmullo de desconcierto, mezclado a cierta indignación, los alumnos se levantaron, y las mesas centellearon, desapareciendo los bancos para ser sustituidos por rígidas sillas. Los más atrevidos, vislumbraron tarjetas con nombres sobre los platos y Dolores prosiguió:
-Como pueden ver, los lugares son nominales, así que por favor, busquen sus asientos. Permanecerán en los mismos todo el año. En las aulas se instaurará un sistema similar. Toda la correspondencia que deseen enviar debe ser entregada para supervisión y aprobación. Solo se permite el envío y la recepción de las cartas de los familiares. Nada de paquetes o regalos. Queda prohibida la recepción de compras por catalogo y vía lechuza. Se prohíben las salidas a Hogsmeade. Quedan prohibidas todas las asociaciones estudiantiles, entendiendo por tal, todo grupo de tres o más alumnos, incluidos los grupos de estudio y los equipos de quidditch.
Las quejas soterradas y las caras de indignación comenzaron a multiplicarse, y la mujer prosiguió, ignorando los crecientes murmullos:
-Los miembros de la Brigada Inquisitorial dispondrán de amplios poderes para imponer la disciplina en caso de infracciones, consulten la lista en el despacho del Sr. Flinch. Por supuesto, cualquier conducta inapropiada o falta de respeto hacia un profesor, será severamente castigada.
Con todos los alumnos de nuevo sentados, chicos frente a chicas, Dumbledore exclamó alegremente:
-¡Y ahora a comer!
Draco y Harry intercambiaron miradas desde sus asientos y el moreno sintió la fría furia helarle las tripas. Conocía campamentos militares con reglamentos más relajados. ¡Ni que estuvieran en el programa de adiestramiento de los Marines! Aquello era…carcelario. Arruinado el apetito, Harry apenas tocó la cena, y como el resto de su casa, se apresuró por los corredores a su sala común. Tenían reunión, eso era seguro. Severus Snape había observado atentamente el rostro de sus colegas durante el atroz discursito de Dolores. Ninguno de los Jefes de Casa parecía satisfecho, a juzgar por la fina línea en que Minerva apretaba los labios, como bizqueaba Filius o como doblaba una y otra vez su servilleta Pomona. Los restantes profesores…Hagrid parecía desconcertado por completo, como si esperase que Albus gritase que aquello era una broma y los demás exhibían diversos grados de descontento y estupor. Desde luego, semejantes reglas planteaban numerosos problemas prácticos y sin duda, de orden social entre el alumnado.
Finalizada la cena, Severus Snape se apresuró a la sala común de Slytherin, seguido por Remus y Sirius, aunque dejo a estos dos en sus habitaciones antes de enfrentarse a su casa. Sentados y expectantes, todas sus serpientes aguardaban su llegada, en un silencio tenso. Severus se situó frente a ellos, mirándoles a todos y cada uno de ellos y comenzó a hablar, distribuyendo un montón de pergaminos con un gesto de su varita.
-Las nuevas reglas son estas, y a ellas nos atendremos. Quiero que las lean, memoricen y que las cumplan. Se han reinstaurado los castigos físicos y otras…formas de penalización. Todos los castigos y detenciones serán supervisados por la Suma Inquisidora, por lo que no podré protegerles, y no quiero ver a ninguno de Uds. recibiendo azotes o algo peor en una detención. De momento, y hasta nuevo aviso, lo único que pueden hacer es doblegarse y evitar por todos los medios meterse en líos.
Su tono y gesto frio dejaban claro que no estaba conforme con la situación, pero que de momento, no podían hacer nada. Harry y Draco intercambiaron una breve mirada, y aunque el moreno de ojos verdes parecía calmado, un leve tremor de magia oscilaba a su alrededor. Draco le rozó la mano, y con un levísimo suspiro, Harry controló su magia y los dos se encaminaron a su habitación compartida. Sin parar ni para dejar su túnica, el moreno cruzó por el espejo para encontrar a sus ansiosos padres leyendo con indignación una copia del mismo pergamino que Harry tenia entre los dedos. Los dos Merodeadores abrazaron a los chicos, sentándoles con ellos en el confortable sofá, protestando vivamente sobre la injusticia de las nuevas reglas. Severus les encontró así, y sin decir palabra, ocupó el otro sofá frente a ellos, los oscuros ojos relucientes de ira. Harry miró a su Maestro y murmuró con los verdes ojos brillantes fijos en los del otro:
-Maestro…¿Qué vamos hacer?
Suspirando, Severus se pasó la mano por el largo cabello negro y movió la cabeza pesaroso. Su voz sonó desanimada cuando respondió suavemente:
-No lo sé, Harry. Esta vez, no lo sé.
Con esas palabras comenzó una acalorada discusión, salpicada por las ideas de todos. Finalmente, Severus mandó a los chicos a la cama, después de enviar las novedades y escasas ideas al respecto a Lucius y Riddle, de la mano de Dobby.
El comienzo de las clases fue…terrorífico. La Brigada Inquisitorial y Dolores acechaban por los pasillos, y muchos alumnos fueron penalizados por llevar algún adorno, no ponerse la corbata o en el caso de las chicas, usar zapatos de tacón o lazos y horquillas capilares. Las clases no fueron mucho mejor. Además de estar separados en todas las clases, los jóvenes aprendices y flamantes adultos descubrieron que, aparentemente, la reforma también afectaba al programa de las asignaturas, y los profesores habían encontrado en la sala de Profesores el nuevo programa educativo. Tras revisar el suyo con ojos entrecerrados, Severus Snape Prince miró de reojo a sus colegas para ver en casi todos caras igualmente indignadas. Apretando el pergamino entre sus largos y fuertes dedos, el hombre volvió sus ojos casi negros hacia Albus, e ignorando a Dolores, murmuró con voz irritada:
-Director Dumbledore… esto tiene que ser una broma de mal gusto, no?
Con un guiño de sus ojos azules y mirándole por encima de sus gafas, el anciano se mesó la barba con gesto paternal y susurró, los ojos relucientes:
-Me temo que no, querido Severus.
El profesor de pociones enderezó la espalda y miró con ojos duros al mago, murmurando en voz helada y glacial:
-Profesor Severus Snape Prince, Director. No somos amigos ni parientes para semejante familiaridad.
El hombre parpadeó, fingiendo sentirse dolido por sus palabras, y murmuró:
-Como desee, Profesor. Pero la reforma era necesaria. Había que…estructurar el temario con más coherencia.
Minerva McGonagall intervino y masculló entre dientes, mientras Dolores sonreía ampliamente con su cara de sapo satifecho:
-¿Y qué pretendes que hagamos? ¿Contarles cuentos? ¿Hacerles olvidar lo que saben? No hay materia por encima del nivel de 4º o 5º curso. Según este programa, todos los alumnos que ahora mismo están en 5º, 6º y 7º, han adquirido conocimientos de más para pasar los TIMOS y los EXTASIS.
La bruja dio una ojeada a sus colegas profesores y vio gestos de asentimiento en la mayoría de ellos. Sybil apretaba su nuevo programa con fuerza, arrugando el pergamino. Vector estaba roja y fruncía el ceño. Hagrid aun estaba boquiabierto, mirando a unos y otros con desconcierto. Ganando impulso Minerva continuó:
-Nada de transformación humana, transmutación verdadera, tampoco animagia ni transformación animal.
Filius intervino y apuntó:
-Estoy de acuerdo con Minerva. Este temario es claramente insuficiente. Han desaparecido casi todos los encantamientos avanzados. Y las clases de aparición.
Se generalizó una pequeña discusión, todos los profesores quejándose de los cambios, interrumpida cuando Dolores carraspeó sonoramente. Con sus ojos saltones y su rostro fofo e insulso, Dolores cruzó los gordos dedos sobre la mesa y sonrió. Una sonrisa fría y cruel. Todos se volvieron a ella y la mujer proclamó en su vocecilla de falsete:
-En la vida ordinaria, los magos no precisan conocer más. Es absurdo enseñar magia que nunca van a emplear en su trabajo a todos los alumnos. Y aparecerse es algo complicado y con riesgos para enseñarlo a meros adolescentes. El Ministerio proveerá de los conocimientos avanzados necesarios a los empleados que lo precisen.
Severus entrecerró los ojos, observando la total complacencia de Albus y murmuró venenosamente:
-Encantador, ciertamente. ¿Y qué ocurre con aquellos alumnos que no aspiren a trabajar para el Ministerio?
Dolores sonrió falsamente de nuevo y murmuró con un brillo malicioso en sus ojos prominentes:
-No necesitan saber nada más.
Severus se giró de nuevo a Dumbledore y preguntó, los labios tensos y la voz helada:
-Director…es una locura…haciendo esto condenan a una generación a la ignorancia…y cuando los conocimientos se fragmenten por completo y se pierdan, ¿Qué ocurrirá con nuestra sociedad y nuestra cultura?
El Director parpadeó desde detrás de sus gafas de media luna y sonrió paternalmente:
-Esa no es responsabilidad suya, Profesor. Su trabajo es enseñar el temario oficial.
Severus miró con aire incrédulo al hombre y tomando sus cosas, abandonó la sala haciendo ondear sus túnicas negras detrás de él, rezumando enojo. El conocimiento es poder, y el nuevo régimen aspiraba a controlar estrictamente quien lo tenía. Para empeorar las cosas, Dolores decidió "supervisar" todas las clases de pociones de 5º, 6º y 7º, añadiendo leña al fuego. Su horrendo traje de chaqueta rosa hacia destacar aun mas su corta estatura y cuerpo rechoncho, embutido en una capa de gruesa tela de lana tejida en pata de gallo. Sus carraspeos y puntualizaciones enervaron a los alumnos, aunque no lograron arrancar más que silencio y miradas frías por parte de Severus, que se veía forzado a enseñarles cómo preparar soluciones limpiadores multiusos y lociones anti acné, en lugar de pociones realmente importantes.
