Bueno…alguien se ha indignado por las nuevas reglas de Dolores y Albus, preguntándose cómo es posible tratar así a los alumnos…Sencillo. Les importan…nada. Son peones, herramientas y nada más. Útiles para cumplir una función, pero por favor, que no piensen…han de ser como las ovejas, siguiendo las instrucciones del pastor y sus perros…incluso cuando las llevan al matadero…

EL ABANDONO DE Hogwarts

Contener a Remus Lupín Rosier no había sido fácil. El lobo en él había salido casi a la superficie, ante el olor y la visión de la sangre del que consideraba su hijo. En ausencia de Ryan, Elwyn o Sirius, su pareja; Severus era el único adulto que podía enfrentarse a él e impedir que masacrara -lenta y dolorosamente- a Ron, al Director y a Dolores, pero el hombre también sentía la urgencia de atender a las heridas de Harry. Finalmente, el gemido de dolor de Harry, el 1º en toda aquella ordalía, atrajo suficientemente de nuevo la atención de Remus sobre el estado de su cachorro como para permitir que Severus pudiera forzarle una poción sedante entre los labios.

-Hati…por favor…si les atacas ahora…¿De qué habrá valido todo este esfuerzo? Te mandaran a Azkaban…y no quiero que me dejes…por favor…

Remus cedió ante la sincera suplica de Harry, su lado racional sobreponiéndose al deseo instintivo, primitivo y animal de venganza por el daño infligido a su cachorro - dejando que su mente rumiase represalias y venganzas para más adelante - y sostuvo su mano mientras Severus contaba aséptica y crudamente lo sucedido. El Maestro de Pociones deslizaba más y más gasas húmedas en sus manos firmes y limpiaba cada corte con extrema delicadeza, desechando las ensangrentadas bolas en una pequeña vasija de acero. Harry estaba en un ligero trance, disociándose del dolor, consciente, pero aparentemente capaz de ignorar las reacciones físicas de su cuerpo. Remus sabía por experiencia que aquella poción era estupenda, pero dolorosa como una quemadura incluso diluida, y mucho más en aquel estado puro en que Severus la estaba usando. Más calmado, el licántropo se dio cuenta de que podía percibir la intensa sensación de derrota y fallo que emanaba de Severus y preguntó, preocupado por el bienestar del joven herido:

-¿Se curará sin problemas, no? Los cortes no son muy profundos…no debería quedarle mucha cicatriz…

Severus miró a los ojos del licántropo y denegó suavemente, aplicando una nueva pasada de loción sobre las heridas, que ya no sangraban en absoluto. Un par de cucharadas en un vaso de agua eran suficientes para desinfectar…pura, era incluso levemente cicatrizante y un buen antiinflamatorio tópico, de efecto relativamente lento.

-No le quedará ni una marca, te lo aseguro Remus. Me ocuparé de ello. Pero esto nunca debió haber llegado a suceder. Le he fallado, una vez más. No he podido protegerlo…

Remus se encogió ante la oleada de dolor y fracaso que emanaba de Severus y suspiró suavemente, dejando salir su lado más compasivo. Con una caricia al cabello negro y ensortijado de su cachoro, el licántropo murmuró lentamente:

-Nadie puede garantizarle la absoluta protección a nadie…y menos a Harry.

Severus rezongó, tomando otra gasa y limpiando el exceso de la carísima poción desinfectante y limpiadora de la piel del joven, antes de empezar a aplicar lentamente una pasta de color anaranjado, cubriendo cuidadosamente las heridas con ellas. Remus añadió ante el mutismo de su amigo:

-Has hecho lo que has podido…te has enfrentado a Dumbledore y a Dolores por él, y has evitado que usen esa maldita pluma…nadie podría haber hecho más…

Con tono brusco e irritado, Severus gruñó, tomando más gasas y retirando delicadamente el exceso de pasta seca de la piel:

-¡Debí haberlo impedido!

-No podías…no sin tirar por la borda el esfuerzo de tanto tiempo…y abandonar a su suerte a Draco y los demás alumnos…Yo debí haber respondido cuando Ron me llamó…

Murmuró cansadamente Harry, alzando la cabeza un instante para mirar a su Maestro y poner en su mirada toda la verdad. Severus se mordió los labios brevemente, vacilando y asintió en silencio. Harry suspiró y volvió a cerrar los ojos, deslizándose de nuevo en su meditación, mientras terminaban de curarlo.

La semana pasó lenta y tediosa, con la Brigada Inquisitorial y Dolores persiguiendo la más nimia infracción de las normas. Y Dumbledore, desfilando entre las mesas de la biblioteca, mientras los alumnos leían los libros "aprobados" y Madame Pince apretaba los labios con furia. Los libros, sus preciosos libros, estaban ahora casi todos encerrados en la Sección Prohibida. Solo Madame Pomfrey rivalizaba en miradas asesinas con la bibliotecaria y con razón. Un buen número de alumnos se vieron sometidos a severos palmetazos en las manos, azotes, e incluso múltiples variantes de hechizos causantes de dolor. Dolores cortó pública y ostentosamente las trenzas francesas de Hermione, declarando que todas las chicas habían de llevar coletas o cola de caballo, haciendo llorar largamente en privado a la muchacha. Y el fin de semana fue largo y aun más aburrido, obligados a pasar todo el día sentados en la biblioteca, con tan solo un par de horas libres al final de la tarde para un "paseo" vigilado por el patio, más bien un desfile carcelario de alumnos enfadados y resentidos, agrupados en filas de a dos, los alumnos de distinto sexo paseando por el extremo contrario del patio. Y así pasaron aun dos infernales semanas más. Así que nadie aguardaba mucho del lunes, nadie salvo un pequeño grupo de Slytherin. Unas pocas palabras de boca de Kearcher habían sido todas las noticias, pero habían bastado para elevar los ánimos. "Nos vemos el lunes" había sido el mensaje, y eso les hacia estar expectantes. El desayuno y las dos primeras horas de clase se fueron sin pena ni gloria, y lo mismo sucedió con el almuerzo y las de la tarde. Pero al acercarse al comedor para la cena, Harry notó varias cosas.

La enorme puerta doble estaba cerrada, y custodiada por dos Aurores, Tonks y un joven al que Harry no identificó. La metamorfomaga inclinó levemente la cabeza y esbozó una sonrisa casi imperceptible, para volver a dejar el rostro neutro segundos después. Con un carraspeo de superioridad, Ron se abrió paso a codazos entre la multitud que empezaba a agolparse y miró a los aurores con aire confuso. No obstante, pagado de sí mismo, exclamó con petulancia:

-¿Que hacen impidiendo el paso? La hora de la cena ha comenzado y está prohibido que los alumnos se congreguen en los pasillos.

El joven auror fue a contestar, pero Tonks se adelantó y murmuró:

-Disculpe, no queremos interrumpir el normal funcionamiento de la escuela verdad?

Su compañero la miró con aire aturdido, los ojos algo desvaídos, pero asintió y se apartó de las puertas. Empujándolas con una gran sonrisa, Ron abrió paso, seguido de prácticamente todos los alumnos, que ya hacían cola para la cena. En torno a la mesa de profesores, había un numeroso grupo de extraños, hablando y gesticulando en voz acalorada con los profesores, aunque ni uno solo de los adultos dedicó una mirada a los alumnos. Cuando los alumnos se sentaron, las voces se hicieron audibles para todos los ocupantes de la sala.

Harry y Draco habían reconocido la plateada melena inconfundible de Lucius, la alta figura y los anchos hombros de Elwyn, la melena negra y ondulada de Sirius y el viejo sombrero de Augusta Longbottom, entre los extraños, cuando la voz de Lucius se dejó oír por encima de las demás.

-Dumbledore, sea razonable. Acepte la oferta de la Junta y retírese voluntariamente con dignidad.

El mago miró airadamente a todos los presentes y masculló:

-¡Jamás dejaré mi escuela!¡Hogwarts me necesita! ¿Quién protegerá a los alumnos de Voldemort?

Lucius denegó con tristeza y miró a los demás miembros de la Junta de Gobierno de Hogwarts y suspiró, sin decir ni una palabra. El comportamiento del Director había llegado a extremos tales, que ninguno de los nobles había podido dudar de lo juicioso de su proposición de declararle "demasiado mayor para el cargo" y plantear su jubilación… voluntaria. Sin embargo esto despertó murmullos y cuchicheos se extendieron entre los restantes miembros, mientras Dolores gritaba indignada, roja como un tomate:

-¡Como se atreven! ¡Es un ultraje! ¡Dumbledore tiene la plena confianza del Ministro Cornelius!

Tras alcanzar un consenso, deliberando en un extremo de la mesa de profesores, la portavoz, Augusta, dictaminó con voz recia y clara:

-Albus Dumbledore, esta Junta de Gobierno, por unanimidad, determina que ya no confía en Ud. para ocupar la Dirección de Hogwarts, o ejercer la enseñanza en esta o cualquier otra escuela o a título privado. Su…conducta demuestra claramente que ya no está capacitado. Queda destituido de su cargo de inmediato y tiene lo que resta del día para abandonar los terrenos de la escuela, y no regresar jamás a ellos.

La mujer se recolocó el sombrero, cuyo buitre disecado se estremecía ominosamente con su respiración y añadió:

-Debiste presentar la dimisión cuando te la ofrecimos, Albus, y evitarte todo esto.

Temblando de pies a cabeza a causa de la ira, el anciano se puso en pie y miró a sus profesores, que uno a uno, apartaron los ojos de los suyos. Ninguno podía olvidar las absurdas reformas ni las heridas infligidas a los alumnos mayores, la fútil persecución de delitos e infracciones nimias, el llanto de los chicos renqueando hacia la enfermería tras una tunda con un cepillo a manos de Flinch que había dejado sus traseros enrojecidos…Calmándose en apariencia, el mago exclamó con fingido dolor:

-¿Qué va a ser de los niños? Ah, cuando lleguen tiempos oscuros lo lamentareis…

Dio una palmada en el aire, llamando a Fawkes, y el fénix apareció revoloteando cerca del alto techo.

-Vamos viejo amigo, nos vamos.

Pero el fénix se limitó a revolotear un poco más, y Albus frunció el ceño. Descendiendo, el ave comenzó a trinar, no su usual canto melodioso, sino más bien un grito de guerra, uno que solo una persona reconoció por haberlo oído antes, y en una rauda pasada, arañó con sus afiladas garras el rostro del mago. Con el rostro desencajado, y tres largos arañazos en una mejilla, Albus contempló la mirada venenosa que el fénix le dedicaba desde su percha en el respaldo de una silla, el escarlata y dorado plumaje erizado.

Elwyn murmuró, sacando del estupor a muchos de los otros:

-Fawkes no le pertenece, es el fénix de la escuela y siempre permanecerá leal a esta.

Lucius murmuró con amabilidad, mirando a los demás nobles que componían la Junta, Lores y Ladies de la sociedad:

-Debemos elegir nuevo Director, tal vez Fawkes pueda indicarnos candidatos…

El fénix ladeó la cabeza y trinó dulcemente, esponjando las plumas y alisando su larga cola. Desapareció en una llamarada y retornó de inmediato con el Sombrero Seleccionador entre las garras, arrojándolo sobre la mesa y aleteando orgulloso con un nuevo gorjeo. Carraspeando, el sombrero murmuró con tono exasperado:

-¡Podías ser más cuidadoso, bola de plumas! Después de todo, soy una reliquia…

Alzando levemente las alas y frunciendo el desgarrón que parecía una boca, el arrugado sombrero pareció estudiar a los congregados y con una sacudida, murmuró entre continuos trinos, silbidos y cloqueos del ave:

-Estoy aquí en calidad de intérprete de Fawkes, fénix y espíritu protector de esta escuela de magia, para designar su nueva Dirección. ¡Oh, cállate ya, pollo engreído y déjame hablar!

Cuando el agudo trino se hizo más soportable, con un carraspeo y mientras el fénix seguía cantando, el sombrero se empinó sobre sus alas ligeramente y comenzó a declamar:

-En el principio eran cuatro, y ninguno estaba sobre ninguno. Pero lejos están esos tiempos. Cuatro jefes de casas deben ser de nuevo. Minerva McGonagal en Griffindor, Filius Flitwick en Ravenclaw, Pomona Sprout en Hufflepuf…y John Remus Lupín Rosier en Slytherin. Y para organizarlos a todos como Director, Severus Snape Prince con la ayuda de Sirius Orión Black como director adjunto, John Remus Lupín Rosier segundo director adjunto, y ejem… Tyrone Michael Ryan como consultor y representante permanente de la Junta de Gobierno. Esos son los deseos de los Fundadores.

Fawkes trinó musicalmente y tenues llamas temblaron a su alrededor, no más que un brillante tornasol sobre su plumaje rojo y dorado. La sorpresa de los restantes miembros de la Junta fue visible, y los nobles deliberaron acaloradamente entre ellos. Nunca había tenido Hogwarts más que un director y subdirector, pero un pequeño grupo tal vez evitaría una repetición de los actos unilaterales y desmedidos que habían acontecido. Además, si Snape iba a continuar dando clases, necesitaría toda la ayuda posible…Una mezcla de sangre joven y sangre vieja… Augusta Longbottom sentenció:

-Queda nombrado como Director Severus Snape, y Directores adjuntos Sirius Black y Remus Rosier, que asume la jefatura de Slytherin. Igualmente se nombra consultor y representante a Lord Ryan. Todos los nombramientos se comunicaran a la prensa en el plazo de dos días a partir de hoy, una vez que se resuelva el papeleo.

Severus se irguió y miró fijamente a Albus que destilaba ira y después a Dolores, que había rebasado el color púrpura y empezaba a ponerse azul. Con un desdén y frialdad notables, Severus murmuró con gravedad:

-Dolores Umbridge, como Director de Hogwarts, la declaro persona non grata en la escuela y le doy hasta el final del día para abandonar sus terrenos. Recuérdele al Sr Ministro, que Hogwarts no está bajo su mandato.

Con una leve mirada al ex director, llena de dureza, añadió casi en un susurro:

-Dumbledore, le recomiendo que se dé prisa en dejar la escuela, mi escuela…

Y girándose hacia un oscuro rincón murmuró seca y adustamente:

-Flinch, está despedido. Nadie que se muestre dispuesto a lastimar a mis alumnos va a permanecer empleado en esta escuela.

Ignorando a la mujer, que parecía estar sufriendo un auténtico ataque coronario, y al anciano, que echaba chispas por los ojos, o al conserje, que se abrazaba a su gata con ojos dilatados de espanto, Severus se giró a los alumnos y exclamó:

-¡QUEDAN ABOLIDOS TODOS LOS DECRETOS EDUCACIONALES! Se reinstauran las antiguas normas, hasta que estas puedan ser revisadas. Se continuará con el programa de clases habitual, hasta nuevo aviso.

Con un gesto de varita, las rígidas sillas fueron sustituidas por los familiares bancos corridos y los alumnos aplaudieron y vitorearon, alborozados, lanzando los sombreros al aire. Esa noche, la cena se convirtió en una auténtica fiesta, llena de risas y alegría, un agudo contraste con el humor negro y sombrío de las últimas semanas.

Argus, cargando con una vieja maleta y su gata, había caminado maldiciendo entre dientes hasta las verjas, escoltado por dos aurores. Dolores había sido expulsada de sus habitaciones por los otros profesores, y dejada en medio del sendero, mientras gritaba histérica que era la Subsecretaria del Ministro, la Suma Inquisidora y que iba a meterles a todos en Azkaban. Retrocediendo ante la figura de Hagrid, que la conminaba a irse, y cargaba con sus baúles y maletas, la mujer había chillado que quitara sus sucias manos de animal de sus cosas. En ese momento, a sus espaldas, un grupo de centauros armados había salido del bosque y formado un semicírculo a espaldas de la mujer. Hagrid guardó silencio y miró a los centauros, que contemplaban con ojos duros a la insensata mujer que había intentado expulsarles del bosque, esgrimiendo un pergamino, un título de propiedad. Cuando Dolores se percató del silencio, se giró y vio las flechas apuntándola, chillando, empezó a correr como loca hacia las verjas seguida de cerca de la manada. Dumbledore fue puesto a punta de varita en las puertas de la escuela, con los baúles conteniendo su ropa y objetos personales nada más, y solo entonces le devolvió Minerva su propia varita. Albus había rebasado los límites, los de todos ellos, traicionando su confianza. El mago había desaparecido con cara enfurecida en un estallido de colores.