Resumen: Lo único que sus padres les dejaron antes de morir o largarse fue la idea fija de tatuarse una marca tenebrosa, de sentirse parte de la guerra, de convertirse en todo lo que sus padres habían sido.

Personajes: Evan R. & Avery & Mulciber.

Prompt: Herencia.


Marcas tenebrosas

You'll never know what hit you,
won't see me closing in.
I'm gonna make you suffer;
this hell you put me in.
I'm underneath your skin,
the devil within.
You'll never know what hit you

The devil within, Digital Daggers


Slughorn se hubiera reído si le hubieran contado lo que planeaban cuando les preguntó a qué demonios se querían dedicar. Tenían quince años y para entonces ya tenían bastante buenas suposiciones de a qué se dedicaban sus padres. La primera vez que Evan le vio la marca a su padre y le preguntó que era, tenía doce años. «Te contaré después», le había dicho. Y luego había ido el muy cabrón y se había muerto. O lo habían matado, siguiendo las órdenes de Barty Crouch, que diría el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica con mano de hierro.

Al final, acabó enterándose de la boca del padre de Mulciber. Porque el de Avery había desaparecido, el muy cabrón, creían que se había largado a Siberia muerto de miedo. Y Avery se había negado a largarse, les había contado, casi llorando de rabia, con los puños apretados, diciendo que no podía creer que su padre fuera un traidor y un cobarde, que él terminaría lo que él había empezado.

Wyot Mulciber —padre, porque su hijo se llamaba igual— fue el que les contó, poco antes de que cumplieran diecisiete, lo que significaba realmente.

No era sólo seguir al Señor Tenebroso, como habían oído hasta entonces. Era entregarle la vida. Creer en la causa. Se los dijo con los ojos perdidos, como si él mismo empezara a dudar o a no ver el camino. Lo mataron —o se mató— poco después. Corría el 1977. Los asesinatos se hacían más frecuentes. Se decía que el Señor Tenebroso necesitaba sangre nueva.

Evan Rosier supo que era su herencia. La única que le había dejado su padre. Además de malas relaciones con su tía, con la que se peleaba toda la vida, que había vivido para buscarles maridos apropiados a sus hijas —y había fracasado en el caso de la de en medio, según había oído— y una casa que siempre habían atendido elfos domésticos. Su madre apenas si le prestaba atención, llevaba unos cinco años demasiado borracha.

«Al menos tienes madre, pinche cabrón», le habían espetado los otros dos, que solían divertirse intentando adivinar como habían sido sus madres. La de Mulciber se había largado antes de que él cumpliera un año. La de Avery lo había dejado abandonado en la puerta de su padre, esperando que se congelara en el frío antes de que lo encontraran.

Así que consiguieron sus marcas tenebrosas. Sus apellidos hablaron por ellos.

Y, cuando las tuvieron, marcadas en los brazos, que ardían, fueron a brindar.

—¡Por nuestros padres! —dijeron, chocando los vasos de whisky de fuego.

Apellas calaveras eran lo único que les habían dejado. Aquel sentido de pertenencia era lo primero que ellos habían conocido, lo único que entendían. Mortífagos por convicción, no por circunstancia. Por la absurda necesidad de seguir los pasos de los que habían ido antes que él.

«Y matar muggles», claro, agregó Evan, en su cabeza. «Y sangre sucias y traidores». Que buena herencia le había dejado su padre antes de morir.


Notas de este drabble:

1) Estoy convencida de que Rowling no intentaba crear duplicados de estos mortífagos, pero los creo. Mulciber, Avery y Rosier son mencionados como compañeros de Snape en su curso, pero también como personajes que estaban esperando a Tom cuando fue a hablar con Dumbledore —y como eso fue muchos años antes— decidí que obviamente tenían que estar relacionados. Son padre e hijo.

2) Sí, Rosier papi y Druella Black née Rosier son hermanitos o primos. No me acabo de decidir.

4) Necesito nombres para Avery y Mulciber. A ver qué se me ocurre.

Andrea Poulain

a 13 de octubre de 2018