Después de provocar varias episodios cardíacos… pasamos a la carga de la caballería!

¡A por ellos!

VAMOS A SOLTARNOS LA MELENA

Sus días transcurrieron entre juegos en la playa, excursiones por los viñedos, y tardes de relax en la Villa. Sin duda, felices y despreocupados. Elwyn parecía relucir con la oportunidad de disfrutar de la presencia de Draco en una vestimenta…informal, y una enorme sonrisa flotaba por sus labios continuamente. Sobre todo cuando el joven Malfoy le miraba casi tímidamente desde detrás de esa cortina de reluciente pelo platino, y sonreía a su vez. El hombre parecía tener una paciencia ilimitada para con su casi prometido y sus amigos, y una disposición al juego y las bromas casi tan grande como la de Sirius. Los cinco eran…casi inagotables. Los demás, aunque de manera más reservada, acababan participando en algunos de los juegos o paseos, a su propio ritmo. Narcisa y Lucius preferían tranquilos e íntimos paseos a pie por los huertos y senderos de la isla, Ryan siempre se apuntaba a explorar los antiguos edificios y las bodegas, Severus rara vez declinaba una oferta para montar a caballo y Remus disfrutaba de la playa tanto como Sirius.

Los jóvenes se habían conformado sin protestas con la pacífica vida de la isla, aislados del resto del mundo. Pero en el almuerzo del segundo día Draco había sorprendido por completo a su padre. Sabía que quería para su fiesta, quería tener una pequeña y muy especial fiesta de cumpleaños, quería ir a la costa muggle con sus amigos, por una vez… Hermione y Harry se unieron a las súplicas de su amigo, sin ser pesados, pero dejando claro que a todos les gustaría mucho poder…ser unos simples adolescentes por una noche. Remus había escuchado, frunciendo levemente el ceño y Sirius había vacilado ligeramente…Todos los adultos habían discutido esa noche - sin los implicados presentes - los extraños deseos expresados por los jóvenes, porque ciertamente lo que querían no dejaba de entrañar un riesgo…Tras muchos pros y contras, que no les conducían a nada en concreto, había sido Narcisa la que aportó el factor decisivo a la hora de tomar una decisión. Mirando a todos y fijando por último la mirada en los ojos de su marido, la mujer había musitado suavemente:

-Lucius, cielo…este tipo de experiencia…parece ser un rito de transición e iniciación a la edad adulta entre los muggles. Y nosotros les hemos introducido prematuramente a las responsabilidades de un joven adulto en nuestro mundo. Les estamos pidiendo que sean adultos antes de tiempo, de hecho, les hemos privado de parte de su adolescencia. ¡Harry aun no ha cumplido los 16 años, por Merlín! Y cuando regresemos a Inglaterra les esperan estudios, aburridas sesiones políticas, fiestas sociales llenas de forzadas charlas con otros jóvenes herederos y sus familias. Tal vez…deberíamos dejarles una pequeña parcela de libertad…

Riddle había permanecido muy callado durante el pequeño discurso de Narcisa y los comentarios de Severus, que carraspeando, se había sumado con condiciones a la opinión de la dama, murmurando que siempre podían vigilarles sin ser vistos. Sirius había alzado una ceja con incredulidad, pero antes de que pudiera replicar, Riddle había denegado suavemente y murmurado con finalidad:

-No. Si vamos a dejarles hacer esto…ha de ser porque tengamos plena confianza en ellos.

Los ojos azules recorrieron lentamente en busca de respuestas a los demás adultos, y nadie objetó nada. No era realmente con la responsabilidad o conducta de los chicos con lo que tenían problemas, era con la multitud de desconocidos muggles. Eso por no pensar en que podían tropezarse con cualquier mago…

-Bien…entonces el fundamental problema de todos para dejarles tener su pequeña escapada… ¿Es la logística de seguridad?

Una nueva mirada y Riddle esbozó una sonrisa.

-Vamos amigos míos, somos 6 magos plenamente adiestrados…seguro que podemos proteger por unas horas a 3 jóvenes adolescentes…

Los adultos discutieron y finalmente llegaron a una posible solución. Todos pasarían un día en Cannes, el último día, y los adultos acompañarían a los jóvenes en su deseada escapada. Sorprendentemente, ninguno de los chicos protestó, es más, parecieron encantados de que su petición hubiese sido de algún modo…expandida.

Sus días transcurrieron entre juegos en la playa, excursiones por los viñedos, y tardes de relax en la Villa. Sin duda, felices y despreocupados. Elwyn parecía relucir con la oportunidad de disfrutar de la presencia de Draco en una vestimenta…informal, y una enorme sonrisa flotaba por sus labios continuamente.

Así que el último día, con sus cosas ya empacadas por los elfos, embarcaron al rayar el alba a bordo del Nereida, y se dirigieron a la costa. Vestidos casualmente, los más jóvenes recorrieron el paseo marítimo y calles comerciales, arrastrando a los adultos detrás de ellos, de escaparate en escaparate. No hizo falta mucha persuasión para convencer a los adultos de la necesidad de un conjunto de ropa muggle apropiado para la salida nocturna, nada de transfigurar ropa, y las bolsas y paquetes comenzaron a acumularse en los pacientes brazos de Remus, Lucius y Riddle. Sirius era aun peor que los tres adolescentes y sus correrías y alegres exclamaciones dejaran un poco perplejos a los dependientes, que sin embargo se sentían algo intimidados con Elwyn, pese a su sonrisa afable. No era de extrañar, el hombre era una masa de músculos y su estatura y corpulencia le hacían destacar en la multitud. Narcisa, más práctica, hizo de La limousine fue utilizada para dejar las compras, ya que los jóvenes insistieron en recorrer a pie el Boulevard de la Croisette, D'Alsacia, rue d'Antibes, Saint-Pierre…y muchas más. Tras una agotadora mañana, un almuerzo tardío en el lujoso hotel y un chapuzón en la piscina para los más jóvenes (incluidos Sirius y Elwyn), Narcisa se impuso con su abrumadora lógica, y todos se retiraron a descansar en las 4 suites de lujo que Lucius había de alguna manera reservado, con tan poca antelación.

El resto de la tarde pasó apacible y relajada tras levantarse de su siesta, en el spa del hotel, cerrado y reservado para ellos, disfrutando privadamente de las piscinas y saunas; e incluso de los servicios de los masajistas del hotel, que tras la escrupulosa inspección y aprobación de Severus, procedieron a darles a todos un revitalizante baño de algas. Después de eso, y tras arreglarse cuidadosamente, se vistieron formalmente, de gala, con esmoquin para los hombres y traje largo para Narcisa y Hermione, y se encaminaron al restaurante de lujo que el hotel albergaba entre sus muros, con espléndidas vistas a la bahía, para una cena en un salón privado, a base de pescado y marisco, regada con champan y amenizada por una pequeña orquesta.

El hotel y el restaurante habían sido fáciles de asegurar, y una variante del encantamiento NoMeNotes haría que los vendedores, camareros y demás, olvidasen cualquier peculiaridad de sus clientes, aunque recordasen haberles atendido, no recordarían caras, nombres ni detalles. Solo haber atendido a un grupo de buenos clientes…y sus generosas propinas. La velada se extendió, agradable y dulce, con algún que otro vals entre parejas, mirando el magnífico espectáculo de fuegos artificiales que esa noche ofrecía el concurso veraniego de pirotecnia de Cannes. Hasta Riddle estaba impresionado de lo que los muggles podían conseguir sin magia, y contemplaba los reflejos en el agua de la bahía.

Pero aun no había acabado la noche…los chicos habían pedido ir a la discoteca, y a ella fueron tras un corto paseo por las calles del bullicioso lugar en limousines. Todos. Los tres habían subido rápidamente a cambiarse, desprendiéndose de las ropas de gala por otras más apropiadas, aunque de mutuo acuerdo, los tres llevaban ligeras chaquetas sobre la ropa. Un pequeño glamour para hacerlos parecer algo mayores y un ligero confundus y el portero no puso reparo alguno a la entrada de la lujosa discoteca, y el grupo al completo se encaminó hacia la zona VIP. Elwyn había asegurado que aquella era una discoteca de las más caras, y por tanto, la clientela relativamente selecta. Había varios ambientes, zonas y pistas de baile, y tras un rápido recorrido, se instalaron en unos confortables divanes, mientras los camareros les servían botellas de champagne, agua helada, y diversos refrescos. Tras unos minutos de tenso silencio, contemplando la ondeante marea de jóvenes cuerpos en movimiento, con cierto bochorno por parte de los dos licántropos y Riddle, ya que el aroma a excitación que flotaba por el lugar era abrumador, los chicos se despojaron de sus chaquetas y se perdieron entre la multitud.

Hermione llevaba un minivestido sin espalda, con falda evase, pero ceñido al cuerpo y con profundo escote halter, en color azul cobalto, con sandalias de tiras a juego. Un tatuaje temporal atraía la atención hacia la parte baja de su espalda, con un par de vibrantes rosas rojas cruzadas entre sí. El cabello castaño semirecogido hacia tras, la cara despejada y una cascada de bucles cayendo hacia el cuello. Draco llevaba unos vaqueros de cadera baja, rotos y muy desteñidos, y una ceñida camiseta negra con dibujos tribales en plata, tan fina que el tejido de base era casi transparente. Los desgarros del pantalón mostraban retazos sus piernas doradas y torneadas, y la cinturilla del tanga de seda negro asomaba por la parte de atrás. Harry había optado por una camiseta de rejilla blanca con dos espadas cruzadas en el pecho, que ocultaba apenas sus pezones. Y un vaquero similar al de Draco, pero en negro envejecido. Los dos calzaban zapatos de flexible cuero negro y llevaban el largo cabello suelto. Sus vestimentas no eran las más provocativas o llamativas de la pista, pero lograban su objetivo: atraer miradas apreciativas del resto de parroquianos.

Las reglas para la salida habían sido establecidas de antemano. No abandonar el recinto, no beber ni comer nada que les ofrecieran –Severus había sido especialmente insistente en eso, era demasiado fácil añadir drogas a una copa- y ser cuidadosos. A cambio tenían libertad para moverse por las diversas salas de la discoteca, permiso para beber una copa de alcohol siempre que lo pidieran en la mesa de los adultos, y la única restricción era que debían pasar a dar una vuelta de vez en cuando para que los otros supiesen donde andaban. Los adultos les habían visto alejarse con cierto asombro ante sus ropas, y tras unos minutos Riddle murmuró:

-¿No van un poco…desvestidos?

Los murmullos de asentimiento de los otros le hicieron removerse y con un suspiro, Lucius comenzó a hablar.

-He hecho algunas averiguaciones, y el principal fin de estos locales es…encontrar pareja. Desde luego que vienen a bailar y beber, pero todo es una exhibición para atraer a las potenciales parejas. Un tanto vulgar y cruda…pero muchos solo buscan…parejas para una noche…algo puramente sexual…

Remus frunció el ceño y arrugó la nariz, resoplando incomodo en la atmosfera saturada de olores y feromonas. Sirius le palmeo el brazo conmiserativamente. Si a su olfato le parecía malo, al de Remus debía de resultarle horrible. Severus añadió:

-¿Que esperabas? Los muggles iniciaron en los 60 una revolución sexual que aunque ha dado lugar a la mayor aceptación de la heterosexualidad y libertades sobre su cuerpo a las mujeres, también ha conducido a una cierta…banalización del sexo por gran parte de la sociedad. El placer inmediato es visto como necesario y los valores tradicionales son casi ridiculizados. No son muchos los que piensan que la fidelidad es algo importante o en la indisolubilidad del matrimonio. Esa diferencia cultural es uno de los factores que al Ministerio actual no acomete de manera adecuada. Por eso la mayoría de nacidos muggles fracasan en su integración al mundo mágico. Muchas de nuestras costumbres son…arcaicas para ellos, y sienten que les arrebatamos libertades…

Los adultos incoaron una charla sobre las diferencias culturales entre ambos mundos, contemplando los cuerpos que se movían al son de la música. Eran ciertamente un grupo extraño, pero nadie les prestó mucha atención. Sirius fue el primero en demostrar interés por bailar, y tras un poco de hacerse de rogar, Remus le acompañó. Narcisa tendió la mano a su marido y siempre galante, Lucius la llevó hasta la pista donde la música era más lenta y murmurando un encantamiento, hizo sonar para ellos los acordes del tango preferido de su esposa, mientras el disc-jockey manipulaba frenético los irresponsivos controles de sonido. Con un gesto, el largo traje de noche color plata de Narcisa ganó una sensual abertura lateral hasta la cadera, y comenzaron a moverse voluptuosamente al ritmo del tango.

Antes de media hora, Riddle se levantó y escabulló para deslizarse entre la horda de jóvenes, y volvió a hacerlo de nuevo, con diversas y plausibles escusas. Una visita a la barra, un recorrido del perímetro…cualquier cosa con tal de ver aunque fuese de lejos a Hermione. Lo mismo sucedía con Elwyn, que no ocultaba su necesidad de cerciorarse de que Draco estaba bien. El baile le daba una cierta excusa para moverse a las dos parejas, que ahora tras más de una hora, aguardaban ansiosas la visita de sus retoños. Severus seguía con la mirada la evolución de algún que otro bailarín, tomando lentos sorbos de su té helado. El espectáculo le parecía…casi desagradable. Una exhibición de carne como no recordaba haber visto más que en algún local de mala nota en Callejón Nocturn. Desde luego, en semejante ambiente, se excitaban los sentidos…No es que él se permitiese muchas indulgencias en ese sentido, pero en su situación y de vez en cuando…No tenía vocación de célibe y a veces, incluso él necesitaba sentir el calor de otro cuerpo. Sus pensamientos divagaron y trató de recordar la última vez que había acudido a comprar servicios sexuales. Desde luego, desde que Remus se le uniera en la escuela, no había visitado las habitaciones reservadas del Cabeza de Puerco; teniendo a su "prometido oficial" viviendo con él, eso estaba fuera de lugar…aunque fuese un compromiso ficticio, no iba a enlodar su honor ni el de Remus con semejante y flagrante "infidelidad". Y con dos chicos adolescentes a los que dar ejemplo, permanentemente a su cargo, menos aun. ¿Tanto tiempo hacía? ¿Desde el verano que Harry pasó solo en Callejón Diagón? No era de extrañar que últimamente estuviese un tanto…afectado por la presencia de sus Aprendices…Severus bebió un largo trago del gélido vaso, intentando sin mucho éxito disipar la memoria del cuerpo completamente desnudo de Harry…Harry, que se estaba convirtiendo rápidamente en el protagonista de vívidos sueños; Harry -y no Draco- era el objeto de su atracción. Harry el que despertaba su imaginación. Harry, que acababa de tener un cruel desengaño sentimental y había rogado a sus padres olvidarse de otros candidatos por un tiempo. Suspirando, el hombre masticó un trozo de hielo, aun perdido en sus pensamientos.

Entre la abigarrada masa se movía con determinación una figura, y Elwyn, el más alto de todos, esbozó una sonrisa e hizo un leve gesto para atraer la atención de los demás. Unos penetrantes ojos azules, más agudos que los de los demás, exploraron en torno a la distintiva figura de Draco, sin encontrar a Harry o a Hermione y una sombra de preocupación cruzó por sus elegantes facciones, haciéndole ponerse alerta. El rubio parecía serio, y se abría camino con cierta prisa, ganándose alguna que otra queja. Ryan se levantó, murmurando que Draco venía solo, y avanzó hacia el muchacho, apartando sin miramientos a la gente de su camino con un discreto hechizo repelente. Elwyn, con aire preocupado, se levantó y siguió al otro, alcanzándole y custodiando las espaldas de ambos hasta el lugar que ocupaban. Draco se mordía nerviosamente el labio, y apenas alcanzaron la seguridad de las barreras de privacidad, exclamó angustiado, mirando a su padre:

-Hermione… quería ir al servicio, pero el de la planta baja está abarrotado, la cola es enorme… y subió a otro que hay en la parte exterior, accediendo desde la terraza. Como tardaba mucho, Harry me ha enviado a buscaros mientras él se quedaba esperando allí…

Era evidente que tanto el como Harry se habían preocupado por la seguridad de Hermione, lo suficiente como para romper una de las reglas de la excursión y separarse. Dejando a Draco al cuidado de sus padres y de Elwyn, Ryan, seguido de Severus y Remus, se abrieron paso de regreso entre los jóvenes apresuradamente, mientras los demás se quedaban en la mesa, con Draco. El rubio se recostó contra su madre, mordisqueándose el labio. Si le pasaba algo a Hermione…

Harry escrutaba ansiosamente las escaleras por donde había subido su hermana, cada vez más preocupado. Cuando vio aparecer a los adultos, se sintió aliviado y les indicó las escaleras. Con rapidez, Remus y Ryan subieron por ellas, mientras Severus se quedaba junto a Harry, palpando su varita discretamente dentro de la chaqueta de su esmoquin y evaluando cualquier potencial amenaza. En la parte de arriba, Remus se llevó la mano a la nariz y la boca, ahogado por la intensidad del olor. Era evidente que aquellos servicios se usaban para algo más que para lo obvio…porque los sonidos que se filtraban eran inconfundibles. La encargada del baño les miró alzando una ceja al verles aparecer, y se encogió de hombros cuando le dieron la descripción de la muchacha.

-Dos euros por persona, cuatro si quieren usar un cubículo con puerta…el baño es unisex.

Remus pagó, y los dos hombres entraron a los baños. Una larga fila de lavamanos en la pared más cercana a la entrada, varios dispensadores de condones colgados en las paredes de enfrente y dos pasillos perpendiculares a la zona de entrada con dos filas enfrentadas de diminutos cubículos para wc, sin puertas. Cada pasillo tenía a la entrada una cortina de cuentas de cristal con un símbolo que indicaba si era para chicas o chicos, y al fondo, se veía una fila de puertas. El lugar estaba lleno de jóvenes, que entraban y salían, y de parejas que se manoseaban ignorando la presencia de los demás. Llamando a Hermione, cada uno avanzó por un pasillo, mientras algunas quejas brotaban ante la presencia de Remus en el pasillo de las chicas. Se reunieron de nuevo ante la hilera de puertas cerradas, algunas de las cuales se estremecían con los movimientos de sus ocupantes. Tras una detenida observación, Ryan se detuvo ante una puerta, y tocó suavemente, llamando a la muchacha. Con tono sorprendido, Hermione contestó, y en un par de minutos, salió muy sonrojada. Ryan le pasó posesivamente el brazo por los hombros, mirando con recelo a las parejas que esperaban turno, metiéndose mano descaradamente y abandonaron el lugar.

Tras una rápida retirada, prensada entre su padre y el altivo vampiro, y seguidos de Harry y Severus; Hermione se disculpó por haber preocupado a todos, y les explicó que había tenido que esperar bastante para poder entrar a uno de los cubículos, y que antes de poder usarlo, había tenido que limpiarlo a conciencia y que relajarse para hacer lo que tenía que hacer, en semejante ambiente…le había llevado un rato. Con un gruñido de indignación, el vampiro había murmurado entre dientes que los baños eran un lugar de autentica depravación y que era preferible no visitarlos. Remus asintió, y aunque era desagradable, Severus usó en todos un hechizo para deshacerse de los restos orgánicos actualmente presentes en sus cuerpos. No hizo falta mucha coacción para arrastrar a los adultos a bailar un rato con ellos, aunque Severus frunció el ceño, mascullando que aquella música no tenía ritmo alguno. Harry sonrió y el y Draco intercambiaron una miradita. Los dos jóvenes comenzaron a bailar. O al menos eso parecía. Realmente estaban realizando una serie de movimientos básicos de lucha y esgrima, siguiendo el son de la música. Era una extraña coreografía, pero pronto Elwyn se sumó a su ejemplo, emparejándose con Draco. Severus miró a Harry, que se giraba y curvaba sobre sí mismo, sonriente y empezó a seguirle, respondiendo a sus movimientos. Era una extraña forma de danza, agresiva y bella. Harry se rió suavemente, dejándose envolver por el brazo de Severus en su cintura y se abandonó en su abrazo, murmurando en su oído antes de alejarse de él:

-¿No está tan mal, verdad?

Severus sonrió, y continuó bailando.