Bueno, a diferencia de los capítulos anteriores, más de transición, este es más de "acción", entre Draco y Fenrir. Espero que os guste. Y dejadme RWs!
Clases de equitación…
Draco había estado exultante tras el primer fin de semana tras el inicio del nuevo curso, poniendo de un raro y melancólico humor a Harry. Elwyn y el estaban evidentemente cada vez mas unidos y enamorados, tras el rechazo final del joven al tímido aunque sincero cortejo de Aston, en la última fiesta de la temporada estival, y el muchacho había enseñado orgulloso su flamante forma de animago a su –de nuevo- único pretendiente. El rubio heredero era un magnifico lobo casi completamente blanco, a excepción de una leve sombra gris plateada en su lomo, un joven ejemplar de lobo de tundra (Canis lupus albus) grande para la especie, en general de mayor tamaño que el lobo común y de pelaje espeso y suave. Los ojos color hielo de Elwyn habían relucido ferozmente, iluminándose con un extraño fuego al verle transformarse delante de él. Con un movimiento suave, el hombretón había deslizado una mano hasta que el húmedo hocico rozó su piel y deslizó los dedos por el suave cráneo cubierto de fino pelaje casi blanco. Tímidamente, Draco movió la punta de su cola, abrumado por los nuevos olores, y Elwyn hundió ambas manos en su cuello, aferrando la densa piel.
-Eres…perfecto, Pequeño Dragón…absolutamente perfecto…
Draco había retornado a su forma humana, sonrojado y deleitado ante los elogios, y mirado con aire curioso al hombre, expectante. Elwyn no había consentido en revelar su forma, no hasta que Draco pudiese mostrarle la suya y ahora… Con un suspiro, Elwyn retrocedió unos pasos y cedió al cambio. Un poderoso espécimen de formidable tamaño y pelaje castaño muy claro, con una banda dorsal cenicienta y ojos color hielo se sentó calmadamente, y ladeó la cabeza, aguzando las orejas. Fenrir agitó suavemente la cola contra el suelo, a manera de invitación, entreabriendo las mandíbulas en un gesto relajado. Era aparentemente una mezcla entre lobo de tundra y lobo común europeo (Canis lupus lupus) de tamaño excepcionalmente grande para cualquier especie de lobo. El rubio se acercó con los ojos brillantes y tendió la mano, dejando que Fenrir la lamiera suavemente.
-Eres…¡enorme!
Fenrir movió más la cola y Draco murmuró con curiosidad:
-¿Tu forma…está relacionada con la de Remus? ¿O con la mía? ¿Eres un lobo…por él?
Fenrir retornó a la forma humana y murmuró con gesto serio, sabiendo que su tiempo se acercaba peligrosamente al punto de no retorno:
-No exactamente…esta forma…es mmh…prevalente y un rasgo dominante en los varones de la familia…
Draco asintió pensativo, y tras un instante murmuró sonriendo:
-Me alegro entonces de ser un lobo como tú…
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El joven paseó junto a Elwyn, charlando amigablemente y se sonrojó cuando el hombre tomó su mano en la suya. Sin embargo, no dijo nada y envolvió con sus dedos la fuerte mano, continuando con el paseo por los corredores desde las mazmorras hasta salir a los jardines, acompañados de los ladridos de Blizard y Tizón. Poco a poco, los pasos de ambos se perdieron hacia los establos mientras los dos perros correteaban por las cercanías. Frente al box del fiero caballo de batalla del hombre y mientras Draco acariciaba el pelaje de este, distraídamente, Elwyn pudo notar la creciente ansiedad y deseo emanando de su joven acompañante. Era evidente que Draco estaba…francamente interesado, pero al mismo tiempo…algo asustado. Mafalda siempre estaba con ellos, pero la presencia de la pequeña elfina era comúnmente ignorada por ambos, y esta tendía a mantenerse silenciosa en cualquier rincón. El cortejo había progresado a un punto en que a menos que las manos se deslizasen bajo las ropas o intentasen desnudarse, no habría interferencia. No, Mafalda no aportaba seguridad alguna, aunque racionalmente sabía que la criatura le protegería si realmente lo necesitaba, el problema era que era más que probable que Draco no quisiera ser protegido en absoluto. Elwyn pensó un poco, ofreciendo un puñado de carne picada a su Slenepir y murmuró con curiosidad:
-¿Quieres montar en él? Es una montura tal vez demasiado fuerte para ti, pero no dudo de que seas capaz de montarlo….
Draco asintió y Elwyn le cogió por la cintura, depositándole en el lomo desnudo del animal. Abriendo la puerta del establo, el licántropo palmeó la solida grupa y el enorme caballo salió trotando hacia el prado, con Draco sentado sobre su lomo. El rubio aferró las crines y apretó las rodillas, y tras un trote suave, azuzó al animal hasta un medio galope, rodeando los establos. Elwyn rió sonoramente, y su montura relinchó y se acercó hacia él, ignorando las órdenes de su accidental jinete y retornando a su dueño. Palmeando el grueso cuello arqueado, y murmurando que era una bestia tonta y caprichosa con tono afectuoso, Elwyn saltó usando la grupa del slenepir a modo de apoyo, para aterrizar en su lomo, presionando a Draco contra la cruz del caballo de batalla de más de una tonelada de peso. Girando la cabeza por encima de su hombro, Draco dedicó una mirada llena de desconcierto al hombre y sonrojándose, fijó los ojos de nuevo hacia el frente.
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Con un firme taloneo, el caballo se lanzó al trote, las manos de ambos jinetes enredadas en sus crines. Draco alcanzó el rojo fresa, y reprimió un jadeo, mordiéndose los labios. Cada vez que se movía, podía notar muy claramente…una parte de la anatomía de Elwyn que hasta ese momento no había sido evidente. Nunca. Con un ronroneo el hombre murmuró en su oído:
-¿Estas bien Draco? ¿Te gusta la cabalgada?
Conteniendo un gemido y notando responder su cuerpo, Draco asintió sin palabras. ¿Qué había pasado con los hechizos de discreción de la ropa? No estaba seguro de poder decir nada coherente en esos momentos…Las hormonas estaban creando un autentico torbellino en su organismo…pero después de todo…¿era un joven adolescente, no? ¿Qué esperaban? Riendo interiormente ante el excitante olor del rubito, Elwyn deslizó su otra mano en su cintura y murmuró roncamente:
-Déjate llevar Pequeño Dragón…vamos a acelerar un poco…
Y azuzó al slenepir, que emprendió un galope firme. El rimo y amplitud de las zancadas se fue incrementando, ganando velocidad, y la mano que estaba en su cintura se deslizó…un poco más abajo. Draco jadeó sin remedio, atrapado entre esa fuerte mano y la dura anatomía que resbalaba una y otra vez contra su trasero, dándole toda clase de ideas…deliciosas, tentadoras, calenturientas y perversas ideas… La respiración de Elwyn ardía en su nuca y Draco se apretó contra aquella columna de carne, caliente como un hierro al rojo, oscilando las caderas y reprimiendo un jadeo ahogado. ¡Gracias a Merlín, la ropa de diario solo tenía ligeros hechizos visuales! ¡O las costuras de su entrepierna habrían reventado! El apretón de Elwyn se hizo más claro y posesivo, y su mano apretó con firmeza su necesitada erección, arrancándole un gemido ronco y haciéndole morderse los labios. Continuaban galopando, moviéndose el uno contra el otro sobre el feroz caballo, lejos, pero a la vista de todos y Draco notó como la presión y la tensión aumentaban en su vientre, haciéndole respirar en roncos y cortos jadeos. Todo estalló cuando Elwyn le apretó más firmemente, gruñendo roncamente contra su cuello y una cálida humedad se instaló permeando en sus ropas. Se habría caído del caballo de no ser por las firmes manos que le sujetaban, estaba seguro, y apenas podía distinguir lo que les rodeaba, su visión estaba nublada y ofuscada…Lentamente, el ritmo de la cabalgada fue disminuyendo, y Elwyn les condujo de nuevo dando un largo rodeo hasta los establos. Aprovechando la laxitud de su pequeño compañero, Elwyn confesó en un murmullo ronco, qué era realmente y su doble identidad, murmurando atropelladas disculpas y ofreciéndole desaparecer de su vida, si así lo deseaba.
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Draco estaba silencioso, felizmente saciado pero confuso, y se movía contra él hombre como si toda su vida hubiera estado haciendo aquello. Pero también podía ser el shock de las nuevas noticias y reluctante, el licántropo retiró la mano de la ingle de su compañero y la dejó discretamente en su cintura al aproximarse a los establos. Elwyn saltó al suelo el primero, aunque dejar su cómodo lugar detrás de Draco era difícil. El olor de Draco aun era confuso y no le tranquilizaba en nada. Tal vez, aquella sería la última vez…la primera y la última… El rubio le miró desde el lomo del caballo, los ojos aun dilatados por el sexo, los labios rojos y mordisqueados…Draco murmuró roncamente:
-¿Porqué? ¿Por qué ahora Wyn?
Suspirando pesadamente, Elwyn dejó que Fenrir apareciese, cambiando a medias y murmuró:
-Porque no soporto la idea de mentirte, Draco…y porque si vas…si algún día llegas a aceptarme, debes hacerlo conociendo toda la verdad y sus consecuencias…Fenrir es una de ellas, una máscara si quieres, pero aun así…tengo sangre en las manos…
Draco miró el rostro cubierto de vello, los dientes agudos, los hombros poderosos y la salvaje melena grisácea y preguntó suavemente, deslizando una mano en el aparentemente crespo pero suave cabello desordenado, buscando la chispa oculta en los brillantes ojos color hielo:
-¿Soy tu pareja, verdad?
Asintiendo en silencio y tomándole solícitamente por la cintura, Fenrir le giró sobre el amplio lomo de su montura, y con suavidad le hizo abrir las piernas. Con cuidado, se aproximó a la ingle del muchacho y olfateo intensamente, un gruñido sordo y profundo emanando de su pecho, depositando un beso sobre la zona y haciendo estallar nuevas sensaciones en Draco que estuvo a punto de marearse entre tantas emociones. Apretando el agarre en su cintura, le delicadamente de su peludo y vivo asiento y le dejó en el suelo. Draco vaciló un poco sobre sus pies y alzó los ojos, aun visiblemente confundido. Sin soltar su cintura, y cambiando de nuevo a su forma totalmente humana, Elwyn se inclinó hacia él muy muy lentamente, mirándole a los ojos y dándole tiempo para rechazarle y le besó muy suavemente, y el rubio entreabrió la boca bajo sus labios, respondiendo con evidentes ganas, enlazando sus manos en su cuello. Cuando el dulce y apasionado beso se deshizo, lentamente, Draco murmuró roncamente, casi sin aliento y mirándole a los ojos:
-¿Porqué?
Frunciendo el ceño, olfateando de nuevo e inseguro hasta de sus propios sentidos, Elwyn murmuró con tono preocupado, había creído que Draco le aceptaba, y ahora sus esperanzas estaban desinflándose como un globo:
-¿Es que no lo has entendido? Creí que…creí que lo habías entendido…
Draco se empinó sobre la punta de los pies y le besó ligeramente, interrumpiéndole y cuando el hombre le miró de nuevo, murmuró sonrojado:
-Te quiero Wyn, esto no cambia nada, si acaso, es solo algo aun mejor. Me escogiste, escogiste arriesgarte a ser rechazado aunque no tenías porque, y no voy a dejarte escapar. Lo que quiero decir…lo que hemos hecho antes…esto es…algo que… solo hacen los adolescentes, no? ¿Lo has hecho...por mí?
Riendo suavemente, Elwyn abrazó a Draco y le revolvió el pelo juguetonamente, recreándose en el maravilloso olor de aceptación su pareja. Ahora podía percibir mejor las emociones de su rubito y además de lo obvio…el afecto del muchacho aun estaba ahí. Nada de miedo, desconfianza ni angustia. Mirándole a los ojos y sonriendo el hombre murmuró:
-Eres deliciosamente inocente, Draco. Pero los adultos disfrutan del sexo igualmente. Tal vez tengamos…algo más de control, y no siempre como puedes ver, así que no. No lo he hecho por ti, al menos no solamente por ti. Lo he disfrutado tanto como tú. Era algo que los dos necesitábamos, evidentemente.
Draco sonrió suavemente, y se recostó contra el amplio pecho, dejándose abrazar y besar. Había sospechado algo extraño ante la reluctancia del otro a revelar su forma. Pero también respetaba la necesidad de intimidad de los demás y esperó a que el hombre se sintiera confortable contándole lo que sucedía. Sus sospechas se habían acentuado de inmediato al ver la forma de Wyn, y estuvo casi seguro de que no se equivocaba. Ahora, se sentía amado, deseado y respetado. Su ropa estaba pegajosa, pero en esos instantes, eso no era importante. Por primera vez en mucho tiempo estaba…si no plenamente saciado, al menos satisfecho sexualmente. ¡Y no por su propia mano! Con un suspiro murmuró, admitiendo calladamente:
-Nunca había hecho nada parecido Wyn…ni se me había ocurrido…
Besándole suavemente, el licántropo sonrió ferozmente y susurró roncamente:
-Me alegro de haber completado tu educación ecuestre, Pequeño Dragón…me alegro…
Y Mafalda continuó tejiendo, ignorada y casi invisible en su rincón, sus grandes ojos fijos en su interminable labor.
