Hola de nuevo! Un capitulo con dos partes, me ha parecido mejor juntarlos que hacer dos muy cortitos. Gracias a todos los lectores y lectoras. Gracias. En la primera parte del capítulo Harry se enfrenta a sus formas animagas…¿Adivináis cuales son s forma? RW por favor!

Una nidada de serpientes

El tentativo -y mayormente inocente - flirteo por parte de Harry durante el verano había dado paso a una gradual evolución en la ya estrecha relación entre Maestro y Aprendiz. Al menos desde el lado del joven mago. Harry dejó atrás muchos de sus miedos, convencido de que al menos Severus no era inmune a sus encantos, y continuó demostrando una y otra vez su afecto por el hombre. Sus abrazos eran más firmes, sus miradas más intensas, sus besos más frecuentes, y aunque castos, todos sus gestos estaban cada vez más cargados de sentimientos y emociones que no eran simplemente filiales. Amaba a Severus, y se regocijaba en arrancarle un leve estremecimiento o en hacer brotar una chispa de fuego en el fondo de sus ojos casi negros, tan reservados usualmente. Esperaba desenvolver poco a poco el corazón impetuoso y apasionado que se escondía detrás de la fachada indiferente y helada para con los demás, férreamente protegido por murallas y defensas de impenetrables obligaciones y compromisos, cautelosamente rodeado de profundos fosos de deber y reservas…

Harry sabía que no podía forzar con violencia semejantes protecciones. Sus primeras exhibiciones habían sido…arriesgadas pero necesarias. Ahora sabía a ciencia cierta que tenía una oportunidad en esta lucha, no era una batalla perdida de antemano. Estaba asediando un altozano fortificado, y bien defendido. Y había mostrado el potencial de su ejército. Tenía que ser paciente, y minar poco a poco la resistencia de su objetivo, ser constante y no levantar nunca el campo. Disfrutaba de un aliado infiltrado en los propios sentimientos de su Maestro, y esa era la clave de su victoria a largo plazo. El propio Severus tenía que abrir las puertas de la ciudadela, y tender el puente levadizo sobre el foso. Un día, le entregaría la llave de plata que encerraba tan celosamente su corazón…

Cada vez era más difícil mantener un secreto en la escuela, aunque las lecciones de oclumencia progresaban bien, aun perdía ocasionalmente el control sobre todo ante su abuelo y Jasón…quedaba poco espacio para la privacidad. Pero el vampiro de aire travieso respetaba demasiado a sus nuevos amigos como para revelar sus secretos y simplemente le murmuró que era necesario que continuara entrenando, que debía perseverar, porque sus dones eran importantes para todos. Y Jasón, sin decir nada, y ante la mirada llena de dudas de Severus, comenzó a pasar más tiempo con él, actuando como una especie de confidente, hablando calladamente de la vida que había llevado antes de encontrar a su Sire. Aunque parecía no tener más que unos 25 o 30 años, Jasón había nacido en el siglo XV en medio de una sangrienta guerra no solo entre varias facciones de muggles, sino también entre dos clanes rivales de vampiros. Había sido soldado, después capturado y hecho prisionero, meramente un donante forzoso de sangre, conservado vivo por la potencia de su sangre mágica y rescatado de su suerte por su Sire, que tras instruirle en la magia y sus costumbres, le había ofrecido hacerle uno de ellos. El empático vampiro ayudó a su manera, haciéndole entender que una persona podía ser muchas cosas a la vez. Su ayuda y la de otros miembros de su Clan habían sido invaluables a la hora de poner en marcha el proyecto del orfanato, que ya contaba con varios niños a su cuidado.

Así que Harry continuó entrenando y cuando estuvo plenamente listo, se desplazó a la Cámara de los Secretos con Nagini y Azra. Efectuó el primer cambio con confianza frente a un público crítico pero entregado y miró con ojos curiosos desde una nueva perspectiva a las dos serpientes, que le observaban agitando las bifurcadas lenguas. No era la primera vez que efectuaba este. Tras un rato, la enorme pitón se enroscó un poco más sobre sí misma y susurró:

-Excelente…ponte un collar y nadie podrá notar la diferencia…muy útil, realmente. Escondido a plena vista… Incluso hueles un poco diferente…aun eres reconocible como tú, pero con un toque diferente…Una forma muy interesante.

Regresando a la forma humana, y desperezándose para deshacerse de las molestias en su espalda Harry sonrió. Se sentó en el suelo y murmuró mirando atentamente a ambos ofidios:

-Ahora voy a intentar el otro cambio…no sé si lograré hacerlo por completo, pero quiero que me comentéis cualquier cosa extraña, ¿vale?

Las serpientes asintieron y Harry cerró los ojos, concentrándose. Ya había logrado cambios parciales de varios rasgos, y creía estar listo para el paso final. Al principio no paso nada…luego, su piel comenzó a cambiar y rápidamente a partir de ahí…el cambio se extendió como una mancha de aceite, haciendo retorcerse el cuerpo del muchacho para acomodarse al nuevo esqueleto, a la nueva y exótica forma. Cuando el cambio finalizó, Nagini se deslizó más cerca, y Harry pudo notar su lengua acariciando con curiosidad su nueva piel. Lentamente, comenzó a moverse; con torpeza al principio, acostumbrándose a nuevos músculos y articulaciones; y finalmente alzó la cabeza, abriendo lentamente los grandes ojos. Las dos serpientes le contemplaban agitando una y otra vez en el aire las bifurcadas lenguas, ondulando sobre sí mismas y degustando su aroma. Lentamente, las dos inclinaron levemente la cabeza, en un gesto de pleitesía y salutación que Harry devolvió cortésmente, aunque con cierta torpeza. Azra murmuró, con un inequívoco tono de engreimiento en su voz:

-Estamos muy orgullosas de ti, Milord. Eres… precioso y perfecto. Un Rey de Reyes.

Volviendo a agitar la lengua y paladeando los aromas de la nueva forma del joven, y ondulando sinuosamente la poderosa cola, Nagini masculló con tono pensativo, ronco y muy bajito:

-Es un magnífico ejemplar macho…No me importaría nada tener una nidada con él…

Azra le dio un fuerte coletazo de advertencia a su compañera y está tuvo la decencia de enroscarse sobre sí misma y silbar entre dientes una disculpa. Las serpientes no se sonrojan, pero si hubiese podido hacerlo, la pitón hubiese tenido sobrados motivos para ello. Con un tono de voz aun más bajo, casi inaudible, Azra, la presuntuosa y maternal serpiente susurró con tono emocionado, agitando de un lado a otro la flexible cola con excitación:

-Es MI cría Nagini… ¡Ah, míralo! Mi pequeñuelo por fin ha salido del huevo…

HP&SS HP&SS HP&SS HP&SS HP&SS

Por si fuese poco, extraños robos e incidentes se habían sucedido a lo largo de Inglaterra. Desapariciones de artefactos mágicos, grandes cantidades de suministros mágicos y dinero, además de algún que otro secuestro de magos poco conocidos, con un reguero de víctimas desmemorizadas o sometidas a la maldición Imperius. Eso sin contar los asaltos a muggles. Sin que los Aurores lograsen resolverlos ni encontrar pista alguna. La tienda de Olivanders había sido uno de los robos del mundo mágico más llamativos, por la fuerte magia que defendía el lugar y por el robo y destrucción de gran cantidad de varitas mágicas y elementos para su fabricación. El anciano mago aun no había reabierto su tienda, en primer lugar por el fuerte shock de ver en pedazos sus creaciones, en segundo lugar, por la casi imposibilidad de atender adecuadamente a sus clientes sin disponer de un surtido apropiado para ello.

Pese a ello, estaban todos sentados, esperando que los elfos sirvieran la cena en el Gran Comedor, listos para disfrutar de un agradable banquete de Samhain, el primero en siglos en Hogwarts, después de la sustitución de los antiguos ritos mágicos por la mera fiesta de Halloween; cuando Harry sintió activarse una de las antiguas protecciones de su Maestro. Con una exclamación de horror, manoteó la copa que Pansy se llevaba a los labios, paralizando las conversaciones en torno a ellos.

-¡Veneno! ¡Hay veneno en la bebida!

Un par de Serpientes escupieron apresuradamente, olvidando las buenas maneras, y Daphne, que estaba más lejos y ya se había bebido media copa de zumo de grosella, palideció y se llevó las manos a la garganta con gesto de angustia. Draco asintió, su propia protección también había saltado al acercar la mano a la jarra, y mientras Severus seguido de cerca de Remus y Sirius se acercaban a Slytherin, los demás Jefes de Casa comenzaron a realizar las primeras comprobaciones sobre las demás mesas. Madame Pomfrey y Jasón se encargaron de atender a un par de alumnos que parecían haberse mareado o desmayado. Hermione se había puesto pálida, y tras un rápido intercambio de palabras, un discreto olfateo, cerciorándose de que todos sus seres queridos estaban bien, Ryan y Lucius se apresuraron de inmediato hacia las cocinas. Con gesto decidido, Severus ordenó en silencio el cierre del castillo y puertas y postigos comenzaron a bloquear las salidas, mientras que nuevas barreras durmientes se activaban. Casi toda la bebida de la mesa de las Serpientes estaba contaminada con alguna sustancia que había hecho reaccionar las protecciones de los chicos, y también había algunas otras jarras y botellas envenenadas en las otras mesas, incluido el vino en la mesa de los profesores. Y la mayoría de las chucherías y golosinas dispuestas como tentación entre los servicios de mesa, dado el carácter festivo de la noche. Narcisa y Andrómeda se encargaron de recogerlas todas, sellándolas y etiquetándolas, ya que cabía la posibilidad de que el veneno no fuese el mismo. Muchos alumnos comenzaron a sufrir ataques de pánico, especialmente los que habían bebido o comido algo, aumentando la conmoción.

-¡Silencio! ¡He dicho silencio!

Desde luego, quien quiera que fuese, había escogido el momento ideal. El ambiente festivo y la gran cantidad de platos y bebidas no habituales facilitaban el camuflar algo entre ellas. Solo algunos sollozos y gemidos se oían ahora en el Gran Comedor y Severus miró imponente a todos sus alumnos.

-Todos los alumnos, a la enfermería. Detrás de sus Jefes de Casa y en fila de a dos, por favor. Los restantes profesores, los que tienen entrenamiento medico, acudan a la enfermería; los demás, en grupos de dos o tres, registren el castillo. Si encuentran algo sospechoso, sea un objeto, un animal, una criatura o persona, procedan con extrema cautela.

La paranoia de la vida de un espía introdujo largo tiempo atrás ciertas rutinas en la vida del actual Director de Hogwarts. Entre ellas, la costumbre de no beber en público nada más que agua, mantener siempre en su persona armas ocultas y un cierto nº de pociones defensivas y ofensivas, y sus propias protecciones personales frente a venenos o pociones. Hábitos y precauciones que habían salvado su vida con anterioridad. Ryan era igualmente receloso, aunque como vampiro era inmune a los efectos letales de los venenos, estos aun podían hacerle sufrir e incapacitarle física y mentalmente. Remus tenía un metabolismo diferente al de un mago ordinario, más acelerado, y una capacidad de sanación mucho mayor. Pero aun así, no era inmune al efecto de pociones y venenos, y aunque su organismo tolerase mejor algunos de ellos, cualquier cosa con suficiente base de plata...sería probablemente fatal. En mayor o menor medida, todos ellos mantenían algún tipo de defensa. Algunos profesores habían tomado vino con la cena: Hagrid, Firence, Minerva, Sinistra, Flitwick, incluso Ted Tonks, que había venido de visita.

En la enfermería, Jasón y Poppy separaron a los alumnos en varios grupo. Los que habían bebido algo, fuese lo que fuese, los que simplemente estaban sufriendo un ataque de pánico y los demás. Madame Sprout se encargó de los que estaban sufriendo una crisis de histerismo, Flitwick organizó a los alumnos no afectados, redactando una rápida lista y llevándolos a un aula cercana, dejándolos a cargo de los prefectos y Sinistra. Severus asintió enérgicamente cuando Harry preguntó si los bezoares podían ser útiles y murmuró que al menos podían darles más tiempo, sin dejar de observar a los alumnos en busca de posibles síntomas delatores. Draco y Harry rebuscaron afanosamente por los rebosantes armarios, y el rubio sacó una cajita, abriéndola nerviosamente mientras la tendía a su compañero. No tenían bastantes para todos los que habían bebido, y aunque era cruel, debían priorizar a quien dárselos. Draco palideció y sus manos temblaron levemente. Hermione…Harry alzó los verdes ojos a su Maestro, pálido y con una muda interrogación en ellos, y este susurró inclinándose levemente hacia él y sujetándole con firmeza por los hombros:

-¿A quienes Harry?

Era la primera vez que se enfrentaba a una situación semejante, real y apremiante. Poppy estaba tomando muestras de sangre de los alumnos que habían bebido, que Hermione etiquetaba diligentemente. Sin dejar de mirar los espejos que le asaetaban, respirando profundamente para calmarse, Harry rebuscó el conocimiento en su mente y susurró casi inaudiblemente:

- A…a las…embarazadas, aunque no creo que aquí aplique ese criterio...

Ante sus primeras palabras, Severus alzó apenas una ceja, como si preguntara si realmente estaba seguro de semejante afirmación. Inhalando y respondiendo a la muda pregunta, el joven añadió con más seguridad:

-Ok, más vale asegurarse…Después a los más jóvenes, a las chicas que ya hayan comenzado a menstruar antes que a los chicos. A los más saludables de cada grupo.

Severus asintió con brevedad, aflojando la presión en los jóvenes hombros y animó suavemente a su Aprendiz con tono cálido y grave.

-Eso es. Ahora, ve.

Girándose a su otro Aprendiz, murmuró con calma mientras observaba con velado orgullo los primeros pasos de Harry hacia sus asustados compañeros:

-Draco, un vomitivo suave para todos puede ser útil.

Draco asintió y volvió a registrar los armarios, mientras Harry avanzaba, aun pálido pero sereno aparentemente, hacia el grupo de alumnos con la pequeña cajita de bezoares en la mano, seguido de Sirius.

Severus se apresuró hacia su laboratorio, y mientras las dos hermanas dejaban las jarras sobre las mesas, pensó en la dura decisión de Harry. Andrómeda regresó a toda prisa con la provisión de bezoares del laboratorio de pociones hacia la enfermería, aun así…no eran muchos, pero podían suponer la diferencia para algunos de los alumnos…Ninguno de los adultos se planteó siquiera usarlos para ellos mismos. Los niños era la prioridad. Era muy difícil, pero si Harry realmente quería ser sanador, en ocasiones habría de decidir…Comenzó a trabajar, con la asistencia de Narcisa, tomando notas, en una carrera contra el tiempo. Que identificaran el veneno no quería decir que pudieran neutralizarlo a tiempo, ni siquiera que existiera un antídoto…

Mientras en las cocinas, los elfos domésticos temblaban ante la furia de un rabioso vampiro y un iracundo mago. Y su propia angustia. ¡Uno de ellos, uno de su casta, había puesto veneno en la comida de los niños! Sujeto en una atadura mágica completa, Ryan rebuscaba en la mente de la desgraciada criatura la identidad de quien le había dado la orden. La noción del peligro rondando a su grupo había acentuado la parte violenta de su carácter, haciendo aflorar lo peor de él. Pero el que fuese había borrado bien su rastro, dejando la mente del pobre elfo casi como un queso de gruyer. Lucius olfateaba el frasco de líquido casi transparente encontrado en su mandil, sin llegar a poder precisar que era y Ryan salió de la mente del desdichado elfo, que no era más que una víctima más. Numerosos hechizos habían sido usados con él, y era dudoso que el pobre se recuperase jamás plenamente. Probablemente, lo más humano y compasivo seria poner fin a los sufrimientos del pobre, después de extraer hasta la última gota de información posible. Si el Consejo de Consejos no planteaba objeciones. Prohibiendo estrictamente a los elfos tocar nada y desvaneciendo al prisionero hacia unos calabozos, los dos magos se apresuraron al laboratorio.

Severus frunció el ceño. Tras una frenética labor durante una hora, los resultados eran claros. El contaminante de la muestra de zumo inicialmente analizado era digitalina, simplemente una solución hidro alcohólica de digitalina sintética o un destilado muy refinado de digitalis purpurea. Además, de origen muggle. No se trataba del más complejo y refinado preparado mágico. No era letal de inmediato, pero tras varias dosis repetidas…el efecto acumulativo comenzaría a provocar síntomas cardiacos. Y lo mas retorcido, es que la mayoría de pociones para contrarrestar la debilidad cardiaca o las arritmias también contenían digitalis, provocando cada vez mayores síntomas…hasta llegar al fallo cardíaco. O a lesiones permanentes en el corazón. Era retorcido e inteligente. Y muy difícil de descubrir, ya que tras la primera dosis de poción, la presencia de digitalis sería de esperar en cualquier diagnosis… Respiró aliviado. Podía elaborar un depurativo y eliminar los restos de digitalis de los organismos de todos los intoxicados, sin demasiadas presiones ni prisas. Requerirían un control exhaustivo sobre cualquier tratamiento requerido durante un par de meses, posiblemente más de un tratamiento de depuración, y una dieta libre de cualquier posible fuente de interferencia… Salvo que alguno tuviese patologías cardíacas latentes previas, se recuperarían sin problemas. Cuando Lucius y Ryan entraron al laboratorio, encontraron a Severus solo, inclinado sobre un caldero humeante, revolviendo con vigor. Severus alzó la vista, miró el frasco y murmuró sin dejar de revolver:

-Es digitalis…ya estoy trabajando en ello. Id a calmar a los chicos, ah y por favor, Milord, sería conveniente que alguien avisase a los Aurores.

Ryan asintió y se encaminó hacia el despacho de Severus, para usar la chimenea mientras Lucius se apresuraba a confortar a su hijo y su mujer, y a calmar a todos los demás. Harry, aun pálido pero seguro, había ayudado a la enfermera a dispensar los vomitivos, recogiendo individualmente y etiquetando cada vasija para su análisis posterior con la ayuda de Draco. Y a distribuir los escasos bezoares. La idea de que alguien hubiese estado dispuesto a envenenar a casi la mitad de los jóvenes magos de Inglaterra era horrible. Familias que se remontaban a la Edad Media, habrían sido borradas para siempre, perdidos sus genes y cualidades. Los ya reducidos números de los magos ingleses se habrían empequeñecido tanto, que la única manera de sobrevivir sin una peligrosa endogamia, habría sido buscando parejas en otras comunidades mágicas en el extranjero. Alguien les odiaba tanto como para aniquilar a una generación completa, todo con tal de deshacerse de ellos…

Sybill contempló la gran hoguera ceremonial que se había encendido la tarde anterior en la entrada del colegio, alimentada por la leña y las ofrendas de todos. Tras la puesta del sol, todos habían vuelto a lanzar vino, comida, pergaminos con remembranzas de los que no estaban, además de pequeños presentes a los antepasados, llamándoles a compartir su abundancia y a congratularse de su fortuna. Nadie estaba lesionado tras el vergonzoso incidente con el veneno. Arrojando un puñado de incienso a las llamas que ardían con cadenciosa regularidad, la bruja contempló como una nueva llamarada se enroscaba hacia lo alto de bóveda celeste, elevándose y lanzando chispas y humo. Durante unos instantes, el fuego pareció cobrar vida y una forma espectral giró sus ojos ígneos hacia la mujer, antes de que la flamígera presencia fuese engullida de nuevo por la ardiente pira. La 2º luna llena de Samahin ascendía en el cielo, la luna llena plena o verdadera, iluminando con su fría luz las piedras del patio. Abrigandose mejor en su capa, Sybill se retiró a la seguridad de sus habitaciones. Los espiritus estaban ofendidos por la vulneración de sus días sagrados y susurraban palabras de venganza en los oídos de aquellos dispuestos a escucharles.